Mariette Cirerol

 

Los cuadernos de Manuel

 

Cuaderno 5  - Capítulo 4

 

Desde que he vuelto de París,

ando muy atareado con una cosa y otra, desplazándome casi continuamente de un lado para otro. Los primeros meses fueron muy difíciles. Hasta me puse a buscar trabajo para poder sustentarme y mantener a mi familia, yendo de puerta en puerta y escribiendo a mis amigos, a empresas, ofreciéndome para los trabajos más inverosímiles. Los que mejor me acogieron fueron los Martínez Sierra, con los cuales colaboré y sigo colaborando, encargándome de la parte musical de sus obras. Menos mal que pude estrenar LA VIDA BREVE en noviembre. Con los derechos de autor que  conlleva, representa para mí, además de una satisfacción artística, un gran alivio económico. Me abre puertas y me augura un 1915 con mejores auspicios.

 

En efecto, empieza bien: El 15 de enero nos hacen un homenaje en Madrid, a Joaquín Turina y a mí; y estreno mis SIETE CANCIONES PIOPULARES ESPAÑOLAS, con Luisa Vela como cantante.

 

El 8 de febrero, interpreto, en el Hotel Ritz, un poema de Gregorio Martínez Sierra, al cual puse música: LA ORACIÓN DE LAS MADRES QUE TIENEN A SUS HIJOS EN BRAZOS, para la inauguración de la Sociedad Nacional de Música.

 

Desde marzo, trabajo con María de la O Lejárraga, en un proyecto que llamamos PASCUA FLORIDA. Se trata de un ramillete de canciones sobre cosas y lugares típicos que tenemos que visitar antes de empezar a escribir. En ese concepto viajamos por Granada, Ronda, Algeciras y Cádiz.

 

Con Gregorio, colaboro en la obra AMANECER, que pronto se estrenará en el teatro Lara de Madrid.

 

Y ahora estoy aquí, en Sitges, deseando concentrarme en el AMOR BRUJO.

 

Tengo que trabajar hasta la madrugada para llevar a cabo mis propósitos, porque por la mañana necesito tiempo para asearme, hacer mi gimnasia, asistir a misa y acompañar a María al mercado. Esto último, si me deja; puesto que con María siempre tengo que enfadarme, a pesar de lo mucho que la quiero. Se burla de mí por insistir en acompañarla. No entiende que corre peligro saliendo sola, que estamos alejados del pueblo, y que nunca se sabe lo que puede ocurrir por el camino. Siempre logra escapar antes de que haya salido de mi habitación. Naturalmente voy en su busca y me la encuentro, las más de las veces cuando ya está camino de vuelta.

 

- Pero, María, ¿por qué no me esperas? ... ¿por qué me tratas así? ... ¿Por qué no dejas que te acompañe? Vas muy cargada y por lo menos podría ayudarte a llevar las cosas.

 

- Tranquilízate. Soy fuerte y sé defenderme. No necesito guarda espalda. Además, al mercado, hay que ir temprano; si no, no se encuentra nada. ¿O es que no lo sabías? ... Pero no pongas esa cara, no es un reproche. No eres madrugador, eso es todo. ... Ya iremos a otra parte juntos; pero, por la tarde.

 

- Por la tarde, tengo que trabajar, y tú también, si no, no terminaremos nunca el AMOR BRUJO.

- Entonces, saldremos para trabajar, volveremos a Granada, al Sacro Monte...

 

- Sí, pero cuando lo tenga casi listo, para ponerle el último toque.

 

- De acuerdo. Lo pasaremos bien. ¿Te acuerdas del pan de Ronda? ¡Del maravilloso, y tan sabroso pan de Ronda! Ninguno de los dos habíamos comido otro igual!

 

- Pues sí, ¿cómo no iba a acordarme?

 

- Ya tengo escrita la canción. ¿Quieres verla? Sólo está esperando que le pongas música.

 

- Le echaré un vistazo, nada más. Primero hay que terminar EL AMOR BRUJO.

 

- ¡Ya lo creo que sí! ... ¡Bueno! Ya hemos llegado ... Y, mira si eres tonto, quieres protegerme, ayudarme; y ni siquiera se te ocurrió cogerme una bolsa! ...

 

-´¡Dios mío!, es verdad. ¡Qué distraído soy!

 

- ¡Anda!, no te preocupes. Ve a trabajar un poco mientras preparo la comida. No soy yo quien necesita compañía, sino tú. ... ¿No has pensado nunca en buscarte una compañera?

 

- Para qué, si ya te tengo a ti. ... ¿No vas a prepararme la comida?

 

- Sí, pero yo no estaré siempre. Tengo que seguir a mi marido.

 

- Estoy perfectamente de acuerdo. No tengo nada en contra, todo lo contrario, máxime que tu marido también me sigue a mí; y, a su modo, también me sirve. ... ¿Para qué quiero una esclava si tengo dos servidores? ... y otro amigo común que nos deja su casa. ...¿Qué más puedo pedir?

 

- ¡El amor brujo!

 

- Ese lo tendré también, y será una maravilla, ¡ya verás! ...

 

- A tu manera...

 

- ¡Por supuesto! ¿Cómo va a ser a la manera de otros? ...

 

Y así de peligrosas se ponen a veces las conversaciones. Buena sería que se enamorara de mí o que me enamorara de ella. No me lo perdonaría nunca. Prefiero hacerme el tonto. No comprendo cómo Gregorio  está tan tranquilo, teniendo una mujer tan bella y tan atractiva, y muy coqueta además, siempre tratando con hombres. Permite que viajemos juntos y solos a todas partes, para el trabajo, claro está; pero, de todos modos... ¡Y no está ni pizca de celoso! ... Debe de estar muy seguro de ella... No soy ningún Adonis, pero hay otros que sí, lo son... ... En fin, le admiro, les admiro por tener tanta confianza el uno en el otro.

 

Lo que verdaderamente me interesa y lo que tiene que interesarme, es la música. Esa es la belleza que Dios me da. Y, os aseguro que trabajo con verdadera pasión, haciendo cantar las notas con la voz de la sangre que corre por mis venas. Cuando mis dedos se deslizan sobre el piano, mis ansias no tienen límite alguno. Y cuanto más pasión ponga en ello, tanto más hermosa resulta la música.

 

Seguirá en el próximo número