Escritor poeta en Mozambique

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Florindo Martins Mudender

 

Versos en Harapos

- quinta parte -

 

La primera parte de este manuscrito está en el número dos de la colección POESÍA del Sindicato Nacional de Escritores Españoles.

La segunda, en el número 18 de AIR

La tercera, en el número 19 de AIR

La cuarta, en el número 20 de AIR

 

Qué sonido perdura en el aire cuando ya se ha callado la última nota

Qué nota acompaña al que deja el asiento vacío y comienza a alejarse

Qué opaco el vidrio de los ojos miopes

Qué mirada que ya no tiene nada que fijar  y siluetas encapuchadas empuñan las antorchas en medio de las brumas

 

Qué oscuridad en medio de la cual nada se ve

Y ventanas que no llevan a ningún lugar y el acecho del otoño   los crisantemos en los tiestos

Y las antorchas y la regia escalera hacia el sótano   el paraguas roto   y el corazón que es a veces un paraguas y a veces un brasero    el hollín   el tizne y las fachadas oscuras de las casas

 

157

El sudor   La humedad   La absorción   El sueño y la incertidumbre del amanecer

  

Otra vez la realidad  El polvo que anuncia la cercanía del desierto y el caminante rezagado que todos han perdido de vista

 

La tardía conversación de los trasnochadores   

Los libros proscritos y los incendiados  

La atmósfera rala y  pesada de las estancias cerradas  

 

El ansia del agua me inunda a borbotones  

El ojo que no ve ni es visto 

El punto fijo en el centro del plato giratorio 

Y lo que tiene principio y tiene final   y lo que tiene principio y no tiene final   y lo que tiene final y no tiene principio   y lo que no tiene principio ni final 

 

Otra vez una herramienta nueva para un trabajo antiguo   

Otra vez la anticipación: la claridad del alba   y el calor antes de que salga el sol    El misterioso sabor del limón   y de los mangos verdes con sal

 

 

Otra vez mi exaltación antes de salir y cruzar la calle

...Qué hará que yo sonría ante situaciones que no comprendo...

y tan recurrente esta extraña mezcla de sensaciones opuestas:

el frío que me abrasa

el vertiginoso sosiego

y la lluvia mientras resplandece el sol

la luz que deslumbra

y el estallido del universo como una gota que cae

 

158

Hay el péndulo de un reloj

Hay un altillo    y un piso ajedrezado en un patio interior

Hay un tablero en la mesa y unas torres derribadas

 

He enaltecido la fragancia de una hierba y la frescura del agua

He anhelado el agua y la he poseído

He visto apretarse los párpados en el instante previo a que determinada cosa ocurriera

He evocado una lengua ya muerta de la que sin embargo perduran aisladas y memorables sentencias

He mirado de soslayo un rojo ocaso

He tensado el arco y disparado repetidamente la misma flecha

He dormido en las inmediaciones de una mujer

He evocado la fragancia de una flor amarilla    los bordes de una silueta y tu nombre

He tenido la cruz y el escudo   las dos caras de una moneda

He desatado parcialmente el nudo

He buscado no el centro sino las inmediaciones de determinadas cosas

He evocado la casa baja con ventanas de rejas    el paso del agua por la garganta    los anillos del humo que sube en volutas    y la parra del dintel

He deseado desesperadamente el alba ante la incertidumbre del paso de las horas

He evocado determinadas cosas indescifrables: un lento ocaso y la sombra de las celosías marcada en la pared    la apacible espera del último ocaso    los helechos y su fragancia

He evocado no la muerte sino la copa de la cicuta

He anhelado desesperadamente que determinada cosa ocurriera

Hoy me aterra no el ocaso irredimible ni el báculo temerario sino una mano que se ablanda y se aparta de la mía

 

 

159

Hay en los confines de una tarde la vaga sombra que se va diluyendo en la oscuridad

Hay el instante de premura y de incertidumbre

Hay una intensa luz oblicua y áurea filtrada entre los múltiples ojos de las celosías

Hay una calle y un patio que se vuelven más íntimos al declinar el día

Hay el asombro que causan dos misteriosos fuegos: el de la aurora y el del ocaso

Hay las manos y los pies gélidos del invierno

 

 

 

 

Mujer mozambiqueña recolectando maíz

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