Viaje al Tchad

por Malén

- Madeleine Cirerol Golliard -

 

- segunda parte -

 

Bueno amigos: aquí  estamos,  ya  en  Kyabé,
organizando   lo   que   será   esta  semana  de  formación con  80
mujeres.


En el poblado de
Tatemoe – es el poblado experimental que queremos como base de expansión para la artemisia –, no ha habido “PALU” (malaria o paludismo) en la última estación de lluvias, gracias a la artemisia. Mientras que en una zona cercana, al otro lado del río, han muerto 150 niños por malaria, en unos pocos meses. Este resultado nos anima a esforzarnos todavía más. Y cuando nos encontremos con el resto de mujeres que se llevaron hierbas en febrero, todavía tendremos más noticias de cómo les ha funcionado.

 

Ayer, cuando estuvimos en Tatemoe, estaban recogiendo el Sorgo, lo que fue para nuestras retinas un hermoso espectáculo.

 

Este año llovió poco, la cosecha no era buena y por encima, merodean los bueyes de los nómadas, comiéndose lo poco que consiguió germinar. Ayer pudimos comprobarlo.

 

¡Cuánto esfuerzo para poder comer!

 

Abrazos a todos

Malén

 

y fin de la primera carta

 

 

 

Encontrado en Internet, en la página : jesuitas91

 

 

Segunda Carta

 

 

Cinco de diciembre de 2011

 

Y fueron llegando más y más mujeres con sus sonrisas y sus trajes multicolores. Muchas vienen de lejos con sus bebés a la espalda. Vienen desde hasta 150 kilómetros a la redonda, y más.  Algunas, andando; otras, subidas por encima de la carga de los camiones de los árabes – los árabes son los comerciantes que van negociando de mercado en mercado –. Resulta difícil de imaginar con nuestra mente occidental, la capacidad de aguan- te que tienen. Pueden caminar kilómetros y kilómetros con fardos pesadísimos sobre sus cabezas y un bebé a la espalda.

 

Finalmente se apuntaron hasta noventa mujeres, diez más de lo previsto. Empezaron cantando, regalándonos un emocionante espectáculo multicolor.

 

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El día pasó entre presentaciones y recogida de información sobre su vivencia del paludismo; sobre las creencias supersticiosas respecto a la enfermedad en sus poblados.  Fue curioso el relato de unas mujeres que contaban las alucinaciones que tenían con la fiebre. Pienso que muy posiblemente muchas creencias tengan que ver con estas visiones: se sienten atacadas por un crocodilo; por unos seres diminutos que les están pegando; etcétera...

 

El curso de febrero fue un éxito, pues nos contaron que habían tomado las infusiones, que las habían dado también a sus familiares, a algunos vecinos, y que, a todos, les había ido bien. A pesar de que afirmaban haberlas tomado durante siete días; con tanto reparto como hicieron, tengo mis dudas. Sin embargo y a diferencia de otros años, no tuvieron necesidad de ir al hospital durante la época de lluvias.

 

 

Seis de diciembre de 2011

Segundo día de curso

 

Los cursos se organizan unas horas por la mañana y hora y media por la tarde. Todo lo que podemos, lo hacemos al aire libre, a la sombra de los mangos; soportando un desfile constante de bebés que nos traen desde la improvisada guardería para ser amamantados. De vez en cuando nos visita alguna gallina con sus polluelos, o se acerca un pato en medio del ruedo.

 

A medida que la confianza se está estableciendo, las lenguas se sueltan y empiezo a distinguir cada mujer, diferenciándola de las demás del grupo.

 

El tema de hoy es su medicina tradicional: la de los brujos y curanderos. Nos cogió gran parte de la mañana. Resulta difícil separar el efecto bienhechor de las raíces y hierbas, del uso que hacen de ellas los falsos curanderos en sus ritos. Se habló de los falsos y verdaderos curanderos. Los verdaderos no abundan, son unos pocos  y sabios  y cobran muy poco.

 

 

Entre los falsos, hay quienes abusan, hacen ir a las mujeres por la noche, incluso las violan con la excusa de curarlas.

 

Si una mujer enferma se niega a ir a este tipo de curanderos, la presión social es muy fuerte y ya nadie la visita.

 

Están perdiendo su antigua sabiduría, por una parte debido a la introducción de nuestra medicina; y por otra, por tabúes. Una de las mujeres nos contaba que si sembraban hierbas curativas alrededor de la casa en su poblado, las señalaban como brujas y nadie más les hablaba. Es una lástima enorme, porque estas mujeres conocen raíces que curan el tétanos, otras que sirven para calmar el dolor de vientre; y tantas, tantas raíces e hierbas que nos podrían sanar sin los efectos secundarios ligados a la medicina de nuestros países, considerada “más avanzada”.

 

Muy, muy interesante fue todo lo que se habló. Y, al final de la reunión, tuvimos una maravillosa muestra de su alegría. Nos  regalaron bailes, saltos, risas;  gritos guturales que sólo ellas saben lanzar... No os quiero aburrir contándoos todos los detalles del curso, pero esto fue lo que más nos impresionó de lo que vivimos en aquellos momentos.

 

Al terminar por la tarde, todavía estiramos rodillas, cuellos; y una piernecita deformada de una niña pequeña.

 

Por la noche estamos cansadas, pero embelesadas por la vitalidad y energía de estas mujeres extraordinarias... Incluso hoy ha habido un parto: Una mujer que vino “a punto de caramelo” después de haber andado muchos kilómetros. Esta misma noche, ha parido su séptimo hijo en el hospital. Al mediodía fuimos a recogerla con su bebé – que se llamará Manolo – y ella está encantada de estar aquí y que la asisten y cuiden sus compañeras.

 

Sin embargo ayer se moría un bebé que había nacido seis- mesino. ¡ Aquí, la vida y la muerte son constantes! ...

 

En medio de todo ello, ellas están de fiesta por el reencuentro, por haber dejado atrás marido e hijos – suelen tener seis, siete, y más – y no tener que pensar en comida y buscar leña. También por aprender nuevas cosas.

 

Nosotras estamos bien de salud. Nos pican algunos bichos a pesar de las precauciones, pero tomamos la artemisia y la vitamina  B; y parece que nos va bien. Endulzamos nuestra cotidiana comida y cena de arroz, pollo y pescado, con los turrones que recibió Manolo. Es increíble, pero aquí no se encuentra nada de verdura o fruta. Me estoy preguntando cómo la gente tiene salud.

 

Mis compañeras batieron el record ayer. ¡Estaban en la cama a las 20h.30! ... Yo no puedo irme a dormir tan temprano a pesar de que, luego, hay que levantarse a las seis – ¡horario africano! – Aquí no tienen luz eléctrica en sus casas y hay que aprovechar la del sol.

 

Vivimos felices lejos de Rajoy, aunque a pesar nuestro, alguna noticia llega.

 

Espero no haberos cansado con mi larga carta. Para mí también es una forma de guardar memorias.

Un abrazo a todos/as

Malén

 

 

 

 

 

 

Fotos encontradas en la página : jesuitas91, de Internet