Mariette Cirerol

 

Los Cuadernos de Manuel

 

Cuaderno 5 – Capítulo 8

 

El AMOR BRUJO se modificó varias veces siguiendo mis ansias de perfección. En él van todas mis emociones, mi búsqueda desgraciadamente inagotable, para encontrar la compañera de mis sueños en esta tierra; una compañera que me amara con la misma fuerza que guardo para ella, y que viviera conmigo; una compañera con la cual poder compartir dichas y alegrías y consolarnos mutuamente en los momentos difíciles. La soledad es buena cuando es compartida, sólo cuando es compartida; pero mis gritos, mis desgarros musicales no llegaron a sus oídos. ¿¡A donde se escondería cuando lanzaba mis notas por el mundo entero!? Supongo que no me habrá reconocido por mi triste vestido.

 

En 1916, al año siguiente del primer estreno del AMOR BRUJO, arreglo la obra, que era esencialmente teatral, para hacer de ella una versión de concierto. La despojo de todo lo recitado y cantado y hago una nueva instrumentación. Luego, la vuelvo a modificar en 1917 y en 1920. En 1921, la traducen al francés  interpretándola Serge KOUSSEVITZKY en el Teatro Nacional de París, el 8 de mayo a las 21 horas, con Serge PROKOFIEFF al piano. Se dan muchas otras interpretaciones por todo el mundo, hasta que, en 1925, se convierte en ballet y se estrena en el TRIANON LYRIQUE de Paris, con Antonia Mercé, LA ARGENTINA, interpretando a Candelas.

 

Creo que EL AMOR BRUJO fue mi verdadera consagración como músico inmortal. A esa obra siguieron muchas más : EL CORREGIDOR Y LA MOLINERA, EL SOMBRERO DE TRES PICOS, HOMENAJE A DEBUSSY, FANTASÍA BAETICA, etcétera... Conocí a muchos músicos famosos que se convirtieron en amigos míos. Creo que llegué a conocer a todos los de mi tiempo, y todos fueron amigos. En cuestión de amistad, no puedo quejarme aunque no pude conseguir lo que más quería: vivir en la intimidad de cada día, un amor profundo y compartido.

 

Escribo un ballet para el insigne bailarín ruso Sergei DIAGHILEV y PICASSO me hace dibujos para los decorados. Conduzco mi obra hacia el ballet y la pantomina.

 

 

He entablado una gran amistad con los miembros del Ballet Russo y, con ellos, voy a menudo a visitar Granada, para inspirarme  y  para  redescubrir antiguas músicas de sus pueblos, algunas verdaderamente exquisitas. Con la colaboración de DIAGUILEV, PICASSO, ANSERMET como director, MASSIN de bailarín y coreógrafo, he estrenado una versión del CORREGIDOR Y LA MOLINERA llamada EL TRICORNIO, en el teatro ALHAMBRA de Londres, el 22 de julio de 1919.

 

                                                                    Leonide Massine

 

 

Cuando me dirigía hacia Londres, en el mes de junio de 1919, para preparar el estreno del TRICORNIO, no sabía que acababa de despedirme de mi madre hasta la eternidad. El viaje fue largo y duro, a través de una Francia destruida donde se pasaba hambre. En París encontré muy pocos amigos. Al llegar a Londres todos mis colaboradores ya estaban allí y nos pusimos a trabajar como nunca. PICASSO hizo treinta y dos dibujos para el decorado que resultó magnífico.

 

Y unas horas antes del estreno, estando metido de lleno en la expectación y en la ilusión que precede a los grandes acontecimientos, recibo un telegrama. De repente todo se nubla y se viste de negro : mi padre me anuncia que mi madre se encuentra gravemente enferma. Lo dejo todo plantado y emprendo el viaje de vuelta a Madrid. Desgraciadamente, con la guerra recién terminada el tráfico resulta muy lento y lleno de problemas. La compañía entera se une a mi sentimiento acudiendo a despedirme a la estación. Lo recordaré siempre. A mi llegada a Madrid compro el diario y lo primero que veo, es una esquela que me anuncia la muerte de mi madre. Había llegado demasiado tarde, demasiado tarde para abrazar a la mujer que me dio la vida, que me dio su amor, que me lo dio todo en tiempos muy difíciles. ¿Sabéis lo que esto significa? Al dolor de la pérdida se añade el dolor de no haber podido aliviar sus últimos momentos con mi cariño. Me acuerdo de las últimas palabras que cruzamos y las analizo una y otra vez. Me tortura el temor de haberle dicho algunas veces cosas que le dolieran; y omitido otras veces hacerla partícipe de unos logros que le hubieran alegrado. ¡Qué cruel es la muerte! ¡Se lleva tus seres queridos a su antojo, sin preguntarte ni decirte el momento para que, al menos, puedas despedirte! Sentí tanto dolor, Dios mío, que no sé cómo pude soportarlo. A mi desconsuelo se añadía el tórrido calor de Madrid, afectando mi cuerpo al tiempo que el fallecimiento de mi madre destrozaba mi alma.

 

El dolor mío fue inmenso, imaginaos el dolor de mi padre. No pudo con el, no podía vivir sin su compañera y fue a reunirse con ella a los pocos días. ¡Qué mal año para la familia! En la casa sólo quedaba María del Carmen que se fue a vivir conmigo. Germán trabajaba como arquitecto por los mundos de Dios, trasladándose allí donde le llamaran.

 

El año pasado, 1918, se murió mi gran amigo DEBUSSY ; en 1916, se nos había ido GRANADOS ; en 1915, SCRIABIN ; en 1914, LIADOV ; todos amigos del mundo musical. Y antes de la guerra murió Albéniz. Todos mis amigos se van, uno detrás de otro. ¡Qué dolorosa resulta la vida y qué cruel es la muerte! Menos mal que tengo la esperanza de volverles a ver en la eternidad, lo que hace el dolor más llevadero. Pero, y los que no la tienen esta esperanza ¡cuánto dolor añadido tienen que soportar! Yo no creo que podría aguantarlo y doy gracias a Dios por darme esa seguridad.

 

Procuro distraerme en el trabajo. El grupo de los Ballets Rusos está entusiasmado con EL TRICORNIO y me piden otra versión para llamarla EL SOMBRERO DE TRES PICOS, como la novela que inspiró el libreto. Nos ponemos de acuerdo, redactamos y firmamos el nuevo contrato, y el Ballet Russo emprende una gira con la obra, una gira que se convierte en éxito clamoroso.

 

La muerte de mis padres y de mis amigos me abruma y acentúan la importancia de las obras destinadas a sobrevivirnos sobre la Tierra, Quiero irme de Madrid demasiado ruidosa y llena de compromisos sociales que te quitan un tiempo precioso. Tampoco pienso volver a París que no parece el mismo después de la guerra . Pienso ir a refugiarme en Granada que siempre me ha atraído. Allí podré trabajar en paz.

 

Fin del quinto cuaderno

Continuará en el próximo número    

 

 

 

Los enamorados

 

Uno de los cuadros que me gustan de PICASSO, de cuando era estudiante,

cuando debe de haberle conocido Manuel de Falla.