Los Ángeles de la Guardia

Capítulo 4

Y Sandra sigue contando :

 

- Un día, mientras estaba comiendo tranquilamente, sentada a una mesa un poco apartada, oigo que alguien pronuncia tu nombre y el mío. Me siento intrigada y escucho.

 

“”” - ¿Has visto a Adán Albión el domingo pasado? - pregunta una voz femenina.

 

- Sí - contesta otra voz, masculina esta vez – se paseaba con un jovencita. Dicen que es su novia y que pronto van a casarse.

 

- Me lo han dicho. Conozco a esta niña de vista. Es muy poca cosa. Francamente, no sé lo que habrá visto en ella. No tiene nada : ni posición, ni hermosura, y ni siquiera simpatía. ¡Con lo guapo y apuesto que es él! ... Yo, en su lugar, escogería a una mujer elegante, bien hecha, de buena familia, para poder enseñarla con orgullo por todas partes... Desde luego, es difícil de entender. Las mujeres más bellas y más ricas están locas por él, y se compromete con esa insignificancia, que no vale nada, ni de cara ni de cuerpo. ¡Absolutamente nada! ... ¿La has visto de cerca? ... Tiene una cara como un colador.

 

- Difícilmente hubiera podido encontrar una más fea, es verdad. ¡Con los bombones que mariposean a su alrededor! ... Es que nosotros, los hombres, somos demasiado buenos. ... Ya me figuro lo que habrá pasado : ... Habrá salido una vez con ella sin pensar a más ; y ella, enseguida, se habrá montado una novela. Claro que cuando a una niña fea que no espera una mirada de nadie, la mira un hombre del calibre de Adán Albión ; para ella es  como  si ocurriera un milagro.  Es comprensible que pierda la  cabeza, que viva como en un sueño sin darse cuenta de la realidad.

Además, puede tener otras cualidades. No hay que ser tan duro, ni con ella ni con él. ... Él no quiere decepcionarla ¿comprendes? ...

 

- No, no comprendo. Los hombres no miran la bondad en una mujer, miran la belleza ; y ésa, no tiene... ¡Lo que habrá tenido que llorar y suplicar para ser aceptada! ...

 

-Puede ser. Ya sabes tú, cómo os las arregláis, vosotras, las mujeres, para atrapar a los hombres.

 

- ¡Oye! ... ¿Es una indirecta, o qué?

 

- Tómalo como quieras.

 

-  De todos modos, si llegan a casarse, su matrimonio no durará. Le están rondando demasiadas mujeres hermosas ; que, además, son inteligentes. Si se casa, se divorcia al año... Me apuesto cualquier cosa ; y gano, seguro.”””

 

Y Sandra continua con voz alterada :

- Ya ves. No es fácil contarlo. Yo no sabía que era tan fea, tan poca cosa, que no valía nada a los ojos de los demás. No lo sabía. Al llegar a casa, me miré en el espejo : la imagen que me devolvió no me gustó. Pensé que podían tener razón, que tú necesitabas algo más, que tenía que apartarme. de ti. Me dije que tenía que aprender a amarte de otra manera : sólo para ti, olvidar que te necesitaba... ¡ESO! ... eso es lo que me desesperaba... No llegaba a conseguirlo... No llegaba a aceptar la vida sin ti...

Yo no brillo por ninguna parte y hay muchos diamantes haciendo resplandecer el sol en sus facetas, cuando pasan delante de ti. La gente tiene razón cuando pide que escojas el más hermoso : todo es poco para ti. La gente quiere que te lleves  el  diamante  más bello,  que lo acaricies con tus manos ... ¡con tus manos que son tan suaves! ... Quiere que lo acaricies para que, al contacto con el calor de tu piel, se convierta en mujer, en mujer enamorada : ¿Y YO? ... Yo tendré que ser feliz, tendré que ser feliz al pensar que tienes lo mejor, lo que te mereces... Pero ¡NO PODRÉ! ... Sé que no podré...

O quizás sí, podría... Podría si cada mañana, al levantarse el día, tuviera la certeza de tu felicidad... Pero luego, pienso que solamente yo puedo hacerte feliz ; que sólo puedes ser feliz conmigo, y me desespero ; y no sé que hacer. Tan pronto pienso que lo mejor es quitarme de en medio para dejarte el campo libre, como pienso que no tengo que hacerlo : que tengo que quedarme, aguantar las habladurías ; porque en vez de libertad, te daría tormento.

 

Adán no puede hablar... ... Demasiados sentimientos contradictorios se amontonan en su alma. Siente verdadero amor hacia Sandra. Por eso, en vez de hablarle, en vez de decirle palabras que no alcanzarían a traducir toda la emoción que le embarga, la coge entre sus brazos ; y la besa  apasionadamente.

 

El rostro de Sandra se crispa de dolor. Unas lágrimas calientes y silenciosas resbalan por sus mejillas. El cuerpo le duele terriblemente al ser apretado por los brazos amorosos de Adán. Sin embargo, le duele más aún el no poder gozar de lo que tanto desea ; el no poder corresponder como quisiera al gesto del amado.

 

- ¡Por favor, déjame, me haces daño! ... ¡Lo siento tanto, TANTO! ... ¡Ay! ... ¡Cuánto lo siento! ... Pero me duele demasiado... ¡No puedo aguantarlo! ... ...

 

- Perdóname, amor mío! ... ¡Perdóname! .,.. Me había olvidado. ...¿Me puedes perdonar? ... Te he hecho daño sin querer. ... Estoy en deuda contigo y esta deuda, quiero pagarla con creces. Quiero hacerte feliz. Quiero que llegues a sentirte la más feliz de las mujeres.

 

Mientras va hablando, Adán vuelve a acostar a Sandra sobre el duro suelo, con ademanes llenos de ternura.

 

- ¿Estás bien? ... Procura relajarte y descansar. Yo cuidaré de ti. ... Y piensa que para mí, tienes un atractivo que esas mujeres que llamas diamantes no podrán tener nunca. Te amo y te necesito. Me duele que lo pongas en duda; que lo pongas en duda hasta el punto de llegar a estos extremos... ¿Por qué no confías en mí?

 

- Confío en ti. Fue un momento de locura, ya te dije que estaba avergonzada. No volverá a ocurrir. ¡Te lo prometo! Pase lo que pase, pensaré que me amas y que te amo : que nos amamos. Es hermoso poder pensar así ... ¡¡¡ MUY HERMOSO !!! ...

 

Sandra coge la mano del joven entre las suyas y ese contacto le hace bien. Es como si la vitalidad de Adán penetrara en su cuerpo por una corriente magnética, borrando su dolor.

 

 

* * *

 

 

 

Continuará en el próximo número de AIR