Poeta de Mozambique

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Florindo Martíns Mutender

 

Versos en Harapos

– novena parte –

 

La casa blanca de paredes agrietadas

La casa blanca de techo hundido

La ráfaga de viento y el sobresalto de los perros   

El alboroto de las hojas caídas

Y el murmullo en las plantaciones de té

Y el huerto de los crisantemos

Y el olor de los azahares en el patio

Y las plantaciones del té bajo la bruma de las albas 

La claridad del alba y el desvanecimiento de la luna

 

Y la cesta amarrada a la espalda de los trilladores

La lánguida melodía de las canciones de los jornaleros

 

La primera lluvia

El recomienzo de la lluvia

El curso del agua en los canales sucios

Y la súbita y creciente pérdida de interés por la lluvia

 

 

 

Volverá la mirada a los cobertizos empolvados

a los pómulos salientes y a las venas hinchadas

Volverá el sol a la piel calcinada

y la sombra a los silos donde anidan las ratas

 

Hay las calles oscuras y torpes que se arrastran hasta los barrios sencillos y densamente poblados

Hay la tarde en que va poca gente por esa calle y cesa el bullicio 

Hay la hora en que se evoca esa tarde  

Hay la calle cerrada de golpe por una puerta cancel

Hay la plaza desolada en medio de cual veo pasar el tranvía amarillo

Hay la calle estrecha y larga por donde la multitud se desplaza hacia ambos sentidos

Hay el débil murmullo y el eco que se va extinguiendo a medida que una multitud se disgrega  

Hay los tonos cada vez más bajos en las conversaciones de los trasnochadores 

Hay el instante en que se oye con precisa nitidez los sonidos inaudibles

 

 

La lengua y las palabras exactas con que se ha concebido y se ha enunciado una cláusula imperecedera  

La lengua y las palabras exactas con que unos y otros se profesaron sucesiva o aisladamente la amistad o el odio

La palabra y el gesto con que se manifestó un asombro  

 

La creciente e insoslayable inquietud por qué hacer con el tiempo de la última hora de la tarde  

El crecido caudal de las canaletas cuando ha llovido  

La mascara que prefigura lo que será mi rostro cuando ya no sea

La mascara que es una suerte de sueño

El meticuloso tanteo del báculo 

Los susurros de las conversaciones en la habitación adyacente y el suave monologo del radio que se prolonga hasta muy entrada la noche  

 

 

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Las sucesivas oleadas de aire caliente y frío  

La urgencia de la pasión y el letargo del sueño 

El anhelo por el pasado y por el porvenir 

 

El anhelo de que la luna lateral ensanche y proyecte cíclicamente su sombra  

El anhelo de que el verano dure un tiempo más y que la parra florezca en el dintel 

El deseo de que la lluvia cese de golpe

El anhelo de que emerja no sé qué cosa

 

 

Va sin prisa...  los que veíamos atrás muy lejos le han alcanzado y le han dejado

A veces se detiene y se fija en algo que no alcanzo a descifrar

La veo arrancar de su tallo una flor que aparece a un lado del camino y la ensarta en su pelo

A veces alza la mirada que al instante se diluye en el horizonte antes de fijarse en una cosa concreta

Cuando amaina el viento y cesa el murmullo de las amapolas en flor oigo que tararea bajito una vieja canción que recuerdo a trechos

En el cruce de los caminos   toma la senda más estrecha   el atajo incierto

 

En un tiempo pensamientos diversos le colman la mente

En un tiempo persiste la inclinación por lo claro lo liviano y lo sencillo

El áureo poniente le trae a la vez la penumbra  el fuego y el sosiego

En un tiempo evoca lo que mengua  y lo que deviene

 

 

Qué olores de resinas y de flores silvestres vienen y van cuando sopla

Mas densos en las albas vaporosas y diluidas en las calidas mañanas

 

 

Acequias, cinturones plateados cuando las alumbra la luna 

Las hojas de plantas, alargadas en primavera y decaídas en invierno

 

Qué exaltación del espíritu ante el día que llega

Y la exaltación del espíritu ante la tarde que comienza a declinar

Los vagos poblados y los caseríos vastos y densos aferrados a las faldas de las colinas 

Las calles estrechas y descuidadas que se arrastran hasta perderse en barrios densamente poblados 

 

Y las horas en que las calles permanecen vacías y soleadas 

Y la calle cerrada por una puerta cancel 

Otra es la calle que lleva a un lugar incierto

Y la inmovilidad previa a que determinada cosa ocurra 

 

 

Mujeres trabajando el arroz

 

Continuará en el próximo número de AIR