Escritores poetas de Cuba

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María Antonia Castro

 

La Ciudad puede ser

 

La Ciudad puede ser

un nido de nostalgia,

o el sonido de pájaros

que persiguen el sueño.

Puede ser mariposa

que vuela tras la sombra,

o fuerza telúrica

que la estremece ,ardiente.

 

La ciudad ,

vieja cómplice

del dolor y la lluvia.

 

Del Cuaderno " La Ciudad puede ser "

ganador de mención

en el Concurso Literario Oalma Real de Turin, Italia  ( 2003)

 

 

 

 

Juego de Tiempo

 

Ella vaga a destiempo,

ausente a los duendes

que danzan a su derredor,

busca en la humedad de la lluvia

la sombra de un beso.

 

?Como decir que ha perdido su aroma ?

Como decir que en los amaneceres

se juega el tiempo.

y la noche, aplastante

se acerca

 

 

Nunca más

Nunca más ,

el día de ayer no vuelve

y no podrás volver a ser

quien fuiste .

 

Nadie podrá decir

tu nombre

en los espacios

en que estabas.

 

Si querrán lanzarte

a lo oscuro,

como un pájaro perdido

por el desaliento.

 

Acaso los pájaros

pueden ser vencidos ?

 

Ellos tienen sus sueños
y tan solo dos alas

para cruzar la vida !

 

Estos dos poemas son del libro inédito “Esperanza y Polvo "

 

 

 

 

Gisela de la Torre

 

El grano mágico

 

La pequeña Marisol oyó cuando su padre le dijo a su mamá que la cosecha era tan pésima que no alcanzaría para sustentar los gastos de la familia. En su desespero, quiso que existieran los milagros para resolver tan penosa situación.

 

Mercedes, llena de tristeza, le contestó que los milagros no existían, que debían adaptarse a la mala temporada y esforzarse para que la próxima, fuera mejor. Se volteó y llorosa, rogó que lloviera. La niña la acarició y le dijo que tuviera calma.   Llegó Miguel, su hermano mayor, con dos mazorcas de maíz. Mercedes dijo que la desgranarían para darle de comer a los polluelos. Marisol cogió una y cuando apenas había desgranado algunos granos, vio uno color púrpura de mayor tamaño y se lo mostró a su madre. Esta, asombrada, lo examinó con detenimiento y se lo enseñó a su esposo, Jorge, quien comentó que no era común y dijo que lo sembraría en su huerta ese mismo día. Después de sembrarlo, siguió su faena como de costumbre. A su espalda, sintió una voz:

 

—Tendrán en abundancia lo que no tienen hoy. Has sembrado un grano mágico.

 

Se volteó y cuál no sería su sorpresa al observar donde había plantado el grano de maíz, un frondoso árbol; y en una de sus ramas, a un anciano. Llegó a la conclusión que debía de haber sido él quien le habló.

 

— ¿Es cierto lo que acaba de decir?

 

—Noel nunca miente, ni promete en vano. Vaya a su casa y déle a Mercedes esta noticia. No se asombre si a los pocos momentos de haberla dado, vea en su mesa lo necesario para una buena cena.

 

 El labrador salió a toda prisa y le relató a su esposa lo ocurrido, quien, incrédula, dijo:

— ¿Crees que será cierto lo que prometió el anciano? La pequeña Marisol oyó cuando su padre le dijo a su mamá que la cosecha era tan pésima que no alcanzaría para sustentar los gastos de la familia. En su desespero, quiso que existieran los milagros para resolver tan penosa situación.

 

Mercedes, llena de tristeza, le contestó que los milagros no existían, que debían adaptarse a la mala temporada y esforzarse para que la próxima, fuera mejor. Se volteó y llorosa, rogó que lloviera. La niña la acarició y le dijo que tuviera calma.   Llegó Miguel, su hermano mayor, con dos mazorcas de maíz. Mercedes dijo que la desgranarían para darle de comer a los polluelos. Marisol cogió una y cuando apenas había desgranado algunos granos, vio uno color púrpura de mayor tamaño y se lo mostró a su madre. Esta, asombrada, lo examinó con detenimiento y se lo enseñó a su esposo, Jorge, quien comentó que no era común y dijo que lo sembraría en su huerta ese mismo día. Después de sembrarlo, siguió su faena como de costumbre. A su espalda, sintió una voz:

 

—Tendrán en abundancia lo que no tienen hoy. Has sembrado un grano mágico.

 

Se volteó y cuál no sería su sorpresa al observar donde había plantado el grano de maíz, un frondoso árbol; y en una de sus ramas, a un anciano. Llegó a la conclusión que debía de haber sido él quien le habló.

 

— ¿Es cierto lo que acaba de decir?

 

No había acabado de hablar cuando vieron en la mesa abundantes viandas y vegetales. Mercedes,  llena de júbilo, comenzó a cocinar. Cuando estuvo lista la comida, llamó a su esposo e hijos, que se encontraban en el patio, conversando sobre lo sucedido. Cuando todos estuvieron reunidos, alguien habló:

 

— Me alegra verlos felices. ¿No me invitan?

Era Noel. Jorge rápidamente se levantó de su asiento y le convidó a sentarse.  Sin embargo, el anciano les dijo que era una broma; pues ya había comido y desapareció.

 

Al día siguiente, Jorge fue a trabajar. Vio la tierra mojada como si hubiera terminado de llover. Entusiasmado, sembró las semillas de frijoles que había traído.   

 

Al rato observó que surgían los brotes. Se fue para la casa, desconcertado, y contó a su familia lo sucedido. Mercedes apenas pudo dormir esa noche. En la madrugada, tuvo sueños donde veía ya crecidos, a sus hijos rodeados de bienestar. Se levantó más temprano que de costumbre y le contó a su esposo lo que soñó.   Este dijo haber soñado lo mismo. Se preguntaron qué mensaje les estarían dando sus sueños. Noel, los oyó y les dijo que si seguían con este ritmo de trabajo, sus sueños se convertirían en realidad.

 

Laboraron entonces con más empeño, mientras que el anciano, desde  una  de  las  ramas  del  árbol,   les  iba contando historias

fantásticas y divertidas, animándoles en sus faenas.

 

Los domingos por la tarde, la familia, junto a Noel. iba a cantar y danzar alrededor del árbol mágico. Luego Noel desaparecía como una exhalación. Con el paso del tiempo, sus profecías fueron cumpliéndose; pues nunca Jorge, Mercedes y sus hijos dejaron de seguir esforzándose en las labores del campo.

 

 

Cultivo tradicional del maíz

(Foto encontrada en la Wikipedia, adaptada para AIR)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Orpí Galí

 

Perros tristes

Una vez más me encuentro solo.

En la dársena infinita de la espera

un perro triste me acompaña.

Anduvo junto a mí por mucho tiempo

desgarrando el silencio y la oquedad.

Ahora, anonadado ante el mutismo

me sigue a todas partes

en la clarividente hojarasca del otoño.

Cuatro nombres de fuerza

dialogan con mi espanto

en la impiedad del día.

Eráticas manos

intentan derribar el cáliz

donde un extraño humo con olor a sangre

se disuelve.

Una vez más me encuentro solo.

Y un perro triste que duerme junto a mí

semeja un deseo

que acoge la sombra.

Quizá para que no le olvide

en la dársena infinita de la espera...

 

 

 

 

 

 

Carnavales acuáticos en Santiago de Cuba.

Fotos: Miguel Noa/Cubadebate

 

 

 

Daniela Verdecia Castillo

Santiago de Cuba

15 años - Primer lugar en Premios 2013 para niños

 

Preguntas a una paloma

 

Cómo la lluvia hoy puede

tan cristalina brotar.

Cómo el viento tiene fuerzas

para todo el día soplar.

Por qué el canto del sinsonte

embriaga todo el lugar

y sus alas resplandecen

en aquel verde palmar.

Por qué mi preciosa abuela

me quiere como mamá.

Respóndeme, palomita

respóndeme esto y ya:

¿es verdad que lo más bello

es la vida y nada más?

 

Sueño despierto

¿Alguna vez has montado cachumbambé? ¿Y has experimentado ese cosquilleo que dicen te da en la barriga? Algo así siento cuando se acerca. Como mariposas revoloteando en mi estómago. Porque él es mi ideal: sus ojos hechos de esperanza; su cabello, una noche sin luna ni estrellas... Lo que más me gusta es su mirada. Parece que penetrara por mis poros y se quedara en cada rincón de mi existencia. Entonces creo que por un momento  pensó en mí. Pero qué tonta, ¿cómo se fijaría un chico tan lindo en el maniquí de una tienda?

 


                                         (Para los que no lo saben, esto es un cachumbambé)

 

 

 

Teresita de Jesús Madlum Payas

Poetisa e investigadora

 

Cuando falte la luz

en mi ventana

cesará el trinar

de los gorriones,

el ruido de la lluvia

en el asfalto,

la caricia suave

del aire que refresca

y el vaivén de las

plantas y las flores,

al sonoro compás

del movimiento.

Cuando falte la luz

en mi ventana

qué será del cielo

que cubre mi cabeza,

de las motas de algodón

que lo embellecen

y del brillo y la luz

de las estrellas.

Cuando falte la luz

en mi ventana

cesará el movimiento

de las olas,

el sonido musical

de la cascada

y el tranquilo fluir

del arroyuelo.

Cuando falte la luz

en mi ventana ...

 

 

 

 

Ana María Carballosa Crespo

 

Soy un árbol

mi sangre danza enaltecida

me siento la madre natura.

 

Esta noche no me importan los gritos

ni el aullido hambriento de los engendros

ante la bendición de manos pequeñas

Dios

tengo raíz

he vencido a la muerte.

 

De su libro inédito : A LA SOMBRA DE UN PÁJARO

 

 

 

 

 

 

Nadia Ocaña P.

 

 

Cristal del Tiempo

 

Las brumas

 

El cirio de los muertos anuncia la rebeldía.

Hay sueños como plagas,

se escucha un canto

y la cruz se eleva.

Los cánones de la duda apuntan al hastío.

 

Cierro los ojos

dejo atrás:

Aquellos amaneceres,

esos labios que cegaron

de no ver los tuyos,

 

el calor,

la ciudad que descubre sus secretos,

el viajero que a grandes trazos la copia

y no deja espacio para la coartada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Alejandro Elizarán Vázquez

 

Finales

 

Final Uno

 

El hombre se bajó del coche, lo hizo lentamente para no errar en poner el pie firme en el estribo. Al poner el otro pie sobre el suelo observa que al unísono rueda y cae una monedita de diez centavos de divisa convertible cubana; se agacha, la recoge y sigue su camino normal hacia su casa. Después de todo, significa dos pesos en moneda nacional, al cambio callejero, y muy bien le viene para pagar otros posibles dos coches o comprar cualquiera de los condimentos que hacen falta para su cocina; en otros tiempos atrás ni se inmutaba por la caída, le hubiese resultado odioso el gesto de recoger aquella “insignificancia”. Pero ahora la vida está muy cara y comoquiera que sea son dos pesos y algo resuelven. Se acordó que dentro de diez minutos cerraban la carnicería si no llegaba a tiempo y perdería la oportunidad de llegar con los huevos a casa y garantizar así el almuerzo del día para la familia que lo esperaba, así que empezó a caminar a zancadas largas, estaba seguro que a pasos largos llegaría a tiempo. En eso pensaba cuando es interrumpido por unos golpecitos, fuera de lo común, en su hombro derecho. Gira su cabeza a la derecha y atrás y observa a un hombre maduro, un poco torpe en su parada y mal vestido; sus facciones delatan incomodidad, le pareció que se bajaba también del coche, pero de la parte delantera al lado del cochero y que le decía algo así como “parece que se me cayó” y que el cochero le respondía que lo buscara debajo del coche.

 

– Dígame señor, ¿le puedo ayudar en algo?

 

– Una señora en el coche me dijo que usted recogió del suelo la moneda que a mí se me cayó – dijo aquel en forma un poco descompuesta y de modo autoritario lo conminó –, hace falta que me la devuelva, es mía.

 

– Mire, pensé que era mía, pues tengo también en mi bolsillo varias de esas monedas – respondió este en una forma muy educada y mostrando contrariedad –, pero tómela, si es suya ... aquí la tiene y disculpe, no fue mi intención tomar algo que no es mío.

 

– Extendió la mano, el otro la cogió casi arrebatándola mientras margullaba de mala gana algo así como “disculpe ni disculpe, tú lo que eres un ladrón, no jodas”.

 

– Al oír eso, de momento quedó indeciso, no sabía si responderle airado o mantener la calma. Optó por esto último, se llenó de paciencia y respondió.

 

– Mire, no tiene por qué ofenderme, he sido claro con usted al decirle que ...

 

– ¡Ladrón bien chico!, ¡qué te pasa!, ¡te lo digo cien veces en tu cara...!

 

– Oiga, no hay por qué pelear por diez centavos – gritó de forma bien airada –, si usted no entiende mis disculpas, es su problema. Y dicho esto le dio la espalda y siguió su camino a pasos apresurados.

 

Pero aquel hombre no se conformó, más bien se puso peor; le cayó atrás sorteando a las personas que venían en dirección contraria, dio una última zancada y ya pegado, sacó, como todo cobarde, un afilado y largo cuchillo que clavó en la espalda de aquel decente desdichado y luego otro en la parte más baja,  como para asegurarse  de poder atravesar un órgano vital y sacar del aire a quien se había atrevido a coger su preciada moneda de diez centavos CUC.

 

En el suelo, mientras convulsionaba, el honorable ciudadano dejaba escapar una mirada acuosa, tal vez de adiós, y poco a poco, en aquel hilo de sangre noble, se escapaba su vida, su dignidad, la decencia y el pudor con que trató a los demás.

 

– ¡Dos pesos!, *¡malditos sean!*, ¡maldita la hora en que me agaché a recogerlos!

 

(*reemplaza una exclamación que suena demasiado grosera para el estilo que pretende mantener la revista AIR.)

 

 

Final dos

 

Después de recoger la moneda, el hombre se encaminó hacia la acera sin advertir que otro lo seguía. Sintió golpecitos dados en su hombro derecho y se viró bruscamente en alerta. El intercambio desagradable de palabras, el otro exigiendo la moneda que le pertenecía, él disculpándose, el otro ofendiéndolo y él dando la espalda para proseguir su camino.  De pronto un cuchillo al aire dirigido hacia su cuerpo ... pero algo de su instinto le decía que un peligro lo acechaba; de todos modos no confió a su espalda la protección y se viró de repente para observar los movimientos de aquel que lo amenazó unos segundos antes. Justo cuando vio venir hacia sí la daga asesina... La preparación recibida en sus tiempos de militar de escuela acudió a su salvación. Reflejos en marcha ... manos en ristre y parada en seco del movimiento contrario ... un fuerte tirón de la mano del puñal hacia arriba y luego un giro en redondo hacia la derecha para luego tratar de colocarla hacia  detrás  de  la espalda y neutralizar así la amenaza.   Pero algo le hizo fallar : el individuo hizo un giro desesperado hacia fuera, tropieza y se precipita en caída hacia él, en el momento preciso en que tiene el dominio de su mano en sentido contrario. Fatal: el cuchillo penetró cortante justo hacia la región hepática del otro, determinando el fin de las acciones. Un chillido ahogado por el dolor, y el cuerpo estremecido caía en un desfallecimiento irreversible. El ilustre ciudadano, anonadado, exclamó:

 

– ¡Dos pesos!, ¡malditos sean!, ¡maldita la hora en que me agaché a recogerlos!

 

 

Final tres

 

Recogió la moneda y se dirigió a la acera, para sumirse de inmediato en sus preocupaciones – el beneficio de no dejar la moneda en el suelo, los huevos en la carnicería con sólo diez minutos para que la cerraran – sin advertir la presencia cercana de un individuo que lo seguía proveniente del coche. El otro lo topa por el hombro derecho y le dice con palabras casi susurrantes, como para que nadie más se diera cuenta de lo que le iba a decir, quizás por pena:

 

– Disculpe señor, usted recogió una moneda que se me cayó a mí y es necesario que me la devuelva para poder pagar el coche...

 

– ¡Ah, discúlpeme usted a mí ... no sabía que se le había caído a usted y pensé que había sido a mí, pues tengo varias de esas monedas ... tómela, no hay problemas.

 

– Me va a perdonar, pero si no fuera porque no tengo ningún menudo y el cochero está esperando que le pague ... no le pediría que me la devolviera.

 

– No hay de qué, usted no tenga pena, es sólo un malentendido.   Dicho  esto  el  hombre  dio  un  giro y rápido caminó

hacia el coche que se encontraba a unos metros del lugar de donde estaban ambos. Él se quedó mirando hasta que el otro llegó donde el cochero, cerciorándose que no tuviese ningún problema, pues de ser así acudiría a ayudarlo. De pronto miró el reloj, lo sorprendió la hora; ya no tendría tiempo de llegar a los huevos. Se dio un manotazo en la frente mientras exclamaba:

 

– ¡Dos pesos!, ¡malditos sean!, ¡maldita la hora en que me agaché a recogerlos!

 

* *

 

 

 

 

 

 

 

 

Diana Lucía Bruzón

 

No hay Color

Blanco, negro o amarillo

no importa el color de la mano

que se extiende para levantarte

pues la mano amiga no tiene color

como no tiene color el aire que respiramos

y nos da la vida.

Pobre de blanco, el negro o el amarillo

que miran el color antes de extender su mano

o que niegan su color ante la transparencia de la vida.

El color no está en la piel

esta en el alma

y, cuando viajes por la senda de la vida

pues ser  blanco, negro o amarillo.

Mejor que sea transparente como el aire

que respiramos y nos da la vida.

 

 

¿Por qué?

¿por qué pasan las cosas

que no tienen que pasar

¿Por qué la lechuza canta

cuando tiene que callar

el pobre reclina la cabeza

cuando tiene que amar,

hay niños sin escuelas

cuando quieren es estudiar.

¿Por qué detiene el río

para que no llegue al mar

¿Por qué hay tanta maldad

si entre hermanos debemos estar

y, Señor ¿por qué el mundo está al revés

Cuando derecho debía estar...

 

 

 

 

Belkis Crespo Abreu

 

Esta soledad mía

por instantes la invaden desde lejos.

 

Sólo esa luz que no alcanzo

enmudece las campanas

donde una vez hubo templos.

Dios

derrama paz a los siervos

a las ovejas perdidas en las noches.

Nada común hay entre nosotros.

 

Estoy perdida

necesito la voz de las campanas

volver al húmedo camino

volver.

 

Sobrevive la mitad

su costado oscuro es una hendija

para las noches y las lluvias

hendija, ojo, lanza

para noches y lluvias

que estallan de ese lado.

 

 

De su libro : APUNTES PARA DEFINIR LA SOLEDAD

 

 

 

 

 

 

 

José Orpí Galí

 

Soliloquio del poeta

 

Cuánto ha tenido el hombre

que correr por encendidos bosques

y arrebatar la hoguera

que se hunde en el deseo

en la sangre contaminada de los sueños.

Salvarse del naufragio

cuando la tormenta no es más

que un punto de nube en sus entrañas

al sostener su cuerpo

abatido, maltratado

por el sucio polvo de los muertos.

Cuánta soledad vio desde la cumbre

de su altivo monte

antes de bajar al paso de las aguas

y enredar su luz en el tiempo

de un reloj sin manecillas

domesticando el grito

de los monstruos que engendró el ocaso.

Cuánto tuvo el mundo

que girar en su galaxia

y apresar el vuelo fugitivo de los siglos

para ordenar el caos

o al menos intentarlo y dedicar un día

– tan sólo un día terrestre y movedizo –

en holocausto

para que la especie permanezca en pie

insomne y expectante.

Cuánto tuvo que pasar en esta vida

hasta hoy, 15 de julio de 1992

en que escribo este poema

para que perforen sus manos

como hormigas hambrientas

osos y meretrices

sabios fornicadores

lujuriosos aprendices

lujuriosos aprendices

faunos y profetas

seguidores de Onán.

Poema que escribo         oh Dios

y echo a volar

al aire roto y amarillo de estas horas

en que se alza este pobre mortal

nacido bajo el signo de Acuario

con vicios inconfesables

perdido en muchos sueños

y devorado por la milagrosa sed de la poesía.

A la hora justa

en que un ángel y un demonio

se aproximan para coronarme.

Yo      rey absoluto de mi cuerpo y de mi fe

declaro que a pesar del abismo y el pecado

la suerte       la rabia y el infierno

permanece

inderrotablemente viva

la esperanza.

 

De su libro : EL ENCANTADOR DE SERPIENTES

Premio José María Heredia 1999

 

 

 

 

 

Armando A. Céspedes C.

Para AIR

 

Lo conservo allí.

Bajo el caer de una cortina de agua

creando remolinos y emociones que suele levantar el alma, el cuerpo,

el corazón.

Sigue allí, quizá en un rincón    postal sin pena,

lágrimas ruedan los caminos de islas

levantinas con trampas    tendidas para visitantes de ocasión

no dudar    está al final del mundo

el ocaso de la existencia para unos

el triunfo para otros    ellos abren

con cautela sus fauces

otros menos cálidos van, toman y buscan camino

el carnicero muerde golpea    siempre carne y sangre

su rincón profundo tiene su propia música

letras, polvo, hasta telarañas : es mío.

Espacio vital para     pensar    reír    maquinar lo ignoto

llorar lo ido y quizá olvidado     lo que pudo  

y no fue.    El geranio busca el sol

olvida que no nació para eso    los girasoles lo miran con desprecio

en su interior como queriendo imitar    algo se mueve

la arañita de aquel cuarto levantisco añora

los sonidos acompasados del fuelle de la vida

la cama duerme en su insolencia

no se interesa por mí, vigila y ama, siente el sonido de su tela

espesa ansiosa su nueva presa

estrenar nuevos gemidos,    cantos aun en sus

recuerdos.    Mi sitio tiene solamente lugar

para geranios y recuerdos idos    no caben más

luces divinas, adivinanzas inconclusas y anhelos sonríen sin cesar.

No esperes tiempos de lluvias y huracanes orgásmicos.

Ni aquellos de segundos, minutos, días, años.

La cama sigue durmiendo en mi insolencia.

Un ojo clavado en esa voraz lengua quiere sonreír.

 

 

 

 

 

Mireya Rizo Oliva

 

Callada voz

 

Atrapo tu mirada cuando preguntas

bebo el silencio y escapo lejos.

¿Acaso buscas en mí    la compuerta de la lírica?

Me detuve donde tu capricho

desvaneció el miedo y el frío

la nostalgia en las paredes pregunta al corazón.

Hurgas en los matices de mi arroyo

igual ue a una gema en el desierto.

Describías la lírica

mi universo escapó en el asombro

¿quién era?

y dolía la mirada que se alejó.

Anduve como alucinada

a cuestas tu desmedido silencio.

Quedaste allí a la onda de la espera

tu silueta pegada a la tierra

y bajo el palpitar de las calles    insistías

amiga    antes que mis ojos ayunen en la oscuridad

¿qué es poesía?

y el pensamiento

es una ventana que se abre al delirio

y vuela la palabra entre mis labios.

 

Tercer premio en el Concurso 28 de Enero

del libro inédito : DONDE  AYUNAN LOS SECRETOS

 

 

 

 

 

 

Sandra de la Cruz Silveira Rizo

 

Presagio

 

Horizonte sin nombre,

esperando quien pueda poseer el arcoiris,

diminuto cristal de viento y agua,

se esparce desde el sol,

le hago mío.

Barco de papel que navega en su melodía,

espiral que desciende a la bitácora,

guarda sus misterios,

y como un presagio,

espía al borde del camino.

 

Del libro inédito : VIAJE AL OJO DEL CUERVO

 

 

Foto tomada en agosto 2008 por Mariette , durante un viaje

 

 

Argenis Osorio Sánchez

 

La ruta de los Aires

 

Hay un ángel en la tierra, señor
que tocó a mi puerta y abrió mi corazón
con una sonrisa inderrotable.
Hay un ángel en la tierra, mi señor
un ángel travieso de alas vivas
y canciones.
Un ángel que me ataca despiadadamente
y no me deja respirar
que se roba mis pulmones para llenarlos
de la música celeste que sale de su boca.

Hay un ángel en el cielo, señor
antiguo como un coro medieval
que canta en la iglesia abandonada
una canción desconocida.

No sé cómo reaccionar mi señor,
apiádate de mí, de mi atontado corazón
y de las estrellas que este ángel sembró cerca de mi boca
cuando entró a mi casa y a mi alma.
Qué hago, mi señor, qué hago,
siento deseos de morir y de amar hasta morirme
a este ángel que me mira, que me sabe poca cosa,
que robó para siempre el corazón de mi corazón, señor.

Bienaventurados los que no han sentido
dentro de sí la desgranada sorpresa
de este ángel en la tierra
en mi casa, en mi alma, adueñándose de todo
deteniendo el tiempo, haciendo añicos la ruta de los aires
y dejando para siempre este sabor
a muerte y esperanza aquí en mi boca…

 

Recibido a través de Lina Caffarello

 

 

María Antonia Castro

 

Juego de tiempo

 

Ella vaga a destiempo,

ausente a los duendes

que danzan a su alrededor,

busca en la humedad de la lluvia

la sombra de un beso.

 

¿ Cómo decir que ha perdido su aroma ?

¿ Cómo decir que en los amaneceres

se juega el tiempo ?

y la noche, aplastante

se acerca

 

Del libro inédito " Esperanza y Polvo "

 

 

 

 

 

 

María Elena Elías Ramírez

 

¿Cómo inventar el esplendor?

 

Quedo fuera de estos tiempos

limitadas las ideas

no conjugan las palabras

de ilusiones han quedado vacías

Necesito restaurar el alma.

 

Mis manos no alcanzan el universo

Lloro la ausencia de la creación

 

Quedo fuera de estos tiempos

apretados los sueños

no logro despertar

 

 

 

 

 

 

María Caridad Martínez

 

Añoranza

 

La calle está desierta

el viento aún mece los árboles del patio

un mundo de violetas en el jardín

lo único alegre del paisaje.

La niña que contaba las estrellas

no está

ni la abuelita en la mecedora.

Me embarga la nostalgia

nací allí.

 

 

 

 

 

Reynier Rodríguez Pérez

 

Estado de necesidad

Para Gabriela, que no me quiso dibujar

 

 

Sobre un cono de luz se alza tu mano

que es tan suave, mi amor, como este cielo que no puedes atrapar

y flota sobre los barrotes de tu cuna,

mis ausencias de la tarde y tus dibujos.

 

Una manera de extrañar que no comprendo,

que no quiere decir que no me extrañes. Sobre el cono de luz queda

un recuerdo y las anchuras de un hermoso cielo azul

hecho por ti.

 

Sé que me quieres obsequiar tu compañía,

ya que las tardes no me alcanzan para estar a tu lado. Pero a veces,

mi amor, también la ausencia

es un reflejo involuntario de la necesidad.

 

 

 

Pequeña elegía por mi padre

Acompañado por Gastón Basquero y Rafael Marquina

 

I

Guardo memoria de tus últimas palabras.

Ahora mi padre está muriendo al otro lado del país.

Y no trasgredo los anuncios, no me lanzo

al inventario de los pájaros,

de la llovizna que no cesa de caer sobre mi casa,

que no sabe lo que cuesta armar el cielo en esta Isla

donde ya no está prohibido amar la costa.

 

Me sumerjo a ver el sol bajo las aguas.

Algo se quiebra

por debajo de mi espalda y el silencio.

 

Unas abejas sumergidas me sorprenden y me cubro

la cabeza con las manos, y me agito en la oscuridad

para poder seguir el rumbo.

Pero soñar es mejor, y mejor todavía

es no poder dejar ya de soñar.*

Por eso ahora no hay estaciones, ni cobijas ni monederos

para guarecernos, mi padre y yo, del hambre de los días.

 

 

II

Qué tengo que decirte a ti, que no has estado

en los minutos medulares, en los túmulos de estados alterados;

que no has estado a la intemperie, bajo nubes de Castilla

parecidas a las de Cruce de los Baños

a las de Topes de Collantes.

Ahora intentas una elegía para mi padre, pero no has leído jamás

un verso de Gastón Baquero, y mi madre es un poema tristísimo;

un abanico sin color, un epitafio antes de siempre.

Y yo el que recuerda la rabia, los dolores de cabeza, aquel problema en una pierna que nadie jamás comprendió.

 

 

Y hoy lo que va a fundir mi espalda a este

silencio es una lágrima. Sólo espero que su rubor nunca me deje.

 

Me podré despedir de ti cuando los trenes lo permitan,

cuando no existan aguaceros, cuando me dejen ver la costa.

Me quiero convencer cuando la luna de febrero haga flotar,

sobre las aguas, el misterio de los peces.

 

 

 

 

iii

La muerte suena a Dios.

Y yo regreso al libro, al rincón silencioso:

ya he pensado por instantes en ti, y muy de lejos

te he dicho adiós moviendo lentamente la mano,

con ese signo que parece avivar un pequeño fuego,

o avisar al que parte que quedamos aquí,

donde se mueren las costumbres, la esperanza

de volver a levantar la casa, tal y como era.

 

Adónde iré. No sé qué me depara. Una

llamada telefónica me acerca a los amigos.

Está quedando tanta timidez en la línea, tanta severidad

en la memoria que no basta.

 

La palabra que dijiste última, no la recuerdo

con la misma intensidad con que te dije adiós ayer.

Pero qué puedo recibir de ti si estoy bajo las aguas.

Cómo puedo evitar que mi padre se muera

si no he cruzado el horizonte,

ni siquiera intenté una “Pequeña elegía por Rafael Marquina”.

 

Jamás he escrito un verso.

Pero soñar es mejor y mejor todavía

es no poder dejar ya de soñar.

Aunque la luna de febrero me lo impida,

aunque los túmulos de estados alterados me recuerden el hambre.

Ahora mi padre está muriendo al otro lado del país

y no trasgredo los anuncios de la suerte bajo el agua.

 

Agosto 2013

 

* Todos los versos subrayados pertenecen al poema “Pequeña elegía por Rafael Marquina, de Gastón Baquero.

 

 

 

 

103

 

 

SANTIAGO DE CUBA

Iglesia de la Caridad del Cobre