Poeta de Mozambique

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Florindo Martíns Mutender

 

Versos en Harapos

– décima parte –

 

 

Hay la casa blanca de paredes agrietadas

Hay al sol una casa blanca de techo hundido

Hay alrededor de la casa blanca un patio de naranjos

Hay en un patio interior el olor a azahar  a té y a hierbabuena

 

 

Vainas abiertas y sin semillas en las ramas secas de las acacias

Una llanura desfallecida

Un resplandor de luz en la llanura que solo se sostiene

                                                                        con los párpados apretados

Unas vastas extensiones que sin embargo no llegan hasta el mar

Unas vastas y desoladas extensiones

                                                           que no son promesa de alguna cosa

 

 

Hay un pasillo largo de piso ajedrezado donde se intercalan

                                                                         franjas de luz y de sombra    

Hay puertas numeradas a ambas orillas de un pasillo infinito

Hay la hilera de  antorchas que se van apagando a su paso

Hay a lo largo de un pasillo ramificaciones laterales y sucesión

                                                            de puertas numeradas y cerradas

 

 

El arco tenso que es el dorso del labriego

La nítida blancura de la plata

El oro y el mármol

Y la flecha disparada que yerra la diana

Un pálido punto tal vez imaginario en el horizonte

La incertidumbre de la mano y de la voz que tiemblan

La fugaz veracidad de los sueños 

Y la fugacidad de lo que la memoria rescata

Y la víspera que es el alba 

Y el filo de la espada   

El tumulto

El estallido del fósforo rajado    el fuelle

La transparencia del oro y de la plata

La blanca presencia de la luna que se va expandiendo por el

                                                                                                             patio

La semitransparencia del cristal empañado

 

 

Hay la mano cóncava que se acomoda al óvalo que es tu cuerpo

 

 

Y aquí se disipa el humo y con ello vuelve la claridad

Aquí se tiende el puente  y aquí resuena la voz

El murmullo del viento por los campos abiertos

 

 

Hay los campos por donde se va expandiendo la luna

Hay el murmullo del viento bajo la puerta

Hay el murmullo del viento en el pabellón de la oreja

 

 

Hay el aullido de los perros en la noche

Hay el desasosiego del insomnio

Hay la tela de araña

y hay la seda del capullo que venda los ojos

 

 

CONTINUARÁ EN EL PRÓXIMO NÚMERO DE AIR