Mariette Cirerol

 

Los Ángeles de la Guarda

 

Capítulo 6

 

Mientras van camino de la chimenea con el camión-grúa, Sandra permanece silenciosa, demasiado silenciosa y pensativa à juicio de Adán :

 

– ¿Qué te pasa? – le pregunta – ¿Por qué estás tan callada? ...

 

– Estaba pensando.

 

– ¿Por qué no piensas en voz alta y así me entero yo también?

 

– Es que ... es demasiado complicado... No podrías comprender.

 

– Lo que a ti te ocurra, lo entenderé seguro, y es demasiado importante para los dos para que lo ocultes.

 

– No resulta tan sencillo explicarlo. Es muy complicado, muy difícil de asimilar. Me ha pasado algo que de sucederte a ti, también te costaría comprender y admitir.

 

– ¿Estás insinuando que tampoco lo entendería de haberme pasado a mí?

 

– Exactamente.

 

– ¿Y tú, lo entiendes?

 

– Lo estoy intentando.

 

– Entonces, con más razón tienes que contármelo. Juntos tardaremos menos en aclararlo.

 

– Es que no es agradable; ni para ti ni para mí. Creo que de momento, vale más ignorarlo... Más adelante te lo contaré. Tendré que hacerlo. Lo haré cuando lo haya asimilado mejor.

 

– Esto no es lo que convenimos. Esto no es mutua confianza. Esto es seguir viviendo separados.

 

– Es doloroso, y además de doloroso, increíble. Cuando te lo cuente, no me vas a creer; pensarás que es una alucinación producida por la fiebre.

 

– Podría ser. Con fiebre alta, resulta muy difícil diferenciar las alucinaciones de la realidad. ¡Cuéntamelo! y trataremos de averiguar lo que puede considerarse como real y lo que no.

 

– Puesto que insistes ... ... Pero, por estrambótico que te parezca, no te rías de mí. Hablar de ello, de alguna manera significa aceptarlo. Va a doler, y mucho...Tengo todas mis facultades en alerta. Puede que tenga fiebre, puede que tenga mucha fiebre; pero me doy perfecta cuenta de lo que ocurre en mi entorno... Me has salvado sacándome de un pozo profundo con una grúa. Esto también tiene algo de fantástico pero no deja de ser verdad...

 

– Te estoy escuchando... Sigue... No te pares...

 

– Pues mientras fuiste a buscar la grúa, yo me he quedado completamente sola. Esto también es verdad, no cabe la más mínima duda.

 

– Me costó dejarte, no te creas. Mas ¿qué otra cosa podía hacer? Tenía que sacarte de allí como fuera y esto implicaba ausentarme, salir a buscar auxilio...

 

– No te lo reprocho. ¿Cómo iba a hacerlo? Sólo insisto sobre los hechos anteriores para que queden muy claros y te ayuden a aclarar, o por lo menos intentar comprender, lo que pasó después...

 

– Sandra habla despacio permaneciendo callada por momentos. Le cansa hablar. Se encuentra muy débil.

 

– Continúa despacio – le anima él comprensivo –. Tómate el tiempo que necesites; pero es preciso que me lo cuentes todo ahora. Es muy importante que lo sepa; sino cómo voy a poder ayudarte, ayudarnos a los dos...

 

– Tú también estuviste en el agujero – continua Sandra – Estuviste el tiempo necesario para comprobar que, aparte de nosotros dos, no había nadie más; ni siquiera había un lugar donde alguien pudiera esconderse. ¿Verdad? ...

 

– Estábamos completamente solos. De esto doy fe...

 

– Además, de haber habido alguien, lo hubiéramos notado. No podría pasar desapercibido. Estaría herido. No podría haberse caído ligero y silencioso como una pluma en aquellas profundidades. Esto es imposible, ¿verdad?

 

– ¡Imposible! ... Pero ... ¿dónde quieres llegar? ... ...

 

– Ahora lo sabrás... Quedamos en que sería imposible que alguien cayera en el pozo sin que le pasara nada. Y, admitiendo que alguien llegara a meterse allí dentro sin daño alguno – lo que parece imposible –; ¿cómo lograría salir luego, sin que nos diésemos cuenta y sin dejar rastro alguno? ...

 

– Esto sí que no puedo asegurar que sea imposible –. He pasado por ese trance... ... Sin embargo, me intrigas y me preocupas. ¿Quieres decir que has visto a alguien mientras yo estaba fuera?

 

– Sí, he tenido una visita... Alguien ha aparecido y desaparecido... Así, de repente... Ya ves cómo es difícil de creer.

 

– Desde luego; pero, alguna explicación tendrá. ¿Quién era? ...

 

– Una mujer.

 

– ¡Una mujer! ¡Imposible! ... Un hombre todavía... Pero, no, tampoco... Es imposible. Habrá sido la fiebre, seguro.

 

– No, fue verdad, lo sé.  Además, esto no es todo. Resulta más extraño todavía...

 

– ¡¿Todavía más?! ...

 

– Sí, y más increíble... Porque, esa mujer ... esa mujer dijo ser un ángel... Dijo que era mi ángel de la guarda; y, que venía para ... ...

 

– ¿Para qué? ... ¡No te pares! ...

 

– Es  ... que  ... ahora viene lo más doloroso ... lo que no quisiera creer ... pero creo ... porque sé que no puede ser de otra manera ... que es lo previsible ... la justa continuación de lo acaecido...

 

– ¿Qué te dijo? ...

 

– Me dijo que venía a prevenirme ... anunciándome que, muy pronto, me iba a morir...

 

– ¡¡¡No, eso no!!! ... ¡ No te lo creas, no te vas a morir! ... Son  alucinaciones tuyas debido a la fiebre... Ahora, te va a ver el médico, y él te curará... Te pondrás bien... Somos muy jóvenes todavía. Tenemos mucha vida delante de nosotros y seremos felices ... ¡muy felices! ... Ya lo verás... ...

 

– Es verdad Adán, me voy a morir... ¡Lo siento! ...El Ángel dijo que no tenía que tener miedo porque ... resucitaría... Comprendo que no me creas... Nadie me creería si le dijera que me ha visitado un ángel... Pero escúchame... Tengo que contártelo hasta el final... La mujer, el ángel, me dijo que iba a resucitar en un mundo mejor y que , desde aquel mundo, podría verte y hablarte en tus sueños, cada vez que lo quisiera. También me dijo que te quedarías todavía varios años sobre la Tierra antes de reunirte conmigo: pero que pasarían rápidamente para ti, añadiendo que sólo era una manera de decirlo, porque en el mundo donde iremos cuando nos muramos, sólo hay continuidad. El tiempo es una medida válida para la Tierra, pero allí carecería de sentido.

 

– Claro que si te mueres, el tiempo ya no existirá para ti... Pero ... ¿y para mí? ... ¿Cómo voy a vivir si tú te vas? ... No te puedes morir ahora... Sería demasiado duro para ti, para mí, para tus padres... Tienes que agarrarte a la vida. El médico hará lo que pueda; pero tú, tienes que ayudarle con tu voluntad. La voluntad es poderosa ... lo puede todo. ¡Tienes que querer vivir! ... ¡Tienes que quererlo con fuerza! ...

 

Por favor, sigue escuchando. Es muy importante, insiste Sandra :

– Me dijo que tendremos que esperar, pero nuestro momento llegará y seremos felices para siempre, para la eternidad. Me encomendó que te dijera que valía la pena esperar.

 

Muy preocupado, Adán pone la mano sobre la frente de su prometida : está quemando. Tiene mucha fiebre. “Está delirando  y es lo que la hace hablar así  – piensa Adán” ...  “¡Tiene que vivir, tiene que vivir! – se repite a sí-mismo  sin cesar!” ... ...

 

Haciéndose cargo de lo acuciante de la situación, el guardián pisa más fuerte sobre el acelerador. Cuando llegan a la chimenea, ayuda a Adán a colocar a Sandra en el verticóptero y les acompaña directamente al refugio del médico.

 

Sandra sigue delirando. La fiebre sube. Ya no reconoce a nadie... El médico la ausculta detenidamente, una y otra vez, antes de volverse tristemente hacia Adán :

 

– Lo siento, amigo mío. No te puedes imaginar cuánto lo siento : pero me la traes demasiado tarde. Tiene gangrena, una gangrena avanzada. Si queremos que tu novia viva, habrá que amputarle las dos piernas. Es lo único que se puede hacer para salvarla. Es terrible y urgente. Si no actuamos ahora mismo, se morirá. Está inconsciente, se iría sin darse cuenta.

 

La sentencia retumba insistentemente en los oídos de Adán, zumbándole de una manera insostenible. Es como sí, a su derredor, el refugio con los objetos que contiene estuviera dando vertiginosas vueltas chocando repetidamente contra él.

 

Quiere hablar y no puede. Quiere gritar y no puede. ¡Siente una pena infinita, una angustia tal que no aguanta más! ... Su cuerpo tambalea.  Siente que su mente va a estallar ... se agarra a la pared para no caer... ...

 

El médico se ve apurado. Tiene que atender demasiadas cosas a la vez. Sandra está inconsciente. Debe ocuparse de Adán. Se pregunta ¿cómo apaciguar un alma tan herida? ... Le han enseñado a sanar los cuerpos, no las almas. Delante de un dolor tan intenso, un dolor del alma que no tendría que  ver nada con el cuerpo,  pero que puede alterar su funcionamiento,  que lo está alterando ya, se encuentra sin recursos. Sólo cuenta con su voluntad de ayudar y le parece muy poco. Piensa, trata de encontrar las palabras más adecuadas... La medicina no sirve para los males del alma. Una amputación es ya una tragedia tremendamente cruel en sí ... y, aquí, ¡¡se trata de una amputación doble!! ... ... Le da un calmante para que duerma unas horas y se refugia en su dormitorio. Se echa sobre la cama y cierra los ojos, mandando un mensaje a Dios, pidiéndole ayuda : ¿Que es lo que debe hacer para obrar bien? ...

 

En momentos así, le duele haber escogido ser médico. Le afecta demasiado el sufrimiento ajeno. Un cirujano tiene que tener mucha sangre fría, es imprescindible para el bien de sus pacientes y para el suyo propio...

 

Cuando le dieron el título de médico, tuvo que jurar que siempre lucharía por la vida, que nunca dejaría morir a un paciente si había la posibilidad de salvarlo. ...

 

Tiene que operar. Hay que operar. Es su deber... ...

 

Por de momento da un calmante a Adán, para que duerma durante las próximas horas. Luego se retira unos minutos a su habitación. Se tumba otro rato sobre la cama. Con los ojos cerrados, se encomienda a la Vida, y procura recobrar la calma.

 

Su plegaria es escuchada. Puede levantarse y operar sin que le tiemble la mano.

 

Continuará en el próximo número de AIR