In Memoriam

  Pablo Chaurit

 

 

 

Poeta español desaparecido el 17 de julio de 1995

 

 

Algo nuestro

 

 

Algo nuestro es ...

                    algo de los dos …

 

 

Capítulo 7

 

 

¿Mi traje del domingo? ... Será claro, como un rayo de sol... Te pregunté cómo sería tu traje, porque así, podré saber cómo resaltarán tus ojos y tu pelo rubio... Irás guapa, como te vi aquel día en que nos conocimos y hablamos de nosotros.

 

Si no te acepto como eres es porque tampoco me acepto a mí... Tenemos que seguir luchando, hasta poder cazar las mariposas desde nuestra ventana.

 

Verás que tu consejo no fue vano... Es que cuando al hablar se pone el corazón, es verbo eterno lo que te digo y es por tu bien.

 

Estoy pasando por la soledad, la angustia... No sufras, amor, que me causas pena... Estamos de acuerdo que hay que seguir la vida y aceptar su ritmo; pero siempre que para ello no tengas que abandonar tu felicidad ... y, por lo que he visto – según me dices en tu carta – estás sufriendo.

 

No puedo mirarme en nada, puesto que nada poseo... ¿Para qué envidias a nadie? ¿No tienes bastante conmigo? ... Te daré lo que poseo para que sea tuyo, te haré feliz a fuerza de reírnos de mi pequeña cicatriz de la barbilla... Ten fe... Si paso cerca de ti en ese mañana que se avecina, con la cara vuelta a la vida, los dos diremos sí a nuestro amor.

 

¿Te acuerdas de aquella frase? ... ¡Qué sencillo es todo y, al mismo tiempo, cuánto duele estar VIVIENDO! ... Así, con mayúsculas... Dime que no fuiste tú, quien escribió aquello...

 

Después viene la noche y, cuando estoy sola, me encuentro perdida en un vacío profundo de soledad... Llevamos mucho tiempo juntos y aún no hemos llegado a conocernos... Creo que nadie conoce al otro... Quizá llorando se puede uno conocer mejor... Tú me lo dijiste... Bebo mis lágrimas y sigue abierta la sed... Sobre esa calentura que produce el llanto, alguien tiene que poner paz...

 

Todos los hombres tienen esa capacidad desastrosa de dolor... Comprendo, pero no me lo eches en cara a cada instante... Lo sé... No entiendes bien mi desconfianza... Piensa que no es que sean cosas tuyas, sino mías también... La raíz está en que dudo de que siempre me serás fiel... Amor mío, es que te quiero mucho, para que me quede tan tranquilo al lado del mar, ... y, sin barca...

 

Esta vez no me has dejado buen sabor de boca... ¿Ahora me lo dices? ... Hice el viaje sólo para verte, para darte lo que me has pedido en tantas ocasiones; y, en vez de entenderme, dices esas cosas... Menos mal que en cada frase tengo una rama de esperanza, y el brote de la ilusión a flor de piel.

 

Te debo tantas cosas además de carta... Creo que el mundo está lleno de seres entregados... Dos lindezas que sé apreciar en lo que valen; porque tú no eres muy amiga de los cumplidos, y así me gusta.

 

Perdóname todo lo que te haya hecho sufrir... No seas tonta. Es ley de vida. Al principio casi no me conocías, y tuve que aventurar mi postura; pero eso ya pasó.

 

¡Qué hermosa frase! ... Mi cabeza es como un campo grandote: unas veces seco, lleno de una tierra polvorienta y estéril; otras, toda ella es una promesa de verde esperanza... Ahí es donde quería llegar... Pondremos un hermoso cartel, por fuera, en nuestra casa, que diga: ... Somos un poco de viento, un soplo nos hace reír... ¡Qué cosas!, ¿verdad? ... A lo peor, nadie lo entiende, y se quedan sin pasar.

 

No creo haberte dicho nada que te pudiera molestar. ¡Qué va! Lo que pasa es que, en tu carta anterior, había algo que no entendí bien; y, ante la duda, volví a insistir... ¿Cómo puedes pensar esas cosas? ... Tengo ganas de poderte demostrar que ¡nunca! me has hecho nada por lo que poderme sentir ofendido... Por encima de nuestras pequeñas cosas humanas, hay algo sagrado que sólo tú y yo compartimos.

 

Nuestra libertad, tuya y mía, es un tesoro. Nuestra libertad es nuestra voluntad... ¡Qué fácil lo ves todo! ... En cambio yo, creo que no es así. Libertad es una cadena de voluntades: la mía, la tuya, la suya... ¿O no? ... Si mi voluntad es ir y encontrarme contigo, quizá tu voluntad no sea el verme... ¡Qué torpe tengo la lengua! ... Pero lo que te digo, es que libertad no es igual que voluntad: o tú, o yo, estamos en un error craso. Pero eso es filosofía y de ese tema, entiendo poco... No recuerdo si en mi carta anterior te decía que me gustó el poema QUISIERA SABER, al que un día pusiste música. Allí también hablas de libertad:

 

Libertad de amar

de hablar

libertad de hacer

soñar

 

Pero el hombre, no creo que entienda como tú la libertad: y ahí veo el problema. Si todos usáramos el mismo prisma, seguramente sería maravilloso... Hay corceles que de ligeros se pasan; y otros, que no están acostumbrados a las carreras. Los pobres, no llegan nunca; en mitad del llano, quedan sepultados para engordar a los buitres... Luego, cuando me enfado por la forma de decirme las cosas, encima, me regañas por lo tremendista que soy...

 

     

 

Capítulo 8

 

 

Al fin y al cabo,

nos hemos conocido porque hemos intercambiado unos cuantos puntos de vista, partiendo de una inquietud literaria… Esto es – sin que a nadie le duela la expresión – un reproche fino. Delicado como eres toda tú, pero un reproche.

 

Suelo estar cada día más triste, más cansada- Esos ratos, aunque triste, me encuentro más completa… Una vez – me parece que te lo conté – un pobre pajarillo se me murió en las manos mientras pensábamos – los dos – en salir volando hacia más allá de las estrellas… En ese instante, le acompañé en su muerte; luego, he sabido que no me pude morir porque estoy vivo… Tu problema es más que de cansancio, de soledad; y ese es un mal asunto; porque para arreglarlo, debiéramos de estar solicitándonos… Es problema de dos…

 

¿Por qué te complicas tanto la vida?... En ese silencio del que hablas, creo que hay infinidad de respuestas escondidas que tal vez nunca verán la luz… No sé, no sé, me gustaría poder hablar contigo y, frente a frente, explicarte algo más de mi vida. No me la complico, es que alguien se empeña en torcer mi camino, para que vaya por un atajo… Ese silencio mío es el mejor canto de amor a lo imposible… Estoy acabando tu carta y aún sigo sin ver nacer la esperanza.

 

Ya sabes que la sinceridad es lo que espero de ti… Desde la primera palabra – te lo juro – hasta la última que escriba, que será abrazos, puedes contar con mi sinceridad. Es mi – nuestra – piedra de toque y ahí es donde siempre nos encontraremos, por muy duro que sea.

 

Tanto ella como yo, tenemos curiosidad por saber algo de tu vida… No tomo a mal tu frase porque sé que es sincera y espontánea; pero no sé, … dices: curiosidad; … hay entre nosotros algo más; y aún cuando sea por escrito, hemos de reclamarlo. Tenemos derecho a saber más… Desde aquel día gris en que nos conocimos a hoy, ha volado el tiempo y el reloj no se ha parado.

 

También yo estoy cansado… Es que es agotador seguir ese ritmo machacón de la monotonía diaria… ¡Qué felices deben de ser los pájaros y los peces que nunca se repiten!

 

La historia la hacemos nosotros al pasar por el tiempo… Tienes razón; por eso, he querido perpetuar – en lo posible – tu frase… Desde que Dios es Dios, poco antes que el amor fuera amor y el hombre, hombre; existe el tiempo y, con él, nuestra historia… Debe de ser magnífico poder pensar esas cosas; y más, saberlas expresar… Todavía me acuerdo que mientras más insistía en que vinieras, en que hicieras más largas las cartas, en que apretarás más tu cintura contra mi baranda, me decías: ando atareada al máximo.

 

Hay que hacer tiempo. Cada uno ocupa sus minutos en cosas distintas; y, sin embargo, a todo el mundo le sobra el tiempo… No sé si te dije que, algún día, haré un estudio en el que demostraré que no existe el tiempo, sino el aliento. Cada persona tiene un número de respiraciones que dar; y, terminado ese número, muere.

 

Espero que me pongas dos líneas para que podamos vernos, si lo deseas; por mi parte,  así es…  Con verdaderas  ansias  he  deseado  ese momento:

 

llegar allí y llamarte y vernos, hablar, hablarnos y después… Si lo deseas, vale un mundo ese: si lo deseas… ¡Claro mujer! ¿Cómo puedes pensar que, después de todo, no iba a querer verte?... Tenemos que hablar de tantas cosas…

 

Tengo ganas de charlar sobre nuestras ilusiones, libros, hijos de nuestra carne y de nuestro corazón… El gran orgullo nuestro – lo hemos comentado muchas veces  - es poder ofrecer al mundo nuestro hijo, fruto de la experiencia y de las lágrimas… Nos ayudaremos para conseguir esa meta… Ya verás como gustará… Tengo fe en lo que haces… El sol es el astro grande que vigila la vida; y, sobre su cielo, tienes tu esperanza… ¡Adelante!...

 

¡Cómo me reconfortó aquel telegrama poético lleno de luz!:

 

Llegaron tus flores y estrellas stop

tus libros stop

aroma y luz stop

Has venido tú.

 

Hay un inmenso campo donde he sembrado la soledad de mi vida; y ahora, estoy cosechando una tranquilidad salpicada de flores… Veo que la primavera ha entrado para ti, llena de bellos olores.

 

Estoy en un estado moral lamentable, tengo que hacer algo y salir de él… Me hablas de egoísmos, ¡tú!, … ¡que has sido capaz de dar todo por una migaja!... ¡Lástima que mi pluma no sea capaz de decirte la grandeza de corazón que hay que tener para eso!...

 

Cuando voy pasando los renglones y voy meditando en todo lo que ha ocurrido, me sorprende que aún no veas la cantidad de basura humana que nos rodea y rodeamos… Cuando una joya se encuentra en este estiércol, es prácticamente imposible que siga brillando después de un cierto tiempo… Estoy contento de haberte conocido, y de saber esperar esa última carta que quizá se cruce con la mía…

 

 

 

Capítulo 9

 

Estoy confundida por tu silencio

que será, supongo, por las ocupaciones… Cada vez más, necesitamos un lugar tranquilo para reposar… No sé por qué el hombre se ha preocupado en perder la paz. La prisa, la agonía de nuestra vida, la ansiedad perpetua de llegar al mar, hacen que nos vayamos quemando al fuego lento del silencio.

 

Tu soledad, esa soledad en que vives, es una consecuencia de tu silencio… ¡Qué quieres!, ¿Que no me impresione tu lenguaje?... Aún está en mis oídos, aquella frase que se llevo el viento, deprisa, porque olía a pólvora: Daría parte de mi vida por verte feliz… Por eso, por eso, amor mío, tuve que refugiarme en el silencio ¡por eso!...

 

Vives atormentado por algo, sin calma, sin esperanza… Quiero ser consciente: me he puesto el traje nuevo y la gota de aceite me ha caído encima… Tengo que ser feliz por egoísmo, y por dar a los demás mi pan de cada día… La felicidad no consiste en alcanzar la perfección, sino en reconocer que somos imperfectos… Algo de eso debe ser; porque cuesta mucho ser feliz, aunque esté al alcance de la mano…

 

Menuda sorpresa al encontrar que has perdido el humor y la política epistolar: nada de abrazos; vale, así lo haré; pero que conste que me creía sabías leer ese saludo. No volverá a ocurrir… Hay veces que no te comprendo: por una parte me das mucha cuerda y por otra, me la quitas. Sí, será así la vida, pero no lo entiendo… La paradoja siempre me pareció una idea ilógica… El mundo es muy pequeño, el hombre mucho más.

 

Si te comunico todo es porque creo que tú me has sabido entender… Demasiado fácil para que me crea tanto halago. Mi obligación es comprenderte y así lo hice. .. ¿De qué te extrañas?... Te has portado demasiado bien conmigo; justo es que esperes una correspondencia. No me extralimito por parecerte demasiado alegre en mis atribuciones. Poco a poco va cambiando la vida su color y cada uno recogemos, en nuestro campo, la cosecha de las semillas que hemos sembrado; por eso, me alegra de que me digas: Ahora estoy más animada, trabajando con ilusión y fe; parece que estoy en plenitud de inspiración y me siento feliz…

 

Trátala como yo merezco… No hace falta que me lo digas; tus deseos ya son míos y tu promesa, la encuentro en todas partes… Tienes, amor, la voz de aquella rosa y aquel jazmín. Tus ojos son los de aquella chica que viene hacia mí...

 

Las invitaciones son muy bonitas y elegantes… Es que he tenido que forzar para hacerlo como tú mereces. No puedo dejar ningún cabo suelto, porque tú estarás allí, a la hora prevista…

 

Cuando aquella tarde, noche diría yo, porque el cielo estaba oscuro;  hablamos de la unidad, de ser uno solo,  de que el mundo tuviera  una   sola  mano  derecha   y  una   sola   mano  izquierda,

 

¿me explico, verdad?... Pues tú dijiste: ¡Ojalá este año sea el de las manos unidas!... Ya veremos, esto es, una de cada uno… Empecemos, tú y yo, y la cadena cuenta con nuestro eslabón…

 

Pero pasó como siempre que, al final, me sudó la mano y se resbaló la tuya, sin darnos cuenta… Puedes imaginar que con tantas prisas, me resultó imposible llamarte como era mi deseo… Ya lo sé, pero no lo tomo a mal… A veces las cosas salen como uno no desea. Me gustaría que la frase te diera la respuesta a lo que tú me preguntas…

 

Es tanta mi pobreza que ni siquiera tengo un amor para mí sola. … Sobre estas líneas, amor, se me escaparon dos lágrimas. Dos gotas tontas. Me dices que te quiera hasta abrazarme a tu cruz de palo seco, y, sin embargo, el mar ha rebozado las olas, con una enorme resaca. Se estrellaron contra mi dique y la espuma, hecha agua salada, corre por mis mejillas, quemándome a su paso… Y tú, bajaste esa mano gastada de estar dando, y paraste esas dos gotas tontas de la espuma; y sé que son dos, no por haberlas contado, sino por haberlas sentido como salían… Me quedé callado, mirándote tan cerca, Dios mío, que me dio miedo; tanto, que de pronto creí que te perdía… Te prometo que haré un dique más alto, mucho más, y contendré la espuma con un gesto, con un silbato, con un golpe del corazón, ¡aunque se rompa en cien mil pedazos! … ¿Por qué, egoístamente, te quedaste con esas gotas tontas de la espuma?... El aire de la noche seca todo, hasta el agua salada… Sólo tú y yo, y la luna dibujada, vieron romperse el dique y temblar mi cuerpo. Esa espuma aún caliente, porque mi mar está dentro, se quedó prendida entre tus dedos; y, como pompa de jabón, se fue secando sola; pero el calor, el sabor de esas gotas tontas te quemó los dedos… Dios mío, si supiera como tengo que hablarte, te hablaría; pero el silencio es sabio y la noche me da miedo… Sé que conoces el cáliz de amargura… ¡Qué no sabes tú, que todo lo creaste!... Pero hasta tú, Dios mío, pediste que pasara y pronto – lo he leído – porque no podías más soportarlo… Ahora yo, en ese monte azul que cubica tu mano con esa expresión tuya tan caprichosa, postrado te besé la mano, sin darme cuenta… Hacía tiempo que pensaba regalarte algo, y no encontraba nada: pintar, no sé; escribir, tampoco… Hoy, lo he encontrado,  lo  has  encontrado  mejor  dicho:   para ti y por ti son

esas gotas tontas de la espuma… Tengo fe ciega en que nunca podrás profanarlas, como si fueran gotas de rocío; que las he visto profanar con los zapatarrancos de los hombres sin conciencia; sin dolerles lo más mínimo, la ternura y la blandura de la gota.

 

Perdóname que la espuma se saliera, perdóname porque nunca tenías que enterarte de que mi dique era tan débil y mi mar tan grande. Perdóname aunque no haya nada que perdonar, porque es hermoso saber que se puede perdonar donde no hay que… Una vez perdonado, acéptame ese pequeño, ridículo regalo, y consérvalo en tu mano, hasta que un día, entre sombras, sueños, deseos y, eso sí, verdades; me las pueda beber de tu propia mano… Te las doy de corazón, porque fuiste capaz, y me lo has demostrado en muchas ocasiones,  de quedarte con ellas sin pedírtelo, hasta que se te secaron en tu mano… Es mi mejor regalo; sólo que no debiste estar en la tienda, cuando lo estaba comprando.

 

 

Capítulo 10

 

¿Qué tal te fue? ¿Cómo me ha de ir? … Bien… Un poco bien… No sé por qué soy un poco triste cuando tengo que contarte algo… Me parece que es la sombra de tu cintura la que me vuelve loco y me da miedo perderla. Eso será, y cuando hablo se taponan mis labios con tu risa, y ya no sé qué decir…

 

Contéstame lo antes posible Ya, ya lo hago, … pero quería tener materia de qué hablar. Recuerda que siempre me has echado en cara que no te contaba nada, que siempre ando exigiendo y que no digo ni pío… Este es mi mejor y mi más largo trino que pude hacer por ti. Creo que en ella – en esta carta mía – va toda mi vida, tal como tú querías conocerla, quizá de más, no sé, eso serás tú quien lo digas.

 

Claro que somos amigos, Pablo… No sé cómo voy a decírtelo, me duele el aliento de quejarme ante el espacio que hay entre nosotros, de que no quiero esa amistad de papel y pluma… Quiero, exijo más. ¿No ves lo que te estoy dando? …

 

Quiero volar, aunque después me canse de hacerlo y no encuentre árbol donde posarme… Te comprendo, esa es mi lucha, … pero mil veces me he disfrazado de árbol… pero aún no estabas cansada…

 

Y contarte algo de esta vida míaDeseo estar apretado en tus sentidos para saber el color de tu pelo y el guiño del ojo cuando hablas de mí.

 

Tengo mucho interés por que lo recibas como tú siempre lo haces ¿A qué buscar más vueltas a las cosas… Me pides un favor, pues ya está hecho…

 

Tal como acordamos te envío a mi primo… Que venga cuando quiera, que la fuente está hecha para que todos beban… ¿Qué fin tiene el manantial si nadie lo utiliza? ¿De qué vale la risa si todos están llorando? …

 

Era lo que tú decías: Cultura es abrir la mente y sembrar en ella un montón de por qués… Hagamos de nuevo nuestra torre y encerremos en ella nuestra pena. Los hombres se odian y tú y yo tenemos la culpa…

 

Hicimos mal en separarnos una vez de habernos conocido; juntos habríamos conseguido mucho más… El sol se pone cada día por vergüenza de tantas cosas que el hombre deja por hacer… Cada día que pasa, el cuerpo lo nota… No era un reproche, no lo he tomado a mal. Es una ley inexorable.

 

Me encanta hablar con personas mayores… ¿Te lo he ocultado alguna vez? … ¿Por qué tienes que echármelo en cara? … ¿Era necesario? … Ya lo sé, lo sé… pero no me lo repitas…

 

Eres, en cuanto a mí, demasiado poeta y poco realista… Tengo que verte así, he de idealizarte; para llegar a ti, hay que subir muchas escaleras… Eres demasiado buena para ser humana…

 

Pero yo me canso, me canso

y es que…

No quiero tus cenizas.

 

Es sencillo querer a quien demuestra cariño, es sencillo ofrecer a quien te ha ofrecido. Te he contestado con otra frase tuya que se me clavó como una espina. ¡He aprendido tanto de ti! Recito de memoria tus palabras porque son mejores que las mías, porque en cada instante sabes qué palabras debes escoger.

 

Gracias, no a ti, más bien al habernos conocido… Para mí – tremendamente egoísta – el mundo ya ha cubierto su etapa. Nos conocimos y ahora tengo que corregir esta manía de querer ser ante todo espíritu, porque entre nosotros ha de haber hambre de perfil o de crujidos a lo vivo, o de frenar de golpe el corazón ante un beso robado.

 

Hacía mucho tiempo que no sabía nada de tu persona Rodé por los caminos, quise ver el cielo y las nubes, quise aprender a andar solo y me he caído. Se me vino la soledad encima y, poco a poco, me aplasta el vientre.

 

Viendo casas, árboles y flores nuevas, sintiendo el aire de un mar, promesa de unas gentes sencillas Supe sacar partido a la distancia y alguien me oyó, noté la diferencia.

 

Un Avila silencioso, dormido como siempre, protegido por las piedras casi milenarias; luego ese Madrid… insoportable, pero tan atrayente… Es problema de ser, tú lo dijiste una vez. Tenías esa tarde inspiración de catedrático: Artista todo aquel que busca una respuesta a esa pregunta constante… Y después vino el silencio. Me definiste y acepté la derrota, no me gustan las casillas, pero esa la acepté, era lo lógico.

 

No te das cuenta de que me rompes el alma con todo esto. Me duele el daño que hago al vuelo de una hoja muerta… ¿Serías capaz de pedirme que te olvide? ¿Crees que dejaré algún día de quererte? …

 

Cuando en la noche de tu vida encuentres a alguien que te sepa comprender… ¿A quién tengo que reclamar? ¿Desde qué monte he de chillar mi nombre entero para exigir mi parte en este juego? … Tengo, la sed de quien lleva años a base de jugos y ahora me dices esto.

 

 

Capítulo 11

 

Sé feliz … Ya lo soy -- amor --; desde lejos, ya lo soy; pero mi egoísmo me pide más y más, a pesar de no conocernos cara a cara, como ya nos conoceremos. A veces deseo que venga pronto ese día, otras veces soy tan raro que me gusta alejarlo… Prefiero evocar o recordar a distancia, que olvidar en la cercanía… Siempre te pediré silencio, porque tu palabra es demasiado hermosa para mis pobres oídos… No te rías de mí … ten en cuenta que … de la forma de amar de cada uno … no se debe reír nadie…

 

Porque creo en ti acepto tus palabras, porque eres sincera no te suelto una fresca; la frase es demasiado seria para ser tuya: Una no tiene la suerte de valer la mitad de lo que tú vales… Quizá sería más bonito y elegante darte lo que escribo cada noche después de querer  dormir  sin   poder.     Ha  sido  preciso   leer   por  segunda  vez   tu  PERDÓN

 

(la primera lo dijiste en voz alta) para lanzarme, después de sujetar – con no sé qué mano – algo amargo y dulce que me duele dentro… Tengo dos gritos en mi vida, con los cuales estoy volviendo loco a todo el mundo: Compro amor, vendo felicidad…

 

Si alguno de los que me lean quieren ganar dinero, que me avisen. No creo que haya nadie en el mundo que pague mejor que yo… Unos te lo venden y otros te lo cambian por un sacrificio o por un trabajo…

 

Y así voy pasando por la vida, ésta es mi labor: comprar y vender…

 

Cuando esté más seguro en el negocio, voy a dedicarme (nunca es pronto) a comprar felicidad eterna – porque hay locos que también la venden por treinta monedas – a ver si puedo así conseguirme el cielo, con mi trabajo, con mi sacrificio, o incluso cambiando el amor terreno por el eterno amor a Dios.

 

Cuando hoy se ponga la tierra su sombrero de oro, seguiré con mi pregón a cuestas. Por cada flor que me entregues, yo te daré un ramo – macizo de rosas rojas.

 

Tengo que llegar más allá de mí, de todo cuanto me rodea… Te comprendo, tu virtud está ahí.

 

Yo soy feliz teniendo amigos, … Pero esos amigos crecen y se hacen amigos íntimos y luego exigen y luego complican…

 

Otro rato seguiré contigo, … eso es otra cosa ¿Ves? … Cuando llega el momento de dar, todos se hacen los sordos… Es … ¡para volverse locos!

 

Con este jaleo permanente en mi cabeza, no voy a saber nunca cuando de verdad quiero… Se nota, no te preocupes, … es una sensación maravillosa que no se puede describir – bueno, tú sí. Tú lo hiciste en una carta anterior, y se me quedo marcado en mis sienes…

 

Bueno, sea como tú dices; no lo entiendo bien, pero sea: Toda persona que escucha, piensa; y si piensa, forzosamente comprende.

 

Necesito sentirme últil y realizarme en todos los aspectos… A fuerza de gritar, estoy afónico; haz algo que dé a tu vida un nuevo aspecto, una nueva proyección te pide el mundo y los demás – el primero, yo… ¡Lo necesitamos!... Te queremos siempre cambiando.

 

Tus palabras han regado un poquito esta tierra seca. Agradezco y valoro en lo que vale tu ayuda y tu interés por mis cosas… No hago más que corresponder de igual modo que tú lo harías… Además quién va a hablar, cuando siempre te ha faltado tiempo para actuar… Tan pronto te enterabas de algo mío, ahí estaba ayudándome.

 

El último día vi algo en ti que se me escapaba, pero no me atreví a preguntar… Seguramente presentías el miedo que tengo a no contar contigo algún día. La esperanza es un arma de dos filos: puedo amar intensamente a una persona determinada por cierto espacio de tiempo y luego no amarla… Ahí está mi miedo justificado. Es que muchas veces me paso las noches en vela intentando arreglar las cosas nuestras, pero acabo dormido y me despierto con las pesadillas.

 

Estoy esperando tu llamada, pero nunca llega… Hace tiempo, y no pude precisar ni cómo ni cuando, se me ha perdido la ilusión a la vida… Quizás vaya con la esperanza, pero no es probable: fueron distintas fechas… Si alguien la encuentra, por favor, aquí estoy para agradecérselo… Ya sabéis donde estoy: … A la sombra de tu sueño, … esperando a que vengas a por mí.

 

Estaba preocupada por no tener noticias tuyas… Te he hablado en el silencio de la noche y tú no has sabido entenderlo … Cada uno da lo que tiene y el otro ha de ser feliz recibiendo… No tengo ningún derecho a recibir tanto, dando tan poco.

 

Te aseguro que me costó trabajo salir de ahí sin haberte visto… Otoño. Empezó a llover. Y unas gotas irrespetuosas se acercaron a mi ventana. Llamaron; pero, como no les hice caso, siguieron insistentes, hasta que tuve que asomarme para ver qué querían… Las gotas juguetonas bailaban sobre mis pestañas. El sol tenía tapada la cara por unos nubarrones negros y feos; pero, sus rayos atravesaban… Las estrellas, aunque no se veían; juguetonas, cantaban:

                                                                                                  

¡Que llueva, que llueva! …

 

                                        Pablo Chaurit

 

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