Poeta de hoy en Santiago de Cuba

 

Belkis Crespo Abreu

 

 

 

Ciudad en el umbral del poema

 

Hoy mi ciudad es un espejo

que anuncia los cuchillos de la noche

la adolescente que espera en un portal

el lejano quejido de un tambor.

 

Y en el cristal no están en venta los valores

el lumínico cartel habla de los otros

y de aquellos que en el parque

invitan a un café.

 

Y voy a la cita

a contemplar esta aldea que se pierde

entre los versos de Regino

y bebo estas calles que acostumbro

sorbo a sorbo.

Las casas se agigantan

los rostros se detienen en el umbral del poema.

 

Que no filtre el vidrio un sin fin de sombras

a confundirse con esta madrugada

disfraz del borracho que se burla

o acaso miente fingiéndose una historia

en este no estar y ser los otros

los que parten o esperan en el límite

o aquellos en la pared que juzgan

sin importarle habitar en el silencio.

 

Hoy mi espejo exhibe sus entrañas.

 

 

 

 

 

 

Son contados los días

que no sostengo el límite en las manos

el poco espacio que me das

el instante

y temo a esos ojos que envejecen conmigo

ojos que son silencio

pantalla semioscura

donde verdad y mentira se confunden

ahora que no tengo nombre

borradas mis huellas

no sé quién soy

hay poco agua en esta franja

poca lumbre

y no encuentro nada

que me devuelva a la realidad.

 

 

 

Dentro de sí

 

Tardes milenarias rompiéndole dentro.

Cómo matar el hambre

de muertes y olvido.

Cómo extraer de la lluvia el verbo

los feroces intentos que irrumpen

cuando las manos se abren al vacío

las paredes se tornan rejas resentidas

y no te encuentras

ni en la sombra que frente a ti se desvanece

y eres un niño perdido

en el grito rebuscado en la memoria

reconstruyendo las ruinas de lo que fue tu casa

con pasos siempre como fotografías

sobre los refugios de aquellos barcos de papel

que lloran al agua

el giro constante del recuerdo

y un pedazo de mar para colgar la canción.

Una familia gris, sin fuego

repartiendo el pan

sin más ceremonia que comerlo en silencio

con los ojos cerrados

para no ver las sombras

dueñas de cosas que no se nombran

y se extienden, como una sorpresa más sobre la mesa.

Donde encontrarte.

El que marchó no traerá las horas vividas

tampoco podrá encontrarse

ya no hay barcos de papel

el resto de un naufragio es terrible

cuando un pájaro emigra dentro de sí mismo.