Breve Semblanza de

 

José María Heredia y Heredia

 

Figura relevante de la Literatura Cubana

 

por  Armando Palma Laterrade

(Primera parte)

Se izaron las velas, el viento alejó la nave que llevaba a José María Heredia y Heredia, uno de los cubanos que más ha amado a su patria. Herido en su cuerpo y destrozada su alma, viajaba por última vez rumbo a México, el que para Martí fuera, el primer poeta de América.

 

Y mientras la proa cortaba las olas del golfo, recordó José María, las veces que había acompañado a su familia por varios países del continente americano. Recordó a su padre, José Francisco Heredia, muerto en octubre de 1820 en tierra azteca, y cómo unos meses después, regresaba con su madre, María Mercedes Heredia Campuzano, y sus cuatro hermanas menores, a residir en La Habana; y luego en Matanzas, donde ejercería la abogacía.

 

Para Domingo del Monte, otro cubano ilustre, era Heredia un poeta extraordinario. Aclamado por muchos que admiraban en su rostro los resplandores del genio, visitó en Matanzas junto a su amigo Del Monte, la tertulia de Ignacio Valdés Manchuca.   Pero era también a los diecinueve años, un conspirador que amaba la libertad tanto como a las palmas; por eso, se vió complicado en la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar, con el propósito de obtener la independencia de Cuba del colonialismo español. Delatado, en 1823 escapó a los Estados Unidos a compartir junto al padre Varela su sufrimiento. Otro enemigo, el invierno, lo hirió en los pulmones; herida que junto al dolor del destierro y de ver la patria esclava de España, lo apartaría de la vida años después, en la misma tierra donde murió el padre.

 

En Estados Unidos, admiró la figura del padre fundador, Washington, y las instituciones políticas de la nación norteamericana. Publicó en 1825 la primera edición de su poesía. Un lote de esos libros circularon en Cuba. A petición de Domingo del Monte, el célebre crítico español Alberto Lista, dio un juicio sobre la poesía de Heredia en 1828, y dijo del bardo: “… El fuego de su alma ha pasado a sus versos, y se transmite a los lectores que toman parte en sus penas, en sus placeres; ven los mismos objetos que el poeta, y los ven por el mismo aspecto que él. Siente y pinta, que son las dos prendas más importantes de los discípulos del gran Homero, esto es decir que el señor Heredia es un poeta, y un gran poeta…”.

 

Pero la nostalgia del desterrado hizo mella en él. Ante la desolación del paisaje que le provocaba el crudo invierno, sintetizó su tristeza en este fragmento de su poema “A Emilia”:

 

… Desnudos gimen

por doquiera los árboles la saña

del viento azotador. Ningún ser vivo

se ve en los campos. Soledad inmensa

reina y desolación, y el mundo yerto

sufre del invierno cruel la tiranía.

 

¿Y es ésta la mansión que trocar debo

por los campos de luz, el cielo puro,

la verdura inmortal, y eternas flores

y las brisas balsámicas del clima

en que el primero sol brilló a mis ojos

entre dulzura y paz… ?

 

 

Emprendió en 1825, tras año y medio de estancia en los Estados Unidos, su viaje a México. El buque que lo conducía cruzó frente a las costas de Cuba. Al contemplarla, compuso Heredia su “Himno del Desterrado”, que es un himno para el combate, repetido por los cubanos de generación en generación, y donde, en su última estrofa, clama:

 

¡Cuba! al fin te verás libre y pura

como el aire de luz que respiras,

cual las ondas hirvientes que miras

de tus playas la arena besar.

Aunque viles traidores le sirvan,

del tirano es inútil la saña,

que no en vano entre Cuba y España

tiende inmenso sus olas el mar.

 

 

En México, a donde acudió al llamado del presidente Guadalupe Victoria, fue periodista, profesor, juez  -- cabe señalar el cargo de Ministro de la Audiencia de Toluca --, soldado, político y poeta. Corregida y aumentada en dos tomos, apareció una segunda edición de su poesía en 1832.

 

Deslumbra Heredia por su condición de poeta descriptor: nadie como él pintó el Niágara con palabras tan llenas de emoción, ni tradujo el alma del paisaje de manera tan fiel. Absorto ante la catarata, llenó de emoción su lira para que brotaran como manantial sus versos:

 

Más llegan … saltan … El abismo horrendo

devora los torrentes despeñados:

crúzanse en él mil iris, y asordados

vuelven los bosques el fragor tremendo.

Al golpe violentísimo en las peñas

rómpese el agua, y salta, y una nube

de revueltos vapores

cubre el abismo en remolino, sube,

gira en torno, y al cielo

cual pirámide inmensa se levanta,

y por sobre los bosques que le cercan

al solitario cazador espanta. 1

 

A los diecisiete años escribió su poema “En el teocalli de Cholula”; sus estrofas nos traen toda la maravilla que el espectáculo brinda.

 

¡Cuánto es bella la tierra que habitaban

los aztecas valientes! En su seno

en una estrecha zona concentrados,

con asombro se ven todos los climas

que hay desde el Polo al Ecuador. Sus llanos

cubren a par de las doradas mieses

las cañas deliciosas. El naranjo

y la piña y el plátano sonante,

hijos del suelo equinoccial, se mezclan

a la frondosa vid, al pino agreste,

y de Minerva el árbol majestuoso.

Nieve eternal corona las cabezas

de Iztaccihual purísimo, Orizaba

y Popocatepetl, sin que el invierno,

toque jamás con destructora mano

los campos fertilísimos, do ledo

los mira el indio en púrpura ligera

y oro teñirse, reflejando el brillo

del sol en occidente, que sereno

en yelo eterno y perennal verdura

a torrentes vertió su luz dorada,

y vio a Naturaleza conmovida

con su dulce calor hervir en vida. 2

 

Y “En una tempestad”, otra de sus grandes creaciones, es como si, junto a sus versos, la lluvia nos cayera a torrente y el viento del huracán nos arrastrara hacia la majestad de lo creado.

 

Llega ya … ¿No lo veis? ¡Cuál desenvuelve

su manto aterrador y majestuoso …!

¡Gigante de los aires te saludo …!

En fiera confusión el viento agita

las orlas de su parda vestidura…

……………………………………

¿Qué rumor? ¿Es la lluvia…? desatada

cae a torrentes, oscurece el mundo,

y todo es confusión, horror profundo,

3

 

Diputado en México, abrazó las ideas que lo llevaron a luchar por las libertades humanas y renunció ante la usurpación y tiranía que el general Santa Anna, quien antes fuera su amigo, sumía al pueblo.

 

Una luz se encendió en el camino de Heredia, podía acogerse a los beneficios de una amnistía y volver a su madre, visitar su patria. Cifró sus esperanzas en ella y redactó al capitán general Tacón, para que lo dejara regresar a Cuba, una polémica carta que desaprobaron en ese momento la mayoría de los cubanos que otrora lo admiraban. Sólo Domingo del Monte recibió en La Habana al bardo, quien después de visitar a su familia en Matanzas, regresó ya muy enfermo, a morir en la tierra que lo acogió como a un hijo, el 7 de mayo de 1839. Había permanecido en Cuba desde el 4 de noviembre de 1836 al 15 de enero de 1837.

 

Estas diversas facetas que pudieron confundir a los admiradores del bardo en cuanto a su actitud para con España, sólo nos muestran la transparencia de sus ideas y el ilimitado amor a su patria. Y, si el padre Varela desde el Seminario de San Carlos, con sus escritos de inspiración filosóficos y con el ejemplo de su vida, enseñó al cubano a pensar; se puede decir que fue Heredia el que, con su poesía, enseñó al cubano a pensar en la libertad del hombre, como concepto supremo de todas las libertades. Y es que no fue por titubeo de sus ideas, por lo que escribió la carta a Tacón, sino por seguridad de que ningún traspié borraría lo que él legaba a la posteridad.

 

Notas:

1 -   Estrofa del poema “Niágara”

2 -   En el teocalli de Cholula

3 -    Fragmentos del poema “En una tempestad

 

(Segunda parte)

 

El origen de la literatura en Cuba se remonta a la llegada de los españoles, en octubre de 1492.

 

Habitaban la isla, distintas culturas aborígenes de origen Arauco como tainos, siboneyes y guanahataboyes. A diferencia de otras regiones de América, donde existían sociedades como la de los aztecas, mayas e incas; que poseían un desarrollo económico, social y cultural; que dejarían su impronta en las naciones que se irían formando tras el encuentro de estos dos mundos; los aborígenes cubanos poco podían aportar, a no ser la esclavitud a que fueron sometidos, ciertas palabras y algunos productos agrícolas que los conquistadores incorporarían a su habla y forma de alimentación y que han llegado hasta nuestros días.

 

Las primeras manifestaciones literarias en y sobre Cuba, van a ser las de los cronistas españoles. Estos escritos nos dan un panorama de la vida en la isla a finales del siglo XV   y   en   el   siglo   XVI.     Por   ellos ,  sabemos   cómo desapareció casi totalmente, en apenas unas décadas, la población aborigen cubana; y la lucha del padre Las Casas, por tratar de salvar a los indios del genocidio a que estaban sometidos.

 

En el 1608, aparece el primer poema épico escrito en Cuba y cuyo texto se conserva: Espejo de Paciencia. Su autor, Silvestre de Balboa, natural de Gran Canaria, que vivía en ese entonces en Puerto Príncipe, nos narra el rescate del Obispo Juan de las Cabezas Altamirano, de manos del Corsario Gilberto Girón, donde Salvador Golomón, negro esclavo, dio muerte al corsario y logró con ello su libertad. Para los estudiosos, es una obra de escaso valor poético.

 

“Después de “Espejo de Paciencia”, por lo tanto, y hasta que aparecen los primeros poetas apreciables, la versificación en Cuba consiste en ejercicios retóricos o composiciones festivas y satíricas. Esta última dirección continuará durante todo el siglo XVIII y el XIX“, señala Cintio Vitier, en su libro “Lo Cubano en la Poesía”, y sigue:

 

“El primer núcleo importante de nuestra poesía lo constituyen; Manuel Justo de Rubalcava (1769-1805), Manuel de Zequeira (1764-1846) y Manuel María Pérez y Ramirez (1781-1853)”. Los historiadores de la literatura cubana consideran a éstos, poetas de poco aliento y de composiciones incorrectas, a los que se les puede señalar momentos felices en su poesía y que alcanzaron en su época, cierta resonancia.

 

 

(Tercera parte)

 

“El primer poeta de América es Heredia. Sólo él ha puesto en sus versos la sublimidad, pompa y fuego de su naturaleza.  Él es volcánico como sus entrañas, y sereno como sus alturas”.  Estas palabras del Apóstol de Cuba, José Martí, dan una visión de lo extraordinaria que se muestra la figura de José María Heredia y Heredia, quien nació el 31 de diciembre de 1903 en Santiago de Cuba. A los ocho años traducía del latín; y, ya adolescente, lo hacía del francés. Desde niño, componía versos sublimes que leía con elegancia a sus padres y amigos.

 

Cintio Vitier comienza la tercera lección de su libro Lo Cubano en la poesía, del que ya hemos hecho referencia, con estas palabras:

 

“Por los dones líricos, la cultura y la sensibilidad patriótica, José María Heredia (1803-1839) es nuestro primer poeta cabal…

… Esa profunda y delicada identificación entre su intimidad y sus ideales, entre su vida emocional y sus convicciones políticas, es lo que hace de Heredia, sin disputa, el primer lírico de la patria, el primer vivificador poético de la nación como necesidad del alma.”.

 

Sin duda, está Heredia entre los más altos exponentes de la literatura cubana.  No sólo se manifestó como poeta; su actividad intelectual lo llevó al teatro, fundó revistas, dirigió periódicos, escribió artículos de crítica literaria, pronunció discursos; fue profesor de español en un colegio  neoyorquino;   aceptó  pertenecer  a  la Academia Mexicana de la Lengua Española, fue uno de los miembros fundadores de la Academia Nacional de la Historia de México,  etc. …

 

Enrique Piñeyro, -- uno de los mejores críticos literarios del siglo XIX --, al referirse a Heredia, dijo: “Llamarlo el primer poeta de América sería quizás mucho aventurar y provocar inútiles comparaciones; pero no titubeamos en afirmar que no conocemos otro vate, en el Norte o en el Sur, que se remonte más alto que él en sus buenos momentos: Bryant o Longfellow, Bello u Olmedo, no pueden considerarse superiores a él”.

 

Tanto se ha escrito sobre Heredia, que el hacerlo hoy, sería repetir lo dicho ya por muchos admiradores y estudiosos de su vida y obra desde el siglo XIX. Mi intención en esta brevísima semblanza del gran lírico, no es más, que presentar a grandes rasgos la figura de uno de los principales poetas cubanos, y como dijera Martí: “… recordar que fue hijo de Cuba, aquél de cuyos labios salieron algunos de los acentos más bellos que haya modulado la voz del hombre, …”.

 

Armando Palma Laterrade

                                                                              

 

                                                                                 José María Heredia

                       

 

 

  

 

Bibliografía - Bibliography

 

 

Max Henriquez Ureña:

Panorama Histórico de la Literatura Cubana, Tomo 1

Historical view on Cuban Literature, book 1

 

Cintio Vitier:

Lo Cubano en la Poesía. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1970

Cuban behaviour in Poetry.

 

Ofelia Llenín del Alcázar:

Heredia visto por Martí. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1970.

Heredia seen by Martí.

 

Eduardo Torres-Cueva y Oscar Loyola Vega:

Historia de Cuba, 1492-1898. Editorial Pueblo y Educación, 2001.

 

Ana Cairo:

Heredia entre cubanos y españoles. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2003.

Heredia among Cubans and Spaniards.

 

Salvador Arias:

Poesía Cubana de la Colonia. Antología - ditorial Letras Cubanas,

La Habana, 2002.

Cuban Poetry in the Colony.