Poeta de hoy en Buenos Aires, Argentina

Nydia de Samyn

 

Tríptico a la pureza

 

La Rosa

 

Allí la puso Dios y así la quiso.

Espiritualidad en la materia.

La rosa blanca en el jardín umbrío

trascendiendo en perfume de su esencia.

De haber sido mujer, no hubiera el malo

podido abrir en ella fina grieta.

Porque ella es rosa. Simplemente rosa.

Dulce inocencia ajena a la caída.

Mientras el cielo se perfila en ella

toda la humanidad muere de envidia.

 

La rosa y el hombre

 

La rosa en el jardín

de su blancura asoma.

Ni el viento, ni la brisa,

conmueven su corola.

No se atreven la abeja,

ni la azul mariposa,

porque está su pureza

más allá de las cosas.

La tarde, cuando llega,

me trae una congoja.

No está sobre su rama.

¿Dónde se fue la rosa

que estaba en la mañana?

¿Dónde quedó la rosa?

Es mi pregunta vana.

Es mi silencio vano.

Y el hombre, como siempre,

escondiendo su mano.

 

 

La rosa y la mujer

 

Miro la rosa y es como si el viento

me limpiase   l polvo y de las cosas.

Como si se me fuesen las palabras

y se me desprendieran las ojotas.

Y busco la pureza de la flor

en el pétalo azul de mi corola

y no hallo su inocencia y su candor

y entristecida, admito mi derrota.

Pero la obra de bien que me sostiene

como imagen de Dios, me reconforta

y esperando su gracia, en la penumbra

callada del jardín, miro la rosa.

 

 

La rose et la femme

 

Je regarde la rose et je sens comme le vent

me libère de la poussière des choses.

C’est comme si mes paroles s’échappaient

et mes pieds se déchaussaient.

Et je cherche la pureté de la fleur

dans le pétale bleu de ma corolle :

hélas !, Innocence et Candeur sont absentes.

J’admire tristement ma défaite.

Mais l’œuvre de bien qui me soutient

comme l’image de Dieu, me réconforte.

J’attends sa grâce et dans la pénombre

silencieuse du jardin, je regarde la rose.

Poème de Nydia Samyn traduit en français par Mariette Cirerol

 

 

 

 

 

 

Ante un niño olvidado

 

Qué gloria guardarás para este niño.

para este cuerpecito hambriento y frío!

¡Qué azul serán las alas de tus ángeles!

¡Qué de verde esmeralda, tus praderas!

La música le hará ronda de estrellas

en el canto de las constelaciones

y hacia Tu Dulce Amor, sobre Tu Pecho

se apoyará, ramito perfumado.

Yo sé que le darás algún juguete

que dibuje en su boca la sonrisa

que el hombre le ha quitado.

 

 

 

Anges III du peintre d’aujourd’hui :

Jacqueline Esseiva

Fribourg, Suisse

 

 

Otros poemas de Nydia Samyn: Ellos

 

Yo no sé cómo volver