génesis

 

 

Y NO PODÍA el hombre diferenciar la luz de las tinieblas, porque no sabía ver la luz; que no es la luz del fuego que calienta y alumbra, es la luz que no permite las tinieblas. Y no son las tinieblas lo frío y oscuro, es ver tinieblas donde hay luz, que es un no comprender las cosas que se han dado desde el tiempo en que el Hombre vive con el hombre. Y no se entendía más sobre otros soles y otras lunas que el único sol y la única luna que se alza sobre los ojos. Como no se entendía de la grandeza de la gota de rocío ni lo mucho que haría al crecer la espiga de trigo por la vida.

 

Y en esos remotos tiempos en que tampoco se sabía oír en la calma, Prometeo se hace grande. No por traerle la luz al hombre sino la diversidad. El poder, el hombre, calentar y alumbrar su cuerpo con la luz del fuego, o quedarse en la oscura y fría noche.

 

Pero Zeus castigó a Prometeo por traerle la diversidad a los hombres porque no sabía, él, ver la luz. Y al no poder el hombre entender más sobre estas cosas, alejó a Prometeo, a Zeus, y a los otros dioses por ser muchos y pocos entendidos. Y al alejar a los dioses, el hombre empezó a apartar de la luz las tinieblas; y vio y escuchó muchas cosas: lo mucho que habla el silencio, que nos permite oír el afanoso ruido de lo creado; y lo mucho que se ve en la soledad divina, que es la soledad del sosiego y la meditación.

 

Entonces comprendió el hombre que no hay tinieblas; que las verdaderas tinieblas están en no poder ver la luz que hay en la luz y la luz que reina en lo oscuro, que es también luz, que aunque oscura permite el reposo y la oración: que es conversar el hombre con el Hombre, pudiendo dar en ese contacto en forma de inspiración, lo sublime. Y todo lo creado es fruto de

la meditación y el sosiego que tuvo lo sublime en los días en que reinaba sobre la nada.

 

Y el hombre puede ver con los ojos de la fe esa luz superior de donde nace todo lo creado y que hace que el hombre también sea luz. Porque lo sublime le da luz al hombre por ser lo más perfecto y amado de su creación. Y la luz sublime se recrea en la nada, reina sobre la vida y crea el gran sueño, que en la esperanza que cada hombre tiene de vivir con el Hombre en lo eterno. Porque no sería nunca feliz el hombre si no tuviera la esperanza de lo eterno.

 

Y la grandeza de la gota de rocío no está en ser una gota de rocío, está en lo que da el equilibrio de la vida.

 

Y no haría mucho por la vida al crecer la espiga de trigo, si creciera para ella. Pero al crecer para alimentar al hombre cobra tal importancia que el hombre cuida y ama la espiga de trigo.

 

Y no sería para el hombre la luz sublime superior a la otra luz, si ésta no le hubiera dado, al hombre, la esperanza de lo eterno: que es un poseer todas las cosas buenas de este mundo por siempre.

 

Porque las tinieblas nos producen una intensa fatiga, una herida casi siempre irreparable.

 

Pero el contacto con la luz es el renuevo que el Hombre le permite al hombre, para sabiduría y gloria.

 

 

Armando Palma Laterrade

Poeta de hoy en Santiago de Cuba, Cuba