John Donne

o el péndulo de lo paradojal

La alquimia de su personalidad

 

John Donne (1572-1631) es el más actual entre los llamados poetas “metafísicos” ingleses del siglo XVII. Para este espíritu cuya cualidad es lo paradojal tanto en su vida como en su obra, la poesía es la resolución de conflictos internos y el modo de conciliar fuerzas discordantes. Pero existe una doble y casi completa identidad entre el poeta y “esa otra armonía de la prosa”, como él mismo la califica. Identidad que se mani-fiesta en pensamiento y experiencia, en lenguaje y recursos técnicos.

 

Nacido en Londres, en el seno de una familia católica apostólica romana, no puede doctorarse en Oxford pues su condición religiosa se lo impide. Estudia leyes en Lincoln’s Inn, donde en 1616 se lo nombra “Preacher” (predicador) en estudios teológicos. Domina varios idiomas (latín, francés, español, italiano, entre otros). Escribe poemas y concurre a las tertulias de “The Mermaid Tavern”, donde mensualmente se reúne el llamado Club de la Calle Viernes, que agrupa a las más representativas figuras literarias de la época.

Conoce la aventura (participa en la expedición contra Cádiz y las Azores); conoce la política (como miembro del Parlamen- to) y el púlpito (como capellán real).

Conoce la prosperidad desde la cuna y luego, la miseria. Tras casarse en secreto con Ann More, sobrina de su protector: Sir Thomas Egerton, pierde su puesto y es encarcelado. Su mujer queda sin dote. Durante más de quince años el matrimonio, con doce hijos, sufre toda clase de privaciones. Su juego de palabras: John Donne - Ann Donne - Undone [Destruidos] se hace realidad. Sobre sus pasos durante aquella época, fabula Virginia Woolf: “...aquí, en Inglaterra, en Londres... la calle se estrecha, la casa se vuelve pequeña, apretada, maloliente. Vemos a un poeta, Donne, empujado de esa casa porque las paredes eran tan finas que las voces de los niños al gritar las atravesaban. Podemos seguirlo, por los senderos que hay en las páginas de sus libros, hasta Twickenham; hasta Lady Bedford’s Park, un famoso lugar de encuentro para nobles y poetas...”

Conoce el gran amor (su esposa) y su pérdida (ella muere y él se entrega a la meditación y al ascetismo). En un proceso gradual, Donne se lanza contra la Compañía de Jesús con sus obras “Pseudo-Martyr” (1610) e “Ignatius his conclave” (1611). Es ordenado clérigo anglicano y, en su madurez, nombrado Deán de la Catedral de San Pablo.

 

Este ser escindido “cortesano y misántropo, amante platónico y libertino, asceta y disoluto”, cumple su propio proceso alquímico en el devenir de su personalidad. Todo esto en apenas sesenta años. Sesenta años que en forma premonitoria menciona en los últimos versos de “El aniversario”:

 

Amemos noblemente y vivamos, y sumemos

años y años tras años, hasta alcanzar

tres veintenas...

 

Y en el poema satírico “El progreso del alma” invoca al destino en el canto I, pasaje 5:

 

A mis seis lustros casi ya gastados

haz que tu libro me deba otros tantos.

 

El devenir de su obra

 

A su juventud pertenecen los poemas de amor y eróticos: “Canciones y Sonetos”, “Elegías”, “Epitalamios”, “Epigramas” y “Sátiras” de protesta social. A su época de madurez, la poesía teológica: “Epicedios y exequias”, “Los Aniversarios”; y en especial destacan los “Poemas Sacros” y las “Meditaciones divinas”.

He elegido dos obras en prosa y un poema para demostrar que Donne, en diversos períodos, ha mantenido una ardua lucha para lograr racionalizar la unión de los contrarios: amor por la vida - pulsión de la muerte (temas esenciales en su obra); resolviendo esa paradoja por el camino de la espiritualidad en busca de alcanzar la trascendencia, es decir, la vida del alma. Ese definitivo “nacimiento” del que habla en “Una Anatomía del Mundo” (poema escrito ante la muerte de la hija de su protector, Sir Robert Drury):

 

acepta este tributo ...

de quien...

celebrará cada año tu segundo nacimiento,

esto es, tu muerte. Pues aunque el alma del hombre

es recibida cuando el hombre es hecho, nace tan sólo

cuando muere.

Acosado por la idea del suicidio, según sugiere Hugh Fausset, Donne escribe un extenso tratado, donde intenta defenderlo. En Biathanatos (1606) sostiene que de la misma manera como se distinguen el homicidio voluntario del justificable, también puede hablarse de un suicidio sin pecado mortal. Tras esta tesis aparente, sostiene Borges basándose en De Quincey, se esconde lo fundamental: declarar que Cristo se suicidó. Para ello invoca las Escrituras: “daré mi vida por mis ovejas” (Juan, 10:15) y “dio el espíritu”, frase usada por los cuatro evange- listas para referirse a la muerte de Cristo. Lo confirma el versículo: “Nadie puede arrebatarme mi alma, soy yo quien la doy. Tengo poder para entregarla” (Juan, 10:18). Y afirma San Agustín que su alma sólo abandonó el cuerpo que la constre- ñía “porque quiso, cuando quiso, y como quiso”. El suplicio de la cruz no mató a Jesús, éste se dio muerte con una voluntaria emisión de su alma.

Aclaro que el Biathanatos sólo justifica el suicidio en el caso que lo impulse un alto designio: caridad, amor. Por ejemplo, sostiene que Sansón al proclamar “Muera yo y los filisteos”, es un arquetipo de Cristo.

Esta conjetura, inédita para la época, la incluye nuevamente en Death’s Duel (Desafío a la muerte), el último sermón que predica, agonizante, en la capilla del palacio de Whitehall, ante Carlos I; muriendo el 31 de marzo de 1631.

 

En Devociones, posiblemente su prosa más destacable, compuesta en el invierno de 1623 al sufrir una grave enfermedad, apunta:

La campana dobla, y a través del otro me dice que estoy muerto”

Y plantea sus ideas sobre el alma y el cuerpo, basándose en el neoplatonismo de Plotino: “Ese cuerpo que hace apenas tres minutos era una casa tal que esa alma estaba poco contenta de dejarla por el cielo; ese cuerpo ha perdido el nombre de morada, porque nadie mora en él, y se da prisa en perder el nombre de cuerpo, y disolverse en la putrefacción.” Explica que el hombre tiene un alma vegetativa, luego un alma de los sentidos y finalmente un alma inmortal; pero cuando ésta se marcha arrastra a las otras con ella. Afirma que San Agustín estudió la naturaleza del alma, exceptuando la salvación del alma; y que se satisfacía con que la partida hacia la salvación sea evidente por la fe . Pero Donne se interroga: “Esta alma se ha ido, ¿adónde? ¿Quién me lo dirá?” —y agrega— “la condición del hombre y el curso de su vida, que deberían decirme adónde se ha ido, los ignoro... Sin embargo tengo a alguien más próximo: mi propia caridad que me dice: Él ha ido al descanso, la alegría, la gloria eterna”, y lo cree así “caritativamente y fielmente”.

Me detengo en un poema que forma parte de “Canciones y Sonetos”, inéditos durante la vida de Donne. Cabe la posibi- lidad que haya sido escrito tras la muerte de su mujer, Ann More, en 1617. Aunque este argumento puede cuestionárseme como poco serio, me llama la atención la similitud fonética al reiterar en varios versos la conjunción “and” y la onomatopeya en el adverbio “more”, como un eco del nombre de su esposa.

 

La disolución

 

Ella ha muerto y todo lo que muere

A sus primeros elementos vuelve;

Nosotros fuimos elementos mutuos,

Cada uno hecho del otro.

Mi cuerpo, entonces, entraña el suyo

Y aquellas sustancias en que consisto

Crecen en agobiante plenitud,

Mas no nutren, sino ahogan.

Mi fuego de pasión, suspiros de aire,

Tristeza terrenal y agua de lágrimas,

Que son mis materiales,

Casi agotados por afianzar el amor.

Ella, para mi pérdida, renueva con su muerte

Y podría vivir largamente desdichado

Si no fuera porque mi fuego crece a la par

del combustible. Ahora, como esos activos reyes

Cuya conquista extranjera los enriquece,

Recibo más, y gasto más, y más rápido me destruyo.

Ésta (me asombra poder decirlo)

Esta muerte incrementó

el uso de mis reservas,

Así mi alma de veras aliviada

Viajará veloz hacia las suyas;

balas que disparadas antes

Las aventaja una posterior, conteniendo más pólvora.

 

[Traducción de Cristina Berbari]

La argumentación se basa en Heráclito (el fuego primordial); en la teoría de Kepler (el fuego destruye y resucita); en los alquimistas medievales y renacentistas; y en la teoría griega de las cuatro raíces postulada por Empédocles, y que Aristóteles llama elementos: fuego, aire, tierra, agua. A estas sustancias hay que añadir dos fuerzas encargadas de realizar la mezcla o la separación: el amor y el odio. Si reina el amor, todo es una esfera: el Uno, eterno e inmutable, en que los cuatro elementos están mezclados. La muerte, que es una partida, es también un encuentro, superándose la división vida-muerte. Pero un recurso estilístico acentúa la posición conflictiva del poeta: la muerte de la amada aumenta sus reservas, pero al mismo tiempo las desgasta y de tal manera, que aniquilarán su cuerpo. A mi modesto entender, este poema complejo tiene como eje el verso: Recibo más, y gasto más, y más rápido me destruyo. ¿Acaso ante la tremenda pérdida, es ésta una forma encubierta de autodestrucción —que no es pecado— y que le permitirá al poeta alcanzar la trascendencia, es decir, unir su alma al alma de su amada?

En el poema “El Éxtasis” también se habla de la unión de las almas gemelas.

Creo que los ejemplos expuestos de complementariedad de los contrarios  equilibran el péndulo del razonamiento paradojal.

Nada más acertado que el nombre de “metafísica” con que el Dr. Samuel Johnson calificó —casi menospreciándola— esta poesía que no respeta los preceptos que rigen el arte poético de la época.

Metafísico de lo sobrenatural”, del esfuerzo de aprehender intelectualmente al Ser que es, Donne analiza las consecuen- cias últimas del ser en cuanto a ser, por ejemplo, el problema de la fusión de las partes esenciales que integran al hombre. Pero “al buscar la comprensión del Absoluto desde su lecho temporal”, su voz ha quedado aún clamando entre nosotros.

Hago mía la palabra de Yepes Boscán: “Donne fue un auténtico poeta de lo metafísico, es decir, de la búsqueda de la realidad última en el plano de lo espiritual, de la más alta de todas las generalizaciones, como decía Spinoza. Tanto en la poesía de su etapa juvenil como en la de su edad madura [y agrego, en su prosística], va hacia la consecución del significado trascendental de las cosas.” Encuentro en John Donne, más que habilidad o ingenio, “una experiencia encarnada de vida y de lenguaje”.

 

Cristina Berbari

Poeta y ensayista, Buenos Aires – Argentina.

Diciembre de 2008

 

Parte de la casa donde John Donne vivía, en Pyrford

Part of the house where John Donne lived, in Pyrford

 

John Donne as a young man

 

John Donne

or the pendulum of a paradox

 

The alchemy of his personality

John Donne (1572-1631) is the more actual of the so called “metaphysical” poets of the XVII century. For a man with a life and works full of spiritual and paradoxical qualities, poetry is a solution to inner conflicts, and a way to conciliate discordant forces. But it exists a double and almost complete identity between the poet and “that other harmony called prose”, as he himself qualifies it. This identity is manifested through the thought and experience, using a technical language and resources.

Born in London, in the bosom of a Roman Catholic and apostolic family, he cannot get a doctorate in Oxford because of his religion. He studies law in the Lincoln's Inn, where they nominate him “Preacher” in theological matters, in 1616. He dominates Latin, French, Spanish, Italian, among other idioms. He writes poems and attends the monthly gathering of the “Friday Road Club”, in “The Mermaid Tavern”, where he meets with the most representative literary figures of the time.

 

He knows about adventures: he took place in the expedition against Cádiz and the Azores.

He knows about politics: he was a member of the Parliament.

And about the pulpit: as a royal priest.

He first knows about prosperity and after, about misery. He married secretly to Ann More, niece of his protector: Thomas Egerton, who sacked him. This ruined his career and earned him a stage in prison. Her wife remained without dowry. During more than fifteen years of marriage, with twelve children, he endured all sort of privations. His wordplay: John Donne – Ann Donne – Undone turned into reality... About his wandering during that epoch, Virginia Woolf makes up: “... here, in England, in London … the road becomes narrow, the house becomes small, tight, stinking. We see a poet, Donne, pushed out of this house because the walls are so thin that the voices of the children, when shouting, got through. We are able to follow him along the tracks we find in his books until Twickenham; and until Lady Bedford's Park, a famous meeting place for nobles and poets...”

 

He knows about true love (his wife) and its lost (she died and he devotes himself to meditation and asceticism). In a gradual process, Donne attacks the Society of Jesus in his works: PSEUDO-MARTYR (1610) and IGNATIUS HIS CONCLAVE (1611). He is ordained clergyman and, in his maturity, Dean of Saint Paul Cathedral.

This divided being: “courtier and misanthrope, platonic lover and libertine, ascetic and dissolute”, carries his destiny in a constant alchemical process of development. All he lived was scarcely sixty years. Those sixty years he mentions in the last verses of THE ANNIVERSARY:

 

Let us love nobly, and live, and add again

years and years unto years, till we attain

to write threescore; this is the second of our reign.

 

And in the satyric poem THE PROGRESS OF THE SOUL, he invokes the destiny, in song I, passage 5:

 

At my threescore scarcely worn out

let your book own me as many more.

 

(I couldn't find the original of this part of the poem;

so I expose my own version made upon the Spanish

translation in Cristina's paper.

Mariette)

 

* * *

The evolution of his work

 

To his youth belong the poems of love and the erotic ones: SONGS AND SONNETS, ELEGIES, MARRIAGE SONGS, and SATYRS about social protests. To his mature epoch: the theological poetry: EPICEDES AND OBCEQUIES, THE NNIVERSARIES; and the most emphasized are THE SACRED POEMS and THE DIVINE MEDITATIONS.

I chose two prose works and one poem to demonstrate that Donne, in various periods, maintained a hard struggle aiming to rationalize the union between contraries: love for life and impulse of death (essential themes in his work); resolving this paradox through the spiritual way, searching to reach the transcendence; I mean the life of the soul. That definitive “birth” he tells about in AN ANATOMY OF THE WORLD (poem written facing the death of the daughter of his protector: Sir Robert Drury):

 

“Accept this tribute, and his first yeeres rent,

 Who till his darke short tapers end be spent,

 As oft as thy feast sees this widowed earth,

 Will yeerely celebrate thy second birth,

 That is, thy death. For though the soul of man

 Be got when man is made, 'tis borne but than

 When man doth die, Our bodi's as the wombe,

And as a Mid-wife death directs it home.”

 

(part of the original poem written in ancient English by John Donne)

 

Pursued by the idea of suicide, as suggested by Hugh Fausset, Donne writes an extensive treaty in which he intents to defend it. In BIATHANATOS (1606) he maintains that the same way we distinguish murder from manslaughter; it can be spoken about a suicide without moral sin. Behind this apparent thesis, Borges holds, basing himself on De Quincey, what is fundamental, to declare that Christ committed suicide, is hidden. To say that, he refers to the Bible: “I will give my life for my sheep” (John, 10:15); and: “he donate the spirit”, phrase used by the four evangelists when they refer to Jesus' death. It is confirmed in the verse: “Nobody can take away my soul, I am the one who donates it. I have the power to hand it” (John, 10:18) confirms it. And Saint Augustine states that his soul only fled out of his body “because he wanted, when he wanted, and how he wanted”. The cross torture didn't finish with his life; Jesus kills himself offering his soul voluntarily.

 

I make clear that the BIATHANATOS only justify the suicide in case of high design: charity, love. For example, he maintains that Sanson, when proclaiming “Death to me and the Philistines”, is an archetype of Christ.

 

This conjecture, completely new for the epoch, is to be found again in DEATH'S DUEL, the last sermon he preaches during his agony, in the Chapel of Whitehall Palace, before Charles I. He died on March, the 31st, 1631.

 

In the DEVOTIONS, possibly his most emphasized work, composed in the winter of 1623, when he was suffering from a severe illness, it is written:

 

The bell sounds, and through the other tells me I am dead”

 

And he raises his ideas about the soul and the body, taking as a base the neoplatonism of Plotino: “this body that scarcely three minutes ago was such a good house that this soul was not happy to abandon to go to heaven; this body had lost the name of abode because nobody dwells inside him, and it rushes to lose the name of body, to become mere putrefaction.” He explains that man has a vegetative soul, then a sensitive soul; and finally, an immortal soul; but, when this last one goes away, she drags the other ones with her. He says that Saint Agustin studied the constitution of the soul, except the salvation of the soul; because he was satisfied with the concept that the salvation was obvious through the faith. But Donne wonders: “this soul has gone away, where? Who will tell it to me?” And he adds: “The condition of the man and the course of his life, which ought to tell me where he had gone, I ignore... Nevertheless I have someone nearer to me: my own charity that tells me : He has gone to relax, to the joy, the eternal glory”; and he believes in it “charitably, faithfully”.

 

I stand over a poem that is forming part of SONGS AND SONETS, not edited during the life of Donne. It was possibly written after the death of his wife, Ann More, in 1617. Even though the following argument may be taken as not serious; the phonetic similitude made by the reiteration of the sound “and” and the onomatopoeia in the adverb “more”, like an echo of his wife's name, attracts my attention.

 

She's dead, and all which die

to their first elements resolve;

And we were mutual elements to us,

and made of one another.

My body then doth hers involve,

and those things wereof I consist hereby

in me abundant grow, and burdenous,

and nourish not, but smother.

My fire of passion, sighs of air,

water of tears, and earthly sad despair,

which my materials be,

but near worn out by love's security,

She, to my loss, doth by her death repair.

And I might live long wretched so,

but that my fire doth with my fuel grow

now, as those active kings

whose foreign conquest treasure brings,

receive more, and spend more, and soonest break,

this – which I am amazed that I can speak –

This death, hath with my store

my use increased.

And so my soul, more earnestly released,

will outstrip hers; as bullets flown before

a latter bullet may o'ertake, the powder being more.

 

Found in: http://www.online-literature.com/donne/380/

 

The argument is based on Heraclitus (the primordial fire); In the theory of Kepler (the fire destroys and brings back the death); in the alchemists from the Middle Ages and Renaissance; in the Greek theory of the four roots, by Empedocles, that Aristotle calls elements: fire, air, earth and water. To these substances we must add two forces in charge of making the mixture or the separation: love and hatred. When love is reigning, all is a sphere: the One, eternal and unchanging, in which the four elements are included. Death that is a departure, is also a meeting, overcoming the division life-death. But a stylistic resource accentuates the troubled position of the poet: The death of his beloved wife augments his reserves, and in the same time, wears them out in such a manner that they will destroy his body. In my modest opinion, the axis of this complex poem is the verse: I receive more, and waste more, and quicker I am worn out. Perhaps faced to that tremendous lost, is this a veiled form of self-destruction – which is not a sin – and would allow the poet to reach transcendence, which means, to unite his soul to the soul of his beloved?

In the poem ECSTASY, it is also told about the union of the twin souls.

 

I think that the displayed examples of the complementarities of opponents counterbalance the pendulum of the paradoxical reasoning.

 

Nothing more accurate than the word “metaphysics” that Dr Samuel Johnson used to describe – almost despising it – this kind of poetry that does not observe the regulatory art precepts of the epoch.

 

Metaphysician of the supernatural”, from the effort to intellectually understand the Being he is, Donne analyzes the final consequences of the nature of the being; for example, the fusion of the essential parts integrating a man. But, because he was “Searching for the comprehension of the Absolute from his temporal bed”, his voice had been trapped and he is still clamoring amid us.

 

I make mine the word of Yepes Boscán: “Donne was an authentic poet of the metaphysics, this is, of the search of the final reality in the spiritual plane; the highest of all generations, as said Spinoza. The same in his youth poetry than in the mature one (and I add, in his prose), he aims to the achievement of the transcendental significance of the things.” I found in John Donne, more than skill or genius; I found an “incarnated experience of life and language”.

 

Author of the paper: Cristina Berbari

English version by Mariette Cirerol