Relatos de la primera vuelta al mundo

 

Nace Francisco Antonio Pigafetta en tiempos cargados de novedades asombrosas y fantasías tan creíbles que hacen de la magia, lo inexplicable y lo sobrenatural, algo cotidiano sobre lo que se conversa y opina en los estamentos más bajos y más encumbrados de la sociedad.

 

Oriundo de Vicenza, Italia, viaja a España en 1519, a la edad de veintiocho años, con su mente llena de imaginaciones producto de las aventuras y relatos que eran moneda corriente entre el común de la gente de ese entonces y ese lugar, luego del fenómeno que significó haber hallado tierra firme allende el  vasto  océano  tan  misterioso  y cautivante con sus historias

de tesoros, distancias y peligros inmensos para la medida humana.

 

De buena posición económica, joven y conocedor de la importancia de encontrar un paso hacia las tierras de las especies y el oro, no dudó en ofrecerse para embarcarse en la irrepetible aventura que significaba aquel intento de retornar al punto de partida viajando siempre hacia el oeste.

 

Si bien la gesta del Gran Almirante demostró que las ideas sobre el mundo debían ser interpretadas con nuevos y revolucionarios conceptos, aún restaba la realización del viaje que verdaderamente avalase la teoría de la redondez del planeta, a la par de llenar el vacío de conocimiento que el hombre del Renacimiento comenzaba a padecer como un sentimiento insatisfecho.

 

Cuando, el 20 de Septiembre del año 1519, partió la flota, al mando de Hernando de Magallanes; lejos estaba la tripulación de suponer la odisea que el destino les tenía reservado. Al comenzar a adentrarse en desconocidas zonas, ya tomaron conciencia que la vuelta no se haría por el mismo camino; que el mundo que se abriría ante ellos, argonautas intrépidos y aventureros, podría tratarse del lugar donde se viesen materializadas las más fabulosas quimeras, junto a horrores y realidades fantásticas nunca antes imaginadas siquiera.

 

Es posible, debido a la inacción surgida de tiempos de navegación en calma, que el agudo sentido de observación del joven Pigafetta lograse desarrollar pequeños diccionarios a partir de conversaciones llevadas a cabo con los habitantes de aquellos lugares, hasta entonces desconocidos por los europeos, hallados en su camino. Resulta fácil imaginar las múltiples dificultades que debió de afrontar en ese emprendi- miento. Ya hubo de establecer algo similar a un diálogo gestual, poniendo especial atención en la pronunciación de las palabras, considerando su fonética.

 

Realizó la detenida enumeración y descripción de plantas, animales, costumbres, vestimentas, ritos, paisajes, geografía y hechos históricos de cada lugar; por lo que posiblemente no sea vanagloria reconocerlo como un precursor del viajero culto, que enriquece su espíritu por medio de la observación detallada de lo que encuentra en su deambular.

 

La presencia de los europeos no siempre era recibida con asombro y temor, pues hubo ocasiones en que despertaron el recelo, y aún el encono, de los lugareños; llegando a enfrentamientos armados y sufriendo pérdidas humanas por ambas partes.

 

Como el espíritu de la empresa era principalmente comercial: es ese rubro donde hace algunas apreciaciones que denotan las características de trato que debían de observar con los nativos; ya que los jefes imponían no demostrar demasiado interés en los productos cuyo canje ofrecían.

 

Entre las curiosidades a las que hace referencia el joven y asombrado viajero, no podían dejar de figurar las tan famosas en ese entonces criaturas humanas que llevaban la cabeza bajo el brazo, las terribles amazonas que se amputaban un seno para adquirir destreza y fuerza en el empleo del arco, la ausencia total de varones en sus supuestas comunidades.

 

Es cierto que su conocimiento de tales prodigios es solamente a partir del relato de terceros, pero él recoge esta información como verdadera, siendo que no tenía oportunidad de comprobar o rebatir los conocimientos con los que tomaba contacto.

 

El jefe de la escuadra muere a consecuencia de un ataque de los naturales de una isla, donde abandonan a los maltrechos y los heridos. La expedición queda a cargo de Duarte de Mendoza; y luego de Gonzalo Gómez de Mendoza, quien fuera posteriormente reemplazado, en el devenir de los acontecimientos, por Juan Sebastián El Cano. Este último logra conducirla, soportando penurias innumerables, hasta arribar exitosamente a Sanlúcar, el 6 de Septiembre de 1522.

 

Todo es descrito con un agudo sentido de observación: desde aquellos fuegos de San Telmo que en realidad surgían de la corriente estática almacenada en los palos de las naves y la proveniente de las nubes cargadas de tormentas que despedían luces fantasmagóricas, hasta la descripción de curiosas costumbres de los diferentes pueblos donde los buques atracaban en su periplo.

 

No podían dejar de figurar en su enumeración, datos falsos o fantasiosos, pero que el cronista refería como ciertos; pues, a veces, el relato de un testigo constituía su única fuente de información.

 

De las cinco naves originales que dieron comienzo al viaje, retorna al cabo de tres años totalmente una, totalmente averiada, con dificultades para maniobrar y cuantiosas entradas de agua.

 

De la expedición original de doscientos treinta y siete personas vigorosas, una España asombrada contempla el retorno de tan sólo dieciocho hombres maltrechos, fatigados y enfermos; sobrevivientes empero, que habían llevado a cabo una de las más sorprendentes hazañas con que cuenta la historia de la marinería.

 

No deja de ser curioso el dato que transmite Francisco Pigafetta al mencionar a los que quedaron abandonados con vida en lejanas tierras, por diversas circunstancias. Resulta un interrogante especulativo que abre un mundo fantástico al escritor de ficción, al suponer las diversas vivencias de alguno de ellos, en esas comarcas en las que debieron de enfrentarse a un sinnúmero de dificultades para poder sobrevivir.

 

Si vale la comparación, tuvieron que sentirse algo así como astronautas abandonados en un planeta lejano, convencidos de la inutilidad de esperar ayuda o salvación alguna.

 

Cada día nuevo en ese mundo desconocido, inquietante, peligroso y lejanísimo, habrá hecho recapacitar a cada desdichada criatura, sobre la angustiosa condición de desamparo, desprotección y pequeñez que rodea al ser humano al verse privado del amistoso y reconocido entorno que siempre lo contuvo.

 

Para darnos una idea, basta con recoger la información histórica que señala la acometida de la segunda vuelta al mundo, cincuenta y seis años después, en una epopeya dirigida por Sir Francis Drake.

 

Un dato que resultaba curioso en ese entonces, es el que los navegantes dejaron establecido en sus cuadernos de bitácora, que aquellos que daban la vuelta al mundo, navegando siempre con orientación al Oeste, llegaban a destino faltándoles un día en sus cómputos.

 

Este suceso fue utilizado como recurso de efecto literario muchos años después, por el gran creador de narraciones: Julio Verne, en su inolvidable “Vuelta al mundo en ochenta días”.

 

El joven Pigafetta tuvo oportunidad de demostrar sus conocimientos de cartografía, ya que logró tomar veintiún mapas que, dentro de lo rudimentario de los elementos con que contaba, poseen una muy buena aproximación a los que luego se pudieron elaborar con instrumentos apropiados y más tiempo.

 

Supo ilustrar estos mapas con objetos perteneciendo al lugar que cada uno trataba: Así se ven animales, chozas, embarcaciones y personas que agregaban, con su presencia, más datos sobre la nueva tierra que estaban descubriendo.

 

Cuando se hace referencia a los seres extravagantes, fantasiosos e inverosímiles en los que Francisco creía, no debe olvidarse que la mayor de las fantasías ya se había cumplido, que era la de viajar hacia el Oeste y poder volver.

 

Asimismo, nos cabe la pregunta a nosotros, hoy, habitantes supercomunicados y con el conocimiento a disposición de un teclado inteligente: ¿Cuál sería nuestra reacción si un viajero del espacio nos refiriese que los extraterrestres son seres de características muy diferentes a todo lo conocido? ¿Tomaríamos a broma su relato o reflexionaríamos sobre las distintas versiones que la creación puede lograr, a partir de combinaciones azarosas de los elementos de la naturaleza?

 

La última aventura de la que lograron escapar con vida, fue cuando, ya próximos a Europa, pararon cerca de un puerto a solicitar comida y vituallas.

 

En los dos primeros viajes que hicieron en una chalupa unos pocos marineros, mintieron sobre la verdadera identidad y procedencia de la nave, pues temían que las personas del puerto los tomasen prisioneros.

 

Al efectuar la chalupa su tercer viaje a tierra, los ocupantes del barco advirtieron que los que debían de recibirlos se demoraban más de lo previsto, además percibían movimientos sospechosos en otras embarcaciones que se estaban aproximando a la nave.

 

Decidieron huir a toda vela, dejando librados a su suerte a sus compañeros; logrando así escapar de un incierto destino que posiblemente nos hubiera negado tener conocimiento de la primera vuelta al mundo.

 

La comprobación empírica de la redondez del planeta, que era resistida aún en aquellas fechas; las diferentes aventuras vividas; el paso descubierto en América del Sur, marcando una vía marítima de conexión con el exótico Oriente; no sólo generaron una expectativa creciente en el ambiente comercial, sino que actuó como un disparador para el imaginario colectivo de un mundo que comenzaba a nacer a nuevas ideas, a proyectar osadas aventuras; a crear héroes modernos que reflejasen el sentir de ese hombre que se animaba a desafiar lo ignoto, terrorífico y asombroso que esperaba más allá del nerviosismo de los puertos europeos, donde cada día, marineros avezados acrecentaban los relatos, sin límites para la imaginación.

 

El libro nacido del viaje de Pigafetta fue editado bajo el título de “Primer viaje en torno al globo”. Es de amena redacción e interesantísima lectura para quien desee adentrarse en el pensamiento de la Humanidad del Siglo Dieciséis.

 

María Amadón

Argentina

 

 

Uno de los mapas elaborados por Francisco Pigafetta

One of the maps Francisco Pigafetta drawn.

 

 

 

 

Sanlucar of Barrameda in those times / en aquellos tiempos

 

 

Stories about the first voyage

around the world

 

Francisco Antonio Pigafetta was born in a time full of astonishing novelties and fantasies so credible that magic, what we cannot explain and the supernatural, turned to be everyday life, spoken about everywhere: from the lowest to the wealthiest frequented places, amid the whole classes of society.

 

He was born in Vicenza, Italy. In 1519, when he was 28 years old, he travelled to Spain with a mind full of imagination, nourished by the adventures and tales people used to tell around on those times and in that place. They were about the discovery of solid grounds beyond the mysterious ocean full of treasuries, and so great dangers that the human beings may not be able to fight.

 

He was a wealthy young man who knew about the importance to found a passage trough to the land of species and gold. He did not doubt to embark taking part of the unrepeatable adventure aiming to sail and return to the departure place, rowing always to the west.

 

Even though the epic achievement of the great commandant proved that the ideas about the world had to be interpreted in a new and revolutionary way; the voyage that would without

 

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any doubt truly demonstrate the roundness of the Earth was still to be carried out. The people of the Renaissance suffered from a lack of knowledge that they were eager to fulfil.

 

When, on the 20th of September, 1519, the fleet departed, commanded by Hernando of Magallanes, the crew could not imagine what for an odyssey the destiny was reserving them. At the beginning, when entering unknown zones, they already knew the return would have to be by another way; because the world that opened before them may include fabulous chimeras and horrors, fantastic terrific realities far beyond their power of imagination.

 

It is possible that, due to the inactivity when they were navigating in calm waters, young Pigafetta, who had an acute sense of observation, could have developed some kind of little dictionaries, using the vocabulary learned by trying to communicate with the native dwellers of locations European people had never heard about. It is easy to guess the kind of difficulties he must have had by doing so: gesturing with the hands, carefully pronouncing and listening to their own pronunciation.

 

He made a list of plants, animals, customs, clothing, rites, landscapes, geography, historical facts and events of each place they were going through. It is not vainglory to recognize him as the precursor of the cultural tourist who enriches his spirit by observing all things he finds in his wanderings.

 

The European presence was not always received with amazement and fear; but sometimes with apprehension and rancour from native people, finishing into fights with weapons, losing lives in both sides.

 

As the enterprise was mainly commercial, an article stands some characteristics to be taken into account when dealing with the natives; because the tribes' chiefs imposed to not show much interest in the products offered in exchange, as a behaviour.

 

Amid the curiosities referred by the amazed young traveller are: the then so famous human beings with their head under their arm; the terrible amazons who amputated one of their breasts to acquire more dexterity and force using the bow, and the complete absence of men in their supposed communities.

 

Despite he knows these facts through the telling of third persons, he takes the information as a true one, having no opportunity to debate or compare it with the reality.

 

The squadron chief died on an Island as a result of a native attack. The knocked-abouts, casualties and wounded were left there, abandoned on the battle place. Thus the expedition remained in charge of Duarte de Mendoza; passed afterwards to Gonzalo Gómez de Mendoza; and, finally, to Juan Sebastian El Cano. This last one managed to lead it, suffering dearth of all kind, until to successfully reach Sanlúcar, the 6th of September, 1522.

 

All is described through an acute sense of observation: from those fires of San Telmo -- actually caused by a static flow stored in the ship-masts, which, mixed with others, produced by stormy huge clouds, launched phantasmagoric lights --; up to the curious customs of the people they met when they put into port during the voyage.

 

Sometimes, the testimony of a witness was the unique source or information; for we cannot assume all of it to be exact, although Pigafetta reports it as veritable.

 

From the five caravels that undertook the voyage, only one came back after three years of wanderings, almost totally wrecked, with difficulties to manoeuvre and abundant entries of water.

 

From the original expedition of two hundred thirty strong persons, the people of Spain, in awe, contemplated the return of only eighteen survivors, in a very bad state, tired and ill. They have endured one of the must surprising exploit occurred in the seamanship history.

 

How odd is the fact transmitted by Francisco Pigafetta, when mentioning the men remained abandoned alive in those strange and distant lands ! There lay a question mark, opening the fiction-writers' imagination upon a fantastic world; imagining countless experiences, some good but the majority bad; all what one may have to endure, just to remain alive amid savage people.

 

Taking my comparison as valid: they must feel as if they were astronauts of the future, left by themselves on a very faraway planet, convinced of the nonsense to hope for whatever help or salvation.

 

Each new day in that disturbing unknown world would have made them reflect on the mankind true helplessness when having to survive out of the friendly environment he had been accustomed to.

 

To have an idea, we can read the historical report about the second voyage around the world, fifty-six years later, in an epic work by Sir Francis Drake.

 

A detail noticed as strange in the logbooks of that time, is the fact that when travelling around the world and maintaining always the west direction, the time accounts show a shortage of one day.

 

This fact was used as a literary effect many years later by the great histories creator: Jules Verne, in his unforgettable AROUND THE WORLD IN EIGHTY DAYS.

 

Young Pigafetta had the opportunity to demonstrate his skill in cartography. Disposing of very rudimentary means, he made twenty-two maps that possess a good approximation with the ones elaborated centuries after with more adequate instruments and time.

 

He was able to illustrate those maps with the characteristic objects of the place he was drawing. We can see on them: animals, huts, boats and persons; which add information about the new land they were discovering.

 

When he referred to extravagant beings, fantasies hard to believe; we must not forget that the bigger exploit of that time had be done by voyaging to the west and return.

 

At the same time we are asking ourselves, super-communicated dwellers of today, with the knowledge at the reach of an intelligent keyboard: What would be our reaction if a space traveler told us that extraterrestrial people are beings with characteristics very different to all those we know? Would we take his report as a joke? Or would we think about the different forms the nature is able to create through hazardous elements combination?

 

The last adventure from which they could escape alive occurred when they were already near Europe and stopped in a port, to ask for food and provisions.

 

During the two first approach with a boat, some sailors lied about their whereabouts, because they were afraid to be kept prisoners.

 

The sailors on the third round trip noted that the natives didn't turn around as promptly as expected; they also perceived odd movements in some boats that were approaching the navy.

 

Becoming afraid, they decided to flee, leaving the others to their fate. Thus they managed to escape from an uncertain destiny that, probably, would have denied us the chance to know about this first voyage around the world.

 

The empirical proof according which the Earth is round, still denied still at that time; the different adventures experienced; the discovering of a passage in South America procuring a link with the exotic Orient; did not only generate a crescent expectation in the commercial field, but acted as a sudden release of creative energy in a world who commenced to accept new ideas; to give permission for daring ventures; to stand modern heroes challenging many terrific astonishing fates waiting for them beyond the nervousness of the European harbours; where every day, inured sailors were talking about countless strange experiences.

 

The book treating the voyage of Pigafetta was published through the title: FIRST VOYAGE AROUND THE WORLD. The style is agreeable and the lecture interesting for whom is willing to penetrate the human thought of the XVI century.

 

Author of the paper: María Amadón

English version by Mariette Cirerol