Santa Teresa de Jesús y su poesía

 

por Antonio-S. Urbaneja Fernández

 

 

Tendremos que comenzar asegurando que desde el siglo XV al XVII, tanto la lírica profana como la religiosa entran en materia poética, rítmica, e inspiración de la cancioncilla popular que en los últimos años del siglo XVI constituyó una especie de tipo o escuela semipopular denominada seguidilla, encajada en un molde métrico de cuatro versos, en los cuales los nones son de 6 o 7 sílabas y los pares, que llevan la cadencia de la rima, de 5 tan sólo. Esta obligada modalidad es algo más antigua, porque pertenece a las jarchas mozárabes aún más alejadas en el tiempo. Solamente a partir del 1595, es cuando las conocidas seguidillas, entonces tan usadas, forman parte del ritmo y la gracia de Santa Teresa, que con ellas se desenvuelve magistralmente, como es evidencia en esta primera muestra con la que se inicia esta composición:

 

Nada te turbe.

Nada te espante

todo se pasa.

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza,

quien a Dios tiene

nada le falta.

 

Teresa de Ahumada, hija de Alonso Sánchez de Cepeda – probablemente descendiente de judíos conversos – y de Beatriz Ahumada, pertenecía a una familia abulense. Era una apasionada lectora de libros de caballería y de vidas de santos carismáticos, que la empujaron a huir con su hermano Rodrigo a buscar el martirio en tierra de moros. Su carácter no le permitía ser una escritora metódica, sino llena de viveza y empuje, que bien lo proporcionaba su poca edad y natural temperamento. Ella escribía en los ratos libres, en ese corto tiempo del que disponía después de tantas fundaciones de conventos y tantas batallas entre personajes que no compartían pareceres. Nada de extraño su poesía y sus pensamientos:

 

Darse del todo al Todo sin hacerse partes”.

 

Realmente la literatura española comienza antes del “Poema del Cid”, en un pequeño corpus de diminutas coplillas, que Muqaddam ibn Muafá, de Cabra (Córdoba), poeta arábigo-andaluz, descubrió en la “muwashaha” , antiguo poema rematado por una pequeña estrofa (jarcha) escrita en lenguaje callejero o popular, ya fuera árabe vulgar o romance de los cristianos. Se trata de unas auténticas coplas del pueblo, en lengua romance de los siglos XI al XIII, descubiertas en el 1948 por el hebraísta Samuel M. Stern; siendo la jarcha más antigua, la primera muestra del mozárabe hablado por los cristianos a comienzo del siglo primero, y primitiva expresión de nuestra gente, en forma de cancioncilla, en labios de una mujer enamorada que se queja, deseando a su habibi.

Unos ejemplos:

 

¡Tanto amare, tanto amare,

habib, tanto amare!

Enfermeron odios nidios

e dolen tan male.

 

(¡Tanto amor, tanto amor,

amado, tanto amor!

Enfermaron mis ojos brillantes

y duelen tanto.)

 

Vaise mío corachón de mib.

¡Ya Rab! ¿Si me tornarád?

Tan mal me doled li, habib:

Enfermo yed. ¿Cuan sanarad?

 

(Vase mi corazón de mí.

¡Ay Dios! ¿Acaso volverá?

Tanto le duele por el amado:

Enfermo está. ¿Cuando sanará?)

 

¿Gar, qué fareyo?

¿Cómo vibreyo?

Est al habibi espero

por él moreyo.

 

(¿Dime qué haré?

¿Cómo viviré?

A este amado espero,

por él moriré.)

 

Toda esta extraña y curiosísima referencia de la literatura española tiene el gusto y la sensibilidad de Teresa de Jesús. Fue también utilizada por Machado, Lorca, o el actual Benitez Carrasco, con una sonrisa para el hombre de la calle, o una entrega para ese Dios que siempre nos espera para ayudarnos a seguir siendo un digno ser humano.

 

Así lo hizo esa extraordinaria mujer que nace en Ávila, el 28 de marzo de 1515, entrando en el Carmelo a los 18 años y muriendo en Alba de Tormes, al anochecer del 4 de octubre de 1582, siendo declarada doctora de la Iglesia por Pablo VI en el 1970. Era tiempo de esas graciosas seguidillas de los siglos XVI y primeros decenios del XVII, totalmente populares, con el empuje y la fuerza que siempre demostró tamaña santa, prosiguiendo la admirable evolución de nuestro sonoro idioma, que cada vez se hace más expresivo y hecho para los suspiros de la copla y las advertencias: material para música y la sentencia. Puede servir de ejemplo lo que escojo para reafirmarme en la maduración de una época más reciente:

 

En la cumbre, madre,

canta el ruiseñor;

si él de amores,

yo lloro de amor.

 

Alguien dijo que la seguidilla tuvo su gran época como después la disfrutó la literatura posterior, con el esplendoroso endecasílabo capaz de encender la luz del entendimiento, de la consideración y del buen juicio que asimismo necesita el ritmo, la alegría, el ánimo ; y precisar el final tan digno, gracioso y clamoroso de nuestra magistral descendiente directa de la jarcha mozárabe.

 

Meditando estos hechos, se me ocurrió la siguiente seguidilla:

 

Este idioma mío

cuando se habla

música se vuelven

estas palabras.

 

Pretendo apoyarme en el parecer de Menéndez Pidal, para afirmar que el rasgo principal de la poesía de nuestra santa, es la limpieza heredada de su lenguaje tan sobrio como expresivo, capaz de decir mucho con pocas y hermosas frases, de hacer sobriedad del propio sentimiento.

 

 

asf

 

 

Antonio-S. Urbaneja

médico y escritor-poeta en Málaga, España

 

 

 

 

 

 

 

Teresa of Ávila

by Antonio-S. Urbaneja Fernández, Málaga, Spain

 

We ought to start affirming that, from the XV century onwards, the lyric, the profane and the religious one as well, are entering into poetical, rhythmical matter; inspiring popular songs, which, in the late years of the XVI, constituted a kind of semi-popular school called seguidilla, wrapped in a metrical pattern of four verses, in which odds are of 6 and 7 syllables; and evens, that wear the cadence of the rime, of only five. This obliged mode is a little older, because belonging to the Mozarabic kharjas, still more remote in the time. It is only from the beginning of 1595 onwards, that the already well known and used seguidillas form part of the grace and rhythmical poetry of Saint Teresa, as shown in the following sample with which I began my paper:

 

Nothing is disturbing you.

Nothing is frightening you

all is running away.

God is not changing place;

with little patience

all shall come by,

for if you have God

all you need you got.

 

Teresa de Ahumada, daughter of Alonso Sánchez de Cepeda – probably descendant from converted Jews – and of Beatriz Ahumada, from a native family of Ávila. To read books of chivalry and lives of saints was his passion, which leads her to escape with her brother, Rodrigo, in search of martyrdom to the land of the Moorish. Her character did not allow her to be

a methodical writer; instead she was full of liveliness and determination, due to her youth and natural temperament. She used to wrote in her spare time, in the little she could enjoy after so many convent foundations and so many fights among personages who did not share her opinion. Nothing strange about her poetry and thoughts:

 

Give all to the Whole without making parts”

 

Actually Spanish literature begins before “The Lay of the Cid”, in a little corpus of diminutive coplillas, that Muqaddam ibn Muafá, from Cabra (Córdoba), Arab-Andalusian poet, discovered in the “muwashaha”, antique poem crowned by a little strophe (jarcha) written in the language of the street language: vulgar Arab or Christian Romance. They are authentic popular songs, in Romance language, from the XI to XIII centuries, discovered in 1948 by the Hebraist Samuel M. Stern. The “jarcha” is the most antique, the first sample of Mozarabic spoken by the Christians at the beginning of the first century; and the primitive expression of our people under the form of a little song, the complaint of an enamoured woman longing for the love of her “habibi”.

Some examples:

 

¡Tanto amare, tanto amare,

habib, tanto amare!

Enfermeron odios nidios

e dolen tan male.

 

So much love, so much love,

my love, so much love!

My brilliant eyes are falling ill

so much they hurt.

 

 

 

Vaise mío corachón de mib.

¡Ya Rab! ¿Si me tornarád?

Tan mal me doled li, habib:

Enfermo yed. ¿Cuan sanarad?

 

My heart is going out of me

Oh Got! When will he come back?

He hurts so much for your love:

He is sick. When shall he heal?

 

 

 

¿Gar, qué fareyo?

¿Cómo vibreyo?

Est al habibi espero

por él moreyo.

 

What shall I do?

How shall I live?

Waiting for my love

and dying for him.

 

 

All this amazing and curious reference of the Spanish literature combine with the like and sensibility of Teresa de Ávila. Machado and Lorca used it; and also the current Benitez Carrasco, with a smile for the man of the street, or a dedication to that God always ready to help us to remain honourable persons.

 

Thus was made by this extraordinary woman, born in Ávila, on the 28th of March, 1515, entering the Carmelites at 18 years old, and dying at dusk, in Alba de Tormes, on the 4th October, 1582; being declared Doctor of the Church by Paul VI, in 1970. There, in the XVI and beginning of XVII, was the time for those gracious mainly popular seguidillas, relieved by

our great saint. Teresa always worked for the evolution of our sonorous language, which was coming more and more expressive and adequate for the deep sighs of the “copla”, advertisements, songs and sentences. May what I am choosing to reaffirm myself in the maturity of a more recent epoch, serve as example:

 

En la cumbre, madre,

canta el ruiseñor;

si él de amores,

yo lloro de amor.

 

In the heights, mother

sings the nightingale.

If he for loving

I do weep from love.

 

Somebody said that the seguidilla and the posterior literature had their greater epoch with the incorporation of the powerful hendecasyllable, able to enlighten the mind with good rhythmical sentences, joy and animation. Our poetess used those precise, decent, gracious and resounding genres, to honour our brilliant roots, directly generated by the Mozarabic jarcha.

 

When meditating about these facts, the following seguidilla came to my mind:

 

Este idioma mío

cuando se habla

música se vuelven

estas palabras.

 

This language of mine

when people are speaking

is changing their words

into music

 

 

I pretend to lean over the opinion of Menéndez Pidal, to confirm that the principal poetical character of our saint, is the cleanness inherited from her so expressive language, able to say a lot with only a few beautiful sentences, to make sobriety out of the proper feeling.

 

Author of the paper: Antonio-S. Urbaneja

English version by Mariette Cirerol

 

 

 

Statue of Saint Teresa, in Ávila, Spain

 

 

 

 

 

Chapel containing the relics of Saint John of the Cross, in the Discalced Carmelite Monastery in Segovia;

designed by Felix Granda in 1926 to commemorate the bicentennial of the Saint's canonization.

 

Capilla conteniendo las reliquias de San Juan de la Cruz, en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas, en Sevilla;

diseñada por Felix Granda en 1926, para conmemorar el bicentenario de la canonización del Santo.