IN MEMORIAM Mario de Vero

 

Vino a saludarnos en el número 16, a decirnos que quería quedar con nosotros,

ser uno más de nuestra familia internacional, y … ya se nos va en el número siguiente.

No quería pasar el umbral del más allá; pero … ¿quién quiere? ...

No nos dejan escoger… Aprendí a conocerle poquito a poco:

de tarde en tarde un pequeño encuentro casual de algunos minutos,

algún mensaje, algún trabajo que me daba para que le diera mi parecer; y, extrañamente,

cuando más se me desvela su entrañable personalidad,  es ahora, jueves, 15 de junio de 2006,

en un homenaje que le hacen en el Ateneo de Málaga, al cual asisto y donde me solicitan unas palabras.

Leo la estela que acabo de introducir en el tríptico informativo de la SNEE, donde comunico su fallecimiento.

 

Él era un gran investigador, buscaba la raíz de todas las cosas y luego escribía sobre sus descubrimientos. Ahora que ya ha dado el salto al invisible, sabrá lo que sucede después, si algo hay; sabrá si el alma existe verdaderamente y se va volando para morar en otra dimensión; si, desde ese otro mundo se puede visualizar el nuestro; si puede ayudarnos de alguna manera, seguir cerca de los que ama, que le amamos... En fin, quisiera tanto saber si sigue siendo persona consciente y, por consecuencia, tiene la respuesta a las preguntas profundas que todo hombre y toda mujer que reflexiona, se hace.

 

En AIR quedará su impronta, publicaremos las colaboraciones que nos envío, y otras reflexiones acerca de su persona, que sus amigos nos dan.

 

Para empezar, a continuación va una estela que una cuñada suya mandó a Corona Zamarro, amiga suya. Viene tal cual, en italiano.

Comenzamos poniendo su traducción al español, hecha por Corona y otra amiga, María del Carmen Guzmán:

 

La muerte no es nada,

yo sólo me he ido de esta estancia.

 

Sigo siendo lo que era para vosotros,

habladme como me habéis hablado siempre.

La vida tiene el significado de siempre,

sonreíd y pensad en mí.

 

El hilo no se ha cortado,

yo no estoy lejos,

solamente estoy del otro lado del camino.”

 

 

 

 

 

 

 

A continuación, una de sus creaciones, un ensayo sobre Camöes:

 

 

Dulce Lusitania, a la orilla del Gran Mar,

miras las olas que llegan

y los astros que se ponen;

sueñas con mundos nacientes

y mundos ya desaparecidos.

Los sueños para ti manan, frente al infinito.

Por ello estás triste

pero con dulzura.

 

Joan Maragall (Cataluña), Himne Ibéric

 

 

El Vecino de Casa

 

Uno de los temas literarios todavía debatidos es: ¿a quién, en las letras españolas, deba corresponder el segundo lugar?

 

La cuestión, se ve fácilmente, es puramente académica y no habría que darle mayor importancia; pero, todavía hay quienes desearían verla resuelta.

 

Al lado del mayor candidato, Quevedo; ha surgido en los tiempos modernos, Unamuno: tan grande en la poesía como en cualquier otro género que él quiso tratar. Otros han propuesto -- con una elección, en este caso, restrictiva y discutible -- a Galdós; y, son los que ponen en el primer plano la grandiosidad de la creación novelística. Además no faltan quienes, mirando más atrás en los siglos, observan que a Juan de la Cruz debemos la más encendida obra de la lengua castellana; otros, por su lado, subrayan la extraordinaria modernidad del autor de la Celestina.

 

En cambio, Portugal no tiene un problema semejante.

 

Son dos los grandes autores que han procedido de este pequeño e ilustre país: dos solamente, pero de estatura mundial.

 

El primero, como cronología e importancia, es Luís Vaz de Camões; el segundo, el contemporáneo Fernando Pessoa.

 

Camões nació cerca de 1524,

posiblemente en Lisboa; pero fue en Coimbra, en la Universidad o en alguna escuela monacal, donde adquirió su cultura, una gran cultura clásica.

De su familia se decía que era de baja nobleza, pobre, originaria de Galicia.

Después de su formación escolar en Coimbra, se marchará a Lisboa, donde frecuentará la Corte como joven poeta.

Fue un joven muy inquieto y muy dado a los placeres, frecuentando los bajos fondos de Lisboa, lo que le obligará a salir de esta ciudad.

En una de sus salidas, a Ceuta, pierde un ojo. En 1553 marcha a Oriente, regresando a Lisboa en 1570. Muere en esta ciudad en junio de 1580.

 

Escrito por Mario de Vero en Málaga, en agosto de 2005.

Continuará en el próximo número.