Poeta de hoy en Priego de Córdoba, España

José Campos Tallón

 

 

ETERNIDAD

 

Cuando pensamos en el paisaje soñado,

lo que imaginamos que puede ser la Eternidad,

se abren en nuestra mente horizontes enigmáticos

y nos sirven las opiniones que nos hablaron.

Así vemos de forma anticipada lo que será eterna mansión:

serenidad y silencios que nunca se hacen gritos.

 

Allí, seguro que serán libres los cuerpos,

que irán navegando en nubes plácidas,

sin voces de ningún rey ni vasallo, solos.

Se harán ver las carreteras sin terminal

y siempre será un abrirse espacios libres

en los que nadie tendrá zozobras.

Los mares dibujados serán de aguas mansas.

 

La Eternidad será posiblemente como la soñamos,

acogedora y amiga de todos,

sin hacernos en ningún momento daño.

Y estaremos libres de ver que se formen ejércitos de combates.

Allí se carece de luchas fraticidas.

Sólo se conceden aventuras gratuitas en la paz ordenada.

Nada vale ningún precio y se puede hablar con desenfado.

 

Quizás sólo habrá jueces señalando los caminos y todos

llevarán a la plaza de paz y de prudencia con serenidad.

Los abismos serán manta suave sin cavidades tenebrosas.

 

Los días y las noches no tendrán oscuridad.

Sólo serán visibles luces de candelabros blancos

con destellos tibios, luz tenue que no hace daño.

 

Y nada nos obliga a gastar lo ganado.

Todo es gratuito, sin que existan monedas de cambio.

No serán necesarios alimentos y los cuerpos se hacen ligeros,

plumas de aves que vuelan sin ningún cansancio.

 

Nadie recordará el país de vida y muerte.

Todo se ha olvidado y las historias se hacen mudas

y nadie es ni orador ni oyente.

 

Los juegos se hacen sin equipos:

cada cual hace su partida

como ajedrez multiplicado.

 

Seguramente, todos los caminos saben llegar

al lugar elegido para el descanso

y las calles están asfaltadas con nubes de alfombras,

ondeando banderas sin escudos ni patria,

haciendo en su vuelo sinfonías de vientos.

 

Las tormentas de la vida allí terminan,

se quedan sin fuerzas y vencidas.

Sólo se dejan caer copos de nieve en sus eternas navidades

que no tienen días propios en ningún almanaque.

Allí el frío y el calor se alternan en sus caprichos convenidos,

respetando que los tiempos sean siempre primaveras.

 

Y las flores nunca mueren.

Siempre están vigorosas en sus tiempos eternos.

Sus colores no se marchitan,

perduran en ilusiones que siempre tienen vida.

 

Sus tierras serán jardines

de flores que se tiñen de mil colores.

Y ese escenario de sueños invitará

a que cada cual haga su plegaria y oración

sin pregones de mañanas ni tardes.

 

Los días sin noches andarán

y la penumbra será vencida por claridades.

Las ventanas estarán abiertas sin aldabas.

 

A los que en la tierra fueron enemigos

no llegará ningún recuerdo con cartel que lo diga.

Allí nadie conoce a nadie

ni las historias resucitan.

Quedaron muertas para siempre.

 

Seguro que en esa Eternidad

todo lleva bendiciones.

Y así habrá imperios de soles tibios

que harán con su luz homenaje

a un solo espíritu.

 

Allí la morada reina podrá decir

que habitan hombres que ya no son hombres,

mujeres que no son mujeres,

niños que ya no son niños.

Todos se han convertido en ángeles voladores.

 

Priego de Córdoba: 13 de marzo de 2006

 

 

 

Óleo sobre tela, de Jacqueline Esseiva, pintora de hoy en Fribourg, Suissa