Poesía,

dame voz,

dame encanto;

no quiero mancillar

tu hermosura.

 

 

Don Justo con su ayudante

 

 

¡Nunca proverbio fue tan verdadero:

“¡La FE mueve las montañas!”

 

¡Y levanta catedrales!, añadiría Don Justo:

 

Se necesita tan sólo voluntad y vida,

y una FE que no muera.

¡Y AMOR!... AMOR A JESÚS,

me susurra al oído el hombre Justo,

justo en el eco de mi pensamiento.

 

Mariette

 

 

La catedral de Don Justo

en Mejorada del Campo, Madrid, España

 

Todo un poema

 

 

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