Escritora de hoy en Málaga, España

Pilar Martín Lanuza

 

(Colecciona anécdotas ocurridas en el ámbito de la Navegación Aérea. Unas, se las ha facilitado la Prensa y otras, el personal de vuelo. De ambos se fía plenamente: todos son casos basados en la realidad. Con estas anécdotas, ya ha publicado dos libros. Esta que contamos a continuación, la hemos sacado del segundo, que vio la luz en 2004.)

 

 

En los principios de la cirugía estética

 

La presurización en cabina crea problemas. Por esa causa, en ocasiones, la tinta de la estilográfica se derrama, echando a perder la chaqueta del pasajero, y la camisa estrenada para el viaje. Otros de los estropicios que ello puede causar, va relatado en la historia siguiente.

 

Cuando la nave está a punto de despegar, una popular artista, irrumpe en el pasillo dejando tras de si un rastro de perfume. En los labios, una boquilla larga, en cuyo extremo humeaba un pitillo que pronto le obligaron a apagar.

 

Los largos tacones de aguja en los que iba montada, no le impedían avanzar con seguridad por la alfombra gris que la conducía al asiento, mientras, a su paso, se producían murmullos de admiración. Su aspecto saludable, no hacía pensar en que la conocida artista, viniese directamente del sanatorio, en donde se había sometido a unas operaciones tan sencillas como las de reducir caderas (pistoleras), aumentar los pechos, añadir pestañas, perfilar los labios y, por último, dar volumen a los pómulos.

 

Todo un retoque de belleza, que exhibía orgullosa ante unos admiradores que la contemplaban en silencio, mientras la calificaban de irreconocible. Se instaló en su butaca de la mejor manera que pudo. Un ruido ronco anunciaba que se remontaba el vuelo. Empezaron a verse por las ventanillas campos interminables de cambiantes nubes.

 

Ella estaba ojeando la última revista del corazón, cuando notó que su cuerpo experimentaba una rara transformación. Su busto estaba disminuyendo. Un líquido gelatinoso asomaba por la cintura, desnuda bajo el breve jersey. Enseguida comprobó que sus pechos recientemente adquiridos, tenían una fuga. La silicona se estaba escapando por la cicatriz aún fresca.

 

La artista, visiblemente contrariada, solicitó del auxiliar del vuelo, nada menos que una manta. El joven se la entregó, pensando que, entre las cosas variadas que le habían pedido los pasajeros, era lo más raro: una manta en pleno mes de agosto.

 

En la manta, la artista se enfundó, y, saliendo de la aeronave en busca de un taxi, atravesó el aeropuerto sudando a mares.