Prólogo

 

Cuando me pidieron que prologara este libro sentí la tentación de decir no, a causa de mis muchas actividades y poco tiempo. Pero me convenció la valentía de un grupo de hombres y mujeres que luchan como los antiguos trovadores por que la poesía vitalice la sangre de un pueblo que se está deslumbrando con las nuevas tecnologías, olvidando los pequeños y transparentes arroyos donde se bebe lo sencillo y lo cotidiano del hombre, que por sí solo ya es poesía. Sólo allí encontramos la auténtica y maravillosa belleza del verso.

 

 

LEONARDO GARCÍA (argentino)

 

El hombre ambiciona la tierra que yace estática sin fecundar por  amor, sino eyaculada por la codicia. Leonardo nos da un grito de impotencia ante una Argentina desangrada y un mundo indiferente al terror, que se macera sobre los pueblos más humildes de la tierra. Hay un inconformismo pleno en su hambre de paz. Su poema es una herida abierta y sangrante para todo aquel que sabe pensar.

 

 

ESMAR

 

“Desde el sur llevo a cabo mi tarea profesional, compartida con mi amor a la palabra escrita”, y nos afirma: “norte-sur es una alianza de recuerdos”. Ella camina de puntillas sobre el verso, como un hada con sueños de niña.

 

 

José LUIS DEL CASTILLO

 

El poeta oye la voz del verso, con una nostalgia exclusivamente suya, que lo aprisiona para crear nuevas formas donde el lenguaje se renueva. El mundo necesita nuevas formas poéticas para tapar las heridas de las lágrimas. Él con sus voces intenta cubrir esos espacios.

 

 

JUAN José ARCHILLA

 

Este poeta nos revela, a pesar de su juventud, la maravillosa belleza de la verdad. Detrás de ese humo al que dice amar, hay un inconformismo que se universaliza, donde el poeta pide a gritos un espacio para su mundo interior.

 

 

JESÚS DUMONT

 

Los versos de Jesús son como mariposas que revolotean “flotando en el aire”, cuyo destino es la belleza “cuando los vientos que silban corten de un tajo la tarde”. Impaciente, el poeta levantará su vuelo para llegar al corazón de la persona amada.

 

 

MEDARDO RAMOS

 

El humor es una flecha que él utiliza para romper el llanto de la monotonía. En su poema “El libro olvidado”, el autor denota su inquietante preocupación por el abandono de los clásicos. Este pensamiento suyo lo confirma: “Lo reciente se utiliza; lo antiguo, ya se olvidó”.

 

 

JOSEFA GABRIELA MORENO

 

La poesía de Gabriela es vocacional, aflora desde lo más profundo de su ser. No hay camino, dice Machado, pero ella lo hace, abriendo surcos en su caminar poético. Forma parte de varios colectivos literarios, lo que no destiñe su estilo propio. Es encomiable el autodidactismo que la hace avanzar en el género lírico, alejándola de su voluntaria soledad.

 

 

María VEGA RUBIO

 

Los versos de María se instalan en la carencia de amor. Ella, la autora, lo busca aun a sabiendas de que el amor es un niño egoísta que se resiste a la entrega total, y así nos lo cuenta: “Triste estaba el corazón/ aquella noche en el mar/ lo que  faltaba era  amor/ que lo hiciera palpitar”.

 

 

GONZALO MORales ORTEGA

 

Nos entrega una prosa poética donde defiende, como un guerrero samurai, las libertades del hombre y la mujer. Nos hace sentir su amor por la naturaleza y se desliza “por el verde serpenteado de las laderas”. Crea un enlace de sueños entre la naturaleza y la libertad.

 

 

MANUEL DEL OLMO AGUIRRE

 

Su poesía es como un mapa donde, con señales luminosas, el autor nos marca un camino a seguir en la navegación del pensamiento. Es un poeta social que utiliza la brújula de la observación, magnetizando con ella lo recóndito de su poesía.

 

 

ANTONIO S. URBANEJA

 

Los poemas de Antonio nos barren el alma para dejar espacio a la ternura y la piedad. Asombra su exquisita ternura ante el triste poema de Sonia. El amor místico es su Cristo de Mena. Hay una mágica armonía entre el dolor y su sensibilidad. El poeta juega con una nostalgia exclusivamente suya y nos hace sentir, a golpe de tambor, el canto legionario. Tal vez por su profesión de médico-poeta, él también se siente novio de la muerte.

 

 

JOSÉ L. SÁNCHEZ GARRIDO

 

Él lo dice: “mis versos no son versos”. Pero sí son, aunque quizás  no lo sepa, latidos del alma. No quiere ataduras, ni pretende conquistas estéticas, sólo desea instalarse en el corazón de aquellos que lo oyen. Y exclama: “tanto quisiera que me entendieras...”

 

 

María FELICIDAD MATURANA

 

En el poema “No me cierres la ventana”, la autora lanza un grito de impotencia ante la falta de libertad del enfermo. Es un grito social que hace temblar el día sobre los surcos verdes de un paisaje.

 

 

FLORINDO MUDENDER

 

El poeta acomete el viejo tema de la muerte, y lo transforma. como los brotes de los claveles, en una realidad cósmica. La muerte y la vida pasan a través de la madre en una reflexión nostálgica y nos dice: “Cae la niebla sobre el cementerio/ las luciérnagas me devuelven a casa”.

 

 

JOSÉ GIL MARTÍN

 

La poesía de José Gil aflora acariciando las formas y somete sus sentimientos a un camino estético que cuida, abordando la magia de jardines poéticos. Como característica general, el poeta nos introduce en su propio mundo, donde el amor y la fidelidad a la familia tienen un espacio común.

 

 

  ELOÍSA GARCÍA LORCA

 

La memoria infantil, cubierta de nostalgia, unge los versos de María Eloísa. En el poema “El torero, el toro y la muerte” nos relata la fiesta nacional, donde la alegría que besa el coso, se ve empapada de muerte.

 

 

María ANTONIA CARO

 

Estos romances recuerdan a los antiguos juglares, cuya misión era narrar todo cuanto sucedía en su entorno. La autora nos llena de nostalgia con estos versos.

 

 

JOSÉ BONILLA BARRERA

 

Los versos de este autor tienen una impregnación mística. Cabe decir que lleva sus emociones a flor de piel, en una reflexión moral que nos traslada al interior del alma.

 

 

ÁNGEL MONTES

 

Poeta y gran rapsoda. Su poesía, junto con su guitarra, es como una rosa de agua que se deshoja cual gotas en el corazón del sentimiento. Sus poemas permanecen siempre vivos en la memoria y abren cauces de nostalgia sobre el prado del recuerdo. Ángel es un poeta que, sin ser andaluz, entiende a Málaga como a una amante y la requiebra en comunión con su entorno y tradiciones.

 

 

FERNANDO PENÍN LÓPEZ-TERRADAS

 

El poeta dice no prodigarse mucho, confiesa ser tímido. Pero su poesía es una vibración que nos enlaza con un mundo de emociones, donde él, sin penumbras, habla de amor y soledad. Dos tiempos y una verdad, uno para amar y otro para el recuerdo. En sus versos hay una belleza escondida.

 

 

MANUEL GARRIDO JIMÉNEZ

 

En el poema “Arroyos de Noruega” descubrimos al viajero que, enamorado de la poesía, sigue fielmente sus orillas. Tiende un puente por donde camina de la poesía a la prosa, con el bagaje de una constancia que rinde pleitesía a la belleza de todo cuanto contempla, a través de sus viajes y de la vida misma.

 

 

José F. JIMÉNEZ JIMÉNEZ

 

José Fernando va por la vereda de una realidad poética intimista y amorosa. Toca la tentación sin paliativos y clama por ese amor que se le escapa con la realidad: “Pregúntale al viento la razón de mi existir”.

 

 

 

RICARDO BURGOS RUBIO

 

Este autor nos lleva en solitario “por Asturias y su verdor”. En su segundo poema hay un lamento al vivir en soledad, y nos dice con una realidad patética “No se puede vivir sin amor”.

 

 

 

MARIETTE CIREROL

 

Ella nos traslada con su poema social a una esfera de incomprensión e injusticia. Sus ojos buscan la paz, esa quimera que todas las personas de buena voluntad anhelan. La poeta no quiere ver el apocalipsis de la misericordia y pregunta dónde está la paz, para hacer con ella el paraíso de los más desprotegidos. ¿Quién le responderá? El mundo no lo hará, inconscientemente va matando a los poetas y abre sus ventanas a la soledad y al olvido.

 

 

 

ZAIDA DE CASTELÁN

 

Leer los versos de esta poeta es como beber en una fuente cristalina, al unísono, con las palomas. Su capacidad creativa y su visión estética, hace pensar que hay algo mágico dentro de ella. Lo recreativo se impone al lector y la lírica, dentro de la palabra pensada, dan en el blanco; como el arquero con su flecha, llega al centro de la diana. Sus poemas entran como una luz balsámica en el corazón de lo cotidiano.

 

 

ANTONIA DEL CORAZON DE JESÚS SORIANO

 

Poeta y mejor rapsoda. Lo primero que cabe decir es que las emociones que provoca con sus poemas nos trasladan a la reflexión interior donde habita el dolor o la duda. Observando sus dibujos nos preguntamos dónde empieza o termina el arte.

 

 

RAFAEL PÉREZ FONTaNO

 

El poeta hace resurgir la esperanza con su poema: Te espero. “Te espero en la rotonda nuestra, en la colina”. Recoge con una belleza amarga y un crudo lirismo, una estética impregnada de nostalgia “en la noche solitaria” de la poesía.

 

 

JOSé ANTONIO PLAZA MONTOYA

 

La reflexión, el dolor y el tiempo, son las principales inquietudes de este poeta, que nos empapa el sentimiento y hace pararnos en la esquina de la vida, para leer con ansia sus poemas, al filo de un otoño ya incipiente.

 

 

SALVADOR BOBADILLA CASARES

 

Este poeta tiene un bagaje cargado de belleza y realismo. Su poesía nos introduce en una penumbra misteriosa que enmarca la nada y, a través de ella, traspasa sus emociones, hundiéndonos en lo íntimo y “penetran el alma”. “Ay de aquel que tropiece con primaveras encendidas, eso me espanta”.

 

 

EMILIO GARCÍA ESPINAR

 

La poesía de Emilio posee riqueza de lenguaje y técnica. Podría hablar de cada poema por sí solo, pero en esta breve pincelada, quiero manifestar que escribe abriéndose paso a través de los bosques de la palabra. Cuando habla de los demás, está hablando de sí mismo. Se instala en la poesía como peregrino que busca la mística. Nada le es ajeno, pero es un espía de la belleza y la armonía.

 

 

 

Paseando por este poemario, me he sentido llena de nostalgia, disfrutando de los sueños de cada uno, y deteniéndome en aquellos cuya sombra tiene  frescura de árboles primaverales con brotes en flor de esencia poética.

 

Celeste Torres

Málaga, 2 de Julio de 2005

 

Leonardo García

 

Escribe poesía desde los 15 años, amante de la naturaleza; ha sido conductor de Radio y musicalizador del mismo por tres años, siendo galardonado con el premio “Sin anestesia” al mejor programa juvenil de Buenos Aires. Interpretó obras de teatro, como por ejemplo  Shakespeare: Romeo y Julieta y Hamlet; otras obras: Encrucijada y La Siaca; realización de muestras actorales anuales en Buenos Aires.

 

Tuvo su primera publicación poética en la revista AIR, número 15, en Málaga, España.

 

Es miembro del Sindicato Nacional de Escritores Españoles.

 

Disciplina

 

 

La metáfora colonizó mis músculos,

se apoderó del poder,

comercializó mi sangre,

privatizó las venas

y me prohibió circularlas.

 

La enseñanza de mi mundo me lleva

hacia presencias de sombras,

ensombreciendo las voces de mis padres;

ensombreciendo las caras,

bolígrafos y delantales de mis profesores;

ensombreciendo los tibios abrazos de mis amistades.

 

Humeaba tóxico el pulmón maratoniano

y la descompostura haría temblar

las piernas del mejor atleta.

 

Una oración escuchó mi alma al estrenar un arma

en tiempos de guerra, violenta, callejera.

Pude, con mi índice,

sostener la salvaje fiera sin disparar;

y el colegio militar, con las puertas abiertas.

 

Reflejos del sol adentro de la iglesia domesticada,

fría obligación de vivir,

y el aire que no entra por las ventanas.

 

Afuera, la selva ruge alrededor de las cátedras.

La selvática enredadera golpea

los muros de la violenta iglesia católica modernizada.

Las arenas carcomen mezquitas en Arabia.

Las rocas de la montaña padre

caen en los pasillos del templo budista.

El hambre atraviesa los ojos látigo.

En amazonía, bajo las iglesias evangélicas,

hay estómagos vacíos,

palabras vacías,

niños vacíos,

orden sin progreso

en su verde amarillenta bandera.

 

Los ejércitos toman otra medida:

vodka, martini, armas y cocaína.

Quieren ser la gran farsa de esta vida.

Desfilan por mis calles:

primero deshojando mis flores;

después, mi progreso e ilusiones.

Se llevan a los padres,

se llevan a los hijos,

saquean los hogares.

Desaparecen los amores del corazón.

¡Todo vacío, todo frío, y sin poder respirar!

 

Con Joao Avelange, vino el nuevo fútbol:

lo más absurdo, lo más comercial.

Abrió las puertas al billete humanizado

para terminar en cajas de acero starellazo.

 

Dos himnos en un campo:

una bandera y otra del otro lado.

Y me pregunto:

¿Es moral el fútbol?

¿Es moral la iglesia?

¿Es moral la guerra?

En ninguno de estos casos

el ser humano está reflejado.

Lo que sí se ve, es que no hay costumbres

del propio ser humano.

Sólo se ve un barco a la deriva, hipotecado.

 

Es siempre la fe

que desangra humanos con razón,

sin razonar.

 

Es siempre el hombre, codicia.

Nuestro primer hombre sobre nuestras cimas

es siempre deporte con escándalos y mentiras.

 

Llora el arte que se aleja del globo

cuando los artistas dejan de ser subterráneos,

perdiéndose en el sol del medio día,

dejando que su propia sombra

 

lo consuma en arena,

dejando que la ola lo succione

al fondo del mar cementerio.

 

Llora el arte frente a los muros de la vergüenza:

muros armados de neoanalfabetismo,

muros fuertes por fuera;

débiles, fríos y vacíos por dentro;

como todos los templos e iglesias

que yacen como piojos

en la cabellera de la madre tierra.

 

¡Sol, dame tu calor

para poder sentir tu estado!

¡Sol, dame tu color montañoso, crepusculario;

y sombras en mis espaldas,

cuando camino hacia tu vida sin descanso!

 

La tierra, sin peaje ni semáforos,

acolchona el terreno volcánico.

Ella me regala distancias para experimentar.

Yo le dejo mis pasos:

sangre y callos, sudor de ganas de más.

 

Miradas a tus suelos,

miradas sin pestañear:

aliento cultivado en el descanso,

bajo tus árboles articulados.

 

Ríos con miles de sueños, postergados

a una ciega eternidad, desterrada

por los cielos vecinos

y por los cerezos que largan sus frutos,

estrellándose por los suelos.

 

El carozo retumba bajo la piel

del acusado ignorante,

y las llagas de mis dedos

despiertan a mis familiares ancestrales.

 

El carozo retumba bajo las uñas encarnadas

de tu corazón que no cesa en resistir,

que me dice que ser un ciego al estado corporal,

es pertenecer a todo alrededor nuestro,

y así se quedará.

 

Y yo que no deseo pelear…

¿Cómo ver con otros

una diferente futura realidad?

Las respuestas me las da las estúpidas guerras:

 

Exterminar al calamar,

acostumbrarme al efecto invernadero

hasta pudrir mis huesos;

cuando antes había aprendido a respirar

sin dioses ni armas,

sin dinero ni falsas palabras.

 

¿Adónde estoy y quién soy?

¿Adónde están todos?

¿Adónde están los que desaparecen frente mío?

 

Buscando por todos los rincones

encontré a la resignación,

que todavía no había aprendido a mirar

hacia fuera de sus ojos.

Sólo reflejaba su rostro

y su corazón embalsamado,

y sólo escuchaba su voz

y lo que sus presidenciales jefes le habían ordenado.

 

La fría maza peligrosamente prohibida,

dormía frente a mí

cuando todo era de día.

Repatrié mi ser y mi luz vespertina,

independicé mi sangre y mis venas

hasta las pupilas.

 

Le di color a mi voz

y al imponente sol callejero.

Le di color a las estrellas, y sabor a la saliva

que rozaba mis labios con la dulce lengua, acaramelada entre sueños,

realidades y metáforas.

 

Pero todavía no aprendí de las esencias humanas:

no escalé las altas montañas subacuáticas,

ni salté al vacío paraíso.

 

No abrí las puertas de la casa de mis padres

para regalarles amor en sus paladares,

ni tampoco abrí la puerta

de mis amigos y desconocidos conocidos,

que sé que están todos por ahí.

 

Todavía yo también

sigo siendo hecho de fría maza contemporánea.

Los muertos escuchan mis gritos en silencio

y el alba se levanta como látigo de fuego,

atormentando mis sueños escalera.

 

Deseo una evolución más humana,

más generalizada:

partidaria universal del sueño,

 inmune a las llamas bífidas del hombre mentira.

Deseo agua que extinga la sed

y apague la codicia,

dejando que su vapor se esparza en la nada.

 

¡Otros monumentos, por favor!

¡Otros santos vivos ahora, por favor!

¡Otros grados de comandancia sin armas,

sin horror en la sangre sudada!

 

¡Otra clase de honor!

¡Que la historia alimente la juvenil enseñanza!

Disciplina en acción diaria de vida

es lo que pide el interior de la gente

en el rocío de la sonrisa vespertina,

en la nueva era, donde el silencio muere;

en la misma vida, a los pies de toda cordillera,

planicie, y forma viviente.

 

Leonardo García

 

 

 

ESMAR

 

Es mujer y poeta. Tiene escritos varios libros y lleva muchos años siendo miembro del Sindicato Nacional de Escritores Españoles. Así se presenta:

 

“Mis ojos se abrieron en una marinera ciudad de Asturias: en Avilés, ante un cielo de manto plateado y un bravo mar Cantábrico.

 

Allí transcurrieron mis años de infancia y adolescencia.

 

Más tarde, mi corazón inquieto, me llevó a conocer nuevos lugares y nuevas gentes.

 

Y hoy, desde el Sur, llevo a cabo mi tarea profesional compartida con mi amor a la palabra escrita.

 

Norte y  Sur, son para mí Luz al alma.

 

Siempre “haciendo camino al andar” – como el poeta dijo -, siempre caminando…

 

 

 

Que nadie robe tus sueños, niña,

que no te roben.

Que los sueños son hoy tus reyes,

que no te roben.

Que te encuentre el embrujo de la

noche,

cubierta por el plateado manto

de alguna estrella…

Pensamientos blancos, azules, violeta…

Que no te roben tus sueños, niña,

que no te roben…

 

z

 

Para algún poeta

que surca el tiempo…

Van mis versos. Para ti, que tomas

desnuda mi alma recibiéndola

en silencio…

Van mis versos…

Para el hombre que fatigado

camina,

casi sin saberlo,

escondido siempre tras un sueño…

Van mis versos.

 

z

 

Es amor esa mirada

donde sé que existo.

La esperanza esas manos

que las mías buscan.

Y es mi fe el abierto abanico

de tu voz en las horas

ausentes…

 

Se entrelazan los recuerdos más

bellos

para dar vida

a las quimeras,

que sutilmente navegan en mi

alma,

como caracolas que la playa

mece.

 

Escúchame en la noche malherida

por el tiempo que no pasa.

 

Espérame en el vergel de

sonrisas deseadas,

encontradas en algún ocaso de

la tarde.

 

El amor es esa mirada

donde tú sabes que EXISTES

Donde permaneces como diosa eternizada.

 

z

 

Juguemos a ganar tiempo

a la vida

¡Ganaremos!

Juguemos a empaparnos de esperanza,

ilusión, alegría…

Pongamos alas a los sueños.

¡Ganaremos!

 

z

 

Quisiera

mi barca anclar en puerto

y seguir mi vuelo desde dentro.

 

Elevar mis alas

hasta esa nube azul

que lleva al cielo.

 

Quisiera hacer

de mi aleteo,

melodía sutil

que conduzca tu corazón,

al mejor puerto

de la luz

y del sosiego…

 

z

 

Sobre la arena de la playa

dejé caer caracolas

encendidas de ilusiones,

para hacerlas realidad un día…

sobre el fondo marino de la vida.

 

Quedaron unas inertes, escondidas.

Otras, cobraron claridad infinita

bajo la blanca espuma

de la ola…

 

Icé la vela de mi barca

surcando mares de riesgo

y aventura,

queriendo llegar

hacia una orilla.

 

Conocí un pueblo,

una ciudad,

un puerto…

Amantes de la mar

que mis redes compartieron.

 

Conocí el amor, el fuego…

Trayendo a mi alma

la belleza y el Ensueño.

 

z

 

 

Vuela el tiempo

en el correr de las horas.

Me miras,

casi sin verme…

Como con miedo.

Y bajo mi cabeza,

como con miedo,

miedo a perderte.

 

Esmar

 

 

 

 

José Luis del Castillo

“J. Delcasmar

Dice de él entre otras cosas, Lídice Pepper Rincón, prologuista de (hasta ahora) su único libro:

 

“José Luis del Castillo Martínez siempre ha firmado con el seudónimo de J. Delcasmar y siempre nos ha dejado asombrados por su facilidad para la rima a cualquier cosa, en cualquier lugar…”

 

“Esa impronta genial, esa chispa, esa inspiración socarrona y oportuna, tan andaluza, son características de José Luis del Castillo… Pero hay otro José Luis más profundo, romántico, con una vaga melancolía, esa melancolía que acompaña a las almas solitarias. Y ahí surge el poeta hondo que conmueve con sólo las tres líneas de una soleá… “

 

“No fue una sorpresa cuando me dijo un día que le rondaba por la cabeza intentar crear una original modalidad de estrofa, dentro de los cánones clásicos, pero diferente a todo, a la cual llamaría “castillejo”

 

Castillejo al Castillejo

 

Esta estrofa que es novata

en el arte de rimar,

hoy la quiero presentar

como a una estrofa sensata.

La décima desbarata

a causa de un pareado,

que va justo colocado

entre quintilla y quintilla,

por eso no maravilla

que dado su buen hacer,

ésta se haga merecer

de la forma más sencilla.

 

 

Al bolígrafo

(Castillejo)

 

Te llevo siempre conmigo,

eres mi fiel compañero

y haces siempre lo que quiero

pues nunca fuiste un castigo.

Es mi bolsillo tu abrigo

donde placentero vas;

si te necesito estás

siempre a mi disposición

y escribes sin dilación

cuanto te manda mi mente.

Por eso no es sorprendente

que te tenga admiración.

 

 

Las voces

 

No quiero escuchar las voces

que van mi nombre diciendo…

 

Entre el susurro del viento

unos ecos de misterio,

van cruzando la marisma

que se divisa a lo lejos,

confundiéndose en la sombra

de una noche sin luceros,

sin estrellas que iluminen

este miserable suelo,

donde las más de las veces

está el corazón muriendo,

donde lágrimas amargas

salen de un lugar incierto,

donde las penas se cruzan

camino de un cementerio…

 

J. Delcasmar

 

28 de julio de 1988

 

 

 

 

Dejadme …

 

No pretendáis saber de mi pasado

ni de la llama oculta que me quema,

el silencio profundo es mi lema,

alegre ya me encuentre o angustiado.

 

Ya tenga el corazón triste y ajado

o al contento lo tenga por emblema,

dejadme con mi yo, con mi dilema,

pues estoy, os lo juro, muy cansado.

 

Si a veces es la risa mi etiqueta,

también sabe de penas y quebranto

mi espíritu sensible de poeta.

 

Dejadme, pues, en paz con mis problemas,

no queráis descorrer el negro manto

que cubre la inquietud de mis poemas.

 

 

 

 

 

Mi voz

 

Mi voz se perdió en la mar,

mis versos se confundieron

con el ruido de las olas

cuando por el mar abierto

cabalgan sobre tritones

y sobre espejismos muertos.

Mi voz se perdió en la mar,

se perdió mi último aliento

pidiéndole a las gaviotas

que te llevaran mis besos;

rogándole a los delfines,

que sobre sus blandos pechos

te trajeran hasta mí

colmando mi caro anhelo…

Mi voz se perdió en la mar,

y con ella se perdieron

mi sosiego, mi alegría,

mi razón y mi contento…

Y así, solo con mi pena

y mis desengaños negros,

me confundí entre la bruma

insondable del silencio.

 

José Luis del Castillo

 

 

 

 

 

Juan José Archilla Pintidura

 

Juan José es un joven poeta que últimamente ha ganado varios premios de poesía. Ha escrito letras para canciones y es Delegado de Información del Sindicato Nacional de Escritores Españoles y de la Convención Internacional de Escritores de Lenguas Europeas CIELE – ICWEL.

 

 

ODA AL HUMO

 

 

Amo al humo,

aunque tenga halitosis,

aunque amarillee mis dientes,

aunque provoque tos matutina

de Cohiba a Montecristo.

Y fumo porque me toca,

aunque Altadis me de un palo

en la cuenta corriente.

Rezo cada día

por los campesinos y torcedores,

por fumar un buen habano,

por descapsular el puro

utilizando la guillotina

sin amputarme la mano.

Amo al humo,

aunque mate,

aunque apeste,

aunque destruya mis pulmones,

aunque para dejarlo

sobren las razones.

 

 

 

 

 

 

EL SUELO

 

 

Siempre tengo el ánimo por los suelos.

La gente me pisotea sin piedad.

Todos están por encima mía.

Los perros defecan en mí,

y no lo hacen en sentido figurado,

sino literal.

Odio que me cubran con verdes esputos,

y que viertan colillas incandescentes

sobre mi cabeza.

Llongueras no es mi estilista,

ni grito con desesperación: ¡Ruper, te necesito!.

Me conformo con que los de Limasa

apliquen sobre mi pelo

algún champú anticaspa.

No, no traten de animarme,

de dar consejos para que me levante;

por mucho que lo intentes

mi autoestima seguirá a ras de suelo.

 

 

 

 

 

 

Historias de una Málaga utópica

 

 

Ayer paseé por el Parque Fluvial del Guadalmedina, entre niños que jugaban en toboganes y jardines llenos de florecillas.

 

Y en mi bicicleta con alforjas recorrí las plazuelas y no encontré aparcamiento en las bike-parking.

 

Y las casas del Camino del Pato se quedaron vacías porque la gente se marchó a vivir a calle Parras, Mariblanca, Madre de Dios, Hinestrosa.

 

Y la Judería brillaba esplendorosa.

 

Y las rotondas se convirtieron en vergeles.

 

Y de las heces de perro surgía trigo.

 

Y el pan se hacía en hornos de leña.

 

Y volví a la fila de los mancos del Echegaray a saborear los labios de alguna muchacha.

 

Y en el patio de mi casa tenía un huerto con higueras y pencas y algún jazmín para las biznagas.

 

Y subí al Castillo de Gibralfaro,

y de vuelta a casa,

en el zoco de la Coracha,

compré unas cerámicas de Enrique.

 

Y ya es demasiado tarde para soñar despierto.

 

 

Juan José Archilla Pintidura

 

 

 

 

Jesús Dumont

 

Escritor, Poeta, Colaborador de Prensa, Conferenciante y Publicista. Fundó el SINDICATO NACIONAL DE ESCRITORES ESPAÑOLES, la CONVENCIÓN INTERNACIONAL PERMANENTE DE ESCRITORES DE LENGUAS EUROPEAS: CIELE-ICWEL, las revistas: “Público”, “Vida Escolar” y “Escritores de España, de las que fue Director. Escribió cerca de un centenar de novelas de aventuras, género Popular, que inició en la “Editorial Valenciana”, y un número incalculable de artículos en revistas distintas sobre temas científicos y literarios. Fue promotor de las Mutualidades Laborales de la Industria y el Comercio; fundó OILCA, OFICINA INTERNACIONAL DE INFORMACIÓN LABORAL, CULTURAL Y ARTÍSTICA.

 

Profesor de la Universidad Libre de Humanidades de la República Argentina desde 1973; medalla de oro de San Isidoro en 1996;  Miembro de Honor del Colegio Oficial de Graduados en Grafología en 1984;  Promovió la incorporación de los escritores al Régimen General de la Seguridad Social, originando el Decreto 3.262/1970.

 

Fundador de la Escuela de Formación Intensiva Profesional “ESCUELA DEL EMIGRANTE”; y, durante su estancia en la Escuela de Medicina Legal, fue cofundador, con el Prof. Dr. Bonifacio Piga, y el Secretario, Dr. Villalaín Blanco, de la SOCIEDAD ESPAÑOLA DE MEDICINA LEGAL Y SOCIAL.

 

Fundó también, y promovió la UNIVERSIDAD MUNDIAL DE LA PAZ” que motivó Resoluciones de las Naciones Unidas, ONU y UNESCO, como a su vez, la Exhortación de SS Apostólica Pablo VI, para hacer viable la Paz en el Mundo; y ocasionó la Reunión Extraordinaria de los países socialistas en Budapest, donde acordaron la separación de los Bloques Europeos como colaboración a la Paz.

 

Ha recibido distintos premios además del Premio SAN ISIDORO del Ministerio de Cultura (año 1978, en unión del Premio MESA CAFÉ, del Cante de Las Minas de La Unión, que presidió con las Autoridades de Cartagena).

 

 

 

Flotando en el aire

(poema hablado)

 

 

Un mundo donde no exista amor,

romanticismo, y grandeza,

será un mundo condenado a la desesperación.

 

 

¿Por qué observo que a estas horas la luz en tu frente besa? ¿Por qué tu rostro de diosa tiene en su boca una rosa; y en la mirada, una estrella?

 

Me respondieron los vientos bajando de la montaña. Los vientos, bajaban fríos, helando tus manos blancas.

 

¿Por qué – pregunté de nuevo – tienes tus mejillas pálidas? ¿Por qué si mis versos llevan dentro de su rima el alma, no llegan hasta la tuya, para poder abrazarla?

 

Me respondieron las horas, horas sin prisas, olvidadas en el reloj de los tiempos dormidos en las distancias.

 

¿Por qué cuando yo te miro, siento que invade mi calma un abismo de ansiedad, y un anhelo de esperanza? ¿Por qué tienes en tu imagen esa solemne prestancia que me parece venir desde el cielo hasta mi alma?

 

Me respondieron con rimas varias musas solitarias, y me dijeron,   que ella,   era mi Musa esperada,   la que soñé desde siempre, cuando ya niño soñaba, con no sé qué extraños sueños, ni con qué anheladas ansias.

 

¿Por qué llevas en el pelo esos destellos de plata, esos rayos misteriosos que surgen de tus pestañas, esos mares tan profundos del fondo de tus miradas; que me invitan a beber del manantial de sus aguas?

 

Me respondieron los hechos cuando a mi lado no estabas. El tiempo se fue enseguida, dejando a solas mi alma; el tiempo guardó en su seno, la amargura de ese instante; por eso dejé mis versos, libres, flotando en el aire.

 

 

Flotando en el aire

 

Cuando los vientos que silban

corten de un tajo la tarde,

y se hunda el Sol en la bruma

manchando de oscuro el valle,

yo te abrazaré en silencio,

y en un suspiro constante

te recitaré mis versos,

que mueren apenas nacen.

Y cuando tinte la noche

las casas en los lugares,

y se enciendan las farolas

a lo largo de las calles,

la Musa de mis estrofas

vendrá en silencio a buscarme.

Cuando se entregue la Luna

en brazos de los pinares,

y sientas que por mis venas

corren torrentes de sangre,

y que tu pecho palpita

y que tus entrañas arden;

yo, te diré en un susurro,

palabras de amor, que nacen

de lo profundo del alma,

y nacen para adorarte.

Y si alguna vez el viento

jamás viniera a escucharme,

ni el Sol alzara su cara

para admirar el paisaje;

yo, dejaré mis poesías,

libres, flotando en el aire.

 

 

JesúsDumont

 

 

 

 

 

Medardo Ramos

 

Escritor y conferenciante que nace en Málaga. Tiene obra inédita y dos libros de auto-ayuda publicados. Cultiva también la poesía. Es miembro del Sindicato Nacional de Escritores Españoles y colabora en la revista-taller internacional  de literatura: AIR .

 

 

 

Casado sin suerte

 

Don Julián Redondo Paso,

treinta y seis años, casado.

Pero le intriga tal caso,

que le tiene preocupado.

 

¡Matrimonio, vaya tela!..

Una ocurrencia divina.

Si aguantas, ¡pues sí, te llena!..

Pero a mí no me fascina.

 

Esto ha dicho Don Redondo.

¡Vaya con el matrimonio!..

Dará un discurso profundo,

oigamos su testimonio:

 

¡Yo, gran hombre con talento!..

Eso dicen, eso escucho.

En cambio no estoy contento.

No, con la vida, no mucho.

 

¿Ustedes creen que pueda ser,

de que fingiendo cariño,

me haga limpiar mi mujer

y dar de comer al niño?

 

Un niño nació primero,

más tarde, la parejita.

Yo dije: ¿cuánto los quiero!..

Como ahora, pero irrita.

 

- 55 -

Irrita, sí, porque luego…

Los trillizos nos vinieron.

Mas ya no me gustó el juego…

¡Pero a ella le alegraron!..

 

¿Por qué le alegró aquel panal,

aquel de niños parejos,

con este tan corto jornal

y esta empresa más bien lejos?

 

Mi mujer pensó un día

que su madre estaba sola.

Mas cuando me lo decía,

pensé: ¡olé, nueva ola!..

 

¡Pobrecita mi persona,

trabajando para ocho,

pues mi mente así razona:

“que estoy ya como un bizcocho”!

 

Y más que voy a acabar

si nadie me echa un cable.

Ahí viene, me quiere hablar,

¡le noto un rostro muy amable!..

 

Mi vida, tesoro, mi amor,

eres todo mi cariño.

Alégrate por favor,

pues tendremos otro niño!

 

 

 

 

El libro olvidado

 

Gran héroe te considero.

Gran ayuda has dado tú.

No tienes precio en dinero

con tu portada de azul.

 

Enseñaste a analfabetos,

a torpes y a ignorantes.

Y a esos cerebros tan quietos

de niños principiantes.

 

Pero aun siendo tan hermoso,

te han dado a ti de lado.

Mientras no te vean famoso,

quedarás olvidado.

 

¿Es que no es fama benigna

el ser tú un buen maestro,

aquella que a ti te digna

a diestro y a siniestro?

 

Hombres que tan niños fueron

te recuerdan con amor.

E ilustres que te cogieron

progresaron en su honor.

 

¡Ay de los que no sabían!

¡Qué hubieran sido sin ti!

 

- 57 -

Pero muchos te cogían

con pereza para sí.

 

¡Tocas tantos corazones,

viéndote en el recuerdo!

Pero en sus bellos salones,

no te tienen viviendo.

 

Polillas te están saliendo.

El polvo cambió el color

de cómo fuiste en tu tiempo.

¡Me causas un gran dolor!

 

Lo reciente se utiliza.

Lo antiguo, ya se olvidó.

Se siente, se memoriza,

pero a un lado se quedó.

 

 

Medardo Ramos

 

 

 

 

 

 

 

Josefa Gabriela Moreno Gómez

 

Nacida en Baena (Córdoba). Escribe poesía, relatos y guiones de teatro. Tiene publicado un libro, y varios manuscritos depositados en el Registro General de la Propiedad Intelectual esperan su publicación. Colabora en AIR y otras revistas literarias. Es Delegada General de Actividades del Sindicato Nacional de Escritores Españoles.  Recibe la medalla de San Isidoro el 26 de abril de 2005.

 

Fobia a un color

 

 

Mirad, hay un negro hábito

colgado de la pared

en la habitación que habito,

de algún fraile que habitó;

y no sé que hacer con él.

 

Si habituándome al hábito

me pudiese habituar

a verlo donde yo habito:

ni él, ni yo, ni el que habitó,

nos tendríamos que quejar.

 

¡Mas! … tanto es lo que destaca

del blanco de la pared,

que sentado en mi butaca

la “negrofobia” me ataca

y el negro no quiero ver.

 

Si fuese una tela grana:

azul, verde, o amarilla,

o algún traje de gitana,

o el mantón de mi serrana …

¿Señores, que maravilla!

 

 

 

 

 

A las bodegas de “El PIMPI”

 

1

 

Hojas verdes cuelgan de sus paredes,

como parra es el techo que lo cubre,

hará un año el veintisiete de octubre,

que gozo sus tertulias y sus mieles.

 

Música de guitarra y cascabeles,

poemas bajo el foco de su lumbre

y muchos que llegaron a la cumbre,

estamparon su firma en sus toneles.

 

Tiene el arte en todas sus vertientes,

para todos es una maravilla:

sus vinos fríos, sus tapas calientes…

 

Palometa completa o más sencilla…

es “El Pimpi” cobijo de valientes,

por calle Granada y Alcazabilla.

 

 

 

 

 

A las bodegas de “El PIMPI”

 

2

 

Frente a él la Alcazaba vigilante,

entre el castillo y el Teatro Romano,

le hacen fantasear al ser humano,

con geniecillos y alfombra flotante.

 

Sus vinos dan calor al visitante,

sus tapas dignas son de un soberano

y en sus toneles pusieron su mano,

famosos dioses del séptimo arte.

 

Es “El Pimpi” un lugar adorable

para formar tertulias y reuniones,

su personal muy atento y amable.

 

Sus dueños se merecen bendiciones,

por hacer una labor tan loable,

al colmar al poeta de atenciones.

 

 

Gabriela Moreno

 

 

 

 

 

María Vega Rubio

 

Es miembro del Sindicato Nacional de Escritores Españoles y de la AME, Amigos de Málaga. Ha  ganado el primer premio de Navidad de la AME, en 2001, con su poema “Reflexiones Navideñas”. Ha sido publicada en la revista internacional AIR.

 

 

¿Dónde está el amor?

 

¿Dónde está el amor?

En el trino de un pájaro,

en los rayos del sol,

y en mi corazón.

 

¿Dónde está el amor?

En el beso de un niño,

en la mirada de Dios,

y en mi corazón.

 

¿Dónde está el amor?

En el limpio cielo,

en el mirar de unos ojos,

y en mi corazón.

 

¿Dónde está el amor?

En la paz de un abrazo,

en la nostalgia de un beso,

y en mi corazón.

 

¿Dónde está el amor?

En el sol, en el niño,

en el cielo, en Dios.

En unos ojos,

en un abrazo,

en un beso,

en un te quiero,

y en mi corazón.

 

 

 

Lo que le faltaba era amor

 

Triste estaba su corazón,

de la tierra lo más bello:

lo que le faltaba era el amor

que encendiera ese sueño.

 

Triste estaba su corazón

aquella noche en el mar:

lo que le faltaba era el amor

que lo hiciera palpitar.

 

Triste estaba su corazón

en la noche de los sueños:

lo que le faltaba era el amor

que lo iluminara con sus destellos.

 

Triste estaba su corazón

en la inmensidad del cielo:

lo que le faltaba era el amor

con suspiros de luceros.

 

Triste estaba su corazón

que solo vive de recuerdos:

lo que le faltaba era el amor

para no seguir sufriendo.

 

Triste estaba su corazón

sin ese rayo de luz:

lo que le faltaba era el amor

y aquel día, se lo diste tú.

 

 

 

Yunquera

 

Yunquera, pueblo escarpado,

por una empinada cuesta

hasta tu plaza he llegado,

bordeando curvas y laderas.

 

Laberinto, tus calles estrechas;

palomas blancas, tus casas;

y al final de la vereda,

una torre árabe acecha.

Vergel de verdes pinsapos,

viejos montes desgastados,

centenarios y altivos pinos,

majestad en el monte alto.

 

¡Ay! Yunquera, yo quisiera

volver a ti para admirar

los verdes pinos de tu sierra,

tus cortijos blancos,

tus veredas estrechas,

y ese verde pinsapar,

orgullo de Málaga entera;

y tu ermita que, altanera,

bendice y besa tu tierra.

 

Antes de llegar a ti, Yunquera,

encontré a Tolox en fiesta :

celebraban con alegría

el día de la Doncella.

 

Después visité Alozaina,

el pueblo de mi abuela.

De allí son mis raíces

y de mi madre, sus señas;

que un día te visitó

y por tus calles y cuestas

con nostalgia paseó.

Roahuevos quiero recordar:

la más empinada y estrecha.

 

María Vega Rubio

 

 

 

Gonzalo Morales Ortega

 

Es miembro del Sindicato Nacional de Escritores Españoles.

 

Dice que la poesía es dolor, amargura, desgarros del alma, desengaños de amor; que es plasmar sobre el papel todo lo que, a veces, no sabemos expresar con palabras ante los demás. Le gusta escribir sobre la belleza, la hermosura de la juventud, la soledad, el amor a la naturaleza; y también denunciar las injusticias, la hipocresía y la locura de la humanidad.

 

 

Hoy quiero recordar todo o parte de nuestro pasado, y me viene a la memoria lo intenso de nuestro amor, aunque a veces fuera desgraciado por cosas que aún no sé por qué nos pasaron. Quizás por los malos consejos que a ti te hayan dado. Fue hermoso y es bonito recordar el pasado, porque a través del amor todo será perdonado. ¡Hay cariño! Cómo mi corazón, día y noche, de menos te ha echado! Dime, amor, ¿por qué me has abandonado? No ves que sin ti mi vida no tiene sentido, y soy como el perro vagabundo que siempre anda descarriado. ¡Deja, aunque sea por piedad, que vuelva a tu lado! Hoy quiero vivir todo el tiempo que estuvimos separados y, junto a ti, con el fuego del amor de mi pecho desgarrado, hagas un  ramillete de flores y lo pongas junto a  tu cara, para que sientan envidia los que antes nos criticaron. Vivamos el presente y miremos el futuro por otro lado, pero sin olvidarnos del pasado.

 

¡Gracias, amor!

¡Cuanta felicidad me has dado!

 

 

 

Fuengirola,  23 de noviembre de 1999

 

Nostalgias de juventud que se fueron un día y no volvieron, aunque persisten en el recuerdo.

Recuerdos de jóvenes locamente enamorados.

 

 

 

Aunque tú no lo creas,

hasta el alma me duele

de tanto quererte

y

en cambio,

tú, con tus reproches

me das la muerte.

 

De amargura y de desencantos

el camino vas sembrando.

¡Disfruta con mis penas

que tus alegrías pueden volverse llantos!

 

A los cuatro vientos

vas pregonando

que por tus huesos

loco perdido estoy,

que perdido voy por las calles.

 

¡Mira tú, que aun no sé si quererte,

aun me lo estoy pensando!

 

Por el cariño que antes te di,

sufrimientos me diste a cambio.

 

Ni si vinieras de rodillas, suplicando…

 

¡Vete ya de mi vera

que ya estoy curado de aquel engaño!

 

Málaga, 28 de septiembre de 2004 – Desengaños de la vida

 

 

 

 

Un trozo de papel en blanco

que a escribir me invita…

Me retengo y luego,

ante la insistencia me arranco.

Sí, pero, no sé qué pongo.

Si miro a mi alrededor,

no veo más que tristezas,

miserias y guerras,

desamor y llanto.

Al cielo me encomiendo

para que me ayude

y no sufrir tanto.

Ya no sé quienes son mejores,

si los negros o los blancos.

O es que a lo mejor,

todos merecemos este llanto.

 

Fuengirola, 4 de febrero de 2003

 

No me importan los colores, pues me da igual blancos que negros, o rojos; o el campo con su verdor. Lo importante es que exista el amor. Por esto lo describo con el corazón.

 

 

 

 

Hoy es otoño y hace un día frío y gris, como corresponde a la fecha en la que nos encontramos.

 

Sentado en un alto collado de la montaña, al respaldo de una gran piedra para resguardarme del intenso frío, veo como pasan las nubes; veo como, empujadas por el fuerte viento, se acumulan sobre la cúspide de las montañas.

 

Vuelvo la vista al suelo y admiro la desmesura de la naturaleza; luego, girando la mirada hacia las altas cúspides de las más altas laderas, veo el colorido y la grandeza del inmenso robledal; veo sus hojas amarillentas revolotear, haciendo mil piruetas, hasta caer y formar la gran alfombra que cubre todo el bosque, contribuyendo de esta manera a la misión encomendada para la conservación de las especies.

 

Admiro el contraste que forman el verdor del pino y del alcornoque, el de los sauces que crecen al fondo de la cañada; y el de la cañada que se desliza serpenteando entre las dos laderas, donde se vislumbran grandes claros entre la arboleda, donde miles de flores, a cual más hermosa, crecen con vivos colores: Es el entorno más maravilloso que se pueda soñar.

 

Sumido en tu imaginación meditas, y piensas que si pudieras,  seguirías rodeado de tanta belleza y de allí, jamás te marcharías. Te sientes lleno de nostalgia, y tu mente se llena de recuerdos de la infancia.

 

Te inclinas para beber del arroyo,  un sorbo de agua clara. El entorno te arrastra, te absorbe hacia el infinito.

 

De pronto, oyes una voz en la distancia que te susurra y se hace nudo en tu garganta:

 

“Mírame, pero no me digas nada.

Déjame que te quiera sin decirte nada.”

 

Quiero escribir lo que no puedo decirte en palabras. Quiero darte las gracias. Quiero gritar que viva la libertad, que viva la naturaleza. Tengo el alma partida porque te quiero más que a nada.

 

¡Gracias democracia

por permitirme escribir!

¡Gracias democracia,

aunque algunos no sepan llevarte!

 

 

Gonzalo Morales Ortega

Fuengirola, 10 de diciembre de 1999

 

 

 

 

 

 

Manuel Olmo Aguirre

 

Es licenciado en Filosofía y Letras y Miembro del Sindicato Nacional de Escritores Españoles. Forma parte de diversas instituciones de carácter cultural. Autor de diecisiete relatos y de dos novelas cortas, además de un montón de poemas de diferentes géneros: épico, lírico y didáctico  (fábula y epigrama).   Ha escrito  una veintena de artículos de opinión sobre asunto social o científico, aparecidos en distintos periódicos y revistas. Ha participado en varias antologías poéticas. Cultiva también la música, el dibujo y la pintura. Declara ser independiente en su creatividad, sin estar vinculado a movimiento ideológico o intelectual alguno.

 

 

Del dialogar, dialogando

 

“El dialogar – me decían –

es la forma de entenderse,

porque, sin diálogo previo,

nada podrá realizarse

y, con el dialogar, todo

ha de poder conseguirse”.

 

Así lo comprendí yo

y bien traté de entenderme,

mas mi proyecto falló,

 

al descubrir prontamente

que, tan social menester,

fracasaba, ciertamente,

 

ante la gran cerrazón

que los humanos mostraban

al practicar tal función;

 

pues, muchos, con la porfía,

hablaban tan a la par,

que a nadie se le entendía;

 

unos, sobre su opinión,

justo decían la opuesta

por llamar a confusión;

 

otros, por intransigentes,

sólo podían querer

lo que bullía en sus mentes;

 

algunos, se prodigaban

por demostrar que, salvo ellos,

los demás se equivocaban;

 

aquellos, con el pretexto

de no entender el mensaje,

rechazaban el contexto;

 

ciertos, rebosando en verbo,

a los demás no dejaban

hablar de su propio acervo

 

y; varios, soltaban risas,

de envidia, burla o crueldad,

por las ajenas premisas,

 

sin, ni siquiera, faltar

sujetos que amenazaban

a los de opuesto pensar,

 

ni burdos, sin miramiento,

tildando de ser mentira

ajeno aseveramiento.

 

Y, los que más insistían

en la opción dialogadora,

tanto menos se avenían

 

en aceptar las razones

propuestas en asamblea

competente en las gestiones.

 

De tal modo, colegí

que, dialogar, es callar;

decir a todo que “sí”;

 

evitar contradicciones;

hacerse el equivocado

y; no entrar en discusiones.

 

Y, frente a tal deducción,

quedando mudo en el dicho,

apliquéme la lección,

 

recordando que es prudencia

guardar discreto silencio,

antes que hablar sin sapiencia.

 

 

 

 

La esperanza interminable

 

La vida dura un instante;

la muerte una eternidad

y, con ser apasionante,

del vivir, su brevedad,

se la malgasta bastante

a esa temporalidad,

por ignorar lo tocante

a vocacionalidad

y por el creer constante

de que habrá oportunidad

para obtener lo importante

y hacer con notoriedad

lo, de cierto, interesante.

Y hasta cuando, en realidad,

se ve no quedar sobrante

de, la vital, cantidad,

aún se sigue adelante

con la posibilidad

de solución anhelante,

que colme con saciedad

y de forma fulgurante

la vieja necesidad

y cumpla con lo apremiante

de la obligatoriedad

………………………………….

Como si fin no tuviera

la esperanza que nutriera

lo que, lograr, se quisiera.

 

 

 

A P O T E G M A

 

Una nube amenazante

al horizonte asomaba,

con su negrura inquietante.

 

Y, cuanto más avanzaba

por la región de los vientos,

tanto más se dilataba,

 

causando presentimientos

de una fatal desventura

el comprobar los intentos

 

que, su negra tenebrura,

hacía por engullir,

sin dejar resquiciadura,

 

el radiante refulgir

de las nubes luminosas

que intentaban expandir

 

claridad sobre las cosas

que, en alturas y en depresos,

aparecían brumosas.

 

Mas, cuando en tales procesos,

que impedían la visión,

todos quedaron inmersos,

 

vino un rayo, de ocasión,

que a la nube, en un retar,

hizo profunda incisión;

 

haciéndola vomitar

toda la luz que tragó,

tras un violento explotar.

 

Pues, al tiempo en cerrazón,

de errores y obscuridad,

seguirá el de la razón,

que haga brillar la verdad.

 

 

Manuel Olmo Aguirre

 

 

 

 

 

Antonio-S. Urbaneja Fernández

 

Poeta y escritor incluido en la Enciclopedia Andaluza, en la Asociación de Médicos Escritores, y ex Presidente Adjunto del Sindicato Nacional de Escritores Españoles. Tiene escritos y publicados varios libros.

 

A Sonia Caravantes

 

¡Qué pena, Sonia, que fuera en mi pueblo,

en tu colonia, a las puertas de Monda,

tan triste historia!

¡Qué pena, Sonia, de tu frescura,

la de tus pocos años, y tu hermosura!

¡Ay tu inocencia perdida en un momento

con tu existencia!

Ya sabes que en el mundo hay desdichados,

aquellos que se mueren sin ser llamados.

Y tú con La Fuensanta gozas del cielo

y eres la niña santa aquí en mi suelo.

¡Qué pena, Sonia, que en esa noche triste,

en desdichada hora sola estuviste, y nadie

te amparara de tan terribles fieras,  fieras humanas!

¡Qué pena, Sonia,

que fuera en esta tierra tan rica en flores

y tú entre piedras faltando sus colores!

¡Qué pena, Sonia,

que un hombre de Coín o un mondeño

no estuviera allí evitando el empeño

de gente vil, sin la cordura

que tienen por aquí las criaturas!

 

¡Qué pena, Sonia,

niña bonita,

que mueras en mi tierra,

tierra bendita!

 

 

 

Soledad de mi cofradía

 

 Soledad de MENA, Virgen bonita,

ni grande, ni pomposa, ni pequeñita,

con su cara de pena, tan sencillita:

Flor en el pecho, lirio cromado

sobre el añil rehecho y recamado.

Su manto, su rosario, sin más alhajas

que el mundo es un calvario,

una mortaja, y el oro y la plata

es polvo y paja.

 

Esa toquilla blanca en la cabeza

usual prenda santa por su simpleza.

Elegante capilla guarda el misterio:

La que está de rodillas y el Cristo serio,

clavado en una cruz y encarnecido,

del dolor plenitud y consentido.

 

Delante de su Hijo mi Soledad.

Ella misma lo dijo:

“Aquí está el del prodigio de poder perdonar”.

 

Cariñosa mirada como aguardando

angustiosas llegadas y está llegando

el cofrade piadoso

en el camino oscuro y doloroso de su destino.

El cofrade suspira y está rezando

y la Virgen lo mira y está escuchando.

 

¿Es marinero, legionario quizás,

un cofrade modelo;

y allí está la que está esperando

con su cara de pena

y dulce encanto?

Consuelo grande;

está tan aliviado

que cumplir cuanto mande

le ha contestado.

 

Oscuro añil de su sencillo manto,

su hermosa Flor de Lis y lugar santo,

donde siempre perdona este Hijo bendito

a quien asoma humilde, calladito

como esa persona que reza tan bajito

a la Señora del manto sencillito:

Sin esclavinas, joyas lujosas

y otras mentiras

que el cielo desestima

y el mundo adora.

 

 

 

A mi Cristo de MENA

 

Éste, mi Cristo de la Buena Muerte,

clavado en la Cruz y encarnizado,

con todo aquel dolor tan aceptado

es mi Cristo, mi Dios, mi buena suerte.

 

Aquí yo lo encontré en su capilla

con su madre, la Virgen, a su lado,

la Magdalena a sus pies clavados,

desconcertada y triste, de rodillas.

 

Allí el duro legionario estaba

guardando la figura impresionante

con la que Paco Palma replicaba

a la que desde niño lo inspiraba

por su paz, mirada y buen talante

de la conformidad que denotaba.

 

Antonio-S. Urbaneja Fernández

 

 

 

 

 

José Luis Sánchez-Garrido

 

Ha escrito varios libros de prosa y de poesía. Pertenece al Sindicato Nacional de Escritores desde hace muchos años.

 

El patio

 

Patio de Antequera,

de toldo elegante y ocre.

Jazmines tremendos, dama de noche,

cantar del agua en la fuente cercana.

 

Olores intensos, luces diáfanas,

sombras, humedad, pureza del aire,

recuerdos entrañables,

legado de nuestros ancestros.

 

Vida, alma, espíritu,

paz, sosiego, vivencias, esperanzas,

alimento del alma, horizontes.

¿Es eso el cielo?

 

 

 

En los sesenta

 

Ves como de pronto los amigos se van,

como muchos en fila se van

sin despedirse siquiera.

Como otros se van despacio,

con largas despedidas.

¡Ves como el adiós

nunca termina!

 

Se van mis amigos,

mis amigos se van, y yo

solo me quedo.

 

Quiero aprovechar lo que me queda,

abrir la ventana al mañana,

caminar el camino que me queda,

que concreta mi tiempo,

mi mañana.

 

 

 

Mis versos no son versos

 

Mis versos no tienen métrica,

mis versos no tienen rima,

quizá mis versos

no sean versos.

 

Escribo versos libres,

escribo lo que siento,

no quiero ataduras.

 

¡Pero quisiera tanto,

tanto quisiera,

que me entendieras!

 

José Luis Sánchez-Garrido

 

 

 

 

María Felicidad Maturana

 

Escribe prosa, teatro y poesía. Es Delegada de Almería y Delegada General de Andalucía del Sindicato Nacional de Escritores Españoles.

 

 

Notas de ilusión

 

En el pentagrama de la vida

pongo notas de ilusión,

poniendo mi alma entera

en el do, re, mi, fa, sol.

Do, es anhelo de vida;

Re, es todo mi amor;

Mi, es una melodía;

Fa, es como una canción.

Sol es todo sinfonía

y ésta es la composición

con la que canto al futuro

con el Do, Re, Mi, Fa, Sol.

 

 

 

¡No me cierres la ventana!

 

Te lo ruego, por favor,

¡Déjame que vea el campo,

deja que vea la pinada!

Quiero ver el lago azul,

quiero aspirar el rocío

de la temprana mañana.

¡No me cierres la ventana!

 

Quiero ver ese árbol

que se llama jacaranda;

quiero ver sus flores lilas

que llegan hasta mi ventana,

acariciando los cristales

con la suave brisa del alba.

¡No me cierres la ventana!

 

Quiero oír los trinos

de los pájaros que alegres

revolotean, saludando a la mañana.

Y quiero ver esas nubes blancas

que parecen algodones

y avanzan de mil formas.

¡No me cierres la ventana!

 

¡No me la cierres,

que por ella veo ese mundo,

ese mundo que está fuera,

fuera de mi estancia!

 

No puedo salir,

a la cama estoy atado

por el resto de mis días.

 

Por eso … te lo ruego …

¡No me cierres la ventana!

 

 

María Felicidad Maturana

 

 

 

 

Florindo Mudender

 

De este joven poeta que acaba de sacar a la luz su primer libro, Enrique Zattara, su prologuista,  nos dice entre otras cosas:

 

Si alguien ha dudado alguna vez sobre la concordancia entre el sentido y la expresión discursiva de un poema, los textos de este poeta podrían ser uno de los ejemplos más claros de esa extrema identidad que convierte a la palabra  poética en una unidad inescindible de su significación, que no es - como cualquiera sabe - la misma que la mera significación comunicativa.

 

Porque el discurso poético de Mudender es un ancho río que fluye a ratos con mansedumbre y otras con estruendo, pero siempre incesante, a fuerza de acumular imágenes con una inagotable riqueza, arrastrándonos inconteniblemente en su furioso camino hacia una anhelada desembocadura tan esperada como impredecible.”

 

Enrique D. Zattara Hernández

 

Los heraldos

 

Fuegos bajo el agua

La danza de los muertos

en noches de invierno

 

Llegaron los vientos helados de Noviembre y de Diciembre    Estos meses devuelven la solemnidad a los rostros de los cadáveres    Apagan el incienso    Dejan la casa sin olores   Estos meses acercan a los hombres al cementerio

 

Las luciérnagas gustan de los establos   Entran a los más pequeños de la casa cuando llega la hora   Traen la alegría de los muertos y de los que tardan en volver Cierran el baúl cuando los últimos meses hacen de los huesos la horma de los hombres  Las luciérnagas apartan de la acera al perro rendido

 

Llueve sobre el mar.

No crecen las ostras a causa de las grandes lluvias  La lluvia ablanda las rocas   Zarpa la canoa  y mi muerte crece

 

Se fue la luz a causa de las grandes lluvias  No supieron los claveles dónde crecer   No supimos con qué ideas ocupar nuestras mentes  El humo de leñas mojadas nubló las tabernas  El empleado llenó los jarros con cerveza amarga  Nos la bebimos haciendo muecas  y nadie se fijó en que el hollín del techo era agrio

- 105 -

Miércoles es el día de los muertos

 

Fueron sembrados al lado de los claveles  La lluvia los hizo retoñar  Hoy mamá los espera  Los más pequeños danzan en torno a la hoguera

 

Sabíamos sus gustos:  querían ser cenizas  y los sembramos al fondo del patio   Iba a ser un cementerio nuevo  grande  en lo que se gastó la herencia que dejaron  A todos se nos ha muerto algo  Pero a ellos  a ellos se les ha muerto todo   Querían ser cenizas  Sólo cenizas  Que no se tropezara con sus huesos en los pasillos  Que no se oyeran sus pasos cuando se va la luz  como ocurrió anoche  con la menor de nuestras hermanas   Le oímos sus pasos  y eran tristes

 

Los muertos se ven al revés en los espejos  Cuando ríen parece que lloran  No se reúnen en las tabernas  Sólo vuelven los miércoles  nuevos  como hace unos años cuando querían ser cenizas

 

Despertaron a mamá con la canción de los muertos  y hoy hará un día de sol  un Domingo de Pascua  y mamá cantará de rodillas  arrimada al altar  y serán Salmos   Sólo Salmos

 

El   Domingo   los   recibimos   con   aguinaldos     Les sacudimos el polvo de los pies   y vimos cuán callados se iban hacia el fondo del patio  detrás de la luz  junto a los claveles

 

Los queríamos en casa  junto a nosotros  a la hora del té  a la hora que mamá dice los Salmos   El té hace más llevaderas las noches sin ellos   Pasamos los días junto al estanque   Los jacintos de agua nos mantienen alegres durante las tardes   Ellos tienen nuestra misma edad y crecen en la tierra   bajo la sombra de las rocas Pero la lluvia entristece a los muertos  La tierra es rancia cuando llueve   Estos muertos son como el pan Les invade el moho cuando se guardan en la sombra

 

Las noches del cementerio son frías   y este es el mes de aguas heladas sobre las rocas  de vientos fuertes  y de grandes lluvias   Diciembre trae el mal tiempo para la siembra de los cadáveres  El frío endurece a los muertos

 

Cae la niebla sobre el cementerio Las luciérnagas me devuelven a casa   Todas  las  noches  retoñan  de mis ojos   Soy tierra a fuerza de pensarme permeable

 

Nadan bajo el puente durante las tardes  y por las noches se reúnen en torno a la hoguera   El camino del cementerio es el más corto que toman los pies   Cuando llueve vuelven a casa (rondan sin asomarse al balcón)

 

Ya vendrán tardes de sol y de viento   de buena cerveza en las tabernas  y de leña seca  de antorchas por sol y por luna  y de un huerto fecundo  y dejaremos la casa para ellos (la gran casa de amplios salones)

 

A los destellos de luz por las rendijas del techo  Mamá les abre la puerta  No son huéspedes que vienen de lejos   Son los Heraldos

 

Florindo Mudender

 

Escrito en Santiago de Cuba

en octubre de 1996