Escritores y Poetas de Chile

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ALICIA GUTIÉRREZ WORMAN

 

 

Sonrisas frente al espejo

de su libro: “TALCA, PARÍS Y LONDRES”

 

Hasta en los “toilettes” para damas, puede haber simpatía, puede haber amistosa conversación, si hay una sonrisa primera para iniciarla.

 

Fue así que en ese lugar del Club de Campo de Las Salinas, donde asistía a una tarde deportiva, Verónica, sin más ni más, luego de sonreír de verme y observándome, me preguntó derechamente:

¿Qué edad tiene Usted? ...

 

Tal vez encontró que yo era una mujer “sin edad” ... al verme con una tenida deportiva: mi sombrerito blanco de rafia y un buzo “alolado” ...

Pues todavía corro, juego tenis y me hago mis buenas caminatas por la arena mojada de Reñaca, cuando el mar se retira.

 

Quedé mirando a Verónica. Su simpática sonrisa me daba confianza y le contesté con la verdad.

¡Casi cuatro veces veinte ... como dicen los franceses: “quatre-vingt” ...

¿Casi ochenta? ... Se quedó un tanto sorprendida.

 

Porque correr y jugar al tenis es casi imposible para muchas mujeres chilenas ... a esa edad. Más andar sola, acompañada de una libreta de notas en un café ... ...

 

Sáquese los lentes – agregó –

 

Yo obedecí y me los saqué ...

 

¿Qué vería en mis ojos? ...

 

Y siguió una alegre y simpática conversación en francés, con la dama que estaba a su lado, quien era su suegra.

 

Ella me dijo en tono casi confidencial: “Moi, j’ai quatre-vingt-deux” ... Tengo 82.

 

C ‘est très bien Madame – le respondí

 

Y Madame Thérèse, esta santiaguina, también me pareció una dama culta, donde no se cuentan los años.

 

Verónica siguió refiriéndose a su suegra en gentiles términos y Madame Thérèse hacía como unos gestos de desaprobación... Yo observaba a través del gran espejo que teníamos al frente.

 

¡Lindo! ¡Lindo! ... Suegra y nuera en perfecta unión en el día de San Valentín, de los Enamorados y también de la Amistad.

 

Verónica, gentil damita, sugirió que nos sacáramos una foto allí mismo, con una máquina que ella portaba. Y nos enfocó frente al espejo, en una original toma, donde aparecíamos las tres con la sonrisa ... que, junto con la palabra, le ha sido dada al ser humano para comunicarse...

 

 

 

Alicia con Verónica

 

 

 

 

 

PABLO CASSI

 

 

Inútilmente

 

Hay que hacer reír al cielo,

lavar su rostro

que cada día se pone más negro.

 

Una paloma herida

inútilmente abandona

la cornisa de un hospital.

 

El aire manchado de smog

envenena

a los que mañana vendrán.

 

 

 

Tedio inevitable

 

Vivo

para salvarme

de mis derrotas,

del tedio inevitable

que se inicia

con tu mirada.

 

Me apresuro

como la noche hacia un sitio

desconocido.

 

 

De su libro: VEINTE AÑOS DE POESÍA                                        

 

 

 

 

 

LUZ LÜDERITZ

 

Escritores

 Breve recuerdo sobre afinidades

desde ángulo personal

- Tercera parte –

 

Aunque alcanzando a Hesse, pero yendo a un plano más alto, Thomas Merton (1915 – 1968), dice en sus Pensamientos en la Soledad:

“Dios no revela sus más puros secretos al que está preparado para revelarlo. Tiene secretos que sólo dice a los que comunican a los demás una idea de ellos. Pero esos secretos son propiedad común de muchos. Dios tiene otros secretos que no pueden decirse. El mero deseo de decirlos nos incapacita para recibirlos.”

 

Luego, refiriéndose a la religión, dice:

“La revelación de Dios al hombre por medio de la naturaleza no es propiedad exclusiva de ninguna religión; la comparte toda la raza humana y está en los fundamentos de todas las religiones naturales.”

 

Y también opinando respecto a las doctrinas orientales, a las cuales Hesse era abiertamente adicto, persuasivo hace comprender que éste debiera haber preferido el cristianismo, con esta pauta:

“La corrupción del simbolismo cósmico podemos entenderla mediante una sencilla comparación: fue algo así como lo que acontece a una ventana cuando el aposento  deja  de  recibir  luz del exterior.   Cuando es  de día,  vemos a través del cristal lo de afuera; cuando

 

llega la noche sólo se puede ver si no hay luz dentro. Si encendemos luz, sólo nos vemos a nosotros mismos y nuestro aposento reflejado en el cristal. Adán en el Paraíso podía ver a través de la creación como a través de una ventana: Dios resplandecía a través del cristal con tanta claridad como la luz del sol. Abraham y los Patriarcas, y David y los Santos de Israel – raza escogida que conservó intacto el testimonio de Dios – podían ver todavía a través de la ventana del modo que uno mira en la noche desde un  cuarto oscuro y ve la luna y las estrellas; pero los gentiles comenzaron a olvidar el cielo y a encender lámparas suyas dentro del cuarto, e inmediatamente les pareció que el reflejo de éste en la ventana era “el mundo del más allá”. Comenzaron a adorar su propia obra, y esa propia obra a menudo era abominable. No obstante algo quedó de la pureza original de la revelación natural en las grandes religiones del Oriente.”

 

Thomas Merton, monje cisterciense, desde su celda de la Abadía de Gethsemaní, monasterio trapense en Kentucky, entregó al mundo un mensaje, que sólo algunos privilegiados encuentran, justo en el momento oportuno. Únicamente mencionaré algunos títulos: “La Vida Silenciosa”, “Semillas de Contemplación”, “Pan en el Desierto”, “Cuestiones discutidas”, “Ascenso a la Verdad”, etc., y dejémosle que se retire a su Observancia Estricta.

 

Bien, ¿Cómo se puede captar tan nítido lo que fueron Mauricio, David, Hermann y Thomas, a través de sus escritos?... Porque un libro es la radiografía de una expansión de  ideas  individuales  sobre  un tema.  Porque tras la idea hay

 

un espíritu que resucita constantemente. Merton hace temblar su claridad hasta futuros tiempos, y así como Lawrence sabía que, al decir de Huxley: “El verdadero escritor es un ser esencialmente aislado que no debe desear las uniones ni las mezclas y que se traicione cuando apetece con demasiada vehemencia las satisfacciones humanas comunes”; al revés, Merton, desde su cotidiano vivir fuera del mundo, se vuelca a la Libertad absoluta: “Sólo Dios puede alcanzar a Dios”.

 

Por otro lado, Hesse, con sus ternuras, tristezas, su gran delicadeza para decir sinceramente lo que siente, con seguro tacto, ameno y profundo, es también polo opuesto de Lawrence que en su amenidad tiende a ser demasiado corriente y habituado a palpar lo cotidiano.  Sin embargo, ¡qué verdades dice! ¿Cómo no se le va a incluir, aun cuando creyera en ciertas ocasiones que el cristianismo era asunto del pasado?... Su misma inocencia lo salva. Y Maeterlick, con su lenguaje sublime, que todo lo perdona porque ningún pecado puede deteriorar al alma, y que nos habla sobre “la bondad invisible”. ¡Cómo no va a darnos qué pensar, si todos parecen tratar al Espíritu Santo!

 

Estas personalidades se pueden aceptar dentro de la corriente filosófica o mística. Similarmente fuera de ellas hay varias que atraen por su sabiduría e ingenio, pero son tan familiares éstos que llegaron al intelecto, que dentro de esta intimidad sin discusiones, se prefiere, por ahora, no invitar a nadie más.

 

En esta simple mentalidad retratada en estas páginas, dilectos amigos se han conocido y cambiado ideas, fugazmente, como en una tertulia inesperada, o quizás si ellos mismos quisieron unirse un instante, guiados por ese Gran Espíritu con el cual, en distintos lugares del mundo, nacieron marcados.

 

Ya se fueron. En toda reunión llega el momento de volver a estar solo.  En que cada cual parte para su lado y los dueños de casa, esta vez Corazón y Mente, quedan recordando, sin tensión, volviendo a ser ellos mismos; porque por mucha afinidad o admiración que testifiquen a sus visitas, ninguna logrará que cambie sus propias tendencias y estilo, el propio credo. En todo caso, aquí no fueron visitas introspectivas sino invitados y las frases escogidas fueron hechas por un sólo criterio: el del Corazón. Por lo tanto, igualmente es de exclusiva responsabilidad del lector la deducción que saque de este específico ensayo.

 

Cuando se cierre la tapa de un libro, debiera ser idéntico que cuando se asegura la puerta después de las despedidas: Se sabe que se cuenta con tales amigos, mas no se tiene el derecho de apropiárselos; ya que ellos a su vez, por su conocimiento y prudencia, respetan todo sino.

Luz Lüderitz

 

 

Imagen sacada de la WIKIPEDIA, la enciclopedia libre de Internet

Autor: W. Marsh

 

 

 

 

 

IN MEMORIAM Violeta Parra

que tanto amo la vida

y sin embargo...

 

los sinsabores de esta vida, que tanto amaba, la llevó al suicidio a los 49 años.

Nació en Santiago de Chile, el 4 de octubre de 1917,

y allí, dejó de respirar, el 5 de febrero de 1967.

 

 

Gracias a laVida

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me dio dos luceros que cuando los abro,

perfecto distingo lo negro del blanco,

y en el alto cielo su fondo estrellado

y en las multitudes el hombre que yo amo.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado el oído que, en todo su ancho,

graba noche y día grillos y canarios;

martillos, turbinas, ladridos, chubascos,

y la voz tan tierna de mi bien amado.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado el sonido y el abecedario,

con él las palabras que pienso y declaro:

madre, amigo, hermano, y luz alumbrando

la ruta del alma del que estoy amando.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado la marcha de mis pies cansados;

con ellos anduve ciudades y charcos,

playas y desiertos, montañas y llanos,

y la casa tuya, tu calle y tu patio.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me dio el corazón que agita su marco

cuando miro el fruto del cerebro humano;

cuando miro el bueno tan lejos del malo,

cuando miro el fondo de tus ojos claros.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.

Así yo distingo dicha de quebranto,

los dos materiales que forman mi canto,

y el canto de ustedes que es el mismo canto

y el canto de todos, que es mi propio canto.

 

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

 

 

 

Violeta Parra