Los Ángeles de la Guarda

por Mariette

                                                                                            

Prólogo de la autora

Este es un libro que os parecerá algo fantástico. Tiene mucho de sueño; pero, dentro del sueño se esconde una realidad latente. Todo es imaginario, mas es ficción de realidad. Es algo que quisiera fuera verdad, que quizás lo sea, pero que sólo se puede dar a conocer envuelto en un velo de fantasía poética. Es algo que tengo dentro desde hace muchísimo tiempo y que tiene que salir.

 

“AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS HE AMADO”, dijo Jesús. Y yo que no soy perfecta, os digo: AMAOS COMO QUISIERA AMAROS Y COMO QUISIERA SER AMADA.

 

LEEDME, eso será vuestro primer acto de amor hacia mí, y ¡OJALA OS SEA DEVUELTO CON CRECES!

 

 

 

Primeros tiempos en el Camping LA HABANA, cuando estaba escribiendo LOS ÁNGELES DE LA GUARDA. Estoy con tres de mis hijos: La mayor, Manuela, está detrás de mí. Desgraciadamente no se le ve la cara. El segundo, Roberto, en brazos de mi marido; el tercero, Alain, no está en la foto; el cuarto, Lorenzo, delante de mí. Sandra todavía no había nacido. El asno no es nuestro, pertenece a Rogelio, que vivía cerca del Camping.

 

 

 

Capítulo 1

 

Estamos en un lejano futuro, los habitantes de la Tierra se han vuelto algo mejores, más humanos. La ciencia ha evolucionado, la comunicación entre los pueblos se ha simplificado. Se adopta el esperanto como idioma común que se enseña, además del idioma nacional, en todos los colegios del globo. Los gobiernos ya no pelean entre sí, se han unido y luchan juntos para la conquista del espacio.

 

El último descubrimiento y la mayor esperanza de los terrícolas es la astronave “GALAXIA”. Tiene forma de trompo, mide 500 m de diámetro, y está enteramente construida con un vidrio sintético especial, muy resistente y a prueba de las temperaturas más elevadas.

 

Esta astronave tiene un motor quasariano diez millones de veces más potente que un motor atómico. Con este motor, la astronave puede volar con la rapidez de la luz. Su forma esférica y el movimiento de rotación sobre su eje le permiten atornillarse en un punto fijo, lo que resulta muy práctico para la observación. No emite ruido alguno y, con todas las luces apagadas, puede pasar desapercibida. Esta nave fabulosa se encuentra sobre la luna, base espacial de la Tierra. Ha visitado ya todos los planetas del sistema solar y está preparada para emprender un viaje alrededor de Próxima, la estrella más cercana a la Tierra, en la constelación Centauro.

 

Desgraciadamente, la Tierra está amenazada por un cometa gigante, cuya órbita pasa precisamente por su centro. Ya no cabe ninguna duda, la colisión tendrá lugar dentro de tres meses.

 

Se trata de un cometa desconocido, nunca registrado en la historia de nuestro planeta, lo que hace pensar que proviene de otro sistema solar.  Al  ojo nudo no se puede contemplar todavía nada.  Sólo los astrónomos  profesionales han podido detectarlo con sus poderosos aparatos. Dicen que es diez veces mayor que los cometas más grandes de nuestro sistema, que ya pesan unos diez mil millones de toneladas. Lo que significa que la Tierra entrará en colisión con un astro gaseoso cuya masa pesa unos cien millones de toneladas. Y, por si fuera poco, los análisis espectrales revelan unos gases sumamente tóxicos, capaces de terminar con toda clase de vida.

 

Una angustia tremenda planea sobre el globo. Pero, sin embargo, hay un joven locutor de radio televisión que lucha por no dejarse invadir por esa angustia. Está convencido que existe la posibilidad de sobrevivir y trata de apaciguarse a sí mismo y a los demás, comunicando su esperanza.

 

En todos los lugares del globo reina una profunda depresión. Casi nadie acude al trabajo. ¿Para qué? están pensando, si mañana , quizás, todos estaremos muertos.

 

Al contrario de los demás, Adán busca alivio en su trabajo y emite casi sin descansar.

 

– Hermanos míos – está diciendo –, hermanos míos, escuchadme.  Nada está perdido todavía. Puede haber un futuro para la humanidad. Puede haberlo si luchamos juntos para conseguirlo. Hay que tener confianza en Dios, en Dios que está en nosotros mismos. Hay que luchar contra la fatalidad. En cada uno de nosotros dormita una fuerza de voluntad que necesitamos para sobrevivir. ¡Despertadla!

 

Adán pone toda su esperanza en sus palabras y, en su fuero interior, está rezando: “Dios mío, no dejes que abandonen también la escucha”.

 

Sí, hay quien escucha y, acá y acullá, están surgiendo brotes de fe. Esperemos que crezcan y se multipliquen, y que den su fruto, que nos salven del aniquilamiento.

 

– No hay que perder la poca fe que tenemos. Hay que cuidarla. Hay que hacerla crecer. Pensemos en los adelantos de la ciencia de estos últimos años, son alentadores. ¿Verdad que lo son? ...

 

– Entonces, entonces recordemos que si hemos logrado salir de nuestro sistema solar y que si, para mañana, teníamos previsto un viaje a Próxima; ahora podemos ir mucho más lejos. Podemos ir a Sirius, por ejemplo. Podemos estar rápidamente fuera del alcance del cometa. Existe esta posibilidad. ¡Cómo va a desaparecer la raza humana ahora!, ahora que cabe la esperanza de entrar en contacto con otros seres, con seres de otros sistemas planetarios. ¡Sería absurdo!

 

– Nos podríamos alejar de nuestro sistema, y luego volver. Esto sería una solución; pero no para todos, no tenemos tantas naves, sólo habría unos cuantos privilegiados... Pues, ¡que los haya! ; pero, para los demás, hay que buscar otra solución ¡y la encontraremos! ...

 

Adán continúa hablando durante horas, exponiendo todos los argumentos que se le ocurren para alentarse y alentar a la gente; para despertar su ánimo de lucha, hasta que, con la garganta reseca de tanto hablar, aparta el micrófono, y se queda quieto, recostado en su sillón... Se queda quieto , pero pensando. Su cerebro no descansa. Piensa que no van a chocar contra algo sólido, sino algo transparente e incorpóreo que se esparcirá y envolverá la Tierra en un abrazo mortal. Los gases serán suaves, se infiltrarán paulatinamente, sin brusquedad, casi con dulzura, pero barrera todo soplo de vida con aterradora seguridad, dejando el planeta limpio para lo que pueda surgir en el futuro. Los gases no se ven... No puedes luchar contra ellos... Y Adán se pregunta : “¿Tendrán olor esos gases?”... “¿Podremos detectarlos cuando se nos estén avecinando?” ... “¿Podremos intentar, por lo menos, huir?”... Los análisis espectrales no dan respuesta a estas preguntas. Para saberlo, hay que respirar los gases ; y, por consiguiente, subir sus consecuencias.   Puedes   morirte   sin   saberlo ,   sin  notar  nada siquiera... Una manera de comprobarlo sería observar el comportamiento de un animal desde un lugar protegido... Seguro que a estas alturas, l ciencia sabrá cómo captar ese olor o esa falta de olor antes que los gases nos invadan. Los científicos tienen que seguir investigando, no tienen que darse por vencidos. Lo imprescindible si queremos sobrevivir, es que nos movamos todos, que no nos dejemos llevar por la desesperación. No se consigue nada a cambio de nada.

 

A Adán no le gusta la idea de la muerte. Tiene miedo, tiene mucho miedo, y lo terrible es que no puede confiar su miedo a nadie... Tiene que luchar solo contra  él, porque se ha impuesto la misión de ayudar a los demás. Ayudar a los demás es infundirles esperanza, y no lo puedes hacer comunicándoles tu propio miedo. Si quieres ayudar a los demás, no puedes permitir que tu fe se tambalee, tienes que estar seguro. Para difundir esperanza, tienes que ser tú mismo esperanza. Si nace la duda en tu corazón, tienes que arrancarla, no puedes permitirte el lujo de escucharla ¡ni un sólo segundo! ... Sin embargo a Adán, la muerte le da espanto, y la única manera de luchar contra ella es conseguir que todos los habitantes de la Tierra se junten en una gran empresa común para la construcción de refugios acondicionados, fuera del alcance de los gases. Pero el tiempo apremia y hay que darse prisa. No puede descansar ahora, ya lo hará luego, cuando haya logrado convencer al mundo y el mundo entero esté trabajando, esté luchando para sobrevivir. Tiene que seguir emitiendo, no puede pararse, porque todavía falta mucho ; y ahora, ayudar a los demás es ayudarse a sí mismo.

 

Abren unos refugios a 3.000 metros bajo tierra, con todas las comodidades necesarias para una larga estancia. Mientras no encuentren una fuente adecuada, la electricidad provendrá de unas pilas especiales que se cargan a medida que se gastan. Cada refugio tiene su propio huerto para el cultivo de las legumbres, verduras y frutos que allí puedan crecer. Unas aberturas en forma de chimenea llegan hasta la superficie para que la gente pueda bajar a los refugios.

 

Al abrirse paso hacia el centro de la Tierra, se tropieza, a veces, con unos grandes claros naturales bañados por una luz opaca, debido, dicen, a una cantidad más elevada de aire comprimido. Cuanto más grande es el claro, más luz hay en él. Allí crece una vegetación muy rara que resulta, para esos lugares, una fuente inapreciable de oxígeno. ¿De dónde proviene realmente esa luz? La atmósfera es azul, pero sólo se le ve el color bajo los rayos del sol.

 

Llegan a construirse verdaderos pueblos subterráneos y cuando todo parece estar ya listo para se habitado, se procede a la repartición equitativa de todo lo que hay sobre la superficie que pueda ser de alguna utilidad bajo tierra. Sólo se permite a las personas conservar sus efectos personales, las demás posesiones se reparten entre todos si son juzgadas de alguna utilidad, o se abandonan.

 

El dinero bajo todas sus formas es recogido y fundido  para emplearlo en la fabricación de cosas de más provecho. La humanidad quiere terminar con la era del comercio y empezar una era diferente, más justa, de mutua ayuda. ¿Dará resultado, se preguntan algunos? Desgraciadamente, lo más fácil es que con el tiempo todo vuelva a ser igual que antes, porque las personas difícilmente cambian ; y los perezosos, y los mal llamados “listos” se aprovecharán del trabajo de los demás. Sin embargo, ahora es lo que hace falta, lo que necesitan todos y lo único que puede funcionar.

 

 

 

Mientras escribo el libro, nace Sandra. Aquí estoy con mis cinco hijos.