- El Principio de la Literatura

 

Nukada-no-Ookimi

La mujer-poeta más popular

de los primeros vates japoneses

 

Con la luna la marea ha subido.

¡Embarquémonos ya!

 

¿Qué te parecen estas líneas? ¿Qué fondo imaginas detrás de ellas? ¿Quién crees que fue el poeta: un hombre o una mujer,

antiguo o moderno?

 

 

 

Entre los primeros poetas japoneses representados en el Man’yo-Shu, se encuentra una gran mujer: Nukada-no-Ookimi, quien, se supone, vivió entre los años 638 y 705 d.C.. Resaltaba por su identidad inequívoca, y fue considerada como la madre de la literatura japonesa. Su popularidad entre los japoneses alcanza nuestros tiempos. Hace 1300 años que desapareció, pero nunca murió en la mente de los japoneses. Muchos autores y estudiosos dedicaron gran parte de su tiempo y energía,  describiendo su exquisita  personalidad  en sus ensayos  y  novelas.    También  hubo  pintores  que  plasmaron  su figura sobre tela, aunque no nos queda ningún retrato suyo. Non obstante, muy pocos son los japoneses que dudan de su belleza e inteligencia.  Ninguna de las demás poetas del Man’yo-Shu, atrajó tanto el interés y la admiración de la audiencia.  Ookimi significa Princesa.  Por lo que Nukada no está considerada como pertene- ciente a la familia Imperial,  y tampoco llegó a ser reina de un Emperador.  La llamaré simplemente: Nukada,  como hacen algunos investigadores que estudian su vida.

 

¿Cuales son los componentes de la fuerte atracción de  Nukada?  Después de haberlo pensado noche y día; de leer sus poemas y todo lo que la atañe; llegué a una conclusión sobre el por qué se sigue manteniendo viva, como si fuera contemporánea, a través de los siglos. Una de las razones es que cada uno de los ocho poemas  integrados en el Man’yo-Shu, tiene fuerza suficiente para convencer a sus lectores y escuchadores que la vida de Nukada fue llena y honesta. Se nota en sus poemas que escogía las mejores palabras, los mejores sonidos y el mejor estilo, para expresar lo mucho que amó cada momento; y tuvo suficiente amor como para querer compartir sus sentimientos. Su plenitud alienta a sus lectores y escuchadores a participar de sus alegrías, penas, exultaciones y coqueterías. Tiene más atracción para ellos que otras tantas mujeres poetas, que sólo escriben poemas de amor a sus maridos o amantes.

 

Lo más interesante para mí es que me sentí como si la hubiera conocido antes, como si hubiera sido testigo de su vida, leyendo,  cronológicamente,  los ocho poemas de Nukada que aparecen en  el  Man’yo-Shu.   Cada  uno de ellos es diferente,  cada uno tiene su fascinación;  pero,  al ponerlos juntos, forman un gran arco iris que nos indica, con mil colores, de qué manera tan sincera una mujer del primer siglo vivió su vida: cómo amó; cómo enriqueció su vida ella misma; cómo realizó sus cambios en el tiempo;  cómo graciosamente se fue retirando de la corte en los últimos años de su vida. Pensé que el adjetivo más adecuado para su existencia, es que fue: completa; cuando Nukada, viviendo ya recluida, expresó, con un gran control de sí-misma y de sus circunsstancias, el apacible afecto que sentía hacia un joven príncipe.  Se dice que toda vida completa conoce su fin. Cuando presentí que Nukada sentía aproximarse el fin de sus días, estaba convencida que su grandeza, verdadera causa de su encanto, se debía a la plenitud de su vida; una plenitud que quiso trasmitir al lector, por empatía.

 

Ahora, voy a introducir a Nukada con cinco de sus poemas, en el espacio limitado que me permite la ponencia.  Espero que concretizarán lo que mencionó más arriba.

 

Se dijo que Nukada entró en la Corte en su adolescencia; para servir a la Emperatriz Kogyoku, que se llamaría más tarde: Saimei.  El primer poema de Nukada que aparece en el Man’yo’Shu, es una reminiscencia que compuso al sentir compasión por la Emperatriz Kogyoku que se retiraba del trono (aunque aproximadamente diez años después,    volvió   a   reinar   con   otro   nombre ,     el  de Emperatriz Saimei), en ocasión de la procesión Imperial al palacio de Yoshino; y mientras la ex emperatriz recordaba con nostalgia su viaje a esta misma región con su último marido, el Emperador Jomei, siendo muy jóvenes los dos.  Según Nihon-shoki, la fecha de la composición debería situarse en la primavera del año 660; pero otros dicen que fue ciertamente en la primavera del 648, cuando Nukada era todavía adolescente.

 

Poema 1-7 (volumen 1, número 7)

 

Aki no No no Mikusa Karifuki Yadorerishi Udji no Miyako no Kariioshiso Omohoyu

 

Rememoro

nuestro sombreado refugio

en la tierra del palacio Uji:

cortando la magnífica hierba

en los prados otoñales

y descansando bajo la barda.

 

(Este poema fue traducido del japonés por Ian Hideo Levi;

la versión española se basa en la traducción inglesa y es de Mariette Cirerol)

 

 

Hiroshi Ito, otro estudioso del Man’yo, hace elogio de este poema, mencionándolo como el primer “poema de reminiscencia” compuesto por un poeta (o una poeta en este caso) japonés.  En él, Nukada retrata con éxito el feliz pasado de la Emperatriz en el refugio sombreado, en un brillante presente que no carece de piedad.    La nostalgia cobra más fuerza con el contraste.  Referirse en público a la añoranza de una felicidad perdida, estaba y está prohibido en el Japón.  Nukada era muy joven y se saltó  la regla, dirigiéndose directamente al corazón solitario de la Emperatriz, pero no en una forma sentimental. A la Emperatriz le gustaron igualmente las dos cosas: la compasión y la sutileza con la cual estaba expresada; y  guardó siempre a Nukada cerca del trono. Ciertamente, Nukada era una joven brillante, satisfecha de su puesto al lado de la más aristócrata persona.  El poema siguiente, que contiene las dos primeras líneas de esta ponencia,  nos dice que ¡hasta! componía en sitio y lugar de la Emperatriz.

 

Poema 1 – 8

 

Nigitazu ni Funanori Sento Tsuki Mateba Shio mo Kayoinu Ima wa Kogiidena

 

Mientras en Nigitazu esperamos la luna

para echar nuestros barcos a la mar,

con la luna la marea ha subido.

¡Embarquémonos ya!

 

(Traducido del japonés al inglés por Nihon Gakujyutsu Shinkoukai = Comité Clásico de la Traducción Japonesa.

Versión española basada en la traducción inglesa, por Mariette Cirerol)

 

 

Se piensa que este poema ha sido compuesto por Nukada a petición de la Emperatriz Saimei, el 8 de enero de 661, séptimo año del reino de Saimei; cuando la guardia imperial estaba esperando que la marea subiera completamente, en Nigitazu, Io (ahora Matsuyama), para navegar hacia el oeste,  hacia Acata, Kyushu.   Se suponía que la guardia armada navegaría hasta Corea, para defender Kudara, fuertemente atacado por el poder en alza de Shiragi. Japón tenía pocas probabilidades de ganar, porque Kudara estaba ya fatalmente debilitado.  La Emperatriz se veía en la necesidad de motivar y animar a los soldados, reluctantes en irse y dejar atrás a los que más amaban.  Este poema de Nukada es una pieza maestra del Man’yo-Shu, tanto por su estilo como por su actitud decisiva; y, claro está, por su belleza descriptiva.  Cuando se lee a viva voz,  el poema evoca la imagen de Nukada (o de la Emperatriz), de pie, en la proa del barco de guerra,  y atractivamente vestida.   Este poema nos sugiere que Nukada tenía un poder creciente en la corte. Sus palabras no solamente satisficieron a la Emperatriz, sino que agruparon a la gente en torno a ellas.  En este momento, la Emperatriz y Nukada no están completamente separadas; en cierto modo, están la una en la otra. Algunos investigadores dicen que este poema fue compuesto por la misma Emperatriz.  Yo creo Nukada  muy capaz de tener este nivel de empatía.

 

El reino de la Emperatriz Saimei llegó a su fin en este mismo año, por muerte súbita.  Hay un hecho que no he mencionado aún:  Nukada tuvo una hija con Oo-Ama-no-Ooji,  segundo hijo de Saimei,  antes de acompañar a la  Emperatriz  a  Yoshino.    Parece que la maternidad no disturbó la vida de Nukada como poeta profesional.  Los niños imperiales tienen sus propias nodrizas.  Nukada es ahora la más especial y poderosa poeta capaz de controlar a la gente con sus palabras, haciendo suyos los pensamientos del Emperador, su mente y su poder. Podría estar justificado el afirmar que el destino de Nukada fue, el de ser la primerísima mujer a ejercer con éxito una carrera profesional.

 

 

 

El primer hijo de Saimei, Nakano-Ooeno-Oji, le sucedió en el trono.  Su era,  llamada Tenji,  comenzó en el 663. Nukada permaneció en el palacio como poeta laureada, no como abogada del Emperador, pero como la más talentosa de las mujeres poetas.  Empezaron a componer poemas como entretenimiento. Un día el Emperador Tenji pidió al Primer Ministro, Fujiwara-Kamatari, que escogiera entre las colinas en primavera y las colinas en otoño. Dicen que Nukada compuso el siguiente largo poema en un momento, al percibir la hesitación de Kamatari.  Aquí, Nukada nos muestra con orgullo su sutileza y sensibilidad, por su rapidez y por usar la palabra “Wa-re” (yo, tú) por primera vez.  Ya no es la sombra de la Emperatriz,   es la poeta Princesa Nukada.

 

 

Poema 1 – 16 (Se omite la fonografía japonesa por ser demasiado larga)

 

Al soltarse de los brincos del invierno,

                                      nos llega la primavera:

los pájaros que antes callaban,

vuelan y cantan,

las flores que prisioneras estaban,

se liberan y se abren.

Pero los árboles con su exuberante follaje

ocultan la colina y las flores;

y las flores se enredan tanto con la cizaña

que nuestras manos no pueden cogerlas.

Pero al otoño

la colina se llena de colores:

admiramos las hojas amarillas,

las cogemos con nuestras manos;

contemplamos las hojas verdes,

las dejamos en las ramas.

¡Para mí son más bellas

las colinas en otoño!

 

 

(Traducido del japonés al inglés por la Nihon Gakujyutsu Shinkoukai = El Comité Japonés de Traducciones Clásicas.

Versión española desde la traducción inglesa, por Mariette Cirerol)

 

El poema siguiente, 1 – 20, es el más famoso de todos los que figuran en el Man’yo-Shu. Se dice que fue compuesto en el año 668, el año en que Tenji se mudó al nuevo palacio de Oomi.  El Emperador se llevó a toda su gente importante  a  cazar  el  ciervo  en  la  cercana pradera  de Gamou.  Se llevó también a sus mujeres, porque allí se cultivaba una planta que se llamaba Murasaki y con la que se producía un tinte de color morado.  Nukada era ahora una de las amantes del Emperador.  Su antiguo marido, el Príncipe de la Corona: Ooama-no-Ooji, también estaba invitado:

 

 

Poema 1- 20

Akane Sasu Murasakino Yuki Shi Yuki Nomoriha Mizuya Kimi ga Sodefuru

Enrojecerse de esta manera

sobre el resplandeciente campo de murasaki,

pisando de esta manera el dominio imperial.

¿No verá el guarda del campo

cómo me tiras los tejos?

 

(Traducido del japonés al inglés por Levi Hideo.

Versión española desde el inglés, por Mariette Cirerol)

 

Kimi (tú) es el Príncipe Ooama, Nomori (el guarda) es aquí el Emperador. La tornada del Príncipe Ooama es también famosa.  Los dos poemas son lo suficientemente atrevidos para confesar el amor que siguen sintiendo el uno por el otro; pero sólo bajo la cobertura lúdica del banquete. Los poemas de amor presentan algunas controversias; sin embargo, las controversias eran probablemente parte del juego.  El Príncipe Ooama tiene ahora dos mujeres (las dos, hijas del Emperador Tenji) y algunas amantes; mientras que Nukada es una de las amantes del Emperador.

 

Más tarde, el Príncipe Ooama mata al hijo del Emperador Tenji,   marido  de  la  hija  que  tuvo  con  Nukada,   y  se convierte en el Emperador Tenmu.   A pesar de su amor por el nuevo Emperador,  Nukada desaparece de la corte, probablemente porque vio demasiado.  Por otra parte, el Emperador Tenmu favorece a los poetas varones, y entre ellos, al talentoso Kakinomoto-no-Hitomaro.

 

Poema 2 – 113

 

Miyoshino no Tama-Matugae wa Hashikikamo Kimiga Mikotoshi Mochite Kayowaku

 

Este poema de Nukada es menos conocido, fue enviado al Príncipe Yuge (hijo del Emperador Tenmu) a guisa de tornada, contestando a un poema que dicho príncipe le mandó con una rama de pino de Yoshino recubierta de musgo, después de la muerte del Emperador.  Toda la gente que en su tiempo Nukada amó, ha desaparecido ya:

 

 

¡Ah, cuánto amé

la preciosa rama de pino

del espléndido Yoshino,

por traerme tus palabras!

 

 

El joven príncipe era compasivo, y se imaginaba a Nukada añorando su espléndido pasado, como lo hizo cuando era adolescente.  Algunos interpretan la palabra “Kimi” (tú) personificando al Emperador Tenji,  tratando de  reconfirmar  el  amor  de  Nukada  hacia  su  segundo marido.  Esto explicaría,  dicen,  el por qué el editor puso este poema en el grupo de los poemas de amor.  Yo no estoy de acuerdo.  El ciclo está completado.  Nukada está preparada ya para escuchar a la joven generación con un profundo y tranquilo afecto.  De este modo,  intercambia poemas de amor con el inocente y joven príncipe.  Después de haber abarcado tanto tiempo, el arco iris de Nukada está empezando a fenecer. Pero, siendo un arco iris, volverá a aparecer repetidas veces, dondequiera haya  gente para llamarlo.

 

Setsuko Ichikawa

Tokio Jogakkan Daigaku

 

 

(Hay tres poemas de Nukada en japonés

y un retrato suyo por el pintor Yukihiko Yasuda, en la versión inglesa)