Tito Lucrecio Caro

 

 

Lo que me atrae de Lucrecio, es que viviendo en el entorno en que vive, donde todo el mundo cree en dioses, pueda pensar lo que escribió, más fácil de comprender por los hombres de hoy en día que por los que codeaba en aquel entonces. Tuvieron que hacerle la vida imposible.  Dicen que se suicido,  pero yo no lo creo;  pues, teniendo el valor suficiente para publicar unas ideas que iban en contra de todo lo que se creía entonces, ¿cómo iba a tener miedo a vivir, cómo iba a quitarse la vida, si era la personificación misma de la lucha?

 

Nació aprox. en el año 94 antes de Cristo y murió aprox. en el 51 (las fechas difieren según las antologías).  Se sabe poco de él, no era una persona grata en su tiempo y, por lo visto, quisieron eliminar todo recuerdo suyo. Estoy leyendo en una página web que acabo de conocer y se llama cinicos.com, que, aparte de su gran obra De rerum natura, “lo único que nos ha llegado son las inquietantes palabras de San Jerónimo, que dicen que Lucrecio se volvió loco por culpa de haber ingerido un filtro de amor y que compuso este largo poema (De rerum natura) en los intervalos de lucidez que le permitía su locura y que, finalmente, se dio muerte por propia mano. También se dice que, posteriormente, Cicerón corrigió su obra”.  ¿Qué hay de cierto es esto? Es normal que un santo de la Iglesia Católica vea demonios donde no hay coherencia con su doctrina; y esto de haberse bebido un “filtro de amor”, parece brujería.

 

Voy  a  tratar  de  encontrar  a  este  San  Jerónimo,   saber cuándo  nació  y  algo  de  sus  pensamientos. …    ¡ Ya  lo tengo!  En la enciclopedia Salvat se menciona que nació en Stridon hacia 342, y que murió en Belén alrededor del año 420; que fue padre y doctor de la Iglesia. Además, Cursó estudios literarios en Roma donde llevó una vida despreocupada, según dice la enciclopedia. Más tarde, unas amistades le impulsaron a bautizarse y ya siguió subiendo peldaños en la vida religiosa. Tuvo una vida muy completa, hizo de todo, hasta de ermita. Dicen que era muy culto pero que tenía muy mal carácter, lo que  dicen demuestran las más de 150 piezas conservadas de su correspondencia. Añade la enciclopedia que su pensamiento, en general, carecía de originalidad; sin embargo algo sí me parece fuera de lo común en un Santo; dice, y son palabras suyas: “que el episcopado monárquico es una institución eclesiástica y no divina”. Otra cosa que puede interesarnos y también se encuentra en dicha enciclopedia es: que tuvo que escaparse de Roma porque “una de sus pupilas espirituales sucumbió a los ayunos jeronimianos”, y el pueblo se amotinó contra “la raza detestable de los monjes”. Esto fue en el 385, después de haberle dado el papa de entonces, Dámaso, toda su confianza, y encargado la traducción de la Biblia al latino.  Por lo leído, era amante del sacrificio corporal: de la flagelación, del cilicio, etc. … Cosa que a mí me parece residuo de la creencia en los antiguos dioses, quienes, los pobres, ni siquiera existían, y se les culpaba de todas las desgracias acaecidas sobre la Tierra, ofreciéndoles sacrificios para apaciguarles, unos sacrificios que llegaban a ser humanos. A cambio, la gente creía que iba a residir con ellos después de la muerte; que iban a tener la misma vida de placeres que ellos tenían; y, claro, para ganarse una cosa así, cualquier

sacrificio resulta pequeño.

 

Ahora, con los descubrimientos de la ciencia, vamos conociendo, poquito a poco, de qué manera se forman estos cataclismos, estas hambrunas, estos diluvios que asolan la tierra; sobre todo en la parte más desprotegida, allá donde vive la gente más pobre, por falta de solidaridad cultural, por el abuso de poder de los países más ricos. Todas estas cosas se atribuían al enfado de cierto dios, porque había dioses para todo y toda desgracia era debida a no haberle caído bien a uno de ellos, o de ellas, ya que también “existían” diosas. Ahora se sabe mucho más acerca de la creación del universo, de los astros y de la Tierra; pasando por otros planetas, otros universos, galaxias y lunas. Aunque hay que decir que nuestro conocimiento sigue siendo muy limitado: empieza con el big bang, ¿y antes? … Todo llegará a tener su explicación, y su lógica además, sin necesidad de inventarse entidades con poderes sobrenaturales. El mundo va evolucionando y, desgraciadamente, sigue habiendo quienes quieren y sostienen que todo tiene que seguir igual por los siglos de los siglos, y no digo amen.

 

Hay tantas cosas, tantas imágenes que se nos vienen en mente que resulta difícil seguir con un mismo tema. Quería decir que el pobre Lucrecio tuvo que pasarlo fatal por buscar la verdad en todas las cosas, y muy especialmente en la naturaleza, en el cómo nacen las diferentes vidas y por qué mueren; de qué están hechas, etc…, etc… Y llegó a mucho para su tiempo, sin nadie que le ayudara y ningún códice previo que hablara sobre lo que a él tanto interesaba. Descubrió que todas las cosas estaban  compuestas  de  átomos  y  “vacíos” ,   que  estos átomos nunca se tocaban entre sí; que se movían libremente  en  el  vacío,   en  el  vacío  que  no  es la nada;

porque no solamente lo digo yo, sino que él, en su libro primero, lo confirma en muchos de sus versos, casi puedo afirmar que al menos en uno de cada página. Como ejemplo, cito los siguientes:  Ninguna cosa nace de la nada” (verso 211) – “Que de la nada, nada puede hacerse“ (verso 219)  - “Nada puede a la nada reducirse / ni alguna cosa hacerse de la nada” (versos 1071 y 1072).

 

Era discípulo de Epicuro y, volviendo a la página web recién encontrada, copio: “El poema de Lucrecio, De rerum natura, traducido como “De la naturaleza”, es un caso único en el panorama filosófico antiguo, tanto por su amplitud como por su calidad literaria, ya que la obra está escrita en verso y, en ella, se expone la doctrina de Epicuro. Puede considerarse la obra de física más completa de la antigüedad. Un autor actual como es Michel Serres, sitúa en esta obra, el nacimiento de la física”.

 

Lucrecio es un hombre que se merecía y se merece todos los honores, toda la comodidad y todo lo necesario para poder investigar tranquilamente, para poder gozar de su vida, de lo que está descubriendo. Y, sin embargo, le amargaron la existencia hasta hacer de él una persona propensa a la melancolía, según dicen algunos, aunque habiéndome leído entero su primer libro, yo no lo creo así, al menos no en el momento en que lo estaba escribiendo, ya que en él se muestra seguro de sí y queriendo participar a su amigo Memmio sus creencias, así como a todos los que quisieran y pudieran leer su obra.    No  nos  olvidemos  que  en  aquel  entonces  eran códices lo que se editaba, y los códices constaban de un solo ejemplar que,   teniendo suerte,   se iría copiando por estudiosos en el tiempo.  En su obra se revela una persona apasionada, exaltada a veces, pero también pesimista según los demás.  Habiendo leído uno solo de sus seis libros, difícilmente puedo juzgar su obra en  conjunto, me atengo al tomo primero.  Pero, no descarto que Lucrecio llegara a ser melancólico y pesimista ¡Cómo no iba a ser así con toda esta gente “ciega” alrededor de él; con toda esta gente que, además de ser “ciega”, de no saber discernir lo que vale de lo que no vale, estaba llena de egoísmos y de malas intenciones! … Aunque, quizás, no consumaran el homicidio y “sólo” le impulsaron al suicidio; ¡¡lo mataron digo yo, y con premeditación!!.  No podían consentir que supiera más que ellos, que viera a través de las tinieblas. Aunque todo … TODO no podía ver; ni siquiera lo vemos nosotros; pero sí, estaba muy adelantado para su tiempo, con el gran mérito de que todo lo que descubrió, lo descubrió sólo; con la única ayuda, quizás, del legado del pensamiento de Epicuro. Epicuro dijo una frase bellísima: “Es vano todo discurso filosófico que no cure algún mal del alma”. Cultivaba la amistad, decía que había que procurar ser feliz con lo que se tenía, y no querer más de lo que se necesitaba; alejarse de la política y del dolor.  En eso, no sé si Lucrecio no supo o no pudo aplicarse la terapia, que terapia era para Epicuro; pero, verdaderamente, cuando uno es feliz suele sentirse bien; y a Lucrecio, no le dejaron ser feliz. La enfermedad, hay que procurar apartarla, no pensar tanto en ella y distraerse con cosas agradables. Funciona, prueba y verás. Y el dolor, el dolor a veces se nos cae encima sin querer; pero hay que quitarle importancia y buscar   el   lado   positivo,    siempre  lo  hay.    Buscar  lo positivo en cada cosa es una buena regla;  si se practica, se vivirá mucho más feliz.

 

Para terminar, tengo que decir algunas palabras sobre “De rerum natura”, que he intentado traducir, pero que es una obra tan larga, que se necesita una vida entera para hacerlo, y yo tengo poco tiempo. Son seis los libros, y extensos, escritos en latín, y en verso porque aquel tiempo lo requería. Yo tengo dos de estos libros en versión española y, tengo que confesar, que no he terminado de leerlos. Quería hacerlo para escribir esta ponencia, y no sólo los dos que tengo, sino que quería leerme también los cuatro que me faltan. No hubo tiempo, y ni siquiera sé si habrá bastante para traducir lo que acabo de escribir al inglés, que lo necesito para el libro. ¡Un libro que tendría que estar listo ya, porque volando se está acercando la Convención! …

 

Con esto, me despido con un abrazo, esperando veros pronto.

Mariette Cirerol

                                

                                               Epicuro