Los Celtas

un legado de maravillas

Como señalaba Tolkien: “cualquier cosa es posible en el fabuloso crepúsculo celta…”.

El crepúsculo celta, donde los juegos de luz y sombra confunden las imágenes y alimentan las visiones, los miedos. Donde las rocas parecen inclinarse amenazantes, el bosque se puebla de ruidos misteriosos y los árboles se transforman en seres al acecho. Donde la luz de la luna se articula con la fantasía para crear hadas y gnomos, héroes y espantos…

 

En fin, el prodigio de una imaginación cuya impronta ha perdurado a través de los siglos.

 

Aunque su primitivo origen todavía lleva el velo del misterio, se sabe que los celtas conformaron una etnia proveniente de tiempos prehistóricos; existen indicios de ciertos dialectos celtas que datan de fines de la Edad del Bronce.

 

Los arqueólogos aseguran que ya en el año 2000 a.C. habitaban la Europa central; pues en Hallstatt, Austria, se han hallado elementos de caza y de guerra de la Edad del Hierro, que hasta ahora constituyen los vestigios más antiguos de esta cultura.

 

Luego, durante el primer milenio a.C., su capacidad bélica les permitió expandirse hacia el oeste, hasta el norte de Francia y las islas Británicas; mientras que en su avanzada al sur ocuparon parte de Suiza, el norte de Italia hasta la llanura del río Po, e invadieron el norte de la península Ibérica. Como

 

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resultado de esas incursiones, alrededor del siglo IV a.C., constituían una civilización organizada e importante que dominaba un amplio territorio de Europa occidental.

 

Los celtas creían que el alma no perecía, sino que pasaba a otro cuerpo después de la muerte; esto determinaba la gran valentía de los guerreros durante la batalla. Griegos y romanos han dejado numerosos escritos que establecen invalorables testimonios al respecto. Julio César los describió como guerreros orgullosos que pintaban su cuerpo con tinte vegetal azul para parecer más terroríficos. En tanto que el historiador griego Pausanias señaló que “luchan con la desesperación de un jabalí mal herido”, agregando que “desprecian tanto a la muerte que combaten desnudos, a excepción de un cinturón”.

 

Las mujeres guerreras peleaban con bravura a la par de los hombres. Tan es así que el romano Ammianus Marcellinus solía decir que “toda una legión de enemigos sería incapaz de oponer resistencia a un sólo galo si éste llamara a una mujer en su ayuda”.

 

Lo cierto es que actualmente tenemos más conocimientos acerca de los celtas por lo que otros pueblos fueron registrando a lo largo de distintas épocas, que por lo que ellos mismos dejaron escrito.

 

Además de ser guerrera, esta comunidad estaba compuesta por navegantes, granjeros, mineros, artesanos y comerciantes. La religión celta era animista, pues creían firmemente que cada forma de la naturaleza tenía vida propia. Por lo tanto, encauzaban su adoración hacia el espíritu de los bosques, piedras, animales, lagos, ríos, montañas, etc.; todo un universo del cual formaban parte. Sus sacerdotes eran los druidas.

 

Ellos, los druidas, constituían una clase privilegiada; poseían una gran sabiduría, así como el secreto de la magia y el misticismo. Eran jueces, astrónomos, maestros, y quienes se ocupaban de comunicarse con otras tribus y con los dioses. Erigían sus santuarios en los bosques, al pie de un viejo roble o de monumentos megalíticos. Además, solamente ellos conocían la escritura y la representaban, con caracteres rúnicos propios, mediante el alfabeto Ogham (que guarda cierta similitud con nuestro Morse). Como correspondía a estos sacerdotes-magos, guardianes del culto a la naturaleza y en especial a los árboles, cada letra que componía el alfabeto Ogham llevaba el nombre de un árbol: ailm era olmo; beith, abedul; coll, avellano; drui, roble, etc... Precisamente, la palabra druida significa “conocedor del roble” u “hombre del roble”; de allí nacía su fuerza, ya que consideraban que el roble era el más sólido y resistente de los árboles.

 

Los druidas nunca permitieron que el resto de la comunidad fuera instruida en la escritura; pues temían que anulara su espíritu, motivo por el cual las inscripciones antiguas no abundan. Sin embargo en Irlanda, Escocia, Gales y Francia, se han encontrado estelas que dan a entender que el alfabeto Ogham era considerado sagrado y sólo podía ser usado por los druidas en sus ritos y ceremonias. Asimismo, se han hallado algunas de estas inscripciones celtas en dólmenes y menhires.

 

Como maestros, los sacerdotes educaban a los jóvenes aspirantes a druida. Según ha señalado Julio César, la instrucción de estos jóvenes comenzaba desde que eran niños y continuaba durante veinte años. Quienes la completaban constituían el nivel más alto de la sociedad celta; adminis- traban justicia, decidían las guerras, conocían la medición del tiempo; y practicaban la adivinación a través de los signos de la naturaleza y la posición de las estrellas con relación a los árboles sagrados. Unas cuantas referencias de las tradiciones

 

célticas indican que se han dado casos de mujeres druidas (o druidesas).

 

El segundo nivel correspondía a los bardos, los poetas; a quienes, durante quince años, se instruía mediante ejercicios mnemotécnicos. Ellos eran quienes se dedicaban a crear poesía épica, lírica y sagrada, y de transmitirla oralmente. Se estima que llegaban a memorizar más de trescientas leyendas; y tanto es así, que se considera que fueron los verdaderos custodios de la cultura celta.

 

Además, en un tercer nivel social, se educaba a los vates, quienes eran ilustrados en medicina, música, oratoria y otras artes. Ya en el siglo II a.C., Catón había atribuido a este pueblo un nivel de oratoria comparable al de su aptitud guerrera.

 

A raíz de que esta comunidad no estaba integrada por una raza única, sino que había sido formada por tribus o clanes más o menos diferenciados, los celtas se caracterizaban por mantenerse continuamente en movimiento, desplazándose en base a oleadas migratorias.

 

No obstante, a grandes rasgos, las lenguas celtas se dividían en dos ramas principales. Una era la continental, que se hablaba en Francia y estaba representada exclusivamente por el dialecto galo, cuya fusión con el latín, con el paso del tiempo fue derivando en el actual idioma francés.

 

La otra rama era la insular, formada por el dialecto gaélico (o goidélico), del cual se desprendieron el irlandés y el gaélico escocés; y por el britónico, que generó el galés y el bretón.

 

Tanto el irlandés y el gaélico escocés, como el galés y el bretón, son lenguas que a partir del siglo VI de nuestra era se mantienen inalteradas hasta el presente, al igual que su situación geográfica. Contribuyó a ello el hecho de que a

 

finales de ese siglo, la literatura celta se comienza a registrar por escrito.

 

Así también se conservaron registros de la lengua celta ya desaparecida en España. Sin ir más lejos, el Himno de Galicia “Os Pinos” (Los Pinos) hace referencia en dos oportunidades al héroe Breogán; quien, tras muchas batallas contra las recias tribus españolas, pudo conquistar tierras gallegas, donde fundó la ciudad de Brigantia (actualmente A Coruña) y erigió el faro que lleva el nombre de Torre de Hércules.

 

Teniendo en cuenta los escasos manuscritos anteriores al año 1100 que han llegado hasta nuestros días, es interesante destacar la importancia de los poemas breves que algunos escribas dejaron en el margen de sus manuscritos. Resulta significativo establecer cierto paralelismo entre la estrofa galesa, que consta de tres versos, con el haiku, donde lo sugerido es mucho más profundo que lo que en él se expresa. Como ejemplo, a continuación transcribimos una estrofa galesa escrita en el siglo IX:

 

Esta hoja, el viento la lleva.

¡Ay de su suerte!

Es vieja y nació este año.

 

El advenimiento del cristianismo contribuyó a conservar numerosas leyendas antiguas, ya que los monjes se ocuparon de asentarlas por escrito, aunque no sin modificarlas según sus propias convicciones.

 

Entre las primeras obras en lengua gaélica, se encuentra el “Libro de Ulster” o “Libro de la Vaca Parda” (tal vez llamado así porque originariamente fue escrito sobre un cuero oscuro), donde se transcribieron antiguos relatos de la tradición irlandesa. En tanto, el “Libro del Deán de Lismore” narra el

 

nexo cultural entre los celtas irlandeses y los celtas galeses, con un estilo que aúna la leyenda y el misterio.

 

De esta literatura de epopeyas fantásticas prodigada por los bardos, proceden los antiguos relatos recopilados en el siglo XII ó XIII en el manuscrito titulado “Mabinogion”.

 

Ya, hacia el siglo IX d.C., habían comenzado las primeras menciones escritas acerca de Arturo (o Artús), que luego reaparecieron con el agregado de nuevos hechos y detalles en otros relatos irlandeses. En el siglo XII, esos sucesos fueron aumentados en “Historia Regun Britanniae(Historia de los Reyes de Bretaña), libro escrito en latín por Geoffrey de Monmouth. Éste, a su vez, fue traducido y adaptado por un clérigo llamado Wace (curiosamente de la dinastía de los Plantagenet), quien no olvidó incrementar su épica. Es así como creció la popularidad de una historia que finalmente llegó a configurar la célebre leyenda del rey Arturo.

 

Como no se ha comprobado la existencia de su reinado, los especialistas en cultura celta se ocuparon en investigar la veracidad histórica de Arturo a través de antiguos relatos, lo que generó diversas teorías. Una de ellas sostiene que Arturo era un líder militar del siglo VI d.C.; otra afirma que se trataba de un general romano que, abandonando su legión, permaneció en Britania. También se dice que el nombre original, Artús, significaba oso, y pudo haber sido un apodo céltico de guerra.

 

De cualquier manera, más allá de la autenticidad del protagonista, el mito artúrico relata situaciones fantásticas y hace un despliegue de criaturas misteriosas, como el druida-mago Merlín y el hada Morgana, arrojando un testimonio valioso para descifrar sus creencias.

 

En definitiva, es indiscutible el legado que estas tradiciones legendarias han plantado en el universo literario, y podemos comprender porqué grandes escritores no fueron ajenos a su influjo. Shakespeare, Goethe, Walter Scott, Béquer, William Butler Yeats, Rubén Darío, Thomas S. Elliot, Tolkien y, en nuestros días, Joanne K. Rowling, supieron captar el hechizo que emana del imaginario celta.

 

Incluso el cine ha rendido culto a muchas historias fabulosas a través de diversas películas: desde aquellas inefables de Walt Disney, hasta otras como “El monstruo del lago Ness”, “Los caballeros del rey Arturo”, “Ivanhoe”, “Higlhander” (el inmortal), “Braveheart” (Corazón valiente); y las actuales aventuras de “Harry Potter”, entre muchas otras.

 

Pero eso no es todo; si decidimos unirnos a las celebraciones de Halloween o San Patricio, debemos tener en cuenta que estaremos formando parte del espíritu mítico que ha movilizado a esta antigua civilización a lo largo del tiempo.

 

Lina Caffarello

Argentina

 

Caldero celta, de Gundestrup / Celtic cauldron

 

 

The Celts

a legate of wonders

 

As Tolkien used to say: “anything is possible into the fabulous Celtic twilight...”

 

The Celtic twilight, where light and shade are playing together; where figures appear confused; where the vision and fear strengthened; where rocks seem to lean to us, threatening; and lot of mysterious noises fulfill the forest; and the trees are becoming menacing beings; where the moonlight is mixed with fantasy to create fairies and gnomes, heroes and ghosts...

 

Finally, what I want to say is to let you know about a prodigy of the imagination that remains alive through out the centuries.

 

Even though the mystery of its original base had not yet abandoned its veil; we know that the Celts are an ethnic group of people from prehistorical times. Some traces of their dialects still exist; traveling from the Bronze Age until our times.

 

The archaeologists stand that, already in the year 200 BC, they dwelt in Central Europe; because in Hallstatt, Austria, they found hunting and war elements from the Iron Age. Until now, these are the most antique vestiges we have from this culture.

 

Afterward, during the first millennium BC, their fighting capacity allowed them to extend through out to the West, until the North of France and the British Islands; and in the meantime, they advanced to the South, occupying part of Switzerland, the North of Italy until the plains of River Po; and they invaded also the Iberian Peninsula. As a result of these raids, they became an important organized civilization around the IV century BC, that covered a huge territory in Occidental Europe.

 

The Celts believed that the soul didn't perish, but passes to another body after death; that determined the great courage showed by the warriors during the battle. Greeks and Romans had written numerous works about them, relating worthy testimonies. Julius Caesar describes them as very proud warriors who painted their bodies in blue, with ink provided by plants, in order to look more terrifying. But Greek historian, Pausanias, quoted that “they fight with the despair of a bad wounded wild boar” and added that “they despise so much death that they combat naked, clad only with a sash”.

 

The women were also warriors and they fought with same bravery as men. So true it was, that Roman Ammianus Marcellinus used to say that “a whole legion of enemies would not be able to resist the attack of an only Gallic, if he calls for a woman to help him”.

 

Nonetheless, I have to say that nowadays, we know more about the Celts reading what other nations had wrote about them along various periods, than through their own works.

 

In addition of being warrior, this community was composed by navigators, farmers, miners, craftsmen and traders. Their religion was animistic; they believed firmly that any nature form had its own life. Because of that, they adored the spirit of the forest, stones, animals, lakes, rivers, mountains, et cetera; a whole universe of which they were part. Their priests were the druids.

 

Those druids formed part of a privileged society; they possessed a great wisdom, and owned the secret of the magic and mystic. They were the judges, astronomers, masters, and who communicated with the other tribes and with the gods. They used to build their sanctuaries in the forest, at the foot of an ancient oak or some antic megalithic monument. Furthermore, they were the only ones allowed to interpret and use the runic characters – which have some resemblance with our Morse code –. Those magic priests, guards of the Nature Cult, worshiped especially the trees. Each letter composing the Ogham alphabet wore the name of a tree : ailm was elm; beith, birch; coll, hazel nut; drui, oak, et cetera. The word “druid” means precisely “oak connoisseur” or “oak man”; from there comes their force, because for them the oak was the most solid and resistant of the trees.

 

The druids never allowed the rest of the community to study the art of writing. They feared that doing so would annul their spirit. This is why old Celt inscriptions are so few. Nevertheless, in Ireland, Scotland, Gales and France, some stelas were found making us believe that the Ogham alphabet was considered as sacred, and could only be used by the druids to fulfill their rites and ceremonies. Some of these inscriptions were also found on dolmens and menhirs.

 

Like masters, the priests educated the youth who aimed to be druids. As mentioned Julius Caesar, the learning began at childhood and lasted twenty years. Who completed this study was lifted to the highest level of that society; they were to administrate justice, decide over wars; they knew about time measurement; and they practiced the divination through natural signs, as well trough stars' position in connection with the sacred trees. Some references about the Celtic traditions indicate that there were some druid women.

 

The second level corresponded to the bards (poets); who had to study during fifteen years. They were taught by means of mnemonic exercises. They were the ones dedicated to create lyric, epic, and sacred poetry, and to transmit it orally. It is estimated that they could memorize more than tree hundred legends. It is also said that they were the true custodians of the Celtic culture.

 

Furthermore, it was a third social level: the seers, who were taught medicine, music, oratory and other arts. In the second century already, Cato attributed to this people a level of oratory similar to their aptitude for war.

 

Because this community was not integrated in with an only race, but was formed by different tribes or clans, what characterized the Celts was their being in constant movement, migrating from place to place in great surge of people.

 

However to summarize, the Celtic idioms were divided into two principal parts: continental and insular.

 

The continental was exclusively represented by the Gallic dialect, mixed up with Latin, which became the actual French.

 

The other, the insular one, was first formed by the Gaelic dialect and divided afterward into Welsh and Breton.

 

Irish, Scot Gaelic, Welsh and Breton, are languages that from the VI century onward are still kept alive, without any alteration in our times. This has to be said about their locations. What contributes to it is the fact that, at the end of the mentioned century, the literature began to be set in writing.

 

Thus, Celtic registers have been kept, remaining with us despite this language has long ago disappeared from Spain.

 

Without needing to search a lot, we have the Galician hymn “Os Pinos” which refers twice to the hero Breogán, who, after many fights against the strong Spanish tribes, was able to conquer the land of Galicia, where he founded the city of Brigantia (now A Coruña), and built the lighthouse called the Tower of Hercules.

 

Having into mind the scarce manuscripts previous to year 1100 that arrived until our days; I find interesting to note how important were the short poems written by some of their scribes as marginal notes. It is significant to establish a parallelism between the Gaelic strophe, that has three verses; and the Haiku, where what is suggested is much more profound that what is expressed. As an example, this Welsh poem of the IX century:

 

This leaf, taken by the wind.

Oh! what fate!

It's old and was born this year.

 

The Christianity advent contributed to conserve many old legends, as the monks occupied themselves writing them on, but not without some modification in accordance with their convictions.

 

Among the first works in Gaelic language, there is the “Book of Ulster” or “Book of the gray-brown cow” (it was perhaps named so because originally written on a dark leather), with old Ireland traditional stories. Another work: “Book of the Dean of Lismore” tells about the link between Irish Celts and Welsh ones, in a mysterious way.

 

It was around the IX century AC, when it began to be written about Arthur (or Artús); going on afterward with new Irish stories of this King. In the XII century, these tales were enlarged in the work: “Historia Regun Britanniae” (Story of the Kings of Brittany), written in Latin by Geoffrey of Monmouth. This book was translated and adapted by a clergyman named Wace (curiously from the Plantagenet dynasty), who did not forget to increase its epic. Thus, the popularity of the story goes on with adds to finally configure the well known legend of King Arthur.

 

As his reign could not be proved, the scholars of Celtic culture are busy investigating the historical veracity of the existence of King Arthur, studying old tales. Diverse theories are being discussed. One suggest that Arthur was a military leader of the VI century AC; another states that he was a Roman general who abandoned his legion to remain in Brittany. It is also said that the original name, Artús, signified bear, and may be a Celtic war nickname.

 

Anyway, ahead of the protagonist authenticity, the myth of Arthur relates fantastic situations and shows a big range of mysterious beings as druids, wizards, the fairy Morgana, giving a valuable testimony to unravel their beliefs.

 

Definitely, there's no denying the worth of these legends in the universe of the literature; and we can understand why great writers have been influenced by them: Shakespeare, Goethe, Walter Scott, Béquer, William Butler Yeats, Rubén Darío, Thomas S. Elliot, Tolkien and, nowadays, Joanne K. Rowling. They were able to see the enchantment that emanates from the Celtic imagery.

 

The cinema worships many of these fabulous tales in diverse films with the ineffable Walt Disney; “The Loch Ness Monster”; “Knights of the Round Table”; “Ivanhoe”; “Higlhander” (the immortal); “Brave heart”; and in the current adventures of “Harry Potter”, among a lot of others.

 

But this is not all; if we decide to join the Halloween or Saint Patrick celebrations, we must take into account that we will be taking part of the mystical spirit mobilized through all the times by this old civilization.

 

Author of the paper: Lina Caffarello

English version by Mariette Cirerol

 

 

Statue of Breogán with the Tower of Hercule in the background

Estatua de Brerogán con la Torre de Hércules al fondo

 

 

Dos druidas - Two Druids