Escritores Poetas de Argentina

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Lina Caffarello

 

 

En Abril

 

Te dejaré en abril.

Cuando espléndido aún

invoques el tiempo del verano,

comenzaré a dejarte.

 

Pronto

los peces irán tras la estela de los barcos

y el viento oxidará de olvido

                                        palabras y conciertos.

 

Hay una historia detrás de cada historia;

un zurcido de sol entre las hojas,

un clamor de jilgueros en el agua.

 

Te dejaré en abril.

Me llevaré, ardientes, las arenas,

la luz,

 

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el aquelarre de la piel,

el mapa de tus ojos

- helechos desbordados -,

la liturgia de las noches,

las alas compartidas,

el canto.

 

 

 

 

Encontrado en Internet y arreglado para AIR

Autor: LINKMESH

 

 

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Roma Rotela

 

Rosa herida

 

Digo el amor. La tarde difumina

sobre el color del cáliz crepitante

rosa de fuego arisca trashumante

ebria de luz la savia vespertina.

 

Dueles amor. El pétalo adivina

toda la gracia pura del instante

libre y fugaz caricia del amante

corre sensual la piel y la calcina.

 

El tiempo ya pasó y los colores

rosa de fuego ansiada y ya perdida

por el aire dejaron breve estela.

 

Así el amor hallado en los ardores

de un tramo juvenil de rosa herida

trepa el espacio aún, anida y vela.

 

De su libro: SONETOS PASIONALES                                                                         29

 

 

Héctor Rico

 

 

Hubiera querido ...

 

Hubiera querido responder las preguntas

o ignorarlas definitivamente.

Arrojarlas al vacío enigmático

donde desaparece cada una.

Crear con fragmentos de palabras,

un lenguaje nuevo,

resplandeciente,

como aquella voz de inimitable belleza ...

Hubiera querido reflejarme en unos ojos mansos,

misteriosos,

donde renaciera la luz,

donde las flores guardaran su fragancia,

su belleza evocativa, sus colores cautivos.

Y aceptar que es posible contemplar peces de fuego,

objetos animados, impalpables,

el rostro cincelado en los espejos.

Y advertir el sacrificio de las formas,

la conspiración de las horas

interrumpiendo el ardor.

 

Hubiera querido no ver

la rigidez de las manos que acarician,

los ojos emergiendo de otro sueño,

rozados por una breve luz,

por un pequeño párpado

 

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que oculta las figuras alegóricas,

los espectros predecidos.

 

Hubiera querido soñar el nuevo día,

aún ante su presencia verosímil.

 

Subsistir fuera de las palabras,

en lo provisional, en la imperfecta sombra,

en el instante en que se funden

la luz y la ceniza de su fuego.

 

Hubiera querido descreer del futuro,

apagar sus llamaradas de plural encantamiento,

conservar la primera alegría,

las más profundas lágrimas,

la ventana que daba a otro cielo,

al umbral que protegía un ángel,

y que hacía tan próxima la infinitud ...

 

Hubiera querido responder las preguntas,

rescatar la inocencia, transformar lo oscuro.

Representar el amor con el corazón absuelto,

con el corazón contrito...

en mi teatro imaginario,

devastado por el tiempo...

 

 

De su libro: CLAROSCURO DEL CUERPO

 

 

 

 

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Osvaldo Rossi

 

Las Fieras

 

Un zarpazo

Un instante feroz me arrancó la mitad,

la parte de mí que más quiero.

 

Todas las voces,

los ríos de lava

se alzaron en un grito.

 

Y se alejó mi costado más sabio,

mi costado más fuerte.

 

El pródigo, el íntegro,

que infundía coraje

y lloraba mis lágrimas

y cuidaba mis huesos.

 

El que era roca, terciopelo.

 

Y mis manos le dieron

de comer a las fieras.

 

 

De su libro: CERCANÍA, del cual  me hizo llegar varios ejemplares en 2005,  de manos de la gentil poeta Mirta Cevasco, quien no tuvo reparo en viajar desde Buenos Aires hasta Málaga, añadiendo a su equipaje, una bolsa gigante llena de libros : prosa y poesía, de sus  amigos escritores. Gracias a ella, los voy conociendo e insertando, poquito a poco,  para agradecer su confianza, algo de su obra en AIR.

 

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Marta O. Palacio

 

Amarnos

 

Con mis brazos abiertos

y la integridad de mi alma

te ofrezco un sinfín de palabras

con mucha esperanza.

 

Que no subsistan problemas

ni tampoco añoranzas.

Que no peregrinen traiciones

ni tampoco nostalgias.

 

Amarnos de frente.

Amarnos de espalda.

Sinceros y honestos

para que no existan faltas.

 

Estar seguros de nosotros mismos

sin causarnos daño.

Amarnos y respetarnos uno al otro

para no ser extraños.

 

Amarnos limpiamente

sin trucos ni fantasmas.

Amarnos simplemente.

Amarnos con toda el alma.

 

 

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Beatriz Olga Allocati

 

Los tiempos de dar cuerda al regocijo

 

A Carolina Hoffman

 

Erase una vez el asombro rey mago

y un disfraz de pirata con cimitarra.

La edad,

para una versión abreviada

de Robín Hood, con honda

pero no para los ruiseñores.

Ocios de caramelo del ángel de la guarda.

Del hada, sólo los cuentos.

Teníamos una en casa.

 

Catalina, hace unos años.

Habrá crecido, siendo siempre hada para su abuela.

 

 

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Mirta Cevasco

 

 

Como señales

... "toco la cima de una pausa dichosa"...

Octavio Paz

 

Un murmullo de alas

me anticipa el llamado

la señal imprevista

que no sé interpretar.

Mi cuerpo florecía

en el salón de luz y primavera

y el coro de la tarde

pidió que vuelva la mirada hacia mi entorno.

 

Ha llegado la hora de la enmienda

acaso la misión inesperada.

 

Poema de su libro SEÑALES : 2005                                                                                                               35

 

 

Estela Barrenechea

 

Allá en los principios

 

a Susana Szwarc

 

El río estaba lejos en el afuera, en los campos.

Recuerdo lo que nos gustaba: aguzar los oídos

y escuchar la corriente lanzada en el canal.

Casi al límite del poblado

en un plano de adoquines: la casa

cercada por viejos naranjos

aparecía despojada, exenta de atavíos,

todo piedra y lodo.

Lejos de la calle real, a espaldas de las vías del tren,

su silueta del siglo XIX quedó congelada.

 

Cuando las sombras sorprendían, los niños abríamos la

                                                                                       ventana

para oír el traqueteo despacioso del último tren de carga

y jugar con el tiempo del último silbato.

Aviso certero del límite de la tarde.

Corríamos a escondernos en los intersticios de patios y

                                                                                     galerías

con el afán de proseguir los juegos.

 

Agujeros que nos servían de escondite.

Agujeros idílicos llenos de libros y hormigas coloradas.

Agujeros con niños y animales sustraídos a la vista de

                                                                                   los otros.

Agujeros de felicidad.

 

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Elena Perla Piscun

 

Montada en nubes

vestida de relámpagos,

llegó como trueno

                         (silencioso)

Me dejó la tristeza.

Bajó la luna

                     (lo encontró)

apagó su suave rostro.

 

Desde entonces,

duermo de pie,

apoyada en la ventana.

Mientras se fragmenta

                               el tiempo,

mientras caen los recuerdos.

Desnuda de palabras,

                                     espero.

 

Ilustración del florilegio : LOS OJOS DE LA LUNA

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Muntada en núvols

                   vestida de llampecs,

arriba com tro

                                  (silenciós)

Em deixà la tristesa.

Baixà la lluna.

                                (el trobà)

apagà el seu rostre suau

 

Des de llavors,

dorm dempeus,

recolzada a la finestra.

Mentre es fragmenta

                              el temps,

mentre cauen els records.

Nua de paraules,

           espera.

 

Traducción del poema de Elena al catalán

por Pere Bessó

 

 

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Héctor Rico

 

Miguel

A Miguel Hernández

 

Hay una huella tibia de tu nombre, Miguel.

Una huella que perdura y se desangra…

Es demasiado fuego para ocultar en la tierra,

demasiada palabra para extinguir,

entre los dientes apretados del silencio.

 

¿Por qué la vida desvió su mirada?

¿Cuándo conspiró la noche?

 

Todavía tu voz se inclina con ternura sobre pétreos oídos,

todavía tus manos procrean relámpagos, menudas estrellas…

A golpes de martillo cincelas cada verso,

y un ojo extravagante te refleja.

Levanta tu palabra como una cabeza luminosa,

entreabre la puerta,

donde aún en escorzo puede verse tu sombra

en el momento exacto

en que se abate la ola del límpido minuto,

cuando tu pie traspone el inquietante Dédalo.

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No tuvieron piedad de tu voz,

era preciso cegar la incandescencia, derribarla.

Era preciso confinar tu sueño, desmantelar imágenes,

hacer sordo el clamor,

que no quedara rastro del fuego preservado

en su pequeña caja de liberados vientos.

 

Mas todo estaba escrito en su letra indeleble:

un vértigo de instantes, una mañana rígida,

una jauría de luz …

 

Yuntero del clamoroso verso,

grávido como un meteoro, como un rayo estricto,

como un grito hundido en el pecho del miedo.

 

una huella custodiada por ángeles ocultos.

Una huella que lleva hasta ti,

hasta la sangre que irriga

como una extraña copa inagotable

donde has bebido la ternura y el dolor,

la muerte y su hedor a sombras,

y como de un manantial: las palabras y el amor.

 

El amor que sube

entre los besos y las desmesuras,

al abrigo de tu gesto tierno y combatiente,

y la pasión incandescente de la libertad,

como un sol que se levanta cuando la noche

no es más que un puñado de oscuridad que desfallece

en tu frente luminosa…

 

Este poema de Héctor Rico, cae a punto para el centenario del nacimiento del poeta, que fue ayer, 30 de octubre. Que sea un homenaje al luchador por la libertad que siempre fue. Le encarcelaron. Entre rejas murió, sin haber cumplido los 32 años, víctima de La ignorancia que cría odio. Enfermó y por estar entre rejas, no fue atendido como se debiera. El lugar era insano y humillante. El dolor por estar separado de su mujer y de sus dos hijos, de no poder cuidarles sabiendo que estaban pasando hambre, le remató.

 Fue durante una guerra cruel, hermanos contra hermanos. ¿!Cómo pueden suceder cosas así, cuando el hombre nace para amar. No para odiar!?

El hombre nace para ayudar a los demás a crecer; no para esclavizarlos, endoctrinarlos, y si resisten, quitarlos de en medio!

Mariette

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Yanina Avilés

 

Oscura silueta

Un día, como si no hubieran existido días pasados, una sombra se proyectó detrás de mí. Era increíblemente real. Precisa. Toda su silueta delineaba a la perfección las formas de mi cuerpo, la posición de las piernas, el destello de mi raleado cabello gris que empezaba a aparecer. Sus hombros descendían como los míos, sin una milésima de diferencia. Sus manos eran un papel calcado de las mías, los detalles de las uñas, arrugas, las manchas de la piel. Creí estar viéndome en un espejo, duplicado en cuatro brazos, piernas, ojos y cabeza.

No podía ser verdad. Estaba seguro que en el mundo no existía ni existiría jamás una sombra de esa naturaleza, era casi una persona pegada a mis talones.

Salí de casa a trabajar, escuché los gritos que mi paso provocaba. Ver a una persona caminando, y esa sombra, que más que una mancha semejaba una aparición, era demasiado para el mundo en que vivía.

Me enfrenté a la realidad que convivir con ella suponía. Las personas se apartaban de mi lado, espantadas por la terrorífica visión de mi imagen reflejada en las baldosas, casi como un espejo que me seguía a todas partes.

Dejé de trabajar. Verdaderamente, me pidieron que no fuera más. No sé si pretendían poner excusas, pero adujeron que no había lugar para mí y la sombra en la empresa. Era inevitable. Los pedazos de  vida que hasta ese momento habían existido en sincronía perfecta, como rompecabezas ensamblados, empeza-ban a separarse uno tras otro.

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Lo más duro fue la convivencia en familia. Los primeros días explotaban en risas, les divertía verme multiplicado por dos por donde fuera. Yo respondía a sus carcajadas, mientras la sombra hacía caras, burlas, se convertía en lo cómico que yo jamás había sido.

Con el correr del tiempo, empecé a ser una carga para ellos. Sobre todo para mi mujer, que encontraba en la cama dos hombres exactamente iguales, pero sólo amaba a uno. Creo que el amor no fue suficiente, un mes más tarde, abandonó la casa con mis hijos y nuestra vida juntos a cuestas.

Recurrí a la ciencia, consulté especialistas, recorrí el mundo buscando al experto en sombras que pudiera separarme de la visión que me perseguía. Ninguno pudo ayudar. Abrían los ojos, tratando de parecer intelectuales, pero caían pronto en las mismas excusas de todos.

Entonces me dediqué a planear la venganza del ser aparecido de la nada que rompía las estructuras que yo había formado.

Empecé a correr. Pensé que si corría lo suficientemente fuerte, ella se despegaría de mí, como una prenda cayendo del cuerpo, tratando de cansarlo,  dejarlo sin aliento. No hubo solución. No hubo cambio alguno.

Me asomé a lo alto de un acantilado, dispuesto a estrellarme entre las rocas con tal de deshacerme de la acechadora. En el momento que cerré los ojos, di un paso adelante, sentí el viento rompiendo en mi cara, mezclándose con gotas de sal que llegaban desde el mar.

La sombra me envolvió en sí misma, hizo un ovillo con nuestros cuerpos, rodamos en un vacío que no terminaba, y caímos juntos  en  la  arena.   Ella  no dejaba de abrazarme,  aunque en realidad era un él, mi reflejo, que me sujetaba con fuerza.

Desistí de todo intento. Ya no quedaban dudas, aquella sombra había llegado para instalarse a mi lado, observar, cuidándome y rescatando mi alma de las locuras. Convivimos por un tiempo en una tensa paz. Nos fuimos conociendo. Curiosamente, me contaba cosas mías que nunca había descubierto, detalles pequeños que se hacían gigantes en su boca. Interpreté distinto todo lo que durante mi vida me había parecido perfecto. Me explicó que el cansancio del trabajo nada tenía que ver con la vejez,  simplemente  jamás  me  había  gustado.   Mi  mujer no había sido el apoyo ideal, en cambio ella, la sombra, no me abandonaría.

 

Hasta una mañana, igual a las otras, idéntico sol y cielo, con el mismo aire respirado, los ruidos que llegaban desde la calle, el cansancio del cuerpo que no terminaba de despertarse. Busqué a la sombra. La vi a lo lejos, moviéndose por la casa como yo, como su dueño.

 

Creí escuchar la voz de mi esposa, los pasos de los niños corriendo en el jardín de atrás. Extrañamente, estaba tirado en el suelo mirando hacia arriba, sin poder despegarme.

Mis contornos se difuminaban en una sombra que parecía no acabar.

 

 

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Cristina Berbari

 

La otra

 

Estás detrás de mí,

cayendo en mí misma,

lejos de mí:

me habitas y me desalojas.

Te derramas en otra,

en otra me rehaces

y soy yo misma

y soy una sola en el relámpago.

Y vuelves a caer,

mi cuerpo en llamas,

desvanecida como un residuo azul

en la tormenta.

 

¿Hasta dónde me seguirás?

¿En qué abismo de muerte

me estarás esperando?

 

C:\Users\Mariette\Pictures\Mis imágenes\Arte, pintura\Gemelas.jpg

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Seguidamente, la traducción del poema de Cristina al Catalán  por Pere Bessó

 

L'altra

 

Ets darrere de mi,

caient en mi mateixa,

lluny de mi:

m'habites i em desallotges.

Et vesses en una altra,

en una altra em refàs,

i sóc jo mateixa

i sóc una sola en el llampec.

I tornes a caure,

el meu cos en flames,

esvaïda com un residu blau

en la tempesta.

 

Fins on em seguiràs?

En quin abís de mort

m'estaràs esperant?

 

 

 

 

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Héctor J. Freire

 

Ritual

En la penumbra de la siesta

el corazón de agua del estanque

se convierte en pequeña jaula vacía,

y una araña de oro hilada por el sueño

naufraga en la antigua sombra del jazmín.

En el centro de la tarde,

un pájaro sostiene con su canto

el hilo impalpable de la luz.

 

Poema propuesto por Lina Caffarello

nuestra Representante en Argentina.

 

C:\Users\Mariette\Pictures\Lolan y familia\estanque arreglado para AIR.jpg

Autor de la fotografía: Lorenzo Curion - Arreglado para AIR

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Clara Languerman

 

 

La historia no escrita

 

Me llueve en los ojos un aire de locura,

una estrategia de tiempo y distancia,

un espacio de horas sin sol

en el vaivén del pasado y el futuro.

 

Me llueve en los ojos un laberinto de

piedras de colores con destellos de luz y aire

de ojos perseguidos por los años,

y un cansancio que anuncia la energía.

 

El fin del año crece en mi memoria,

la historia no escrita

y las páginas derramadas

de absurdas ausencias.

 

 

Poema sacado de su libro: EL PAÍS SUBTERRÁNEO

Editorial Plus Ultra : Buenos Aires, 1997

 

 

 

 

 

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Luisa Berutti

 

Estamos en la frontera, cruzamos a Siria, llegamos a Damasco, un viernes que es feriado en el rito musulmán.

 

Damasco, la ciudad habitada más antigua del mundo. Barrios históricos y un conjunto inigualable de edificios. Antiguos vestigios romanos, bizantinos y abundancia de islámicos entre mercados cubiertos, albergues caravaneros, minaretes y cúpulas, ceñida por una muralla romana.

 

Cerramos los ojos para abarcar con el pensamiento tanta magia; cuando los abrimos la realidad nos llevó a recorrer cuatro milenios de antigüedad.

 

En el museo nacional de Damasco vemos la primera tablilla con treinta caracteres de donde deriva la escritura árabe y latina, tiene 7 cm por 1,5 y se ve a través de una lupa.

 

Incomparable.

 

SE EXILARON LAS PALABRAS

 

Cómo le hablo a la piedra

si rodaron las palabras

perdiéndose en el río

 

Cómo le digo ahora

que está viva

 

Si es sólo la voz

la vibración que responde

al mensaje indescifrable.

 

 

En agradecimiento al regalo de su hermoso libro, a través de Mirta Cevasco

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Susana Cattaneo

Elegía a una voz

de enero 2004 y soledad

 

Después de que morí definitivamente corté el aire en dos y uní la parte derecha a la izquierda con un cierre relámpago.

 

Así quedé detrás de un vinílico agotado por la bruma.

 

Ahora los días se marean con sus pies sobre nada y yo permanezco en la tenacidad de ojos perforados que no dejan de clavar su iris sin brillo.

 

Después de que morí, mis soles comenzaron a dolerme; también las palomas que antes sonreían al beber el cielo cuando se empujaban apuradas para comer el pan diario que les ofrecía (hoy son las palomas de la soledad).

 

Sin embargo, por momentos recrea mi mente una estampa de árboles y jauría, de bancos y arroz sobre el pasto. Alguna imagen de torcaza bañada de tibieza o de escudillas para beber tormentas, veranos, horas reposadas.

 

Yo aquí; estatua vacía.

Yo aquí; estatua llena de otro mundo.

 

Después de que morí, los papeles quedaron eternos en el blanco; mi mirada para siempre donde nadie; mi no ser buscando nombres, trozos de ternura corriendo por las playas.

 

Así, detrás del vinílico, no veo. Espero.

Eso sí; espero.

 

En la muerte todo parece más cercano.

 

50        Recibido a través de Mirta Cevasco. Con tiempo, algo de todo lo que me trajo, aparecerá.