Escritores poetas de España

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Antonio Ruiz García

 

 

Desánimo.

Se dice del estado opaco de las ganas,
del desaliento, del vaivén del estómago,
del desfallecimiento de las fuerzas,
del hundimiento sobre las vísceras.

Viene con los pájaros que traen la niebla,
se te entremete por dentro, se aloja
en los recovecos más ingratos del alma
y deposita ahí su semilla más negra.

Es como la nube oscura de la lluvia,
como el trueno que precede, el inicio
de un fracaso y la tormenta perfecta.

Es como el fango seco en las botas,
que sólo sirve para hundirse en la pena...
hasta que el organismo claudica.

 

 

ESMAR

 

Luna mora, noche oscura...

Un cielo amplio,

un vasto cielo...

Bajo tu manto,

         TÚ...

                   YO...

                             El amor nuestro.

 

 

Amar en este difícil momento

es reforzar cada sentir,

cada momento...

Es poner alas al sueño,

desear,

          anhelar,

                      vibrar...

 

Caminar hacia esa orilla

que nos llevará a puerto.

Quiero desaparecer distancia,

quiero saltar el tiempo...

Quiero que el mundo,

por fin, sea nuestro.

Con tus manos en mis manos...

Descubrir caminos nuevos.

 

 

 

El Beso – The Kiss – Le baiser de Rodin

 

 

 

 

 

Juan José Archilla Pintidura

 

MATAR A UN NIÑO

 

A José y César Esteban Alenda,

autores del corto que da título a este poema

 

Matar a un niño

es verter una taza de café

sobre la inocencia.

Matar a un niño

es cortar la cuerda

que sujeta un barquito de madera

a su mano,

como si el cordón umbilical

no hubiera existido.

Matar a un niño

es hacer que retrocedan

las agujas del reloj

derrapando en angostas carreteras,

que su voz se torne ronca,

huyendo de los brazos

de su madre.

 

 

 

 

 

Francisco Javier Parera Gutiérrez

 

EL ESTANDARTE DEL CUERVO

 

La espada de Galienus, el kesetanio, atravesó el pecho del último guerrero que quedaba en pie. En los aposentos reales yacían varios cadáveres y en un extremo estaban el asustado emperador de Akirtania, Licinus II, y su esposa. En aquel momento irrumpieron la Guardia Real y los consejeros.

 

– ¿Quién ha ordenado que se retiren los soldados? -preguntó el hombre fuerte de Akirtania.

  

– Es el quinto atentado en tres meses, Majestad –dijo Galienus-. Buscad pronto al conspirador o la próxima vez...

 

El aristócrata de cabello negro y poderosos hombros se retiró de la estancia mientras pensaba en los recientes acontecimientos. Fue perdonado su destierro con la llegada al trono de Licinus II y, aunque sus bienes se restableciesen y viviese tranquilo en su condado, fue reclamado en la tambaleante corte de Tamus porque necesitaban su espada. Y después empezaron los atentados contra el nuevo amo del país más orgulloso del antiguo Occidente.

 

Entre los testigos había un hombre delgado que se retiró de la roja escena para llegar a los establos, subir a un caballo y alejarse de la capital. Después de una hora de cabalgar, se detuvo en una vieja ciudad en ruinas y entró en una cabaña que todavía permanecía bien conservada. Allí aguardaban el mariscal Fulvius, conocido por su estandarte del Cuervo marcado en su armadura, el marqués Tegus, el brujo encapuchado Antrunalus y dos escuderos. Informó que la operación había fracasado y el alargado rostro del hechicero se ensombreció.

 

– ¡Para asesinar al emperador, debéis alejar a su fiel guardaespaldas! – exclamó el hechicero –. ¡Contemplad este ritual y, luego, escuchad mi plan!

 

A continuación pronunció unas palabras más antiguas que la aparición del Mar de las Brumas, se arrodilló en el suelo y trazó un misterioso signo sobre la desgastada losa. Un maligno resplandor inundó la estancia y, cuando se desvaneció, apareció ante los asombrados nobles y escuderos, un gigantesco y encorvado guerrero de simiesco rostro.

 

Transcurrió una semana y en la agitada ciudad se murmuraba que un ser de considerable altura había entrado en la Torre del Homenaje y había robado el cetro del emperador. En los próximos días, en el desfile de los Mercenarios del Acero Rojo, se debía presentar con la vara. Si no podía ser, Licius demostraría su debilidad y quizás el mismo día habría revueltas, encarcelarían a la familia imperial y quizás lo decapitarían en pocas horas, mientras el rebelde se sentaba en el trono de Akirtania.

 

En la Cámara de Audiencias Licius repitió al kesetanio el mismo comentario que rondaba en la capital.

 

– ¡Tamus conspira detrás de los cortinajes! – exclamó el emperador indignado –. Mi cetro se halla en la Torre Negra, el último reducto del Oscuro Círculo del Brujos, liderado por Antrunalus.

 

– Majestad, quieren que me aleje de la Corte –respondió el aristócrata.

 

– Debes ir. Confiaré en mi guardia personal otra vez. Espero que regreses con vida y con la vara antes de cinco días...

    

La noche se había posado delicadamente sobre los jardines del palacio.   Entre  la frondosa vegetación se hallaban Galienus y su prometida, la bella Airina, la cual se abrazaba al guerrero con sollozos. El silencio era interrumpido por el murmullo de cantarinas fuentes. La fragancia de llamativas flores impregnaba el paraje. Sin embargo la escena no era un idilio.

 

– ¿Por qué debes ir tú? – preguntó ella entre sollozos.

 

  El emperador confía en mi acero para estas misiones. Mañana, al amanecer partiré hacia esa fortaleza. No me ilusiono por el final, pero espero que el ejército obedezca a su amo y no ayude a los conspiradores.

 

Cuando los primeros rayos del sol arrancaban destellos a las cúpulas de Tamus, un jinete con la coraza de mercenario abandonaba los muros de la ciudad para adentrarse en un sombrío bosque. En aquel instante su caballo se alteró y Galienus vio en un claro a varios ladrones capitaneados por un grueso individuo.

 

– ¡Te conozco! – exclamó el aristócrata – Eres Tamurus. ¿Eres ahora un líder de forajidos? Antes eras el teniente del ejército akirtanio que luchaba contra el poblado del clan Geult.

 

– Deserté –respondió el salteador –, y encontré un buen futuro con el saqueo –. Y tú preferiste estar en el cómodo palacio. ¡Envaina tu espada! No te atacaremos en recuerdo de nuestra vieja amistad.

 

En el campamento de los bandidos, cerca de un rellano de las montañas, kesetanio y el desertor hablaron.

 

...-Y por eso me dirigía a ese sinistro lugar –concluyó Galienus.

 

–Te matarán. Forma parte del plan para asesinar al emperador – comentó Tamurus. El brujo Cassius predijo que un viento de desastre y dolor aplastaría Akirtania. Pero... él mismo te lo explicará...

 

Entonces de una vieja tienda de campaña apareció un anciano con un bastón. Se sentó ante ellos y las llamas de la hoguera aumentaron por unos momentos.

 

– Lucha contra la magia negra de Antrunalus de Aegipte  – le dijo el hechicero. – Lleva contigo este puñal plateado que te protegerá en tu misión y regresa con el cetro aquí porque en ese momento, en el palacio los rebeldes, atacarán a la familia imperial. No acudas a la capital. Te matarían los enemigos infiltrados. Recupera la vara y vuelve. Te preocupa tu prometida... Estará prisionera en las mazmorras hasta tu llegada.

 

– Tus poderes me dejan asombrado. ¿Quién está detrás de esta conspiración?

 

– ¡El mariscal Fulvius! Veo cómo su inconfundible estandarte del Cuervo se alzará en las torres de la ciudad.

 

La Torre Negra se destacaba como una gigantesca aguja entre la tenue luz del atardecer. Entonces Galienus se asomó entre unas rocas. El enorme portal estaba siempre abierto porque sus dueños sabían que nadie molestaría. La brisa trajo a sus oídos un lúgubre cántico y se escondió para ver una larga comitiva de encapuchados que desaparecía por el umbral. Se trataba de los adeptos del Oscuro Círculo. Espada en mano, el guerrero entró y observó cómo el brillo de antorchas de los hechiceros languidecía en un pasillo subterráneo. Por indicaciones de Cassius, subió con la cautela de un felino unos desgastados peldaños hasta la quinta planta donde se hallaba el cetro robado. Llegó a una amplia biblioteca, llena de antiguos y prohibidos volúmenes y pergaminos. Ante una mesa y, recortada por la rojiza luz, se hallaba la figura de una momia sentada que leía un manuscrito. Levantó su reseca cabeza para ver al perplejo kesetanio.

 

– Soy  el  líder de  los adeptos que protegen este paraje – dijo el personaje –. No te atacaremos porque llevas el puñal plateado de Cassius. Hace siglos fallecí y luego los adeptos me devolvieron la vida.  Además de dirigir sus enseñanzas, vigilo sus antiguos tesoros.

 

– Vengo por el cetro de Akirtania – prosiguió con temor el guerrero.

 

– Lo sabía. ¡Toma la vara y regresa al campamento de los bandidos!

 

El kesetanio abandonó la enigmática construcción sin ser visto. El puñal de Cassius ayudaba contra las fuerzas del Mal. En el rellano donde se refugiaban los bandidos de Tamurus, supieron qué pasaba en la ciudad a través de campesinos. Fulvius y Tegus entraron con sus ejércitos en la capital mientras la Guardia Real asesinaba al emperador y a su esposa. Sus partidarios fueron encarcelados y en las cúpulas del palacio ondeó el estandarte del Cuervo.

 

– Ahora vuestra misión es adiestrar a la gente que huye y convertirla en soldados – aconsejó Cassius –. Veo que reconquistaréis Tamus y que tú serás el nuevo emperador.

 

En la abandonada cabaña de la ruinosa ciudad, donde se preparó la conspiración, se hallaban los generales, el hechicero y dos escuderos ante un sarcófago de piedra. Cuando fue retirada la tapa, vieron la momia de un antiguo rey-brujo que gobernó Akirtania hacía cuarenta siglos. Entonces los militares comprobaron que habían sido los instrumentos de Antrunalus, pues él deseaba poner en el trono a aquella momia para continuar las antiguas creencias del Mal. El mariscal y Tegus se negaron, pero antes de desenvainar sus espadas, el hechicero lanzó un extraño destello de desconocido color contra ellos y ambos cayeron entre cenizas. Luego se arrodilló ante el sarcófago y pronunció una invocación en una olvidada lengua. Entonces  la  momia  sufrió  una abominable transformación,  sus vendas se rompían, su piel se aclaraba, y Urmalus, el rey-brujo, regresó de las tinieblas para sentarse en el trono e Akitania.

 

En esas semanas, el imperio sufrió constantes revueltas en otras ciudades y pueblos. La gente se refugiaba en el bosque y en los montes Pires, para manejar el acero y reconquistar la capital. Galienus se proclamo nuevo amo del sacudido imperio y el pueblo se unió a su bando. Lentamente se fueron anexionando las ciudades del sur. No tuvieron problemas, pues, sus habitantes detestaban al nuevo monarca.

 

Una larga columna de guerreros se encaminaba a la capital donde resistían los escasos soldados de los hechiceros, los  cuales notaban que sus maléficos poderes se debilitaban por los puñales plateados de Cassius. Las tropas de Galienus llegaron ante las murallas de Tamus y se inició el combate con catapultas y torres de asalto. Además el anciano mago desapareció unas horas durante el ataque.

 

Cuando un muro se derrumbó por el efecto de los proyectiles, los libertadores entraron en la ciudad y redujeron a los rebeldes. Varios guerreros acompañaron al kesetanio hasta la Sala del Trono, donde contempló una inesperada escena. El nuevo rey Urmalus estaba sin vida sobre el suelo mientras se acercaba Cassius.

 

-El puñal plateado acabó con su vida – explicaba el mago –. Sin embargo el malvado Antrunalus ha escapado. Ahora, Galienus, eres el emperador.

 

El estandarte del Cuervo fue quitado de las almenas mientras elevaban el escudo de Akirtania. En el balcón del palacio salió Galienus cuando la gente aclamaba su nombre. En ese momento unos soldados trajeron a su amada Airina, la cual, a pesar de haber estado en las mazmorras unas semanas, no había sido humillada por sus enemigos. Se abrazaron con fuerza ante los gritos de los habitantes libertados.

 

– Pensaba que tu aventura acabaría trágicamente – dijo ella.

 

– Los dioses nos han ayudado. ¡Y también la buena magia de Cassius! – exclamó el antiguo aristócrata –. Ahora nacerá una nueva dinastía de sangre kesetania. ¿Suena bien?

      

 

                                                              

Francisco Aranda Cadenas

 

Y qué importa si queda el tiempo detenido,
si la luz más blanca perece, y el olvido
teje telas de araña en los rincones oscuros.
Qué puede importar si todo eso está previsto,
si la noche espesa es una niebla encendida de dolor
y a cinco metros de mí saltan las sombras
en peregrinación hacia la nada, y aparecen
los años de la guerra con sus turbias matanzas.
Y a qué llorar o perturbarse si todo está previsto
con lenguaje conciso y tajante en las líneas
de la vida y del amor. Oh luz, no te tardes
antes de que regresen los eneros y los niños
de la noche recuerden el peor de los inviernos.
Ha sido dura la esperanza, la ilusión un remordimiento,
pero a qué sufrir si todo eso está previsto
desde el recóndito principio de los tiempos.

Málaga, junio de 2011

 

SOY DE BARRO
Soy de barro, aunque Miguel me llame.
Miguel Hernández


Soy de barro, como el cántaro vacío
que sirve para el agua y el aceite.
Mi noche y mi día caben en una lágrima,
en una carcajada que devora el tiempo
de la fealdad y la conjunción de la tristeza.
Mi soledad es un espacio vacío, la compañía
una heredad más allá de los días domingo.
Como barro que soy, soy mortal, y no habrá
Dios alguno que soporte mi espíritu,
esta arcilla ciega cuyo pretérito fue una palabra
de amor, un pasaporte humilde hacia el último
minuto que condensará mi historia.

 

                 Málaga, marzo de 2011

 

Para mi querida sobrina Lilu, de Massachusetts,

con profundo afecto.

¿Qué queda en lo profundo del corazón, en la razón, en la raíz del canto? ¿Qué queda después de amar, seguir amando?

 

Querida sobrina, Lilu, tu tío Francisco te echa de menos entre el verde trigal de su infancia.

 

Aún va conmigo tu destino niña, por la vereda donde se cree en la palabra. Has alfombrado de flores esta herida antigua de mi alma, has liberado los pájaros que comen sílabas y crean versos en las ramas de los árboles.

 
Lilu, te he visto dibujar en la tarde la paz de un mundo posible,

con un arco-iris de colores que manchaban amablemente tus manos.

 

Poco más tengo que decirte; eso sí, regresa pronto, aún quedan poemas por escribir juntos.


Málaga, a 30 de julio de 2011

 


Estimados amigos: Lilu sí es una persona real (no como en otros poemas),

de carne y hueso, inteligente y entrañable.

 

 

 

Mari Trini León

 

Las Rebajas

 

¿Tú has ido alguna vez a las rebajas?

Es algo increíble.

Vete a observar, y ver a señoras y señores intentar comprar una prenda,

sea de hombre o de mujer.

Pierden hasta su saber estar.

Se comportan como seres que nunca hubiesen visto una rebaja, o un comercio.

Esa “algarabía” de ropa que toda estaba en su sitio,

ahora es un caos.

Tú sigues observando.

Pasea por los corredores,

y ves como la ropa se amontona.

Hasta de insultarse dos personas por el mismo artículo.

Al principio todo está en perfecto orden,

pero tal como pasan los minutos,

ya no sabes si son pantalones, trajes o camisas.

Las empleadas pretenden poner la paz,

pero eso es una quimera.

Yo sigo mi paseo cada vez más aturdida por los gritos.

Me siento mareada.

Tomo las escaleras mecánicas y salgo del edificio.

¡Dios, que paz!

Yo me pregunto,

¿si no me molesta ni las máquinas del metro?

El fresco me da en la cara.

Pienso, puedo respirar.

Y hago una reflexión.

Las rebajas no se hicieron para mí.

Soy incapaz de encontrar nada

en una montaña de ropa.

 

 

 

Pila Tierra

 

MATADOR

 

Atrévete conmigo,

dijimos juntos

a la muerte,

y mirándonos a los ojos

nos dimos la vuelta.

 

Tú, de bruces frente al animal

corpulento y negro,

amansado  a heridas

y muerto luego

en el juego

de diez mil contra uno.

 

Volvamos ,

te dije,

todavía está caliente

la arena,

y al aire le queda recoger

el último compás de la música.

 

Todavía se huele el polvo

del arrastre de la cosa muerta.

Quedan manos

de sobra

que pueden repetir el aplauso

que tanto te emociona.

 

Al margen quedan

gritos insatisfechos

y alas de sombreros que apuntan

a otra tirada.

 

Volvamos, pues,

a mirarnos de frente,

atrévete conmigo

y acabemos la fiesta.

 

 

 

 

 

José Luis del Castillo

 

A....

Cuando tu voz se separe

de mi razón y mi sueño,

cuando pueda recordarte

sin pena ni sentimiento

y contemple tu figura

como si fuera un ensueño,

cuando se alejen mis pasos

del eco de tu recuerdo

y vuelva a ser el que era

lejos de mi loco empeño,

entonces bendeciré

esa hora, ese momento,

en que de nuevo seré

de mi voluntad el dueño.

 

 

Envidia

Tengo envidia de la Luna

que ve a través del cristal

la desnudez de tu cuerpo,

de la brisa que acaricia

suavemente tus cabellos,

del aire de tu abanico

que besa tus labios bellos.

Y tengo pena de mí

al saberte ahora tan lejos...

 

 

 

 

 

 

 

 

María Angustias Moreno Barrios

 

Negociando

 

Quisiera negociar con la luna,

la venta de mil luceros,

y ponerlos a tus pies,

diciéndote "te quiero".

 

Le dije al sol muy tempranito,

no calientes demasiado,

que pones la piel morena,

de la chica que tanto amo.

 

Al río bajé a pedirle ,

refresca con tus aguas el campo,

que viene mi tesoro

por la vereda paseando.

 

Y el mar al escuchar,

este ir y venir con todos platicando,

gritó con entusiasmo, tráeme a esa chica,

porque me estoy locamente enamorando.

 

 

 

Foto de Sébastien Lallemand : Luna y “Mont Blanc

 

 

 

Ricardo Rubio

 

Ideales

 

Los varones y las hembras, señores y señoras, respetables ellos, que tienen alguna vez el gusto, la razón o la estupidez de ser soñadores, idealistas sin advertencia, con el permanente objeto de alcanzar lo sumo, el zenit de una mujer o un hombre para compartir un día su vida... pierden la partida.

 

De las obras por mí leídas de García Lorca, dos se me quedaron impresas en la memoria : “La Casa de Bernarda Alba” y “Doña Rosita la Soltera”. Ambas fueron consumidas por mis ojos y ambas me hicieron pensar y mucho. En una, el dominio humano contra el instinto reprimido; en otra, la ilusión constante, la paciencia para el devenir del tiempo y por fin el infortunio moral. El mundo tiene sus “raras avis humanas”. Todavía en el mundo existen especímenes extraños que no marchan con el tiempo normal de la vida. Uno de esos seres soy yo, el que escribe, el que piensa, el que sueña y el que al final se siente torturado. Los ideales son bellos pero la realidad no lo es infinidad de veces. La realidad consiste en actuar como actúa la generalidad de las gentes. Hay un tiempo para jugar y un tiempo para trabajar y para amar. Luego, un tiempo para vivir solo y sufrir o llorar.

 

 “No es bueno que el hombre esté solo ; hagámosle una compañera” (El Génesis)

 

Y surge un tiempo para verla y un tiempo para retenerla y amarla. No aceptar la ocasión porque se aisla uno en el ideal de ella conduce a la soledad, ya que el ideal no existe. Ni del hombre ni de la mujer. La mente rememora el caso de “Doña Rosita la Soltera” o “El Lenguaje de las Flores” de García Lorca. O el de “La Casa de Bernarda Alba”, con su drama cruento en el alma y el corazón.

 

A estas alturas de la vida - esto es confesión -  el autor de este comentario se ve en la necesidad de dar un consejo a los idealistas : NO SE QUEDEN SOLOS POR CULPA DE UN IDEAL PERSEGUIDO EN LA JUVENTUD. Porque el sol es menos sol ; la luna no es de plata ; los cielos no son celestes ; los aires son más nitrógeno que oxígeno en su proporción normal, hasta absorber toda la materia. ¡NO OS QUEDÉIS SOLOS MAÑANA!

 

Que los afectos son menores. Que la fidelidad escasea. Que los afanes varían.

 

Igual que para dar la vida es preciso el varón y la hembra, para existir, para sobrevivir, hace falta el uno y el otro, la una y el otro, la una y la una. Dos para vivir, sufrir, gozar, soñar y dormir. VIVIR SOLOS, UNA TRAGEDIA.

 

A menos que se conforme uno con hablar con las flores o con los insectos del campo o los misterios del alma.

 

En la confrontación de los vivientes, se tropieza con la diversidad, la virtud o el vicio. Lo igual con lo igual, se repele. Como con la electricidad ocurre. Lo mismo y lo mismo, completamente unidos, conduce al fastidio. Es como detener los ojos y no cambiar las pupilas. Es un fardo. Atiborrarse uno con la homogeneidad de las cosas es casi odiarlas. Por eso es preciso el hombre y la mujer. Los valores diferenciadores de uno y otro cuando cambian su estado o inclinación potencial son suplantados por uno u otro sexo. No es el varón valiente, como se supone ha de ser, lo es entonces la mujer. Y viceversa. Siempre los polos, nunca la identificación total de valores. Unos lanzan el semen, otros los óvulos. Unos penetran y otros son penetrados. Y POR GUSTO Y POR NECESIDAD.

 

– A menos que se de el caso de hermafrodismo, irregularidad pero no exclusión de dos sexos –

 

Todo ello para vivir y no en promiscuidad, el mandato de la vida,   unidos  dos  seres,  con  sus  vicios  y  sus virtudes,  con  sus

 

dones   y   sus   defectos.    PERO   CON   UN  IDEAL   SIN   ALTAS

 EXPECTACIONES, ASOCIADO A LA REALIDAD QUE NO ES OTRA QUE LA VIDA. Soñar, ilusionarse con  otra meta que escape al orden establecido, es UTOPÍA.

 

Así y todo, la búsqueda es lógica mientras tanto el raciocinio dictamine correcto el camino. No creo que el sucio busque a la sucia ni el mal busque al mal. Parece que no es eso el ideal o tal vez lo fuera y yo no lo comparta en principio. QUE DE TODO HAY EN LA VIÑA, – para comparar y dilucidar el ideal y su antítesis.

 

NO EXISTE EL IDEAL ABSOLUTO ; NADA ES ABSOLUTO. Doña Rosita tuvo que dejar de esperar y dejar de soñar : Sólo le quedó el olor de las flores. Como a mí, el sabor de la sal de las lágrimas : POR IDEALES.

 

Escrito en julio 2000

 

 

Poema “De Profundis” de García Lorca, en Leiden, Holanda

 

 

 

Raúl Calzado Almarza

Poeta gaditano afincado en Alemania

 

Un paso con el diablo

y a pesar de sus ofertas tentadoras,

no acepté ...

y tampoco con el mismo Papa,

porque mi alma no está en venta.

No sé que rango tendría

aquel sujeto en el catálogo infernal

para sin burlarse de su presencia

puedo darle el tratamiento de Sr Diablo

y tratarlo con deferencia,

ya que lo cortés, no quita lo valiente.

 

Y pensando en el bien y el mal

recordé ...

a Orfeo y Eurídice

engañados en el Hades,

a San Ignacio de Loyola.

Bombardeando al Diablo

con tintero,

para librarse de sus asechanzas

y al mismo Jesús de Nazaret,

que pasa treinta días en el desierto

discutiendo los problemas del alma

que ni se vende, ni se ve, ni se toca.

 

Yo dudo mucho

de que haya un Rey del Mal

y al mismo tiempo también del Bien;

y que toleran los crímenes espantosos

y los permitan ...

cuando los pueden evitar

con su enorme poderío.

 

Y no hay que dejar de pensar

en esta pobre humanidad

sedienta de saber,

y supongo que este diablo

no haya tomado a mal mi deseo,

porque mi alma,

ya sea pequeña o grande

está tranquila,

sumergida en el silencio

de convento monacal.

 

Y ni se vende,

ni se compra

 

 

Orfeo intentando recuperar a Eurídice

del artista holandés :  Christian Gottlieb K. (1806)

 

 

 

 

 

Josefa Gabriela Moreno Gómez

 

Pequeña pintora

 

Ainhoa, niña pintora,

que blanqueas los potes de la valla

que surge protectora,

guardando la escalera,

coronando el final de la muralla.

 

A ti quiero, sincera,

dedicarte estos versos con cariño.

Ya la luz hechicera

del Sol en el ocaso

el blanco hace lucir como el armiño.

 

Y tú, pasito a paso,

manejando el pincel con gran soltura,

sigues con el repaso

del jardín de tu casa

cuidando no mancharte de pintura.

 

Cuando la tarde pasa

y el principio de noche se desvela,

viendo la luz escasa

te resignas con pena

a lavarte las manos con tu abuela.

 

Ainhoa, niña buena,

al verte trabajar con tal primor

invento este poema

para que al ser mayor

recuerdes a tu abuela con amor.

 

 

 

 

 

 

Salvador Ramírez Vázquez

 

Ángel de brisa

 

El cuervo indolente de mi pesar

sobrevuela ahora un campo,

donde yerto trigo ya

asoma el árbol.

Y en la esquina árida

de mi melancolía

otro pájaro asoma,

cuando se aproxima el día.

Yerta también la sombra

un eje despabila

que asombra

el fruto de las horas.

¿Para dónde va esta rima ahora?

Crece la duda,

como crece sobre el mar

la bruma intacta del lugar.

Y un tenue ángel de brisa

sopla la colina.

¿Dónde estás tú ahora,

que se te necesita?

Di solamente ¡Hola!

 

 

 

Del poemario  APOLO EN DELOS

publicado como “Separata” por Pluma libre y desigual,

el 5 de febrero de 1998

 

 

 

 

 

María Felicidad Maturana Gómez

 

 

¡ Duda !

 

Las cosas son porque son

y si no fueran porque sí

no tendrían tal razón

de cosas que ya no son

y pudieron ser que sí.

 

Algunas veces no son

auque parezcan que sí

y siempre me queda la duda

si han sido sí, porque sí

o han sido no, porque no.

 

Si continúo insistiendo,

yo prometo por mi honor

que nunca sabré con certeza

si fueron no, porque sí

o fueron sí, porque no.

 

Para mí es un jeroglífico

y ante tal suprema duda

me gustaría preguntar :

¿Usted lo entiende, no o sí?

Yo, le aseguro que no.

 

28 de abril de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De izquierda a derecha : Juan Antonio Plaza Montoya, el malogrado Emilio Zamanillo, y José Gil que está recibiendo el premio. Esta foto debe de estar tomada en EL PIMPI y tener más de 20 años (creo yo).

 

 

 

José Gil Martín

 

Mi vida con la de Emilio

 

Eres una flor que llevo en mi pecho

regada con amor y luz celeste;

que tu ejemplo, Emilio, mi amor despierte

y las musas me dejen satisfecho.

 

Tu vida es vía que mi amor transita

dejando aromas de rosal florido,

haciendo mi paso dulce y fluido

hasta llegar donde tu amor habita.

 

Mi vida con la tuya se ha fundido

para formar una persona nueva

que sólo en tu vida tiene sentido.

 

Todo mi amor pensando en ti se eleva

pues Él nuestras vidas ilustra y lleva

para que Dios sea bendecido.

 

Emilio, esa flor que llevo en mi pecho

es don de tu cultura y luz celeste.

Y, aunque tu muerte gran dolor me cueste,

siempre me consuela lo que tú me has hecho.

 

Tu vida es camino que mi pluma añora

oliendo aromas de tus versos floridos

mientras sigo tus pasos recorridos

con un gozo que en mi pecho aflora.

 

Mi vida y la tuya fueron unidas

en aquel Sindicato de Escritores

que reunió los sueños de nuestras vidas.

 

Hoy, reunidos todos nuestros amores

te ponemos nuestros ramos de flores

en ramillete de vidas unidas.

 

 

 

 

 

María Vega Rubio

 

Un sueño de Noche de Reyes

 

5 de enero, noche oscura y muy fría. En el cielo los luceros brillaban con todo su esplendor. La nieve cubría el pequeño pueblo. Miles de ventanas se iluminaban para contemplar los tejados cubiertos de nieve y las montañas, que a lo lejos parecían de algodón.

 

Tras la ventana, un niño pegaba su carita con fuerza a los cristales. Quería admirar su pueblo todo blanco. Su mirada perdida muy despacito iba contando las estrellas que brillaban en el cielo, de un color negro intenso, que se agolpaban en su mente. Se fijó en la que lucía con mayor intensidad, mirándola con curiosidad, quedándose prendado.

 

Tenía mucho frío, sólo vestía el limpio pijama que le puso su mamá aquella noche, para que los Reyes de Oriente lo encontraran guapo.

 

Seguía con sus ojos clavados en aquella luz brillante, que se hacía más grande cuanto más la miraba. Se quedó dormido y soñó. Ya no tenía frío, ni veía su cama, ni sus juguetes, ni la lamparita que silenciosamente iluminaba su habitación, ni el payaso que reía cuando lo abrazaba, ni su osito favorito. Sólo le interesaba la brillante estrella que, poco a poco, fue transformando su brillo. Y creyó ver en ella la cara de su abuelita, y se sentía feliz porque ella le sonreía, y notó que sus manos le invitaban a cogerlas. Sintió calor y su cuerpo ya no le pesaba. Podía volar cogiéndose de las manos de su abuela. Veía todo nevado, muy blanco, como si los montes estuviesen cubiertos de algodón de azúcar. Y también el río que estaba cerca, muy cerca de la estrella. Se sintió feliz. Gozó con aquel paseo junto a su abuela que tanto quería. Sí, ahora en este sueño  se  hizo  verdad lo que le dijo su mamá ,  que su abuela se fue a vivir al cielo, donde residía el Señor, en una estrella muy brillante.

 

Se abrió la puerta, su madre lo encontró dormido en el sillón. Lo abrazó fuertemente y lo acostó, besándole muy cerquita de su corazón.

 

Su boca dibujaba una sonrisa.

Fue su mejor sueño, aquella noche de Reyes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Medardo Ramos

 

¡Ay, dinero!

 

¡Ay, dinero, qué profundo!

¡Cuánto haces tú sentir!

Prometes ser rey del mundo.

¡Cuánto llegas a persuadir!

 

Cuando con afán se busca,

se ve en la boca sonrisa.

Pero hay gente que es tan brusca

que aunque tenga, no suaviza.

 

Cuando se tiene dinero

¡cuántos están a tu lado!

Mas cuando te ven a cero...

te dejan desamparado.

 

En sus manos, marionetas.

Cobardes ante el dinero.

¡Ay, no seáis majaretas,

que os estoy siendo sincero!

 

¡Lo que importa es el bolsillo!

¡Que se llene, es lo esencial!

Si les das con un martillo

seguirán pensando igual.

 

Dan mil oportunidades

para vender un producto

y dos mil pegas recibes

si devuelves el asunto.

 

El pobre cambia su cara

cada vez se hace más pillo.

¡Son actores, y cómo ensayan

por sacarte un pellizquillo!

 

El dinero y egoísmo,

los dos son primos hermanos.

Como planean lo mismo

se abrazan, se dan las manos.

 

¡Es que ha subido la fruta!

¡Cuesta más la gasolina!

Dicen y no les disgusta

si con mi ahorro terminan.

 

Comidas ¡a punta pala!

Cada día salen más cosas

sin importar que sean malas

o que sean venenosas.

 

Vas a una tienda, y la niña

ya te llama ... ¡caballero! ...

Son como aves de rapiña

por conseguir el dinero.

 

¡Ay cuántos hombres son ricos

y a su vez son “pobres hombres”!

Así sucedió a famosos,

murieron en pesadumbre.

 

Prometen mil bendiciones,

el poder, un sueño hermoso.

Y ahora, guerras a millares

sin ver terreno escabroso.

 

Se hacen bombas nucleares.

¡Hasta el chicle ya es más caro!

 

Afecta a tierras y mares

y no lo ven nada raro.

 

Se miente, roba y mata.

Se hacen barbaridades.

Pensarán : ¡esto no es nada!

¡Mira por donde salen!

 

El dinero es el amigo

más enemigo que existe.

¿Cuándo creerán lo que digo?

¿Por qué en caer se persiste?

 

¡Por cualquier área le pilla

el dinero al ciudadano!

¡Anda y que le den morcilla

ya que no es vegetariano!

 

 

 

 

 

 

 

Antonio-S Urbaneja Fernández

 

El visitador médico

 

Siempre fue este peculiar personaje el gran esperado por el médico rural de ese rincón de cada provincia, en este caso un precioso pueblo de Málaga, Álora, alto, montuoso y dominador, como indicaba sus señoriales casas ; así como acogedor y sabio, como siguen siendo sus gentes, esos populares personajes ricos en decires y sabios y graciosos en sus sentencias.

 

Cuando llegaba, lo hacía saludando a quienes conocía de otras visitas, con los que se tropezaba preguntando inmediatamente por el facultativo al que traía, con su información, saludos de los compañeros de la capital ; recordándole encuentros y chismes inocentes y hasta rompía su esquema de trabajo aplazando su marcha para tomar café o un aperitivo con el médico amigo y colaborador cuando éste finalizaba su visita.

 

Esto se repetía con cierta frecuencia contando todos estos profesionales con la amabilidad del facultativo que era hombre humanista y capaz de percibir las delicadezas de quienes viven la convivencia entre el universo y la criatura humana que respira el aire de la mañana apenas deja la cama y comienza esa tarea cotidiana tan dependiente de la armonía universal y la soledad de los campos y lugares apartados. Realmente todos somos para todos y conformamos una impresionante unidad aunque tengamos que doblegarnos como el junco y el mimbre para dejar pasar las simplezas rutinarias que a diario nos acosan con la fuerza del torbellino.

 

Pero el hombre al que nos referimos poseía el don de la alegría y la facultad de contagiarla. Guardaba como una reliquia una especie de coplilla que el mismo doctor le regaló. Decía así :

 

Al menos lo dije yo :

“que nuestra felicidad

que sale del corazón

es necesario buscar

según nuestra condición”

Y Séneca añadió :

“Que si no la necesitas

es muchísimo mejor”.

 

Se hospedaba este médico en una antigua pensión con amplia entrada y una inmediata habitación que igual servía de recibidor que de reservado comedor para los huéspedes habituales, permitiendo su amplitud una antigua y hermosa cómoda en la que, como abandonada, ocupaba su lugar una Biblia de buen tamaño junto a otros libros, entre ellos El Quijote. Era evidente que por sus acotaciones ambos libros eran leídos entre las comidas y, como bien sabía el visitador, por su amigo y admirado doctor. Alguna vez habían comentado algunos proverbios de los Salmos y el Eclesiastés, tan utilizados en las antiguas asambleas cristianas. Varias veces comentaron el número 30 de la última obra asegurando que “no hay mejor riqueza que la salud ni mayor felicidad que un corazón alegre según el remoto pensamiento sapiencial israelita.

 

En aquel saloncito contiguo encontró nuestro hombre al referido médico que correspondió a su cordial saludo con evidente satisfacción, apreciando aquella sonrisa tan especial que nunca le abandonaba.

 

Era natural tan especial recibimiento cuando se sabía desde antiguo, y así lo asegura Jesús Ben Sirá, que “los pájaros se juntan con los de su especie y la verdad con los que la practican”. También afirmó que “antes de oírlo hablar no alabes a nadie, porque ahí es donde se prueba un hombre”. Era lógico que   ambos   disfrutaran   discurriendo   sobre   un  tema  tan  en actualidad. Pero en aquella ocasión, con su habitual sonrisa, él le traía un nuevo pensamiento que podía ser más útil que los anteriores, por estar más acorde con su edad y circunstancias. En una ocasión, cuando tenía la edad del joven médico, su curtido padre le aseguró que vivir es cambiar y, por lo tanto, “cada etapa de la vida tiene sus encantos y sus posibilidades de superar cada frustración añadida”. En la juventud se puede perder la novia y lo normal es que el cambio por otra sea afortunado ante el aumento de experiencia del joven enamorado. Sin embargo, no impresionó el comentario porque no se trataba de mal de amores, sino de auténtica admiración ante la imperecedera satisfacción de nuestro personaje, siempre dispuesto a demostrar felicidad y satisfacción. Y lo conseguía desparramando una gracia y un contento admirables que inundaba el saloncito en el que los dos almorzaban. En aquel momento yo aseguraría que el misterio de la paz interior superaba en bienestar a la misma salud y a todas las complacencias.

 

Terminaba la comida sin apenas mencionar los productos farmacéuticos de su laboratorio, tan conocidos y empleados por el facultativo, cuando comenzaron con sus habituales coplillas sentenciosas los dos poetas, quizás cada uno con una solapada intención, iniciando la rueda el médico, quizás refiriéndose a algún compañero de la ciudad.

Con el dinero te quedas

y tanto lo estás buscando

que eres simple moneda,

persona de vez en cuando.

 

Le siguió el visitador quizás atinando en el blanco de su dificultad :

No encontrarás ascensor

para la felicidad,

tan sólo simple escalera

con un largo barandal

para que subirla puedas

 

Fue entonces cuando el médico por fin se atrevió a preguntarle cómo podía conseguir y mantener su felicidad y ese aspecto alegre y satisfecho que continuamente mostraba.

 

Acercó el visitador su cara a la del amigo y serenamente le confesó :

 

- Tengo un hijo que es mongólico y es la alegría de mi casa.

 

 

Esta magnífica flor se llama  Gloriosa,

y ha sido fotografiada en Álora

 

 

Ramón Álvarez Jiménez

 

La enredadera

 

Esa enredadera es feliz

cuando trepa cual verde hiedra.

Quiere asomarse al jardín

donde anidan primaveras.

 

Sus hojas se contornean.

Sus flores cantan por malagueña.

La encontré en un patio andaluz

entre romeros que estaban de fiesta.

 

El ocaso la acaricia

cuando voluble es el viento.

La lluvia llega en el alba

para llenarla de besos.

 

Se ha convertido en Diosa

Reina de patios y jardines.

Es admirada en su trono

entre vítores de jazmines.

 

Y no hay en primavera una flor

que se resista a su encanto.

Los prados la llaman Primor.

¡La reclaman todos los pájaros!

 

Y la noche que es testigo

entre sombras y malicias

¡se hará presente en enojos,

en sentencias y en heridas!

 

 

 

 

 

Manuel Garrido

 

Torrijos y sus hombres

 

 

Color de sangre en la arena.

Sangre liberal derramada

de cuerpos gentiles inocentes,

que en el Bulto se quedaron

junto a las olas rompientes.

Olas que lloran humillantes

como campana rasgada,

como yunque quebrantado

al romper la madrugada,.

Rugen impíos los fusiles

de ronco estallido traicionero,

cuando llegaste a la orilla

transido de pena, derrotado,

besa tu cara un hálito viento.

 

 

 

Cuarenta y nueve leales

y un general valiente,

dieron su vida de forma elegante

en dulce romance de muerte.

¡Ay general Torrijos!

General de pequeño ejército

pero grande de ilusiones,

de libertades pleno

en anchos corazones.

Con lunares de amapolas

llora en la madrugada,

la playa que al alba respira

con suspiros de nostalgia.

Lunares que al sol saliente

mustios se marchitaron

junto a luchadores sin vida

que sus ojos no miraron.

Allí, mirando al rebalaje

una cruz como testigo

y en la plaza un obelisco

que a la Alcazaba se inclina

reclamándole a los siglos.

 

Esos dos monumentos,

la cruz y el obelisco

serán nutrientes de eterna memoria.

¡Gloria a Ti, General Torrijos!

 

 

El obelisco a Torrijos, en la Plaza de la Merced, Málaga

fotografiado por Mariette.

 

 

 

 

 

 

Pilar González Rubio

 

Recuerdos de mi madre

 

La cara de la madre mía : de las más guapas que había.

Su sonrisa con dientes de perlas al rosario se parecía.

Cuando me abrazaba mi madre, nuestras almas se unían.

Cariños, abrazos y risas ... a las dos nos confundían.

¿Son hermanas?. nos preguntaban

cuando por las calles nos veían.

¿Qué decían? ... ¡Ah, sí, la mayor y la pequeña!

Nosotras como crías que reían con complot y alegría.

¡Qué linda era mi madre!

¡Qué flor, su candor! Y lo más tierno, su corazón.

Con su amor a los enfermos cuidó;

para consolarlos y atenderlos lo hacía con tal ternura,

con tanta dulzura, que las familias la consolaban a ella

por el mal rato que pasaba y el cariño que les daba.

 

Tenía tanta alegría y simpatía que cuando estaba mala

nadie se lo creía...

Mi padre la adoraba : desde niños se amaban.

La abuela, como niña, la cuidaba con caricias,

la arropaba; veía a la niña y no a la madre que me acurrucaba...

¡Mi Pilita!, me decía la madre mía dulce y tierna :

¡Ven a mi regazo, que te dé un abrazo!

Yo temía que mi peso la dañara.

 

 

 

 

 

 

 

 

Dimas Coello

 

 

Espíritu de Venganza

Cruda realidad,

la carne está abierta

en beso con el cielo.

El cuero marca

para que la piel llore

gotas de sangre.

Rayado torso

donde la hinchazón

engendra odios

en cuerpo de esclavo.

Ríe el látigo

mientras la mente incuba

un espíritu de venganza.

 

 

 

 

Adelina Pérez Blaya

 

Poesía eres Tú

Cuando se habla de besos ¿quién tus besos?

Cuando se habla de amor ¿Qué te enamora?

Me estuve preguntando aquella hora

¡qué hora de poesía y embelesos!

 

¿Querían escapar, sin estar presos?

En tu mirada el brillo que la dora.

Mi pensamiento es nave que se escora

queriendo perseguir tus inconfesos

 

deseos o recuerdos, o ilusiones.

Un aura de cristal nos envolvía:

(si tuviera color, de perla, o rosa)

 

Y me quedé encendida de pasiones.

Tu beso para mí ... ¿cómo sería?

Ya no acierto a pensar en otra cosa.

 

 

 

 

 

 

Silvia R. Hesles

 

 

El niño

 

¿Por qué? Se preguntaba una y otra vez Concha.

 

Miró de reojo a su marido y encontró a un ser desconocido, ahí,  sentado, a la espera de ver a su … niño ... ... ...

 

No quisieron darse cuenta de que su pequeño David era un tirano. Lo mimaron en exceso y ahora, cansados, agotados de tanto transigir, se encontraban al borde del abismo.

 

 A finales de abril, Concha, nerviosa, llamó a su mejor amiga y madrina de su hijo para comunicarle la gran noticia.

 

MARISA: - Hoy me han confirmado el día de la comunión del niño. Es para mediados de mayo, apenas tres semanas. Estoy indignadísima, las cosas no se hacen así. Paco no sabe nada, se lo diré esta noche cuando llegue a casa. Imagina, tengo que llamar a la familia y amigos a todo correr, esto es … una traición como la copa de un pino. La culpa la tiene el cura que no quiere celebraciones ostentosas, según él.

 

CONCHA: - No te enfades, pero, yo creo que el cura lleva razón. Mira, yo soy la madrina y os propongo celebrarlo en mi casa para evitar gastos y que sea un acto familiar. Eso no quita que yo le haga un regalo de acuerdo a las circunstancias. ¿Qué te parece una bici?

 

MARISA: - Es  un lío para ti. Tu jardín es maravilloso y no digamos la piscina. Pero me parece un abuso, primero tengo que hablar con Paco y luego ya veremos.  Concha, eres mi mejor amiga. Si no fuera por ti, no sé que haría.

 

Llegó el día y ante toda la familia de invitados, el niño se dispuso a abrir los regalos. Nervioso, comenzó a abrir paquetes de diferentes tamaños. Al ver que no aparecían ni la “play”  ni el ordenador; lleno de furia, cogió los regalos y los lanzó a la piscina gritando:

 

-Iros todos a la mierda.

 

Concha, temblando y con lágrimas en los ojos, se disculpó ante todos. El niño había estado muy nervioso los últimos días debido a un momento tan especial. Paco, indignado, fue en su busca, dispuesto a darle una paliza, que evitaron los amigos y la familia.

 

Otro momento doloroso, fue cuando los llamaron del colegio para comunicarles que se veían obligados, ante el salvaje comportamiento de su  hijo, a expulsarlo. Hartos estaban de enviarles notas y cartas de quejas (que no llegaron a manos de los padres, gracias a la habilidad del niño con el correo: que lo hacía desaparecer). El pequeño David se había convertido en un tirano que manejaba a los compañeros como criados. A su madre, le gritaba e insultaba en cuanto veía la ocasión propicia; y a su padre, le restregaba por las narices su falta de cultura. El matrimonio, aconsejado por unos amigos, acudió al médico de cabecera en busca de ayuda. Éste, preocupado, los envió al psicólogo que con cariño se hizo cargo, tranquilizando a los padres con buenas palabras: Su hijo estaba en una edad difícil de cambio físico y mental.

 

Pasaron algunos meses de tranquilidad, parecía que el psicólogo había conseguido un pequeño milagro.

 

Pero, luego ... ... ...

 

 

 

 

 

 

Juan E. Luengo

 

El zángano y la flor

  Capítulo 8 –

 

Después de una primera exploración de la zona por la que entró, fue mirando cuantos estaban por allí, pensando a quién dirigirse para hacerle unas cuantas preguntas. Habría de ser alguien que no le impusiera tanto respeto como el gran búho que, con dos plumas sin peinar en la cabeza y los ojos fijos, contemplaba una hermosa fruta que pendía de un árbol rarísimo.

 

Se decidió al fin por una cigarra que, suavemente, tañía su instrumento:

 

– ¡Oye, cigarra , – dijo en tono comedido y prudente, con la cortedad del que por primera vez habla en una casa que no es la suya  –. ¿Cómo, siendo tan hermoso este Reino, hay tan poca gente en él? Porque verdaderamente no conozco lugar más agradable y, no habiendo quien lo impida, no comprendo que entren tan pocos.

 

Se nota que eres nuevo – contestó comprensiva la cigarra, dejando de tocar –. Debes saber que este Reino es invisible para los soberbios, que, cuando llegan por equivocación, tropiezan con todo y arman un tremendo alboroto de cacharros rotos. Nos dan problemas; pero, como son ciegos, los compadecemos y tratamos de ayudarles, inútilmente claro. Lo hacemos porque dicen las crónicas que una vez hubo uno que nos escuchó y vio como nosotros y pudo quedarse aquí.

 

– Entonces – se asombró el zángano, – todos los que están aquí y ven son humildes...

 

Pues claro – dijo la cigarra satisfecha al ver qué bien lo entendió el nuevo visitante –. Considera que ser humilde no es ser ni pobre, ni tonto, ni feo, ni todo lo contrario; es sólo tener la capacidad de conocer el verdadero valor de las cosas. Por ello, los humildes pretenden la Verdad antes que cualquier otra cosa y encuentran este reino sin preguntar siquiera.

 

– ¡Dime la Verdad más verdadera! – se atrevió audaz el zángano, que ya comenzaba a tomar confianza, tratando de alcanzar deprisa la cumbre del saber.

 

Te recomiendo, para que aproveches mejor tus viajes aquí, que seas lo más observador posible y preguntes menos. Así las verdades llegarán a ti y no pasarás de largo ante ellas. De todas formas te contestaré:

Este Reino tiene siete puertas. Por cualquiera de ellas se puede acceder a él y cada una corresponde a un deseo distinto: el de conocerse, el de corregir la injusticia, el de comprender a los demás, el de no buscar lo fácil, el de amar a todos, el de afrontar el sufrimiento, el de cumplir siempre con la obligación.

En el dintel de cada una de estas puertas, junto a u lema, está escrita la misma frase: “En todo cuanto existe, está la Verdad”. Ésta es la más verdadera – terminó diciendo la cigarra.

 

– Entonces, aquí no hay lugares privilegiados para conseguirla y alcanzarla... – dijo el zángano.

 

En efecto, la Verdad nunca se consigue con el privilegio. Antes al contrario. El privilegio es algo verdaderamente detestable, pues, si alguien lo alcanza por imposición, constituye un abuso y es incompatible con la honestidad y, si se regala, lo es con la justicia.

 

– ¡Qué hermoso es lo que se escucha en este Reino! No quiero irme de él – suspiraba anhelante el zángano.

 

Necesitas estar muchas más horas aquí – sentenció decididamente su interlocutora –; pero después habrás de salir, porque, de la misma forma que el peral se cría frondoso nutriéndose del estiércol, así la Verdad mantiene su esplendor gracias a la podredumbre de la hipocresía y la mentira, que cumplen también su función. Pues has de saber que lo que parece más muerto, cuando está lo suficiente, comienza a ser vida. Recuerda el lema de este Reino: “En todo cuanto existe, está la Verdad” y, por tanto, la vida.

 

Impresionado por esos conocimientos aparentemente contradictorios que habría de analizar, se retiró de aquel activo Reino que parecía vivir pleno de satisfacción y alegría, al que podría volver en el momento que deseara visitarlo.

 

 

 

 

 

Mercedes Reina Rosillo

 

Ser poeta hoy

 

Ser poeta hoy

es ser un equilibrista

mirar con osadía al mundo,

como lo hicieron los maestros

de ayer

y beber de la esencia que

dejaron.

 

Ser poeta hoy

es ser alguien que medita

entre gozos y fatigas,

y va dejando versos

por calles y avenidas.

 

Ser poeta hoy

es llevar un canto de belleza

a quien lo necesita,

venerar el silencio a veces

otras elevar la voz al cielo

con el riesgo de ser un alma

solitaria

y de ser llamado loco.

 

Ser poeta hoy

es sentir la libertad

de abrirse caminos

entre muros y censuras

y llevar un mar de esperanzas,

sembrar campos de esperanzas.

 

 

 

 

Lucía Reina Rosillo

 

(Andaluza viviendo en Holanda)

 

 

Entre dos trincheras

 

Entre dos trincheras vivo y sueño;

entre dos trincheras desaparezco.

Hoy, la vida no es más que un sueño;

sueño del bien, sueño del mal.

Sueño que estoy en medio.

En medio de una sociedad, donde aún perdura: el odio, el rencor, y el miedo.

No hemos sabido despertar de nuestro sueño;

de nuestro sueño eterno.

 

Todavía hoy enemigos de guerra:

De padres a hijos, de hijos a nietos, se sigue creyendo que – “¡¡yo!!” – era el bueno. Y el nieto ¿qué sabe? ¿Si el abuelo era el bueno? ... Bueno, para mí, que con él, nunca me faltó el afecto. Pero ya se acabó; se acabó todo eso; y ahora a vivir; sin recordar aquello que tanta sangre derramó, para bien o mal de algunos – “gordos” – de ellos.

Hoy seguimos entre dos bandos,

pues todo lo que sale nuevo

llega hasta el sufrimiento, de ver la realidad en un simple juego.

No es ni el primero ni el último,

que se hace en este mundo;

es el primero de España, y es que España aún vive en su recuerdo;

de los buenos y de los malos;

a los que creían malos, y a los que se creían buenos.

Hoy en día, seguimos estando los nietos en medio, en medio de dos bandos,

 

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en medio de dos trincheras, dos trincheras imaginarias, pero con el mismo odio y el mismo miedo, que nos inculcaron desde pequeños.

A mí, gracias a Dios que no...

 

Yo hablo por referencias, de gente tan joven como yo, y me da mucha pena, porque los de la generación de los 70, nunca fuimos a esta guerra; y a la hora de hablar sobre ella, es como si la hubieran vivido con tanto odio y tanto rencor en sus corazones, que seguirá pasando, de generación en generaciones.

 

Por eso grito al viento: –  “¡España! – ¡España mía! –  ¡Somos tus hijos! ¡Somos hermanos! –  ¡Que nunca más nos veamos tan desamparados! ...”

 

Y a los jóvenes de hoy - ¡luchad! – Yo les grito, pero con otras armas; armas del alma: del buen hacer de las costumbres caseras;

Y sepáis para siempre :

 

que yo no quiero estar

entre dos trincheras.

 

Amsterdam, 6 de diciembre de 2007

 

 

 

 

Más de 2400 personas fueron asesinadas en este lugar

de Andalucía durante la guerra civil española.

 

 

¿POR QUÉ?

 

 

 

Fernando Penín López-Terradas

 

Morir en ti

(¡Santifica la muerte con tu abril!)

 

Las flores de una cita diaria

aún por descubrir.

Como se hace un jardín,

en el fondo del alma

yo te edifico a ti.

Y te doy mi esperanza :

quiero morir en ti para vivir.

Amor como cimiento de unas alas,

quiero cimientos de un sólo latir

Donde termine yo, tu alba ;

donde yo acabe, volarás por mí.

 

Y tendrás el balcón de la palabra

y tendrás ese fuego

debajo de la piel :

que nadar es, a veces, lo primero.

Y yo te amo como nada un pez

alegre sobre mí, te quiero.

 

¡Santa vida, si vives con tu enero!

¡Santa muerte, si mueres con tu abril!

Dale a mi corazón recuerdos ;

dame la vida, tú estarás allí.

Pero no olvides este suelo

y santifica el día por mí,

sencillamente descubriéndolo,

si nos paramos a vivir.

 

La rosa

purifica todo ¡Dios mío!

 

La vida es una tarde que va al mar,

al mar, otro latir.

Purifícalo tú, cada latido.

Y llévame contigo como ahora me llevas

en el rincón más tuyo – quiero morir en ti –

o en el aire, es lo mismo, que me lleve tu estela.

 

La muerte, una mañana que va al mar.

Quiero morir, en fin, cerrado por un cierre matinal.

Tocar sólo tu rosa y que se encienda.

Borrarme un vals o así,

para regalo de tu primavera.

 

La realidad es un  fracaso.

Tristes sobre nosotros vamos.

¿Qué me hará feliz

cuando el tiempo haya hecho su trabajo?

¿Dónde está la pasión

que profesamos?

Sí, la realidad es un fracaso.

Nos desgasta la vida,

esa pequeña flor que, a veces,

fuera un ramo.

Crece el trigal del vértigo en el corazón.

Y como una columna de sudor desanclado

me estalla el desarraigo.

 

Fernando , en 2008, cuando recibió, en El Chinitas,

Málaga, la Medalla de Oro de San Isidoro

 

 

 

 

 

 

Carmina Ortega Basanta

 

Si miro tus ojos...

 

Si miro tus ojos,

pequeña me siento,

porque son profundos

como el mar que quiero.

 

Si miro tus ojos,

¡qué feliz me encuentro!

por ser su color

azul, como el Cielo.

 

Si miro tus ojos,

veo el sufrimiento

que van reflejando

por llevarlo dentro.

 

Si miro tus ojos,

a ti más me acerco,

por ver tu bondad

y tu sentimiento.

 

Si miro tus ojos,

de gozo me muero,

y si he de morir,

mirándolos quiero.

 

 

 

 

 

 

Los campos

 

¿Qué tendrán los campos

que son tan bonitos?

¿Puede que mil años

o tan sólo el brillo,

 

de un sol que los baña

y les da cobijo?

¿Resplandor? ¿Embrujo?

¿Magia? ¿Colorido?

 

¿O el susurro intenso

de un amor vivido,

que al pasar, "te quiero",

nos dice al oído?

 

 

 

 

 

 

 

ANSOFER

 

Antonia del Corazón de Jesús Soriano Fernández

 

 

 

 

Es mi mente una fontana

donde los escritos manan

con divino resplandor,

que escritos celestiales

son puros manantiales

de ilusión y de amor

 

Amor de frutos divinos

que endulzarán los caminos

del humano pecador

que destierra la violencia

y con fe pida clemencia

a Dios Padre que es amor.

 

Amor dará a los humanos

que se porten como hermanos

y se quieran con fervor,

que respetando sus leyes

tanto mendigos o reyes

hagan un mundo mejor.

 

 

Málaga, 25 de marzo de 2002

Lunes Santo