Poetas de Argentina

___________________________

 

 

IN MEMORIAM ZAIDA DE CASTELÁN

 

 

 

Se fue Zaida de Castelán, en la madrugada malagueña del 11 de mayo de 2009, después de una larga estancia de noventa años: entre nosotros, entre los suyos; en su familia de sangre, y en la que buscaba en la poesía. En sus poemas depositaba sus sentimientos, compartiéndolos con una sonrisa, con un libro, o, simplemente, dejando volar su pensamiento hacia el alma que en aquel momento de creación, comunicaba con ella.

 

En el sueño de Orfeo, descansando en las palabras que unen, en la memoria del planeta, el hoy al ayer; aguardando la mirada de futuros lectores, allí está Zaida, nuestra amiga querida...  ¡Buscadla y la encontraréis!

 

Ahora, para comunicar con ella, voy a transcribir un poema de su libro  SOMBRA  Y  ESTREMECIMIENTO; un poema que le gustaba recitar en las reuniones, y que nosotros,  no nos cansábamos de pedirle:

 

Venían las Palomas...

 

Y venían las palomas en bandadas...

formando arabescos en el cielo,

y batían sus alas como espumas

encima de las crestas irisadas.

Eran blancas las palomas en el viento,

eran leves cual lloviznas del estío,

y traían en sus picos ramas verdes,

- augurios de bonanza, aquí en la tierra -.

Y venían las palomas en bandadas,

salpicando de matices el paisaje,

y relucían sus alas aceradas,

como gotas de plata en la ventisca.

Eran grises, las palomas en el viento,

cual pinceladas de humo en el celaje;

y traían retazos de nostalgias en sus picos,

que dejaban caer, sobre la tarde.

Y venían, en bandadas las palomas,

dibujando rosarios en el cielo,

y batían sus alas taciturnas,

que ondulaban detrás de los cipreses.

Eran negras las palomas del silencio,

lentas, mustias, y agoreras.

Eran negras las palomas de las sombras,

mensajeras de lutos y  tristezas,

presagiando la guerra entre los pueblos,

y en medio de tinieblas se quedaron,

posesas del dolor y la injusticia,

y allí, siguen, ominosas en la inercia,

émulas del cuervo de POE en su letargo,

hasta que de las nuevas alboradas, surjan

otras bandadas, de palomas, blancas.

 

 

Este poema ya fue publicado en el número 7 de AIR,

cuando todavía se editaba de manera artesanal, con los medios de casa.

 

 

 

Zaida, leyendo en Madrid, España

 

 

 

 

Castellana de la poesía

 

Zaida se llama,

no tiene castillo

con armas y soldados,

pero es de Castelán.

Creció y creció entre las rosas;

se casó y se cansó.

Se cansó de tantas rosas,

de tanto perfume quitándole dicha;

de tanta espina arañándole el corazón.

 

El corazón se le escapó

por un pequeño agujero,

y se fue volando hacia la luz.

Resplandeció con palabras hermosas,

con versos perfectos, con velos de cielo.

Las espinas se tornaron amapolas,

adornando de flejos rojos

la vida eterna de la poesía.

 

Porque tú, Zaida,

vas sembrando voces

de dolores que quisieron ser dichas,

y de dichas acabando en dolor.

 

Pero la vida ama el sonido de tus versos

y te manda relámpagos

de alegría casi perfecta,

calmando la amargura

de la inevitable noche que surge

para que resplandezca más aún

el calor y la alegría;

 

y el amor de la luz del día,

del día que es poesía,

por ti, Zaida de Castelán,

castellana de la poesía.

 

Mariette Cirerol

 

 

 

 

A Zaida Casco de Castelán

 

Adiós, Zaida amiga.

Adiós, dama añorada

que en cama, tus fatigas

soñarías poesía de hadas.

 

No pude ver tu ataúd

que era tu último techo

de lo que viera como casa;

fue olvido, cosas que pasan

pero pena sentí en el pecho

y aún ida, eso lo sabes tú.

 

Te recuerdo gran señora:

Por teléfono me hablabas

mil lecciones tú me dabas

que recordaré muchas horas.

 

Fuiste una gran poetisa

culta, ponderada, ilustre.

Y, ¡Cómo diste el lustre

a la poesía y de qué guisa!

¡Qué belleza en tu mente

llevada a los vocablos!

Con el corazón te hablo

que de él soy incontinente ...

cuando merece alabanza

el valor de un ser humano

que se nos fue de las manos.

Infausta ley, en su balanza,

que lo que vale nos quita

y no con nuestro permiso.

¡Por las malas y Dios quiso

y no sirve si uno grita!

 

¿Por qué lo que se ama?

¿Por qué lo que se quiere?

Hay una ley que hiere

y que por ella se muere

un dolor que se derrama.

Una ley inmisericorde

que yo nunca la acepto.

 

¿Yo! que sólo soy insecto

y destila pena mis bordes:

los de mi corazón despierto ...

y que su tictac, negros acordes

son, por los vivos y los muertos.

 

 

12 de mayo de 2009

 

 

Ricardo Rubio Burgos

 

 

 

 

 

LINA CAFFARELLO: representante de la CIELE y,

a partir de ahora también de AIR, en ARGENTINA

 

 

Trilogía Celta

 

“Nosotros guardaremos fidelidad

a menos que el cielo caiga y nos aplaste

o que la tierra se abra y nos trague

o que el mar se eleve y nos sumerja”

 

- Juramento celta –

 

 

PRÓLOGO CELTA

 

Un círculo en el bosque,

una piedra y el crepúsculo.

 

Vi el santuario.

 

Vi el misterio formulado en el follaje.

Vi el caldero que unge las espadas.

Vi a los héroes proyectados por la luna.

(De azul, se pintarán de azul.)

 

Erudición guerrera

que es mandato de los dioses.

(No escribirán: la magia no se escribe.)

 

En la unidad mística del trébol,

tres grullas,

tres ríos,

 

tres aullidos.

 

 

 

CEREMONIA CELTA

 

Cantan,

y su canto brama;

vocalizan conjuros y victorias.

Brama el bosque en la neblina.

 

Ríen,

y sus dientes de mora

intimidan a elfos y a fantasmas.

Crujen los ojos, las quijadas.

 

Danzan,

desnudos y azules,

y en la danza más temible

fulguran las espadas, azules y desnudas.

 

Cantan, ríen, danzan:

convocan a los dioses

 

y el viento derrota al enemigo.

 

 

 

Tres diosas celtas en Carrawbrough :

Coventina’s well Northumberland, Inglaterra

 

 

COROLARIO CELTA

 

Hacia la noche,

las hadas encienden sortilegios

y liberan espíritus antiguos

ocultos en las piedras.

 

El viejo roble,

morada de los dioses,

es el santuario que hechiza

la palabra del druida:

por cada letra, un árbol;

cada batalla, un mito.

 

Hogueras prodigiosas

celebran el triunfo de la tribu.

Rugen vibraciones.

 

Los ojos, bizarros, centellean.

 

Lina Caffarello

 

 

 

 

 

FERNANDO SÁNCHEZ ZINNY

 

No hay olvido

 

Nunca te diré adiós,

pues no puedo pensar lo desconocido.

 

Aunque se acerque el fin en estos días

desde un agrio horizonte de amenazas

y se oigan ecos repetidos y acechantes.

 

Verdad: todo está pareciéndose a aquello que no fuimos,

está todo roído por dientes de desdicha,

y desde el cielo abruma el cenit más ajeno:

una alucinación que pasó a nuestro lado

y no supimos atrapar.

 

Nunca te diré adiós, aunque lo pidas:

no puedo sin morir convertirme en ceniza,

ni imponerle silencio al rumor de la selva.

 

Aunque hayamos viajado en tantas ocasiones

a zonas de las que no se regresa.

 

Aunque ya nadie nos conozca

y nuestros nombres sean briznas que el viento arrastra.

 

Apenas un delirio del atardecer,

los rasgos carcomidos de una plenitud dudosa.

 

El fin de los recuerdos,

la angustia como un beso sin angustia,

el adiós devorado por aquellos adioses.

 

 

de su libro: EL AZAR COTIDIANO

 

 

 

 

HÉCTOR RICO

 

 

La Gran Tarea

 

Debo iniciar cada mañana la tarea,

la gran tarea de vivir,

de andar sobre la tierra con todos mis afanes.

 

Debo iniciar lo infinito,

disponer las herramientas y mi sangre.

Debo abrir una puerta y ver el universo,

solamente una puerta

para ver mi mundo,

las manos y los vuelos,

y las flores que sueñan.

 

Porque sucede el pájaro,

las colmenas, los pétalos,

los arduos mediodías.

Otro credo de luz,

otro rostro en la lumbre...

 

Debo fluir infatigable como el viento,

ser el cuerpo impalpable bajo el puro rocío.

Debo nacer y renacer desde mis sueños,

amar y renacer, nacer y amar,

¡porque ése es el mandato y la tarea!

 

 

De su libro: RETRATO DE VIENTO                                                                      

 

 

 

 

 

ALGUNOS AFORISMOS DE

 

Elvira María Lestani

 

No me enseñes a amar.

Aprendí, ¡amando!

 

En la soledad del encuentro conmigo misma,

me di cuenta de muchas cosas.

 

La fuerza de tus sueños, te mantiene en pie.

 

Si eres auténtico, perderás amistades,

pero ganarás amigos.

 

El hombre “solo” puede ser responsable.

No esperemos que una multitud lo sea.

 

Yo no manejo un pensamiento,

él viene a mí.

 

No es el mucho hablar, mucho decir.

 

Detrás de la prepotencia,

está la culpa que se trata de ocultar.

 

Valoremos al ser humano por su actuación personal,

nunca colectiva.

 

La puntualidad es el mejor regalo para el que espera.

 

No provoques en los demás

lo que te causa dolor a ti.

 

de su libro: EL HUMANO SER II

 

 

 

 

ESTELA BARRENECHEA

 

¿Quién era yo, más allá del cartel azul

que me miraba con su cara intercambiable?

 

¿Había renunciado a la voz escondida

en las tres sílabas?

¿Quién era la que masticaba su tedio

y saltaba hasta el aliento?

Estela, la que no contaba nada

porque contar no era contar.

 

Nuda vida solamente.

Sólo deseo extraviado en el deseo.

 

Como autómata escurridiza

busqué el vestigio de las cosas.

Tuve cada mirada,

cada color, cada sonido de los cuerpos.

Y poco a poco fui el mundo en cada nombre.

Descubrí la fantasía arrancada del caos.

 

Todo lo que tenía estaba

en el olvido y en el acorde dulce que decía:

lo que te pasa es una riña de palabras.

 

De su libro: DEL SILENCIO

 

 

Estela con su marido, en la XI CIELE, Málaga, España

 

 

 

 

ELENA PISCUN

 

Sucedió

Hay días que te veo

                          en azul,

hay días que te veo

                         en  rojo.

La tarde penetra

tu desnudez.

Estrecho tu cuerpo

libro olvidado.

 

La imagen se desmigaja

como un dibujo antiguo.

Del nido de tu boca

se asoman las palabras.

Quise despedazarte

y sin embargo

partí.

 

 

En la  XI CIELE-ICWEL, Convención Internacional

 de Escritores en Leguas Europeas: septiembre 2009.

Elena recibe un diploma por su ponencia sobre Molière,

 de manos de Mariette Cirerol

 

 

 

 

 

ESTER DE IZAGUIRRE

 

El Cobayo

 

A Marco Aurelio Risolia

 

Allí, en Plaza Miserere, urgida por la espesa llovizna que daba imprecisión a la hora de la tarde, ascendí al ómnibus que me conduciría al centro. Mientras el guarda me entregaba el boleto llamó mi atención el aspecto de aquel joven, que, sentado en uno de los asientos transversales, reía aparatosamente con alguien, a quien, por atender al guarda, no pude en un principio individualizar. Como después de pasear una rápida mirada por el interior, no hallé otro lugar desocupado, me senté, no sin aprensión junto al divertido pasajero.

 

- Eso es, tome asiento si cree que podemos ir cómodos.

 

No comprendí la alusión si es que la había. Miré a mi alrededor desconcertada para descubrir alguna explicación en las caras de los demás pasajeros, y como no la hallara, respondí más asombrada que ofendida:

 

- Naturalmente; si me senté es porque vi que el asiento era para tres personas y sólo estaba usted.

 

No replicó y miró en dirección al asiento de enfrente, mientras continuaba con esa risa que por momentos producía un chistido opaco a fuerza de querer ahogarla con la mano. La recta de su mirada se quebraba inexorablemente en la ventanilla del otro lado del coche, pero era tal la sensación de correspondencia que pensé en el absurdo de que existiera un invisible  interlocutor.  No había lugar a conjeturas, se trataba de un enfermo mental. Fue tener la certeza de su insania y sentir que una garra obstinada me atenaceaba la garganta y se me llenaba la saliva de musgo.

 

Parecía muy joven y estaba correctamente vestido. Descansaba sobre sus rodillas una tela pintada. Pude observarla detenidamente porque realmente interesado en mostrármela, y con pueril disimulo, la tenía inclinada hacia mí. En ella, bajo un cielo gris y rosa avanzaba una larga caravana de hombres y lanzas; al fondo, inclinado bajo el peso de la cruz iba el Nazareno, y su manto, único motivo púrpura, parecía una pincelada de sangre. Lejos y arriba, el Gólgota punzado por las cruces pequeñas de los dos ladrones. Colores difuminados, contornos perdidos, me recordaron algunos estudios de Rousseau El Aduanero. Al pie, clara, la firma: Luisito Rolan, en la que el diminutivo me hizo retrotraerme a una niñez muelle y oprimida por halagos y termómetros, uno de los posibles motivos de su evidente desequilibrio.

 

Interrumpió el curso de mis reflexiones la voz del desconocido, que, desapacible, preguntó al guarda:

 

- ¿Siempre tienen el pase los empleados de transporte?

 

- Sí – le respondió socarronamente aquél.

 

- Qué manera de llover – agregó seguidamente, palpándose con una mano la camisa y mientras me observaba inclinaba más el cuadro hacia mí. Sentí una profunda compasión por él, por esa risa sin sentido más amarga que el llanto, por esos ojos abismales, por esas sienes blanqueadas prematuramente, por la charla insustancial y desordenada que volcaba como buscando huir de la introversión.

 

Sentí  que  podía  y  que  debía  darle una palabra de confortación, y como quien recorre con la mirada su hacienda para ver de qué se puede despojar para darlo a quien lo necesita, busqué esa palabra generosa. Además, sentí curiosidad por saber qué pensaba y si hablaría con coherencia. Pena y expectación me impulsaron y resbaló al fin  la difícil pregunta referida a su cuadro:

 

- ¿Lo pintó usted?

 

- Sí.

 

- ¿Lo copió de otro cuadro?

 

- No; de la historia.

 

Sonreí de manera idiota. Estábamos a la reciproca.

 

- Lo pinté en un instante de verdadera necesidad – continuó -; yo antes pintaba actualidades, paisajes ... creo que ya hallé el camino ..., bueno, no quiero decir que no volveré a mis viejos temas, porque, ¿quién puede asegurar que no se reiterará?

 

- ¿Ya expuso en alguna parte?

 

- Se equivoca – dijo -, no pinto para exponer ni para que usted me diga que esto es extraordinario; por ahora lo dejaré como está, sin marco.

 

- Ese cielo es toda una lección de sabiduría – añadí – y ha mostrado con él un aspecto inédito, no ya de la realidad, como todos los artistas, sino de lo trascendente.

 

- ¿Trascendente? ¿Y qué cree que es el cielo? – me demandó angustiado.

 

 - La antítesis – aventuré vacilante – de todo esto; la serenidad, la plenitud.

 

- No me venga con Platón ni con Plotino. Estoy harto de arquetipos y ... ¿quién me asegura que allá dejaré de sentir?

 

- ¿Y qué quiere usted dejar de sentir?

 

- Todo. Como Job maldigo la hora en que nací. Vivo saciado de mediocridad. Mis desemejantes colman mis ojos, mi olfato, mis oídos. Nada me enseñaron sino a desear la muerte y a temerla. Yo no soy Prometeo, yo no puedo ignorar el miedo. Únicamente ése no sufre – dijo señalando a un niño en brazos de su madre – pero ya verá cuando empiece a ejercitar eso que los filósofos llaman “razón” y escriben pomposamente con mayúscula.

 

- Malos vientos, ya pasarán – respondí angustiada, pero me repuse y hablé un largo rato; le dije que como la borrasca anticipa una atmósfera fresca y despejada así su crisis era un eslabón de esa larga cadena de evoluciones que es el ser humano. Que luchara por algo grande y noble. Que se acercara a ese Dios que su genio intuía. Y le hablé del cielo, no del que nuestros ojos ven y donde se pierde con sus vértigos nuestro cerebro condicionado, sino del otro, que siendo parecido en infinitud, puede caber en la ceñida capacidad del pecho. El milagro y la realidad, el paraíso y la tierra se me volcaron por los labios como la ambrosía de un cáliz colmado. Hablé como jamás lo hubiera hecho a un hombre demasiado normal o demasiado ciego.

 

- Usted lo tendrá todo – concluí levantándome con los ojos húmedos – porque ha logrado con trazos y colores lo que yo jamás he conseguido con mis oraciones – y señalé con gesto cansado el cuadro ya definitivamente caído en el asiento.

 

Y mientras mi cuerpo era un péndulo golpeado por sobretodos y tapados, luchando como un cestiario por llegar a la parte trasera del ómnibus, agregó en voz alta, pausada y segura como si le importara un ardite la opinión de los que lo escuchaban:

 

- Adiós, hasta que nos veamos en el cielo.

 

Sonreí con mi sonrisa más humana mientras todo el pasaje me miraba con mil ojos interrogantes. Espinas en mis brazos, en mis pies, en mi cintura. Sospechas oscuras en algunos, misericordia en los que habían alcanzado a escuchar las risas del principio, esperanzas para los que un poco extraviados percibieron el ramalazo de un mensaje.

 

Descendí apresuradamente y salvé en un instante la distancia que me separaba del local donde la conferencia ya había comenzado.

 

A los dos días me sorprendió un artículo del más importante matutino: “El joven y talentoso siquiatra, satisfecho con las experiencias realizadas en su contacto diario y directo con gente de la ciudad, con las cuales completaría una estadística de salud mental, se refirió a un caso singular entre los muchos considerados: una mujer, en un ómnibus, presa de patológico misticismo, dio una respuesta inusitada a su “test” Gólgota.

 

Dejé caer el diario, anonadada. Una ráfaga helada, interior, me abofeteó el rostro. Cerré maquinalmente la ventana porque me pareció que por ella entraba una bocanada del aire pernicioso que escapa por los resquicios de los templos abandonados.

 

Ester de Izaguirre

De su libro: YO SOY EL TIEMPO (1973)

 

 

 

 

MIRTA CEVASCO

 

 

Amiga

 

...Dormir para encontrarte

fue la infinita lumbre.

 

Patricia González Cerri

La Sexta Jornada

Buenos Aires, 2004

 

 

Consumo la mentira de esta pausa

danzan vikingos en círculos de piedra

en busca de tu hoguera de números y símbolos.

Regresas entibiada de rasguños

que bordearon sin descanso las aristas de una rosa

con la pregunta encendida

entre tus manos.

 

 

 

Stonehenge

 

 

 

 

MARTA O. PALACIO

 

En mi piel

 

Siento en mi piel

un extraño sentimiento

siento que me incita el hombre

que llevas oculto muy dentro.

 

Siento el deseo de recorrer los surcos de tu tez

hasta llegar a la profundidad de tu mirada,

entrelazar mis manos en tu cabello entrecano

en silencio como una brisa perfumada.

 

Quiero ser tu grata dulzura en tu madurez

para sentirte cerca, jamás lejano

y que me tengas presente en cada amanecer,

para que todo perdure en el letargo de los años.

 

Quiero que sientas la vida a través de la mía,

estar en tu pensamiento o adonde tu vayas,

para embriagarte de amor

y regresar contigo en cada madrugada.

 

Estarás siempre en mis sueños

aunque yo no esté dormida,

mi amor quedará silente

para amarte a escondidas.

 

 

 

 

 

 

NYDIA DE SAMYN

 

 

Estuvimos contigo veterano

 

No fuimos con clarines a esperarte

y llegabas herido y derrotado.

Alguien tocó a silencio de culpables

cuando volvías triste, veterano.

Ya sabes de cobardes en la tierra.

El pueblo que vivara tu partida

oró por ti y por la Patriaa.

Pero tuvieron que pasar los años

para que la verdad,

que no queda escondida,

surgiera desde el fondo de las almas

para mostrar que Dios te da la mano.

Lo que debiste hacer, muy bien lo hiciste.

Y te lo agradecemos, veterano.

Pero es así, pero es así lo humano.

Lo grande y lo perfecto están velados.

Sólo el tiempo devuelve a nuestros ojos

EL AMOR como simple soberano.

 

 

De su libro : POESÍAS LLORADAS,

POR MIS ISLAS MALVINAS

 

 

 

 

 

 

Jorge Riveiro

 

El olvido

                             

"L'amor che move

il sole e l'altre stelle"

 

La divina commedia, Il paradiso,

Dante Alighieri

 

 

Descifremos el sentido circular

del destino de los que no tenían  destino

porque todas las torturas son la tortura

porque todas las violaciones son la violación

porque todas las muertes son la muerte.

 

Inventemos el tiempo

para los sin tiempo.

Quizás, cuando la lluvia se canse

tengamos jazmines negros!

 

Y ahí donde el dolor es igual

al dolor,

representemos la ceremonia

del olvido.

 

 

 

 

L'oblio

                        

"L'amor che move

il sole e l'altre stelle"

 

La Divina Commedia. Il Paradiso

Dante Alighieri

 

 

Deciferiamo il senso circolare

del destino di quelli che non avevano destino,

perché tutte le torture sono la tortura

perché tutte le violazioni sono la violazione

perché tutte le morti sono la morte.

 

Inventiamo il tempo

per quelli senza tempo.

Chissà quando diventi stanca la pioggia,

avremo gelsomini neri!

 

E lì dove il dolor è uguale

al dolore,

rappresentiamo la cerimonia

dell'oblio.

 

                                          

 

 

 

 

Teresa Palazzo Conti

 

 

 

Utopía

 

Si pudiera de golpe

arrinconar olvidos y semanas

junto a los nidos de agua

de mi secreta cáscara.

 

Si lograra arrojar

en las islas neutrales

las cenizas que muerden el árbol y las lágrimas,

y pudiera dejar que una ecuación rotunda

insertase su atmósfera de pétalo

en cada pabellón desamparado;

empapada de estrenos sobre un licor tardío

bebería las notas

de un festival de espigas y de vuelos.

 

Pero apenas soy sangre

que retumba en los muros

de la piel cotidiana,

y en mis hombros fatales

amamanto a una araña de sal

que desvaría.

 

 

Mención de Honor Georges Zanun Editores, 2008

 

 

 

 

           

Norma Evangelina Mettler

 

Armagedón

Es un "GEN ARMADO"
mostrando verdades
que sean entendidas
por autoridades.

Tiene un objetivo
desde su comienzo
terminar el caos
en el universo.

La armonía es la reina
del mundo y del verso
si quieren salvarse
les llegó el momento.

Terminen las guerras
los odios, las intrigas
descubran verdades
donde vean mentiras.

Al "ARMAGEDON"
le llega el final
con el "GEN ARMADO"
que la Ciencia da.

 

Armagedón (I)

"ARMAGEDON" es "GEN ARMADO"
por la ciencia y quien lo guía
para el fin de la violencia
y el caos que nos domina.


Armagedón(II)

"GEN AMARGO" sabor a otros eventos
pues el "ARMAGEDON" terminará
con lo malo, lo sucio, lo violento
trayéndonos en cambio, amor, felicidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Roma Rotela

 

Sed

 

Traspasé los umbrales de la vida

con el llanto y los puños apretados

miedo en la piel, los ojos azorados

perturbada quietud enrarecida.

 

Cruzando fui fronteras decidida

a dejar en los valles transitados

señales, huellas, potros desbocados

dispuesta a reencontrar la senda ida.

 

Pues nadie preguntó si yo quería

ser ave transportada en la tormenta

arrojándome así sin vestimenta

 

a un mundo cuya luz desconocía

y en tanto los caminos recorría

me encontré del amor juglar sedienta.

 

 

 

De su libro: SONETOS PASIONALES

Pórtico Azul Ediciones: 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

Cristina Berbari

 

Nacer

 

Mis pensamientos

abren la ventana:

un revoloteo de hojas secas en la frente.

 

No sé dónde me he dejado olvidada,

 

pero una luz de comienzo del mundo

pacientemente

rehace mis contornos.

 

 

Nàixer

 

Els meus pensaments

obrin la finestra:

un revoloteig de fulles seques al front.

 

No sé on m’he deixat oblidada,

 

però una llum de començament del món

pacientment

refà els meus contorns.

 

 

La traducción al Catalán es de Pere Bessó

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carina Paz

 

Final de Laberinto

 

He acumulado silencios sin respuesta a lo largo de este

[ lento aprendizaje,

impenetrables muros tan altos debajo de la tierra que ni el

[ gemido del agua ni la paciencia del grito

ni siquiera aun el fuego que me niega trascendencia

han logrado penetrar la grieta de luces vulnerables.

 

 

He estrenado la muerte tantas veces cambiando el

[ escenario

hasta justificar la vida en llanto y en limosna,

en el instinto que viaja más rápido que la sangre

y en la rutina del interrogante.

Pero sigo sin saber dónde arrojar los miedos cuando el

[ corazón es un pájaro sin alas en vuelo despojado

[ de esperanza.

He apilado bosques de diamante para otorgarle brillo a

[ mis estrellas

mas no he sabido domesticar las espinas del lenguaje

[ cuando naufrago en una herida sin retorno.

 

 

Por eso salgo con el hambre adherida a mi silencio hasta

[ tus ojos

allí donde se fraguan el barro y la palabra a la medida del

[ perdón

y el tiempo es una brújula sagrada que nos ordena las

[ sombras  bajo el soplo de los siglos.

 

 

Entonces me propones recomponer la esencia de la piedra

[ con un puñado de abrojos

y continuar mi paso hasta el norte del invierno aunque

[ nunca vislumbre la salida.

Es un largo camino sin puertas, el temblor de un rumbo

[ bajo el signo de un milagro

donde se establece de a dos el infinito.

Sospecho que por eso viajo a solas.

 

 

Sólo dime, Señor, ¿es tu rostro el final del laberinto?

 

 

 

De su libro AGUA INMÓVIL

Ediciones “Último Reino”: 2001

 

 

 

El minotauro al centro del laberinto,

en una joya antigua

 

 

 

 

 

 

Nuri Escorza

 

Plena Marea I

 

Tristes aquellos que desde el muelle

despedimos con lágrimas y pañuelos al viento

a los felices que emprenden

viaje sin condición

sobre las inquietas aguas del océano.

 

Aquí quedamos anclados

los huérfanos de sueños,

los temerosos e inseguros

que sujetan sus almas a la tierra.

 

Ellos parten libres como las aves

dejándose llevar

por la marejada del tiempo,

sin destino aparente.

 

 

Vidas

en eterno vaivén sobre las olas,

que descubren silencios

entre el susurro profundo del mar

y la blasfemia de la tormenta

que los aleje de inútiles congojas,

agonías rebeldes

y sufrimientos sin sentido.

 

Una plena marea

que contenga

la quimera del mar.

 

De su libro PLENA MAREA, Editorial “La Noria